Home
Home


FUERZAS METAFÍSICAS
                          

Adolfo Hitler    

Adolfo Hitler


(01) El milagro alemán
(02) Nota aclaratoria.
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.


El milagro alemán

Las fuerzas físicas pueden medirse con exactitud, y su trayectoria y duración pueden predecirse, pero las fuerza metafísicas son imponderables. Podría afirmarse que estas son fuerzas de un plano superior que ocasionalmente se materializan en el nuestro.

Las fuerzas físicas del hitlerismo eran insignificantes en relación con las fuerzas con las que se oponían dentro y fuera de Alemania. Primero se creyó que Hitler no llegaría al poder, y luego que ascendió a la Cancillería –bajo la presidencia de von Hindenburg- se tuvo la certeza de que su caída era inminente y que sería un triunfo comunista.

Fue un milagro de equilibrio, de tacto, de certera audacia, de franqueza, que atraía a unos y desconcertaba al enemigo, lo que fue apoyando la precaria situación de Hitler como canciller. Detrás de sus fuerzas físicas, relativamente reducidas, bullían fuerzas metafísicas que iban superando obstáculos y atrayendo voluntades.

Hitler fue directamente a las bases visibles del adversario o incluso a los reductos más ocultos.

Remplazó el “patrón oro” por “patrón trabajo” y cortó de un tajo el capitalismo especulativo, el que explota y engaña, (el “supra” capitalismo), pero sin dañar al auténtico capitalismo, el que presta un bien social como factor de producción y progreso. La propiedad privada podía desarrollarse con causes morales.

Como consecuencia de lo anterior, aumentaron los centros de trabajo y las inversiones. La masa de seis millones de desocupados comenzó a disminuir rápidamente y el nivel de vida del obrero comenzó a subir. En cinco años la producción se duplicó y prácticamente desapareció la desocupación.

La economía del Estado se encauzó al reforzar la producción de la iniciativa privada, no a suplantar a ésta mediante la absorción de los medios de producción. De esta forma se practicaba el socialismo auténtico, tendiente a mejorar la sociedad, y no el engañoso socialismo marxista, que al absorber la iniciativa privada no mejora al pueblo, si no que únicamente aumenta su poder político.

En el campo laboral Hitler liquidó la dañina lucha de clases de obreros y patrones. En vez de esa dualidad estableció la convergencia de clases hacia el bien del todo. Disolvió a los grupos líderes (en su mayoría con vinculaciones internacionales comunistas) y suprimiendo el capital especulativo hizo posible que el obrero trabajara identificado con su patrón, mediante salarios justos y trato decoroso. Síndicos laborales del Frente de Trabajo fijaban los salarios de acuerdo con las posibilidades de cada empresa. Al patrón se le exigía responsabilidad sobre el bienestar de sus empleados y obreros. Para evitar la inflación y alzas desenfrenadas de precios, se cuidaba que el aumento se salarios fuera proporcional al aumento de la producción.

Acerca de la agricultura se proclamó que “la ruina del campesino alemán sería la ruina del pueblo alemán”. Las fincas de hasta 125 hectáreas fueron declaradas propiedades hereditarias que no podían ser objeto de hipotecas ni subastadas por deudas. Mediante el estímulo a los precios agrícolas se incrementó la producción para que Alemania se abasteciera de comestibles, lo que se logró en un 83 %.

Respecto a la amenaza comunista, Hitler la trató como tal. El marxismo no era una ciencia económica ni una ciencia social como pretendía para camuflarse, si no una conspiración internacional. Por tanto prohibió el Partido Comunista alemán y toda propaganda marxista. Decía que una sociedad sana combatía a los facinerosos sin discutir con ellos.

En el campo religioso, Hitler precisó que su doctrina era un sistema político que nada tenía que objetar a las creencias religiosas, y concertó un concordato con el Vaticano. Años después el Papa Pío XII condenó varios puntos del nazismo en su encíclica “Con ardiente preocupación”. Concretamente decía que los valores de “la raza, o el pueblo, o el Estado, o la forma de gobierno o cualesquiera otros valores básicos de la configuración social humana” no deberían convertirse “en la norma máxima de todos los valores”, porque esto “invierte y falsea el orden de las cosas tal como fue creado y mandado por Dios”.

Adolfo Hitler Respecto a la prensa, la radio, el teatro y la literatura en general, Hitler anunció una censura públicamente anunciada. En vez de la hipócrita “libertad” que en muchos países era realmente censura vergonzosa, secreta, estableció una censura visible, pública. Se suprimió, por ejemplo, la naciente campaña antinatal de diarios y revistas, pues Hitler decía que una guerra mataba “un fragmento del presente”, pero el control natal en Europa “mata más gente que todos los que cayeron en los campos de batalla desde los tiempos de la Revolución Francesa hasta nuestros días”.

También se prohibió la pornografía impresa, teatral o cinematográfica, las publicaciones de homosexuales, las distorsiones del arte, etc. En una ceremonia pública fueron quemados folletos, revistas y libros como los de Sigmund Freud, creador del psicoanálisis pan-sexualista. “La ceremonia de hoy –dijo Goebbels el 10 de mayo de 1933- es un acto simbólico. Ella demostrará al mundo que el fundamento de la Republica de noviembre de 1919 ya está destruido para siempre. De este montón de cenizas va a surgir el Fénix de un nuevo espíritu”.

