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OCUPACION DE NORUEGA Y DINAMARCA (1940) (Segunda Guerra Mundial)
                          

Almirante Erich Raeder     
Almirante Raeder


(01)
Las operaciones
(02) Fuentes.
(03) Artículos relacionados.



Las operaciones

El jefe del estado Mayor General, Franz Halder, y el jefe del ejército, general Brauchitsch, habían cursado altos estudios y concebían la estrategia como una ciencia exacta, en la que todo puede pesarse, medirse y preverse, y en la que no debía darse un paso que no estuviera previamente asegurado con la evidencia de las cifras.

Esa inclinación de ambos jefes estaba, además, cultivada por el Movimiento de infiltración. El temor de Halder y Brauchitsch a cualquier acción audaz era bien explotado. Hitler sentía esta resistencia, y entre él y el Estado Mayor General fue abriéndose un abismo de hostilidad e incomprensión.

La situación era bastante distinta en el Alto Mando de la Marina. La marina alemana era pequeña. Ocupaba un quinto lugar en el mundo, después de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Japón. La Infiltración había penetrado preferentemente en el Ejército, que era la principal fuerza alemana, en el Servicio de Contraespionaje (que teóricamente era el organismo que combatía infiltraciones), y en diversos sectores religiosos, que eran aprovechados para encubrir intenciones. Pero se dejó a un lado a la Marina, quizá porque su influencia era muy reducida.

El hecho se hizo patente desde el primer momento de la guerra, pues la Marina trazaba audaces planes de acción, y trataba de alentar a Hitler para que los autorizara, no obstante los grandes peligros que entrañaba enfrentarse con las flotas combinadas de Inglaterra y Francia, 7 veces más fuertes que la Marina alemana.

El hundimiento del portaaviones inglés "Courageous", de 22,000 toneladas, realizado por el capitán Schuart del U-12; las correrías de barcos solitarios por el Atlántico y el Índico desafiando a grandes escuadras aliadas; el hundimiento del acorazado ingles "Royal Oak" en su propia base, por el capitán Prien del U-47, y otras acciones por el estilo realizadas en las primeras semanas de guerra, eran obra más de la entusiasta preparación y del arrojo que de la fuerza. La guerra es lucha, como la vida misma, y no es posible pesarlo todo, ni preverlo todo. Intuición, arrojo, improvisación, son elementos esenciales en los más difíciles momentos.

Entre los planes que el Almirante Raeder, jefe de la Marina, sometió a la consideración de Hitler, figuraba la ocupación de Noruega. Se preveía que Inglaterra se aprestaba a tomarla como base contra Alemania. El hecho de que minara las aguas noruegas para interrumpir el abasto de hierro a la industria alemana, y de que violara la neutralidad de Noruega para abordar un barco alemán con prisioneros de guerra, convenció a Hitler de que por ahí se perfilaba una grave amenaza británica. Y aceptó la idea del almirante Raeder.

Ahora bien, la Marina alemana era insuficiente para romper el bloqueo anglofrancés del Mar del Norte, vencer las baterías costeras noruegas y desembarcar tropas en número suficiente para enfrentarse a las fuerzas noruegas y a un inminente desembarco anglofrancés. El éxito tenía que basarse en la audacia, en la sorpresa y en la alta determinación combativa de reducidas fuerzas alemanas.

Hitler calculó que el Estado Mayor General pondría el grito en el cielo con una andanada de objeciones y pidió al general Keitel, jefe del Alto Mando, que formara una Plana Mayor especial, bajo el control inmediato del propio Hitler, para que coordinara el plan de la operación. Al Ejército sencillamente se le pidió que alistara 5 divisiones (75,000 hombres) para una misión especial, aun cuando sólo una parte de estas fuerzas podría entrar en acción.

"Es de la más alta importancia que los Estados escandinavos así como los adversarios occidentales, escribió Hitler, sean cogidos por sorpresa. Las tropas no serán advertidas de sus verdaderos objetivos sino después de su desembarco". La operación "Ejército Weser" se puso en acción la madrugada del 9 de abril de 1940.

En el paso a Noruega quedaba Dinamarca, país neutral, que tendría también que ser ocupado Para impedir que los ingleses penetraran en ese espacio abierto y frustraran toda la operación sobre Noruega.

