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EL MILAGRO DE LA CASA DE BRAGANZA
                          

Obras de Leonardo Castagnino Cuenta la historia de Prusia que, acorralado Federico II en la guerra de los Siete Años, iba a librar la batalla decisiva de Zorndorf: el ejército está extenuado, la desproporción con el enemigo es grande, y la posición estratégica comprometida; los generales prusianos, convencidos de la derrota, aconsejaron la capitulación.

- ¿No habría medio de vencer? - , preguntóles Federico.
- Solamente un milagro, Majestad.
- Pues bien, esperemos el milagro de la Casa de Brandeburgo.


Esa noche llega a la tienda de Federico un mensajero del general enemigo, el zarevitch Pedro de Rusia, con un extraño presente: el zarevitch, torpe de inteligencia y admirador de Federico hasta la idolatría, le hacía llegar el plan de batalla estudiado por el Estado Mayor ruso. Federico entrega el documento a sus generales: «He aquí el milagro de la Casa de Brandeburgo. Triunfó al día siguiente en Zorndorf y pudo ganar la guerra perdida.

A Pedro II le ocurriría algo parecido.

El 3 de noviembre de 1850 llegan a Río de Janeiro comunicaciones reservadas de que el comandante en jefe del ejército argentino habría expresado al gobernador de Corrientes su intención de aprovechar la guerra para «declararse neutral». Se trataba solamente de un rumor, pero ya era algo. En enero los informes son más precisos; en febrero, Paulino sabe por Silva Pontes la visita nocturna de un agente secreto del general argentino - el comerciante catalán Antonio Cuyás y Sampere - llegado a tratar sobre las condiciones de una conversión de Urquiza.

Paulino le da el 11 de marzo las instrucciones necesarias, y llega a un entendimiento reservado. En abril estará convenido y garantizado l pase del general enemigo al Imperio. En mayo se hace el público pronunciamiento y la alianza comprometedora.

Paulino puede ahora contestar satisfactoriamente a Schwarzenberg que tranquilizara a Francisco José de Austria sobre la suerte de su primo de Brasil. Se había producido el milagro de la Casa de Braganza:

"Le feu a pris a la maison de notre voisin quand il songeait a le mettre a la notre - inicia su nota - Il est si embarrassé que nous ne le craignons pas. D'aillenrs nous ne pouvons plus rebrousser le chemin."

(El fuego se ha encendido en la casa de nuestro vecino, cuando él pensaba ponerlo en la nuestra. Está tan embarazado como no podemos imaginarlo. Por otra parte, nosotros no podemos dar marcha atrás ya).

Y agrega:

"Si el Brasil dejase a Rosas fortalecerse con la absorción de Uruguay, del Paraguay y de la provincia boliviana de Tarija, entonces sí que su posición sería difícil. Mas impidiendo al Dictador fortalecerse con esos territorios y atacándolo ahora, el Brasil obra precavidamente. Con todos esos motivos, empero, el Brasil no iba a declarar la guerra a Rosas... Pero cuenta para esta empresa con los gobernadores de Entre Ríos, Corrientes, y con el general uruguayo Garzón" (8).

El zarevitch que entregó los planos para derrotar a su propio ejército fue estrangulado por sus soldados en la fortaleza de Ropcha, no obstante su deficiencia mental, y su memoria quedó proscripta de Rusia. El general argentino (Urquiza ) sería más afortunado.

(8) Soares de Souza, que transcribe las cartas de Schwarzenberg y Paulino (redactadas originalmente en francés), da este párrafo - como también el fragmento de carta de Schwarzenberg - en versión portuguesa. Por no tratarse del idioma original, he preferido traducirlo.

Fuentes:
- José María Rosa : La caída de Rosas
- El Imperio del Brasil y la Confederación Argentina
- Instituto de Estudios Políticos - Madrid - 1958
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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