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ORIGEN Y CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
                          

Lionel Natham Rothschild    
Lionel Natham Rothschild


(01)
La conspiración
(02) Intento de paz
(03) Nota aclaratoria
(04) Fuentes.
(05) Artículos relacionados.


La conspiración

Los grupos financistas internacionales financiaron y protegieron a los teóricos del comunismo, y luego impulsaron y financiaron a grupos revolucionarios para que instalaran el comunismo en distintos países.

La primera intensión comunista fue instalar la revolución en Alemania para usarla como base, y apoyados por la industria alemana y las materias primas del imperio ruso, llevar la revolución a Europa y el resto del mundo. Pero al revolución comunista en Alemania, con un pueblo bien constituido y una fuerzas armadas firmes, tuvo varios fracasos. Finalmente el marxismo se instaló en Rusia con la revolución bolchevique, llevada a cabo y dirigida por revolucionarios extranjeros que fomentaron revueltas hasta la toma del poder. Los financistas internacionales la fomentaron y sostuvieron una vez instalada.

El mismo grupo planeó y desató la Primera Guerra Mundial, y provocaron la derrota alemana, abriéndole a los alemanes un frente interno de revueltas y revoluciones en territorio alemán, que obligó al ejército a abandonar el frente de guerra en Europa, para dominar la situación interna, obligándolo a proponer un armisticio.

El armisticio no fue respetado, y derivó en el inicuo Tratado de Versalles, planeado por el mismo grupo, que postraba a Alemania, limitándole la industria y el ejército, despojándola de territorios en Europa y en las colonias alemanas, e imponiéndole indemnizaciones por un moto fabuloso e impagable. Crearon países alrededor de Alemania para formarlo un cerco hostil, mientras los vencedores se armaban, se repartían los territorios y acosaban y boicoteaban a la industria y comercio alemán.

Esta situación indefectiblemente desencadenaría la Segunda Guerra Mundial. Hitler intentaba mantener relaciones cordiales con Occidente, y veía el enemigo en los bolcheviques rusos, que planeaban exportar la revolución al resto del mundo.

Durante todo ese período tuvo vital importancia la publicidad mal intensionada y distorsión de los hechos, para influir y modificar la opinión pública occidental, llevada a cabo por la prensa, el cine, la radio, etc. gerenciadas y dominadas por los mismos grupos financieros internacionales.

El conocido sionista Samuel Fried escribió en 1932: “La gente no tiene por qué temer la restauración del poderío alemán. Nosotros, judíos, aplastaremos todo intento que se haga en ese sentido y si el peligro persiste destruiremos esa nación odiada y la desmembraremos.”

Jabotisnky, fundador del “Sionismo Revisionista”, escribió en 1934 en el Naha Recht: “La lucha contra Alemania ha sido llevada a cabo desde hace varios meses por cada comunidad, conferencia y organización comercial judía en el mundo. Vamos a desencadenar una guerra espiritual y material en todo del mundo contra Alemania.”

El rabino M. Perlzweig, jefe de la Sección británica del Congreso Muncial judío, declaró en 1940que “El judaísmo está en guerra con Alemania desde hace siete años.” (Toronto Evening Telegram, 26-11-1940) y el rabino Stephen Wise, presidente del comité ejecutivo Mundial jucío, escribió: “La guerra europea es asunto que nos concierne directamente.” Por su parte el “Chicago Jewish Sentinel” publicaba el 18 de octubre de 1942 que “La Segunda Guerra Mundial es la lucha por la defensa de los derechos del judaísmo. Todas las demás explicaciones no son más que excusas.”

Moshe Shertok, que en 1948 serñia jefe del Gobierno del Estado de Israel, declaró en enero de 1943 ante las Conferencais sionista británica que el sionismo declaró al guerra a Hitler mucho antes de que lo hiciern Inglaterra, Francia y América, porque esta gerra es nuestra. (Jewish Cronicle, 26-11-1940)

Winston Churchil Benjamín Disraeli, Premier inglés, en su obra “Life of Lord George Bentick afirma que la raza judía es la superior y que, por lo tanto está destinada a gobernar el mundo. En dicha obra, entre otras cosa, dice que “La influencia de los judíos puede ser hallada en la última aparición de principios disolventes que están conmoviendo Europa. Se está desarrollando una insurrección contra toda tradición y contra la aristocracia. La igualdad natural de los hombres y la derogación del principio de propiedad son proclamadas por las sociedades secretas que forman los Gobiernos provisionales, y hombres de raza judía se encuentran al frente de cada uno de ellos. El pueblo elegido de Dios coopera con los ateos: los mayores acumuladores de propiedad se alían con los comunistas; la raza elegida se da la mano con las más bajas castas de Europa; y todo ello porque deseamos destruir esa Cristiandad ingrata, que nos debe hasta su nombre y cuya tiranía no podemos soportar por más tiempo.” (Obra citada, Londres 1852, p.496)

Antes de que estalle la guerra, hubo varios encuentros entre el ministro Chamberlain y Hitler, en un intento por evitar la guerra. Las propuestas habían sido razonables para ambas partes, pero esos entendimientos fueron boicoteados por la prensa adicta a los financistas internacionales y en particular por el partido Laborista inglés, procomunista, y por Sir Winston Churchill y el grupo de belicistas que lideraba.

