Home
Home


REINHARD HEYDRYCH: CORAZON DE ACERO
                          

Reinhard Heydrich     
Jefe de la Gestapo     

Reinhard Heydrich


(01)
Los infiltrados
(02) Fuentes.
(03) Artículos relacionados.


Los infiltrados

El Movimiento de Infiltración en Alemania veía con ansiedad como fracasaban las ofensivas soviéticas, cómo se recuperaba el ejército alemán y cómo se preparaban nuevas operaciones.

Se sabía que en los grandes laboratorios de Pennemunde se estaba experimentando con un nuevo tipo de proyectiles, el V-l y el cohete estratosférico V-2, y se temía que estas armas pudieran entrar en acción en un futuro próximo.

Roessler recibió en Ginebra, Suiza, esa información, y la trasmitió a Moscú. Transmitía alternativamente de Ginebra y de Lucerna. En momentos Roessler se contrariaba porque suponía que los soviéticos no estaban aprovechando al máximo los secretos alemanes que se les enviaban. En realidad no podían hacer más. Sabían en qué punto y con qué fuerzas se les iba a pegar, pero sus contramedidas no bastaban para detener el golpe.

Alarmada, la Infiltración apremió en 1942 a todas sus ramas para auxiliar a la URSS, que se hallaba en el peor momento de su existencia.

A fines de mayo los pastores protestantes Han Schoenfeld, de la Oficina de Relaciones Exteriores de la lglesia Evangélica Alemana, y Dietrich Bonhoeffer, viajaron a Estocolmo, Suecia, a entrevistarse con el obispo anglicano George Bell, de Chichester, Inglaterra. Ambos eran conspiradores muy activos y su viaje fue posible mediante documentos falsos que les facilitaron el almirante Canaris y el general Oster, del Servicio de Contraespionaje.

Rudolf Roessler    
El espia en Suiza    

Dr. Roessler

Los pastores Schoenfeld y Bonhoeffer le llevaron al obispo anglicano Bell una abundante información. El plan de integrar un gobierno con un rey pelele a la cabeza había sido definitivamente descartado a principios de 1942 y se había convenido en formar un régimen de "coalición", encabezado por el general Ludwig Beck (ex jefe del Estado Mayor), por el general Hammerstein {ex jefe del ejército} y por los líderes procomunistas Leuchner y Jacobo Kaiser (judío). Este nuevo régimen se comprometía a hacer cesar la lucha anticomunista y a derogar en el acto las leyes de Nuremberg que restringían las actividades políticas hebreas. (Resistencia Contra Hitler - Erich Zimmermann y H. A. Jacobsen.- (Churchill dijo tiempo después en la Cámara de los Comunes: "Esperamos la época en que este capitulo histórico de la actividad interior alemana encuentre su justa apreciación").

Por otra parte, recientemente había surgido una llamada "lglesia Confesional" del pastor protestante Niemeller, que hacía propaganda contra el gobierno, hasta que Niemeller fue detenido y llevado a un campo de concentración.

Eugen Gerstemmaier, también protestante eminente, formó pequeños grupos de conspiración.

En el campo católico, los padres Alfred Delp (jesuita) y Roesch y Koenig, se esforzaban por desmoralizar a la juventud propagando la versión de que se libraba una guerra ilícita.

El Círculo de Kreiseu coordinaba secretamente las labores de conspiración en el campo militar, en el político y en el religioso, y tendía "puentes" para que convergieran hacia un mismo fin los comunistas, los "demócrata-cristianos", los luteranos y los católicos que formaban parte de la conjura. Se hablaba de crear un "socialismo cristiano" en que todos los hombres coexistirían como hermanos, estableciendo nexos entre las corrientes democráticas y las marxistas. El padre Delp invocaba, argumentos teológicos en contra de la posición de la Iglesia, la cual había prohibido toda cooperación con el comunismo, al que calificó de "intrínsecamente perverso".

Aprovechando la muerte de un piloto de caza muy admirado, el coronel Moelders, se falsificó una carta suya en qué se pedía a los jóvenes católicos que no siguieran luchando. De diversos modos se procuraba influir en la mente de la población para suscitar un conflicto religioso contra el gobierno.