Coronel Hans Oster    
Jefe del contraespionaje alemñán    

Coronel Hans Oster

El Movimiento de Infiltración en el Servicio de Contraespionaje tuvo conocimiento de lo que se preparaba y diez días antes de la operación el coronel Oster (infiltrado) dio aviso a los aliados, Por conducto del agregado militar holandés en Berlín, coronel J. E. Sas. "Oster confiaba en que si no se alcanzaba a parar toda la empresa... Por lo menos se lograría (mediante el aviso a los aliados) apresurar el fracaso de la operación en una primera fase". El jefe de Oster era Canaris, quien por su parte pensó paralizar la operación enviando a Hitler informes exagerados y alarmantes sobre posibles contramedidas inglesas, pero "HitIer no se dejó turbar en su propósito".(El Almirante Canaris -Karl H. Abshagen.- Panegirista de Canaris.)

Dinamarca tenía frontera con Alemania y lo lógico era esperar que por ahí llegara la invasión, pero llegó por mar, directamente a la capital, Copénhague, donde desembarcó un batallón alemán que velozmente cruzó varias calles y llegó hasta la Ciudadela del ejército danés y hasta el Palacio Real.

El rey Christian X quedó sorprendido. Los alemanes tenían instrucciones de no disparar, sino de explicar a los daneses que no iban como enemigos. Trataban de impedir que Dinamarca se convirtiera en una puerta de entrada para los ingleses y los franceses.

El rey Chrislian preguntó al general alemán Himer si podía conservar su propia guardia. Himer repuso que sí, y que podía seguir gobernando. Las tropas alemanas sólo impedirían la llegada de fuerzas anglofrancesas. Entonces el rey ordenó que no se hiciera resistencia, lo cual hubiera causado pérdidas innecesarias, y dijo al comandante alemán: "General, ¿puedo como viejo soldado decirle una cosa? ¿De soldado a soldado? Ustedes han realizado una vez más algo increíble. Hay que admitir que es un trabajo magnífico".

Un obstáculo para la ocupación de Noruega acababa de desaparecer, pero faltaba lo más difícil.

En esos momentos pequeñas flotillas de barcos alemanes zigzagueaban, por el Skagerrak y por el Mar del Norte para eludir el bloqueo anglofrancés y llegar a los puertos noruegos de Oslo, Stavenger, Bergen, Trondheim y Narvik, en una extensión de más de 1.900 kilómetros de costa.

La flotilla más fuerte trataba de llegar a Oslo, capital noruega, para lo cual necesitaba atravesar un fiordo fortificado, que en algunos lugares tenía 25 kilómetros de anchura. El paso se haría al amparo de la oscuridad, en la madrugada, y como aún no existía radar se consideraba que los noruegos serían tomados por sorpresa y no podrían atacar oportunamente. Pero los noruegos ya habían recibido el aviso del coronel Oster. . . El aviso les llegó precisamente de la dependencia alemana que estaba encargada de evitar que ocurrieran filtraciones y traiciones, o sea del Servicio de Contraespionaje.

Alimirante Canaris    
Jefe del contraespionaje alemñán    

Almirante Canaris

De esa manera las baterías noruegas estaban alerta, paradójicamente dotadas de cañones alemanes hasta de 280 milímetros de diámetro. Además, tenían preparados torpedos en las costas y se hallaban en alerta varios barcos minadores. Al acercarse la flotilla alemana, la sorpresa fue para ella que se vio sujeta a un certero fuego concentrado. El crucero alemán "Emden" fue gravemente dañado. También el crucero "Lutzow". El crucero pesado "Bluecher", de 10.000 toneladas, recibió varias andanadas, ardió y se hundió con 1.600 hombres. Parte de la fuerza que iba a ocupar la capital noruega pereció y parte fue hecha prisionera, incluso el contralmirante Oskar Kummetz, jefe de la escuadra, y el general Engelbrecht, jefe de la l63a. División de infantería.

Oslo no había podido ser tomado y era uno de los puntos básicos. La operación estaba pendiendo de un hilo.

Mientras en el fiordo de Oslo la marina alemana era diezmada y detenida, otro intento simultáneo se hacía por aire para capturar la capital.

Esa misma madrugada (9 de abril) volaba hacia Oslo una "primera ola" de transportes, trimotores Ju-52, con la primera y segunda compañía de paracaidistas, al mando del capitán Erich Walther. Llevaban la misión de capturar el aeropuerto de Oslo y facilitar la llegada de tropas aerotransportadas para tomar la capital. Pero conforme esa "oleada" de 29 aviones se aproximaba a su objetivo, el tiempo empeoraba. La niebla era espesísima. Dos aviones desaparecieron, tal vez por colisión, y toda la flotilla recibió la orden de regresar a su base.