Según Henry Coston, en el momento de estallar la guerra, 181 de los 415 diputados de la Cámara de los Comunes eran directores, accionistas, notarios o administradores de sociedades financieras o comerciales. Estos 181 “padres de la Patria” ocupaban en total 775 lugares de miembros de los consejos de administración y de dirección en los 700 Bancos, grandes empresas industriales, sociedades navieras, compañías aseguradoras y casas exportadores de las más grandes del imperio británico. Al menos, las tres cuartas partes de tales empresas eran judías. (Henry Coston, Les financien qui ménent le monde, pgs.292-293)

Chamberlain sufrió un fuerte desgaste por su política anti belicista, y no es de extrañar que, a pesar de su voluntad para oponese a la guerra, occidente fuera arrastrado a ella, dado el poderío del clan belicista que le hacia frente, con Churchill a la cabeza. El pueblo inglés había dado su voto al Partido Conservador, y por lo tanto a Chamberlain, pero tal como suele suceder frecuentemente en las democracias, la voluntad del pueblo fue suplantada por la de una minoría de intrigantes políticos profesionales.

El almirante Sir Barry Domvile, héroe de la Primera Guerra Mundial, cuenta que “en el Hotel Savoy se reunían a menudo, en un cuarto reservado, Lord Samuel Southwood (de la Oldbams Press), Lord Bearsted(del Oil Trust), Sir John Ellerman (asociado de Lord Rothschild), Israel Moses Sieff (del Polítical & Económical Planning y de los almacenes Marks & Spencer) y Sir Winston Churchill. Posiblemente, una gran parte de la intrahistoria de esos azarosos tiempos se ha escrito en esas cordiales reuniones de prohombres británicos." (Barry Domvile: From Admiral ti Cavin Boy. Londres, 1948, p.39)

Para comprender mejor los motivos belicistas, vale recordar que Hitler había tomado dos medidas trascendentes: la disolución de la Logias masónicas, y el remplazo del “patrón oro” por el de “patrón trabajo”


Winston Churchil Intento de paz

A pesar del oro y el poderío financiero, del belicismo declarado de toda la masonería continental y la prensa adicta, del malestar de la City por la creciente competencia comercial alemana, y de la posición de Wall Street, vía Casa Blanca, Chamberlain aún intentó un último esfuerzo para salvar la paz, enviando extraoficialmente, cerca de Hitler, a Sir Oswald Piraw, ministro de Defensa de al Unión Sudafricana y uno de los mas prestigiosos políticos del imperio británico.

La misión Piraw consistía en arreglar una nueva entrevista entre Chamberlain y Hitler, con objeto de tratar de hallar una nueva propuesta de solución a la cuestión polaca, artificialmente envenenada por unos y otros. Piraw escribió lo siguiente:

“Chamberlain estaba animado de los mejores deseos, pues había hecho depender el futuro de su carrera política en el entendimiento duradero entre el imperio británico y el Reich. Pero entre la buena voluntad de Chamberlain y la realidad positiva se erguía, firme como una roca, la cuestión judía. El Premier británico debía batallar con un partido –su propio partido conservador- y con un electorado que la propaganda mundial israelita había influenciado al máximo… Los factores que hicieron fracasar la política pacifista de Chamberlain y, en consecuencia, mi misión de paz en Berlín fueron: la propaganda judaica, llevada a escala mundial y concebida de manera inconmensurablemente odiosa; el egoísmo político de Churchill y sus secuaces; las tendencias semicomunistas del Partido laborista y el belicismo de lso “chauvinistas” británicos, apoyados por ciertos traidores alemanes.” (Oswald Pirow. Was de Second Word War Unavoidable?)

Piraw hacía ciertamente alusión a algunos grupos antinazis, polarizados entorno al general Beck, a von Eetxleben, al almirante Canaris, y a otros militares de alto rango que conspiraban contra Hitler antes y después de estallar la guerra. Estos grupos, de escasa importancia por si mismos, consiguieron hacer creer a los viejos imperialistas británicos que ellos representaban una fuerza decisiva en Alemania, y que, en caso de guerra, Hitler y su régimen se desmoronarían.

Para todo aquel que conserve ciertas facultades de análisis y no se deje engatusar por la Gran Prensa, la Radio, el Cine y la Televisión, ha de resultar forzosamente evidente que la Segunda Guerra Mundial fue provocada esencialmente, sino exclusivamente, por el movimiento político judío, y que Dantzig no fue más que un burdo pretexto; un capotazo contra el toro alemán para impedir su embestida contra la U.R.S.S. a costa de lanzarlo por fuerza, contra Occidente y causar el suicidio de Europa.

Kaganovich, secretario general del Partido Comunista ruso y cuñado de Stalin, había dicho en 1934: “Un conflicto entre Alemania y los anglofranceses mejoraría nuestra situación en Europa, y daría un renovado impulso a la Revolución mundial.” (Izvestia, 24-1-1934)

Que la apreciación de Kaganovich era exacta resulta incontratable. Para comprobarlo, basta con echar una ojeada al mapa mundial de 1814 y 1939 y compararlos con el actual.


Nota aclaratoria:

Para evitar malos entendicos, se trasncrible parte de una entrevista que le hizo la Televisón francesa a Aleksander Isáyevich Solzhenitsyn, autor del libro Archipielago Gulag.

A una pregunta del entrevistador, Solzhenitsyn respondió:

"En el Archipiélago Gulag, el sistema de prisiones y campos de concentración, se calcula que perecieron 44 millones de personas (66 millones en toda la URRSS)… Yo me he limitado a dar los nombres de las personas que dirigían entonces los destinos del Gulag, de los jefes de la NKVD, de los directivos de la construcción del Canal del Mar Báltico. Aquí están los principales. Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial. La separación la ha hecho la historia…"

(Al llegar a este punto fue cortada la entrevista que hacía la TV francesa).


Fuentes:

- Joaquin Bochaca. Historia de los vencidos.p140/152.
- www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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