Dr. Carl Friedrich Goerdeler    
Coordinador de los infiltrados    

Dr. Goerdeler

El Dr. Goerdeler - de los coordinadores de la Infiltración también fue a Suecia a entrevistarse con los banqueros Marcus y Jakov Guallenberg de Londres, amigos suyos desde años antes. Hizo el viaje en abril, también con la ayuda de Canaris, a fin de informar respecto a los progresos de los planes para derrocar a Hitler y formar nuevo gobierno.

Paralelamente a esas conjuras, en Suiza funcionaba una central soviética de espionaje bajo la jefatura de Alexandre Rado, especializado en la escuela Sekhjodrya, de la URSS. Disfrazaba sus actividades tras una Sociedad de Cartografía Geo-Press, dedicada a la fabricación de mapas. Rado dirigía a veinte subjefes radicados en Alemania, que disponían de trescientos agentes profesionales.

Rado tenía también un agente en la sociedad de las Naciones, un lituano-judío apellidado lsaac y otro agente en el Vaticano, designado con la clave de Lilí del Vaticano. La misión de éstos era conseguir información secreta para enviarla a Moscú. Rado y sus agentes eran muy eficaces, pero su actividad se hallaba dentro del viejo cuadro de espionaje que causaba daños en puntos aislados. Lo que verdaderamente estaba poniendo a Alemania en peligro era el Movimiento de Infiltración.

Por ejemplo, el general Tresckow, ex jefe del Estado Mayor de Von Bock en el sector central frente de Rusia, quedó con el mismo cargo en el Estado Mayor del mariscal Von Kluge, en ese sector. Y a cada instante procuraba influir negativamente al mariscal e inclinarlo contra Hitler. Von Kluge era muy capaz en su profesión, pero jamás había estado sometido a una guerra de nervios de esa índole y su mente daba constantes tumbos. Espontáneamente era fiel a Hitler, pero había días en que caía bajo la influencia de Tresckow y se desconcertaba. Los conjurados decían que Tresckow era "el relojero de Von Kluge" porque le daba "cuerda" contra Hitler.

El almirante Canaris protegía a los conjurados. En una ocasión Himmler tenía detenidos a siete judíos como presuntos agentes enemigos, y entonces Canaris intervino asegurándole que aquellos siete "sospechosos" trabajaban para el contraespionaje alemán disfrazados de antinazis. De este modo logró que se los entregara. Poco después Canaris los hizo escapar a Suizá y sirvieron de "correo" para llevarse claves secretas alemanas.

El jurista Carl Sack, auditor general del ejército, era otro infiltrado que desde su alto puesto protegía a sus cómplices. Con frecuencia lograba que algún sospechoso detenido por la policía fuera declarado enfermo mental e internado en un sanatorio, en vez de que la investigación continuara adelante.

Al general Rudolf Schmidt, que se decía muy adicto a Hitler, la Gestapo le interceptó una carta comprometedora, pero el auditor Sack maniobró y consiguió que solamente se le degradara.

La Gestapo (policía Secreta) había sido formada por Göering y Himmler, mediante una rigurosa selección de personal, pero logró deslizarse en ella un infiltrado muy importante, el criminalista Arthur Nebe.

El teniente coronel Schlabrendorff dice que "Nebe era, por decirlo así, un cordero disfrazado con piel de zorro, decidido antinazi en uniforme de general de la SS". Era de los cercanos colaboradores de Himmler y se enteraba de secretos útiles para alertar y proteger al Movimiento de lnfiltración. Nebe procuraba cumplir muy eficazmente sus tareas y se fingía admirador de Hitler. "Nuestras obligaciones militares – dice Schlabrendorff- debían ser ejecutadas meticulosamente porque ellas nos proporcionaban la pantalla necesaria para cubrir nuestras actividades clandestinas."

Es decir, en los tres principales organismos que cuidaban la seguridad interna de Alemania (Contraespionaje, Tribunal Superior del Ejército y Gestapo) había infiltrados.

