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EL COMUNISMO "RUSO"
                          

Karl Heinrich Marx    
Carlos Heinrich Marx


(01) Notas.
(02) Nota aclaratoria.
(03) Fuentes.
(03) Artículos relacionados.


El comunismo, basado en el ateísmo, el materialismo histórico, la lucha de clases y la planificación a ultranza, se impuso en un país como la vieja Rusia, el carácter de cuya población eslava parecía totalmente opuesto al éxito de la utópica experiencia marxista en su territorio. Según el sociólogo y economista alemán Werner Sombart, el ruso es profundamente religioso, patriótico, soñador, perezoso y poco dado a innovaciones.

Por otra parte, no deja de sorprender al observador imparcial el hecho -en verdad mágico- de que el Ejército rojo, integrado, según el gastado cuché de la moderna propaganda, por «parias de la Tierra» y «esclavos sin pan» derrotase con tan singular facilidad al Ejército imperial. Al parecer, a nadie ha sorprendido -por lo menos a ningún historiador consagrado- que los hambrientos, desarrapados proletarios dispusieron, tanto o más que las tropas zaristas, de ametralladoras, cañones, tanques y aviones. Nadie parece haberse preguntado -y seguimos refiriéndonos a los insignes catedráticos de la enseñanza oficial en todo el Occidente- de dónde salió el dinero para financiar una tan colosalmente costosa empresa como fue la Revolución soviética en Rusia. Por qué no cabe duda alguna de que las cotizaciones de los escasos miembros del Partido -unos dos mil quinientos afiliados, teóricamente miserables parias-, no alcanzaban ni siquiera para pagar los desplazamientos de los conspiradores comunistas dentro y fuera de Rusia.

La respuesta a las dos interrogantes implícitamente planteadas en los dos párrafos precedentes es que, el por todos llamado «comunismo ruso» no es, propiamente hablando, «comunismo», ni tampoco es -excepto, quizá, en un sentido puramente geográfico- «ruso». No puede ser ruso un sistema politico económico que preconiza como fin último propio, la dictadura del proletariado y el internacionalismo; que ha sido creado y modelado por individuos no rusos y, sobre todo, que postula unos principios opuestos al alma rusa. El hecho de que, en determinadas circunstancias, los objetivos políticos del comunismo internacional hayan podido coincidir con los de la antigua «constante nacional» rusa -presión sobre los Dardanelos; intento de salida al Mediterráneo; e incluso expansión en Asia- no implica necesariamente que siempre haya sido ni siempre haya de ser así. ¿Eran patriotas rusos Lenin y Trotsky cuando organizaban huelgas en 1905 mientras las tropas nacionales se batían contra los japoneses...? ¿Lo eran desde 1914 basta 1917 cuando predicaban el derrotismo y saboteaban el esfuerzo bélico de Rusia, entonces enfrentada a los imperios centrales? ¿O cuando en Brest Litovsk aceptaban unas cláusulas de Armisticio que cualquier gobierno zarista hubiera rechazado?

Vladímir Ilich Uliánov, Y, por otra parte, ¿es qué puede llamarse «comunista» a un sistema cuyo fundador, Marx, era hijo de un prestamista, cuyos propagadores, Lassalle, abogado de prestigio, Heine, poeta hijo de un mercader e íntimo de los Rothschild, Boerne, primogénito del emisario de los Rothschild en Viena, Engels, hijo de un fabricante de textiles, Moses Hess, rabino, hijo de un agente de Bolsa, provenían de la alta burguesía...?, ¿comunista un movimiento implantado en Rusia por Lenin, de origen pequeño burgués, y Trotsky, casado con la hija del banquero Givotovsky, y cuyos jefes auténticos eran y son personas detentoras de un capital y, paralelamente, de un poderío como nunca soñó el más tiránico autócrata? El comunismo real -tan diferente del teórico o propagandístico, destinado a cazar incautos- es la forma más brutal y más explotadora del capitalismo. Si en Occidente los estadistas de hoy no son, en la mayoría de casos, más que meros agentes de trusts y monopolios que transforman su poderío financiero en poder político, más o menos disimulado, en Oriente el gigantesco «gang» del Kremlin, sin trabas y sin necesidad de disimulo por haber liquidado físicamente a la élite nacional que podía oponérsele, ha podido montar el más feroz y desalmado de los capitalismos: el capitalismo de Estado soviético.

El exilado rumano Traian Romanescu, ex profesor de la Universidad de Bucarest escribe a este respecto:

«Después de la muerte de Stalin, y probablemente para fijar sus posiciones en el cuadro de la nueva sociedad burguesa capitalista que maneja el comunismo, los "socialistas" moscovitas completaron en 1954 una estadística de la situación material de los primeros 1.670 "hombres del trabajo" en la Unión Soviética. Como es natural, esa estadística no ha sido publicada, pero se ha conocido por la indiscreción de algunos miembros del Partido... En la Unión Soviética... 730 jerarcas son multimillonarios, otros 940 son millonarios, es decir, capitalistas» (1).

En otro lugar de esta obra se habla de las flagrantes concomitancias de los lideres soviéticos con la alta finanza y el capitalismo Occidental. Para seguir un orden cronológico, empezaremos con la exposición de documentos y testimonios, procedentes de los campos más dispares, que establecen, con irrefutable autoridad histórica, que el comunismo soviético no es, contrariamente a lo que creen los más, un sistema o una doctrina rusos sino que, al contrario, se trata de la manifestación visible de un fanático imperialismo que, ni por sus orígenes, su financiación, sus fines y sus caudillos reales puede, sin ultraje a la verdad, ser calificado de ruso.

Leon Trotsky Nota:

(1) Traian Romanescu: Amos y Esclavos del Siglo XX. Editorial JHS, México, página 70.


Nota aclaratoria:

No comfundir sionismo con semitismo.

Para evitar malos entendicos, se trasncrible parte de una entrevista que le hizo la Televisón francesa a Aleksander Isáyevich Solzhenitsyn, autor del libro Archipielago Gulag.

A una pregunta del entrevistador, Solzhenitsyn respondió:

"En el Archipiélago Gulag, el sistema de prisiones y campos de concentración, se calcula que perecieron 44 millones de personas (66 millones en toda la URRSS)… Yo me he limitado a dar los nombres de las personas que dirigían entonces los destinos del Gulag, de los jefes de la NKVD, de los directivos de la construcción del Canal del Mar Báltico. Aquí están los principales. Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial. La separación la ha hecho la historia…"

(Al llegar a este punto fue cortada la entrevista que hacía la TV francesa).


Fuentes:

- Joaqquin Bochaca. La historia de los vencidos, p.37.
- www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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