Detrás de esa "primera ola" volaba una "segunda ola" de transportes con el 2o. batallón de infantería (no paracaidistas) al mando del capitán Wagner. Cuando éste recibió la orden radiada de regresar a su base, tuvo momentos de duda porque le había sido enviada por el Décimo Cuerpo Aéreo y no por su inmediato superior, el jefe del Transporte Aéreo. Pensaba si no sería una estratagema del enemigo y en ese momento distinguió algunos desgarramientos de las nubes. Ya próximo al objetivo, decidió seguir adelante.

Minutos después esta "segunda oleada" volaba sobre el aeródromo de Oslo. El capitán Wagner no llevaba paracaidistas, sino infantería, pero decidió aterrizar para tomar el aeropuerto. Fue ésta una decisión de máximo arrojo y de gran trascendencia que iba a costar la vida al capitán Wagner, pero que imprimiría nuevo giro a la acción emprendida sobre Oslo. Cuando el avión del capitán se aproximaba a la pista, a baja altura, los noruegos abrieron el fuego y el capitán Wagner pereció. El copiloto tomó los controles y ganó altura.

Hacía treinta minutos que una escuadrilla de cazas alemanes Me-110, al mando del teniente Hansen, volaba sobre el mismo aeropuerto. Tenía la misión de proteger a los transportes de paracaidistas. Acababa de combatir con los cazas noruegos, había perdido dos aviones y le restaban seis, tres de los cuales volaban con un solo motor. (Eran bimotores). La espera se había prolongado demasiado. Cuando aparecieron los transportes del capitán Wagner, la escuadrilla de cazas Me-110 pensó que se trataba de la "primera oleada" de paracaidistas. Y por tanto, esperó que los paracaidistas saltaran, Pero no saltaba nadie. En realidad era la “segunda oleada", que sólo llevaba tropas de infantería.

El teniente Hansen, jefe de los cazas se hallaba perplejo. ¿Por qué no saltaba nadie?... En eso divisó el fallido intento de aterrizaje del avión del capitán Wagner. Los cazas tenían muy poca gasolina y ya se les habían encendido tres luces rojas en el tablero; Al encenderse la cuarta los motores se pararían en unos segundos más. Entonces el teniente Hansen quiso probar suerte; como el avión-transporte de Wagner que había tratado de aterrizar, y ordenó a uno de sus pilotos:

"Teniente Lent, aterrice usted. Nosotros lo haremos a continuación, cubriéndole". El avión de Lent echaba humo, de uno de sus dos motores, que había dejado de funcionar. Con el motor izquierdo maniobró y se tiró a aterrizar mientras los otros cinco cazas lo seguían de cerca haciendo fuego sobre los emplazamientos noruegos de ametralladoras. Lent logró bajar, aunque el tren de aterrizaje se le destrozó. Su artillero, el cabo Kubisch, desmontó una ametralladora para. contestar el fuego enemigo, mientras los otros cinco cazas disparaban y aterrizaban a continuación.

Alentados por aquella insólita batalla empezaron a bajar los trimotores Ju-52 con el segundo batallón de infantería. Las ametralladoras de los cinco cazas, ya en las pistas, hacían fuego contra la guarnición enemiga.

Rápidamente la infantería saltaba de los trimotores y se lanzaba sobre las posiciones noruegas, que minutos después empezaron a rendirse. El vuelo rasante de los cazas y su osado aterrizaje habían hecho suponer a los defensores que estaban bajo un ataque de mayores proporciones.

A continuación llegaron más transportes, con dos compañías de paracaidistas y con todo el 324o. regimiento de infantería, que marchó sobre Oslo y lo capturó. Cuando en el Décimo cuerpo Aéreo se recibió por radio un reporte que decía: "El aeródromo de Oslo en nuestro poder. Primera Escuadrilla de la 76a. Escuadra de Caza Pesada", todos se quedaron sorprendidos. Ya daban por perdida a la escuadrilla y lo menos que podían imaginarse era que estuviera luchando en tierra, como vanguardia de la infantería aerotransportada.

Una acción improvisada, de audacia y decisión, ajena a los planes más minuciosos, había dado a los alemanes la victoria en la capital noruega.

En los días subsiguientes tropas inglesas y francesas desembarcaron en tres puertos noruegos, pero después de dos grandes batallas fueron obligadas a retirarse a Inglaterra. El rey Haakon, con veinte camiones cargados de oro y documentos, se fue junto con los ingleses.

Noruega quedó en manos alemanas y se impidió que Inglaterra la utilizara para atacar a Alemania desde el noroeste.

Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


Fuentes:

- Salvador Borrego. Infiltración Mundial, p.95.
- LA GAZETA FEDERAL www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal



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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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