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FRANCIA INVADE RENANIA
                          


(01) Notas
(02) Fuentes.
(03) Artículos relacionados.


El día 11 de enero de 1923, y tomando pretexto de un retraso del Gobierno alemán en la entrega de unas remesas de carbón a la comisión de reparaciones, Francia y Bélgica, unilateralmente decidían la ocupación de la zona industrial de Essen, en Renania. Poincaré quiso presentar esta acción como una medida pacifica de tipo coercitivo, excusa que a nadie engañó. «El hecho de que un Ejército armado ocupe, en tiempos de paz, regiones alemanas no militarizadas, presenta el proceder francés como una acción bélica», dijo la nota oficial de protesta del Gobierno alemán.

Los objetivos perseguidos por el Gobierno francés con esta medida eran, pura y simplemente, la anexión de la rica zona industrial y minera de Renania, bajo un burdo pretexto. Alemania era, entonces, "res nullus", algo que pertenecía al primero que lo tomara; cualquier arbitrariedad, cualquier robo de que se la hiciera objeto se justificaba con un papel sellado a los ojos de la conciencia universal. Así, con la excusa del retraso en la entrega de unas toneladas de carbón - retraso que el Foreign Office calificó de hipotético y, en todo caso, "microscópico"-, Francia se disponía anexionarse la Renania, materializando aquel viejo objetivo de la política exterior francesa.

El Gobierno alemán protestó oficialmente ante la Sociedad de Naciones por esta flagrante violación francesa del Tratado de Versalles. El areópago internacional consumió toneladas de tinta y de saliva, pero nada práctico hizo. Mientras tanto, el Reichstag, por una mayoría de 283 votos contra 28, decidió adoptar los métodos de la resistencia pasiva en el Ruhr. La respuesta francesa fue ocupar Dusseldorff, Bochum, Munster, Dortmund y otros centros industriales del Oeste de Alemania. «Una ola de detenciones arbitrarias llenó de pánico a la población civil; las tropas de senegaleses y argelinos se adueñaron de las calles; los oficiales franceses, esgrimiendo sus fustas, obligaban a los ciudadanos alemanes a bajar de las aceras» (1).

Con la ocupación de la Renania, Alemania perdía el 90 % de su carbón, el 50 % de su acero y el 70 % de su hierro.

No obstante, Poincaré se equivocó en sus cálculos, tendentes a apropiarse de la Renania mediante el aleatorio procedimiento del «fait accompli». El viejo político olvidó que después de Versalles, Francia se había convertido en la "enemiga natural de Inglaterra" (2). Y fue Londres quien hizo fracasar el plan anexionista de París.

Es una constante histórica de la política inglesa con respecto al Viejo Continente el «equilibrio de las potencias». Cada vez que un Estado europeo se ha impuesto como poder hegemónico o, simplemente, como poder superior a los demás, Inglaterra ha tenido la suprema habilidad de persuadir a otros estados de formar una coalición contra aquél. Así lo han podido constatar, en su propia carne, la España de Carlos V y Felipe II, la Francia de Luis XIV y la de Napoleón, la Alemania del Káiser y la de Hitler. Inglaterra ha hecho luchar a los europeos, los unos contra los otros, y a la hora de los tratados de paz, ella - que, comparativamente, poco ha intervenido en los campos de batalla - se ha reservado la parte del león. Pero, una vez en plena «paz», el más fuerte de sus Aliados de la víspera se ha convenido, declaradamente o no, en el nuevo enemigo de Inglaterra.

"Nosotros no tenemos amigos ni Aliados, sino únicamente intereses", dijo Lord Palmerston. Y es lógico que la experiencia secular le aconsejan a Inglaterra, después de Versalles, enfrentarse a una Francia que, poseyendo el segundo imperio colonial del mundo, la tercera flota de guerra y siendo, tras el despojo de Alemania, la primera potencia militar del continente, podía llegar a poner en peligro la vieja «balance of power».

Lógico era, pues, que la City, los Comunes y la Gran Prensa británica pusieran el grito en el cielo, y calificaron de "acto de piratería la ocupación de la Renania por los franceses". Nada más cierto que la denominación de piratería cuadraba perfectamente con la acción ejecutada por Poincaré, mas, ¿podía esperarse que fuera precisamente un Gobierno inglés quien lanzará acusaciones de piratería? ¿No fue mediante actos parejos al de la ocupación de la Renania, que Inglaterra se agenció una gran parte de su patrimonio colonial? ¿No eran unos auténticos piratas -aunque les llamaran corsarios- Morgan, Drake, Raleigh y otros celebrados «gentlemen, que apresaban navíos franceses y españoles, en tiempo de paz?... Y el propio Tratado de Versalles, del que Inglaterra emergió llevándose nada menos que 3.700.000 km.2 de territorios, ¿no fue, en realidad, el ma-yor acto de piratería política de los últimos siglos?

Esto debió pensar Poincaré. Debió de creer que aunque la política no tenga muchos puntos de contacto con la ética, nadie tendría el valor de reprocharle su proyectada anexión renana. Poincaré pagaría tal elemental error con el ostracismo político y Francia denunciada a la faz del mundo por el dedo puritano de Albión, debería retirarse de la cuenca del Ruhr. Llevándose, eso si, carbón, hierro, acero e instalaciones industriales desmanteladas.

Las consecuencias del «coup de la Rhénanie» fueron graves para la ya de por sí anémica República alemana, cuya autoridad se conmovió ante el golpe recibido por su política de cumplimiento de los compromisos de Versalles.

Económicamente, los resultados de la operación de Poincaré, si fueron catastróficos para Alemania (el marco cayó en vertical) también lo fueron para Francia y para su prestigio. Políticamente, representó un rudo golpe para la estabilidad interior del nuevo régimen alemán; en lo sucesivo, todo político que hablara de cumplir lo «pactado» en Versalles, sería tratado de traidor vendido al extranjero.


Notas:

(1) Peter v. Kleist: Auch du warst dabei!

(2) Lloyd George tuvo la franqueza de comunicarle a Clemenceau, en Versalles, que Francia se había convertido en la nueva enemiga de Inglaterra. Según G. Champeaux, (Op. cit.)


Fuentes:

- Joaquin Bochaca. Historia de los vencidos, p.81.
- La Gazeta Federalwww.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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