Así se explica que la Infiltración pudiera realizar hazañas que nunca se habían realizado contra la seguridad de una nación, hazañas que el espionaje clásico no era capaz de llevar a cabo. Llegó a ocurrir que un plan aprobado por Hitler, en Berlín, tardara sólo diez horas en llegar al mando soviético en el Kremlin. La clave de esta eficacia la tenía el general Fellgiebel, jefe del Servicio de Comunicaciones en la Comandancia Suprema del Ejército Alemán.

Desde el año anterior, cuando en tres ocasiones se capturaron a los soviéticos diversos documentos con secretos militares alemanes, la Gestapo inició una investigación. Reinhard Heydrich, subjefe de la Gestapo, deducía que un “hombre correo" no podía cruzar las líneas. La comunicación debía ser por radio. Consecuentemente ordenó que se escudriñara el espacio, que se vigilaran todas las ondas hertzianas.

Ahora bien, el espacio estaba lleno de señales que se cruzaban en todas direcciones. Era un mar de ondas. Localizada una emisión extraña, no tardaba mucho tiempo en desaparecer de su propia frecuencia. Las frecuencias eran cambiantes. Las claves también. Se analizaba hasta el tipo de pulsaciones (como grafología Hertziana) para distinguir si tal o cual emisión misteriosa correspondía al mismo operador, aunque apareciera en distinta frecuencia.

En resumen, era una cacería endiablada durante horas, días, semanas y meses. Y cuando a veces empezaba a averiguarse algo, la frecuencia y la clave cambiaban. Sin embargo, ingeniosos cazadores de ondas lograron seguir un rastro y mediante triangulaciones radiogoniométricas localizaron el sitio de una emisora. El radiotelegrafista fue capturado.

Mediante amenazas por un lado y ofertas de perdón y recompensa por otro, la Gestapo consiguió que el operador se prestara a seguir actuando como de costumbre. Y fue el hilo para capturar al grupo llamado “Capilla Roja”. Como jefes figuraban Harro Schulze-Boysen, del Ministerio del Aire; la judía Oda Schottmüller, Arvid Harnack, funcionario del Ministerio de Economía; el Coronel Gehrts, de la Luftwaffe; el escritor Adam Kuchkoff, el catedrático Krauss, Mildred Fish (hebrea) y otros muchos, todos comunistas.

Durante varios años habían estado transmitiendo a la URSS (esporádicamente) secretos acerca de la aviación y de movimientos estratégicos de los sectores norte y sur. Después de un proceso de meses, 70 ejecuciones pusieron fin al personal de “Capilla Roja”.

Pero ese era sólo un brazo (y no el más importante) de los infiltrados que radiaban secretos.

Varios miembros de la Gestapo suponían que “Capilla Roja” era la única culpable de las fugas de secretos que habían ocurrido durante 1941. Eso estaba dentro de lo posible. En el primer semestre de 1942 no se tenían ya nuevas pruebas de que los soviéticos siguieran recibiendo secretos. Pero pudiera ser que sí continuaran recibiéndolos.

Heydrich desconfiaba, y más por intuición que por huellas concretas, pensaba que había una filtración en el Alto mando Alemán. Concretamente recelaba del almirante Canaris.

A principios de 1942 la Gestapo capturó a un tal Dr. Strassman, sospechoso, y se averiguó que tenía conexiones con dos empleados del general Oster, o sea el segundo de Canaris. Heydrich quiso continuar las investigaciones con sumo tacto, sin tocar por de pronto a Oster para no alertar a los posibles culpables y evitar que se “sumergieran”.

Alimirante Canaris    
Jefe del contraespionaje alemñán    

Almirante Canaris

También con sumo cuidado Heydrich estaba haciendo espiar a Canaris.

¿Desconfiar del almirante, que había realizado una carrera intachable y que había sido uno de los primeros partidarios de Hitler cuando este llegó al poder?... Parecía insensato, pero algo le decía a Heydrich que Canaris era falso, que realizaba un doble juego.

Canaris también hacia espiar a Heydrich. Por el general Nebe – infiltrado en la GESTAPO – Canaris sabía que Heydrich recelaba de él.

En ese punto las huellas desaparecen (porque muchísimos de los pasos de los conjurados no dejaron huellas), pero alguien pensó en un audaz golpe para matar a Heydrich, precisamente en esos días. ¿Fue Canaris? ¿Hizo saber a sus cómplices en el extranjero que estaba en gravísimo peligro y que él no podía liquidar a Heydrich porque enseñaría las manos?

