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LA DEMOCRACIA ALEMANA, ASESINADA POR OCCIDENTE
                          

Briand, Herryck y Kellog


(01) Fuentes.
(02) Artículos relacionados.


¿Cuál era, entre tanto, la actitud espiritual de los pueblos de los países democráticos con respecto a Alemania? O, para formular la pregunta en más justos términos: ¿Qué les decían de Alemania a sus clientelas los grandes «medios informativos» de las democracias occidentales?

La triste realidad es que, salvo contadas excepciones, desde el gran rotativo hasta el humilde diario de provincias, y desde los libros de texto (ese instrumento de la educación dirigida por el sedicente estado democrático) hasta los manuales para la educación de párvulos, se alimentó cuidadosamente la llama del odio, rechazando brutalmente todos los intentos que la tan pulcramente aséptica y democrática República alemana hizo para olvidar el pasado y preparar, sin reservas mentales, un futuro basado en la justicia y la hermandad de los pueblos de Europa.

Todos los medios fueron lícitos en la campaña de odio y difamación desplegada contra el pueblo alemán: las puras mentiras, las medias verdades, los relatos «objetivos», las versiones parciales y oblicuas, los sofismas inteligentes, los más inverosímiles inventos, todo ello hábilmente mezclado y elaborado para el consumo de todas las inteligencias, de todos los prejuicios y de todas las filias y fobias nacidas al calor del resentimiento creado por la desorbitada propaganda de los tiempos de guerra.

El himno alemán, cuya primera estrofa dice:

«Alemania sobre todo en el mundo, desde el Mass hasta el Vístula, y desde el Danubio hasta el Belt...»

es alterado por un periodista francés:

«Alemania sobre todos en el mundo»...

La «nueva versión» del Deutchsland Über alles es reproducida millones de veces por las rotativas del orbe entero. ¡Los alemanes se consideran por encima de todos los pueblos del mundo!... ¡Horrible racismo! Y esto se dirá en Francia, cuyo himno nacional, «La Marsellesa», califica de «impura» la sangre del extranjero (12).

En esta campaña mundial antialemana colaboraron activamente y, de hecho, dirigieron la orquestación, ciertos intelectuales judíos. Recordemos que Hitler no está todavía en el poder; en Alemania no se persigue, aún, a los israelitas, que ocupan lugares preeminentes en la vida social, artística, industrial y financiera, y dominan en el Gobierno (13). Pero es un hecho: Berthold Brecht, Heinrich y Thomas Mann, Erich María Remarque, Werfel, Arnold Zweig. Ernest Lissauer son las autoridades que se citan en Francia y otros países para demostrar que el pueblo alemán no es más que un hato de fanáticos sedientos de venganza y animados de los más bajos instintos.

La democracia alemana no murió, como más tarde pretendería la «jurisprudencia» de Nuremberg, a causa de las ansias de revancha del militarismo prusiano. Fue asesinada por las propias democracias occidentales, que incumplieron clamorosamente la totalidad de los compromisos dictados por ellas mismas en Versalles; la agredieron y expoliaron en Renania; animaron al «ganso polaco» (14) a que violara las fronteras de Silesia; la rodearon de una serie de pseudonaciones armadas hasta los dientes y no cesaron, durante quince años, de someterla a toda suerte de humillaciones, e injusticias que, forzosamente, debían desprestigiar a los ojos del pueblo alemán, al régimen que soportaba, sin protesta, tal estado de cosas.

Notas: (12) La germanofobia fue cultivada por los propios ministros responsables de la Educación Nacional, en Francia. Un librito de las Editions Patriotic, destinado a primera enseñanza, mostraba a un soldadito de seis años vengando el honor de Francia al utilizar como orinal un casco prusiano. (Romi: Fraiche et Joyeuse, pág. 30.) Los cuadernos para escolares iban decorados, en su portada, con escenas de barbarie germánica -un pelotón de soldados alemanes fusilando a una campesina alsaciana; una lorenesa abofeteando al Káiser, etc.ó. A los alumnos de los grados superiores se les enseñaba que la guerra había estallado a causa de los sueños de dominio universal del Káiser.

(13) Henry Ford señala (The International Jew) que, en un momento dado, había los siguientes judíos ocupando puestos claves en el Gobierno alemán: Hirsch, ministro de Gobernación; Ernst. jefe de la policía de Berlín; Rosenfeld, ministro de Justicia; Futran, de Enseñanza; Simon, de Hacienda: Stadthagen, del Trabajo; Wurms, de Alimentación; Kastenberg, director del Negociado de Letras y Artes; Kohen, del omnipotente «Comité de Obreros y Soldados»; Brentano, ministro de Industria, etc.

(14) La expresión es de Sir Winston Churchill. en Yalta.


Fuentes:

- Joaquin Bochaca. Historia de los vencidos, p.85.
- La Gazeta Federalwww.lagazeta.com.ar

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