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LOS INGLESES Y LA BANDA ORIENTAL
                          




(01) Lord Ponsomby: "divide y triunfarás"
(02) La visión política de San Martín
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.

Lord Ponsmby: divide y triunfarás

(Carta dirigida por Lord Ponsonby a Lord Aberdeen,fechada en Río de Janeiro el 22 de septiembre de 1828).

Comienza diciendo que los diplomáticos argentinos y brasileros fueron transportados en un buque británico con destino a Buenos Aires el día 9 a efectos de ratificar la convención preliminar para dar fin a la guerra entre estos dos estados desde 1825. Ponsonby afirma que Dorrego puede ser derrocado si dudara en reafirmar la paz. El ministro inglés en Buenos Aires en sus informes al Foreign Office combatió a Dorrego, pero actuó hábilmente para imponer a Buenos Aires una desastrosa paz con el Brasil y la independencia de la Banda Oriental, que convenía a los intereses británicos.

Río de Janeiro, Setiembre 22 de 1828.

Excmo. Señor.

Los generales Balcarce y Guido se han embarcado con destino a Buenos Aires el 9 del corriente, en la balandra Heron de S.M., y con ellos un oficial al servicio de S.M. el emperador, quien conduce plenos poderes para uno de los ministros de S.M. en Montevideo para ratificar la convención preliminar suscrita por los plenipotenciarios de la república del Río de la Plata y los de S.M.I. Los plenipotenciarios republicanos deseaban tener una nota escrita por mí, persuadiéndolos de la conveniencia de asentir a la evacuación por las tropas republicanas, de las Misiones, que ellos pudieran comunicar a su gobierno, si fuera necesario. Por consiguiente, les escribí una nota, cuya copia adjunto, suavizando el modo y los términos de una nota anterior, (ya comunicada a V.E. con el n° 5), que yo creo, decidió su consentimiento de evacuar el territorio en cuestión.

Me es muy grato comunicar a V.E. que el general Guido me ha expresado su firme convicción de que el gobierno de Buenos aires ratificará, sin dilación, la convención preliminar; y, en respuesta a ciertas observaciones mías, sobre la posibilidad de que tropezara con dificultades para tan necesaria terminación de este asunto, el general me hizo la promesa formal de tomar todas las medidas para inducir a su gobierno a cumplir fielmente con su deber, diciéndome, además, que, antes de su partida de Buenos Aires, había adoptado algunas disposiciones en el sentido aludido, para asegurar el éxito. Al expresarse así, el general hablaba con toda sinceridad –tengo razones para suponerlo-, y creo que Dorrego puede ser arrojado del gobierno, y lo será, si hesitara en concluir la paz iniciada.

No molestaré a V.E. con detalles sobre el particular; pero me aventuraré a manifestarle que mis medidas han sido concertadas para obtener por la presión, si fuera necesario, el fiel cumplimiento de lo que Dorrego se ha comprometido a hacer, como parte, para el perfeccionamiento de la ratificación final de la convención preliminar, aunque la sometiera a la asamblea de Santa Fe y fuese alterada o rechazada por aquel cuerpo.

Tengo el honor de saludar a V.E., etcétera— (firmado) John Ponsonby


(Herrera, Luis Alberto. La misión Ponsonby. La diplomacia británica y la independencia del Uruguay, Eudeba, Buenos Aires, 1974, 2 tomos.- Publicado por Sandro Olaza Pallero)

Lord Ponsomby (Carta del Embajador Lord John Ponsomby al Canciller Vizconde Dudley of Ward)

Buenos Aires, 18 de Enero de 1828.

Excmo. Señor:

En mi despacho separado, del 20 de Diciembre último, tuve el honor de someter a V.E. el esbozo de un proyecto para formar un sistema de federación entre los estados litorales del Plata y del Paraná, para la seguridad de la libertad del comercio, desde la boca del estuario hasta el Paraguay y la entrada del Bermejo en el Paraná; todo a culminarse con la garantía de la Gran Bretaña, como la piedra central y el poder conservador del sistema.

En las instrucciones que me dio el señor Canning se nota la resistencia a atribuir la posesión permanente de la Banda Oriental al Brasil, y en el muy reciente despacho de V.E., igual falta de voluntad se demuestra por la manera cómo V.E. califica su aprobación del convenio preliminar del señor García.

Los archivos del Foreign Office ofrecen muy abundantes razones para explicar esta falta de voluntad, motivada por los propósitos confesados y por la política del ministerio del Brasil si (como parece ser realmente el caso), los brasileños pueden hacer efectivos sus propósitos y su política. Creen ellos que, una vez dueños permanentes de la costa entera de Sud América, desde el Amazonas hasta el Plata, y pudiendo establecer estaciones en la costa africana, seriamente podrán perjudicar, si no contralorear, a voluntad del gobierno imperial, el comercio de Inglaterra con la India, la China y toda el Asia Oriental y el Pacífico. Imaginan que esto podría hacerse aún con una marina bastante reducida, por medio de cruceros, empleándolos en la captura de todos los traficantes que se atrevieran a arriesgar viaje sin convoy y haciendo, por tanto, demasiado costoso el comercio para continuarlo con provecho.