Eso se ignora. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que el israelita J.E. Sireni, partidario de la URSS y radicado en Londres, aconsejó al “Inteligente Service” británico que arrojara un comando de paracaidistas judíos detrás de las líneas alemanas para matar a Heydrich.

En efecto, a mediados de mayo un avión de la RAF arrojó en Checoslovaquia a Jan Kubis, Joseph Gabeik y otros varios. Estos sabían que Heydrich se alojaba en una casa de campo cerca de Praga y que usaba un Mercedes descapotable para ir a su oficina de la capital checa. No llevaba escolta, iba uniformado y únicamente lo acompañaba su chofer.

Lo acecharon en el camino y le arrojaron una bomba de manufactura inglesa. Mortalmente herido, Heydrich sacó su pistola e hizo fuego, pero enseguida se desplomó moribundo y cinco días después falleció.

Jacques Delaure, que luchó en el movimiento secreto antinazi en Francia, dice: “En Lídice la GESTAPO encontró depósitos de armas, propaganda antinazi, gran cantidad de víveres racionados para ayudar a los agentes y una emisora clandestina”. ”En la Iglesia de San Carlos Borromeo se ocultaban cien miembros de la resistencia.” (1)

La Gestapo sacó de Lídice a las mujeres y a los niños y pidió que los culpables fueran entregados. Nadie se entregó, ni nadie fue denunciado. Entonces se cañoneo la aldea hasta arrasarla.

El asesinato de Heydrich fue, por dos años más, la salvación de los inminentes infiltrados.

Reinhard Heydrich     
Jefe 2° de la Gestapo     

Reinhard Heydrich

El biógrafo de Canaris dice que éste “temía Heydrich. Era un miedo corporal, instintivo. Desmesuradamente alto, con ojos de corte semimongólico y con una mirada fría escudriñadora, como la de una serpiente. Canaris siempre se sintió fascinado por la inteligencia extraordinaria de Heydrich, a quien definió una vez como la bestia más inteligente. En su Diario habla de él después de su primera entrevista oficial como de un fanático brutal con el cual será difícil colaborar en una forma abierta y confiada. Su temor hacía Heydrich no cesó nunca. Bastaba una llamada telefónica de la RSHA (dependencia de la Gestapo) para provocar la inquietud de Canaris."( El Almirante Canaris.-Karl F. Absbagen.)

Absbagen, admirador y biógrafo de Canaris, dice: “Canaris temía a Heydrich, y la noticia de su muerte fue recibida por él con un respiro de alivio, aunque tuvo por conveniente declarar, durante los funerales de Heydrich, con voz apagada, acompañada de lágrimas y en presencia de los colaboradores del antiguo jefe de la Gestapo, que lo había considerado como un ser extraordinario y que perdía en él a un amigo fiel.”

Como si presintiera las graves consecuencias de la pérdida que acababa de sufrir, Hitler asistió a la capilla ardiente de Heydrich, visiblemente conmovido, y haciendo el saludo exclamo: “¡Reinhard Heydrich, eras un corazón de acero!...”

Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


Fuentes:

- Salvador Borrego. Infiltración Mundial, p.145.
- www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal



Ver notas relacionadas:

- Secretos traicionados.
- El enemigo invisible.
- Historia de la masonería en el mundo
- La logia alemana
- Logias rumanas
- Los 30.000 muertos de Rotterdam (Segunda guerra mundial)
- Bombareo a objetivos civiles (Segunda guerra mundial)
- La puerta de escape abierta (Segunda guerra mundial)
- En las puertas de Moscú. 1941 (Segunda guerra mundial)
- Prisioneros rusos campana de 1941 (Segunda guerra mundial)
- Dresden 1945 (Segunda guerra mundial)
- La toma de Berlín (Segunda gerra muncial)

Ver en el indice más Historia Argentina.



Fuente: www.lagazeta.com.ar

Compartir en:



La Gazeta FederalLeonardo Castagnino
Historia


HomeLa Gazeta Federal
en facebook



Inicio