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PLAN BARUCH-MORGENTHAU
                          

Bernard Baruch


(01) El plan.
(03) Artículos relacionados.


El plan

En la gran democracia americana suele verse, junto a los presidentes elegidos por sufragio universal, a una serie de personajes, que parecen surgir por generación espontánea, ejerciendo el cargo de «consejeros especiales».

Tales consejeros nunca han sido elegidos por el pueblo «soberano», sino que han sido promocionados digitalmente. Desde los tiempos de Roosevelt reciben el nombre de «Brain Trust», o Trust de los Cerebros, y a su frente aparece una especie de «Gran Visir», cuyo poder es – o lo parece – superior al del propio presidente.

Ahí tenemos el caso de Kissinger, junto a Nixon. Y a su antecesor Sydney Weinberg, de la firma bancaria Goldmann, Sachs & Co, junto a Johnson. Y a Bernard Mannes Baruch, llamado «el proconsul de Judá en América», siempre junto a Roosevelt, Truman, Eisenhower y Kennedy.

Pues bien, Bernard Baruch admitió ante un Comité Investigador del Senado de los Estados Unidos que, en plena guerra, redactó un plan de 14 puntos para «estrangular» a Alemania una vez victoriosamente terminada la guerra y que, a consecuencia de ese plan, los ciudadanos alemanes «padecerían hambre y miseria». (Declaración hecha el 22-VI-1945. Citado por Austin J. App, Presidente Honorario de la Universidad de Philadelphia, in «Morgenthau Era Letters», Boniface Press, 1966)

El Plan Baruch, concebido cuando todavía no se hablaba de cámaras de gas, fué debidamente estructurado por un correligionario suyo, Henry Morgenthau, Jr., Secretario del Tesoro de los Estados Unidos.

En el Plan Morgenthau se programa fríamente, la destrucción física de sesenta y cinco millones de alemanes, una vez obtenida la victoria militar de los Aliados. Se prevé la destrucción de todas las fábricas, la incautación de todas las patentes de invención y la reducción de las mujeres alemanas al estatuto de concubinas; los hombres seran esterilizados y la etnia germánica desaparecerá en unos años. En el lugar ocupado anteriormente por Alemania quedarán unos quince millones de personas, procedentes de otras naciones, que vivirán en un estado puramente agrícola y pastoril.

Henry Morgenthau

Los detalles del Plan Morgenthau, que debiera, en realidad, haberse llamado Plan Baruch-Morgenthau, eran conocidos en Alemania.

Si tras la victoria de los Aliados, el Plan no llegó a aplicarse más que en sus puntos iniciales, ello se debió tanto al inmediato desencadenamiento de la «Guerra Fría» entre occidentales y soviéticos como a la resuelta oposición de los altos mandos militares americanos y británicos. (Algunos de estos, como el General Patton y el delegado británico en la U. N. R. R. A., General Morgan, pagaron su oposición al Plan Morgenthau con el ostracismo y la muerte política... o física) (Ver La extraña muerte del general Patton)

La contribución de los judíos, tanto individualmente corno, sobre todo, integrados en sus entidades específicamente sionistas, en la lucha contra Alemania, antes y durante la guerra, fué masiva. Y judíos fueron quienes mas contribuyeron a que la lucha sobrepasara el límite de los combatientes para incluir entre sus rigores a la población civil. Así, fué un judío, Lord Cherwell, (a) Lindemann, por cierto nacido en Alemania, y naturalizado británico, quien inspiró a Churchill la por él mismo calificada de splendid decission, de bombardear objetivos alemanes no militares. El llamado «area bombing» tenía como único objetivo bombardear las viviendas de las clases trabajadoras alemanas. Este objetivo, destinado a crear el terror y a forzar a la población civil alemana a que exigiera la rendición a su gobierno fracasó totalmente. Pero millones de europeos, alemanes y no alemanes – pues el area bombing se practicó asi mismo en Italia, Bélgica y Francia – pagaron con sus vidas el loco y mesiánico sueño de venganza de Lindemann.

Samuel Fried, el bien conocido sionista y pacifista, escribió cuando la patria de su pasaporte, los Estados Unidos, era aún neutral, lo siguiente:

«Hemos de destruir esa nación odiada (Alemania), tanto desmembrándola como repartiéndola entre sus vecinos, así como mediante despiadados asesinatos masivos». (Citado por Louis Marschalsko in «World Conquerors», p. 104)

Theodore Nathan Kauffman escribió (Th. Nathan Kauffman: «Germany must perish», p.104) cuando «su» patria, los Estados Unidos, aún era neutral, lo siguiente: «Cuando esta guerra acabe, Alemania será desmembrada. La población alemana que sobreviva a los bombardeos aéreos, tanto hombres como mujeres, será esterilizada con objeto de asegurar la total extinción de la raza alemana».

Henry Morgenthau

El mismo odio destilan los libros de los conocidos escritores hebreos Maurice Leon Dodd («How many world wars?», New York, 1941), Charles G. Haertmann («There must be no Germany after war»), Einzig Pelil («Can we win the peace?», Londres, 1942), Ivor Duncan («Die Quelle des Pan-Germanismus».), y Douglas Miller (articulo aparecido en el «New York Times, 5-XI-1941), en todos los cuales se aboga por la exterminación física de millones de alemanes cuando la guerra concluya. Todos estos libros fueron escritos cuando los Estados Unidos aún eran, al menos teóricamente, neutrales. Cabe mencionar la excepción de Einzig Palil, que escribió su nada humanitario mamotreto en Londres, en 1942, cuando la patria de su pasaporte, el Canadá, ya estaba oficialmente en guerra con Alemania.

En el bando soviético, la declaración más inaudita fué hecha por su Ministro de Propaganda, Ilya Ehrenburg, quien, al acercarse las tropas bolcheviques a Alemania lanzó, por radio, la siguiente proclama:

«Asesinad, valientes soldados del Ejercito Rojo. En Alemania, nadie es inocente. Ni los vivos ni los aún por nacer... Aplastad para siempre en sus madrigeras a las bestias fascistas. Destrozad violentamente el orgullo racial de las mujeres alemanas. Tomadias como botín. Asesinad, bravos soldados rojos! ». (Ver Caida de Berlin)

Si los judíos, independientemente de su nacionalidad de pasaporte, tomaron parte activa en el desencadenamiento de la guerra contra Alemania y en el endurecimiento de la misma, como apóstoles de las matanzas injustificadas de civiles y de la sistemática violación de las leyes de la guerra en el tratamiento dado a los soldados alemanes (1), también fueron los instigadores de los procesos de desnazificación, cuya culminación la constituyó el Proceso de Nuremberg.

A partir de la Conferencia de Placentia Bay, en que se habló por primera vez de los procesos contra los «criminales de guerra» alemanes, el Congreso Mundial Judío, ya en 1942, es decir, un año antes de que empezaran, según los acusadores del bando Aliado, las ejecuciones masivas de judíos en los campos de concentración alemanes, empezó a redactar las listas de tales «criminales».

(1) Históricamente, fué el judaico Ministro del Interior de la III República Francesa, Mandel (Rothschild), quien ordenó el fusilamiento sumarísimo de los paracaidistas alemanes, desde Febrero hasta Mayo de 1940.


Fuentes:

- Joaquín Bochaca. El mito de los 6 millones. p.45
- Castagnino Leonardo. www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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