La falta de habilidad y de valor entre los imperiales, no ofrece motivos de alarma, por lo que ellos solos tentasen contra los derechos o intereses británicos, pero no nos faltan rivales, envidiosos y enemigos bastantes, que ayudarían, si pudiesen, a disminuir nuestro poder.

Si a los brasileños se les consintiera incorporar la Banda Oriental y el Río de la Plata a su Imperio, además de lo que ya poseen, podrían, en cualquier tiempo, dar facilidades a Francia, de una naturaleza formidable, para atacar con ventaja los intereses marítimos de Inglaterra. Bien notoria es la prevención del actual emperador del Brasil a Inglaterra; su abdicación de la corona portuguesa le ha libertado, según él, si no en realidad en gran parte, tal vez de la mayor parte, de la obligación de cultivar la amistad de la Gran Bretaña, en el interés de su seguridad personal y de su familia; la vinculaciones comerciales parecen bastante débiles, sabiéndose muy bien que las ventajas del comercio pueden asegurarse a una nación, a pesar de estar en guerra con su mejor cliente; y S.M.I. puede creer que Francia podrá, con facilidad, compensar todas las pérdidas que resultarían de una desavenencia con Inglaterra.

Si todo esto fuera cierto, sería conveniente despojar a una política hostil (si tal haya) de su poder de hacer daño a Inglaterra y quitar a Brasil los medios que, empleados en la forma que he supuesto, podrían con dificultad ser destruidos aún por el poder marítimo de la Gran Bretaña.

Si el emperador buscara la ayuda de Francia y pudiera entregar a ella todos los puertos de Sud América, la Francia, sin duda, podría poner en el mayor peligro una inmensa parte de nuestro comercio, por medio de una guerra marítima de depredaciones en esas regiones. Los puertos principales del Brasil, son fáciles de defender. El valor y la habilidad francesa los asegurarían y la distancia de su base de recursos, en la que la Gran Bretaña tendría que operar, aumentaría mucho las dificultades.

Estando la posesión de la Banda Oriental, a la cual eventualmente se liga la posesión permanente del Plata, en manos de la república del Plata, esto podría, en parte, ser una defensa contra el peligro citado, siempre que no se pudiera colocar a ese estado en situación más de acuerdo con la justicia y seguridad. Sin embargo, yo no creo que a Buenos Aires se pudiera confiar, con seguridad, el dominio del Río de la Plata. Creo que sucedería fácilmente que un partido imperante podría tener intereses privados en emplear ese dominio para propósitos franceses o norteamericanos, y aún podría seguir la política y unirse con el Brasil (como se ha sugerido), para satisfacer miras estrechas; y con la posesión de la Banda Oriental, Buenos Aires podría hacer prosperar cualquier proyecto hostil que en Río se fraguase contra el comercio británico; ni faltan pruebas, en la conducta del gobierno del señor Rivadavia, de su intención de fomentar los intereses franceses en este país.

Llamo la atención de V.E. sobre la política de don Pedro, manifestada en su conversación con el señor Palacios, y su consonancia con la cantinela del día, que “las cuestiones americanas deberían ser consideradas y decididas solamente por los americanos”.

No sería imposible que estos estados se uniesen con el fin de cosechar alguna ventaja imaginaria actual, so capa de estos falsos principios patrióticos, que se ha de recordar han sido cuidadosamente fomentados, si no engendrados, por los norteamericanos, nación cuya presteza en hostilizar y deprimir los intereses de la Gran Bretaña podrá, creo, apenas ser negada por cualquier persona que conozca el carácter de ese pueblo.

En vista de estas circunstancias y de lo que podría resultar de ellas, en un futuro no distante, parece que los intereses y la seguridad del comercio británico serían grandemente aumentados por la existencia de un estado que, debido a su posición, podría impedir los males posibles, o remediarlos, si fueran creados, y en el que los intereses públicos y particulares de gobernantes y pueblo harían que tuviesen, como el primero de los objetivos nacionales e individuales, cultivar una amistad firme con Inglaterra, fundada en la comunidad de intereses y en la necesidad manifiesta de todos ellos, que palpablemente contribuiría a la protección y prosperidad de la misma Inglaterra.

Tal estado creo que sería una Banda Oriental independiente; él contiene mucho de lo que sería deseable para habilitar a Inglaterra a asumir la política defensiva que la prudencia pudiese señalarle que adoptara. La Banda Oriental contiene la llave del Plata y de Sud América superior; su población está animada por un fuerte sentimiento nacional; le desagradan los brasileños y los de Buenos Aires, por igual, y se inclina más a los ingleses que a ninguna otra nación, derivando en la actualidad de Inglaterra la mayor parte de sus conforts y placeres, y sus terratenientes principales esperan de la inmigración inglesa las mayores probabilidades para adelantos futuros en energía y riqueza. Es un pueblo viril y capaz de defenderse en una campaña, aún con su escasa población, contra el Brasil o Buenos Aires, manteniendo su poder, el primero, sólo por medio de las fortalezas.

La intención de Lavalleja es desmantelar Montevideo, pero creo que se le podría persuadir que conservara la ciudadela, que domina el puerto y la ciudad y que puede defenderse con un puñado de hombres.

La Gran Bretaña podrá, con facilidad y sin dar motivo justo de queja a otra nación cualquiera, contribuir mucho al progreso rápido de este estado, en cuyo establecimiento firme yo creo se halla la fuente segura de un interés y un poder para perpetuar una división geográfica de estados, que beneficiaría a Inglaterra y al mundo.

Con estas ideas, yo he deseado anhelosamente cumplir con éxito las instrucciones del señor Canning, que me indican, si fallásemos en la propuesta originaria para la paz, sobre una compensación pecuniaria al Brasil, que tratásemos, entonces, de establecerla sobre la base de la independencia de la Banda Oriental y Montevideo.

Creo que eso pudiera lograrse, aún mismo cuando las actuales apariencias favorables resultaran ilusorias, siempre que la Gran Bretaña creyese conveniente perseguir este fin.

Yo no puedo descubrir ningún título que tenga el Brasil para adueñarse de la Banda Oriental, que pudiera oponerse a la actitud de Inglaterra, y tampoco tienen mayores derechos los de Buenos Aires. La provincia es un estado distinto y tiene una existencia legítima, precisamente por el mismo derecho que tiene Buenos Aires a su propia soberanía. Hasta ahora, Buenos Aires ha renunciado formalmente a todas sus pretensiones a la provincia, y el único título que pudiera alegar es, más o menos, el título alegado por el emperador y que Buenos Aires declara nulo, es decir, el acto del pueblo que unió su país a la república, en igual forma en que el emperador asevera que se había unido previamente al Imperio.

Al separar la Banda Oriental de la república, no se haría ningún mal a Buenos Aires. Por largo tiempo, los orientales no tendrán marina y no podrían, por tanto, aunque quisieran, impedir el comercio libre en el Plata. Para la época en que puedan erigirse en poder naval, Buenos Aires habrá establecido comunicación con sus propios puertos sobre el Atlántico, más debajo de la boca del Plata, que son muy superiores a Montevideo.

Buenos Aires ganará al ser resguardada contra la interrupción de su comercio, en el futuro, dejando a Montevideo en manos de un estado neutral. A este respecto, no puede desear más; si S.M. tuviera a bien conceder a estos países el beneficio de la libre navegación del Plata, sería de efectos inestimables; y, si se me permite decir lo que pienso, creo que haría más para civilizar y mejorar a toda Sud América de este lado de los Andes, que todo lo que pudieran hacer todas las otras medidas juntas.

(....)

John Ponsomby


La visión política de San Martín

Lo que dice el ingles, ya lo sabia San Martin, a quien la historia oficial le adjudica genio militar pero, tal vez para ocultar la relación de Rosas con San Martin, le niega a éste visión política.

En carta a Guido, el 13 de febrero de 1827, el manifiesta:

“Veo por la de Ud. se habían hecho por ese gobierno de Buenos Aires proposiciones de paz bajo la base de la independencia de la Bandas Oriental...no nos hagamos ilusiones, la independencia de la Banda Oriental, es en mi opinión quimérica, sin más razón, que por que carece de bases para serlo: su aproximación al Brasil, y porque sus mismos desórdenes le harán buscar un apoyo, y que está en el orden, sea en el más fuerte, y en este caso se presentarán dificultades inmensas para la organización de esa República Argentina, ya débil por las ricas y pobladas provincias que se le han separado, como por la ubicación que la condena a ver obstruido el día menos pensado el único canal de su propiedad, por el bloque del río.” (Piccinali, Héctor Juan. “San Martín y Rosas”. Edit. Colección Estrella Federal. Bs.As. 1988) (JS.p.40)

Argentina derrota a Brasil en Ituzaingo, pero Inglaterra no permitiría que una sola nación dominase ambas márgenes del Río de la Plata. Rivadavia, empleado a sueldo ingles, hace la paz “a cualquier precio” según manifiesta textualmente el negociador Manuel José García, que acepta, aun habiendo triunfado en la guerra, aepta el dominio brasilero sobre la bada Oriental, con el nombre de Provincia Cisplatina.

Fue tan escandaloso el tratado de paz, que Rivadavia se vio obligado a renunciar.

Enterado San Martín, le escribe a O´Higgins el 20 de octubre de 1827:

“Me dice Ud. no haber recibido más carta mías; se han extraviado, o mejor dicho se han escamoteado ocho o diez cartas mías que e tengo escritas desde mi salida de América; esto no me sorprende, pues me consta que en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial la maás completa. Yo he mirado esta conducta con el desprecio que merecen sus autores....ya habrá sabido la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y solo ha contribuido a dividir los ánimos. Yo he rechazado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona. Con un hombre como este al frente de la administración no creí necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra con el Brasil por el convencimiento en que estaba, de que hubieran sido despreciados” (Altamira Roberto. Op.cit. Museo Histórico Nacional. Piccinali.Op.cit. cap. XII) (JS.p.41)


Fuentes:

- Obras citadas.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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