En lo referente a la política internacional, Hitler acabó abruptamente con el Tratado de Rapallo, del que la URSS se había venido beneficiando. A cambio de eso buscó y obtuvo un acercamiento con Polonia. El jefe polaco Pilsudski se inclinaba a formar una alianza germano-polaca frente a la URSS. En el sur, Hitler se entrevistó con Mussolini y puso las bases para un tratado germano-italiano opuesto al comunismo internacional. Este tratado se denominaría después Eje Berlín-Roma y se ampliaría con la inclusión de Japón.

Respecto a la revolución que Roehm anhelaba para darle un sesgo socialista-izquierdista al nacionalsocialismo, Hitler celebró una reunión de jefes de la SA y de la SS y advirtió: “Ahogaré todo intento de perturbar el orden existente tan implacablemente que aplastaré la llamada segunda revolución, que solo conduciría al caos” …

Acerca de las pretensiones de establecer control oficial sobre las empresas privadas, despojando a los dueños y de confiscar los grandes almacenes comerciales, especificó: “La historia no nos juzgará por si hemos destituido y encarcelado al mayor número de economistas, si no por si hemos logrado o no proporcionar trabajo…Las ideas del programa no nos obligan a derribarlo todo y actuar como locos, si no a considerar nuestros pensamientos prudente y cuidadosamente”.

El otro propósito de Roehm, de convertir a las SA en una milicia nacional bajo su mando, en vez del ejército sujeto a normas tradicionales de honor, justicia y caballerosidad, fue desautorizado por Hitler, quien precisó que el ejército sería la fuerza armada de la nación y que la SA (fuerzas de asalto) debería supeditarse a éste.

Hitler sabía que en el alto mando del ejército había varios generales que ansiaban derrocarlo. Una de sus primeras actividades como Canciller fue reunir 400 altos jefes militares y hablarles de su doctrina. Después celebraba entrevistas personales con algunos jefes. En parte persuadió a muchos con sus argumentos y los hizo partidarios suyos, aunque nada logró con aquellos que secretamente eran células de infiltración. Por otra parte, aprovecho en su favor el celo que los oficiales sentían respecto a la enorme fuerza de la SA que estaba armando Roehm. De un modo o de otro, Hitler logró un cierto apoyo del ejército, a pesar de los jefes de éste, que solo esperaban un momento propicio para derrocarlo.

Como Roehm persistía en sus planes, el 30 de junio de 1934 fue detenido y ejecutado, junto con 71 de los jefes fanáticamente adictos a él. Por cierto que causó gran sorpresa que entre los conjurados con Roehm se encontraba el Dr. Erich Klausener, presidente de la Acción Católica de Berlín, quien se suicidó al verse descubierto. Roehm era enemigo de toda religión y quería suprimir el culto.

El general Schleicher, ex ministro de defensa y ex canciller, antiguo protector del Tratado de Rapallo, se encontraba muy confiado y decía indiscretamente que Hitler no viviría mucho. El general Von Bredow también se hallaba comprometido en este plan. Días después de la muerte de Roehm, Schleicher y Bredow fueron liquidados por la Gestapo. Se dijo que presentaron resistencia cuando iba a ser aprehendidos. El ejército no protestó porque Schleicher era visto con suma desconfianza debido a sus planes de crear en Alemania una milicia al estilo de los soviets.

El general Hammerstein, jefe del ejército, muy adicto a Schleicher, llamado “general rojo” y recalcitrante adversario de Hitler, fue relevado del mando, aparentemente por haber llegado a la edad límite.

El anciano presidente Hindenburg dio apoyo moral a todo lo anterior, y felicitó a Hitler.

En esta forma, en poco menos de año y medio desde que subió a la Cancillería, Hitler sorteaba peligros mortales para su régimen y consolidaba su posición.

Al mismo tiempo los comunistas veían que lo que habían juzgado imposible estaba haciéndose posible y que no llegaba el caos que poco antes consideraban inminente. Cada día era más difícil desencadenar lo que ellos mismos llamaban "el diluvio comunista".

El fracaso rojo repercutió en los gruesos muros del kremlin.

Después de eso … la Segunda Guerra Mundial.


Nota aclaratoria:

Para evitar malos entendicos, se trasncrible parte de una entrevista que le hizo la Televisón francesa a Aleksander Isáyevich Solzhenitsyn, autor del libro Archipielago Gulag.

A una pregunta del entrevistador, Solzhenitsyn respondió:

"En el Archipiélago Gulag, el sistema de prisiones y campos de concentración, se calcula que perecieron 44 millones de personas (66 millones en toda la URRSS)… Yo me he limitado a dar los nombres de las personas que dirigían entonces los destinos del Gulag, de los jefes de la NKVD, de los directivos de la construcción del Canal del Mar Báltico. Aquí están los principales. Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial. La separación la ha hecho la historia…"

(Al llegar a este punto fue cortada la entrevista que hacía la TV francesa).


Fuentes:

- Salvaror Borrego. Infiltración Mundial, p.25,27.
- Castagnino Leonardo. www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal



Ver notas relacionadas:

- Caballo de Troya.
- ¿Revolución rusa?
- Infiltración mental
- Etapa violenta en la URSS (1928-1930)
- Inflación: Patrón oro - patrón trabajo
- Reforma agraria.
- Archipiélgo Gulag.
- La CHEKA.
- La PURKKA.
- Antes y despues de Rusia
- Reforma agraria
- Propaganda y delación
- Fuerzas metafísicas. (Segunda guerra mundial)
- En las puertas de Moscu (1941) (Segunda guerra mundial)
- Los 30.000 muertos de Rotterdam (Segunda guerra mundial)
- El enemigo invisible (Segunda guerra mundial)
- En las puertas de moscú. 1941 (Segunda guerra mundial)
- Dunkerque: la puerta de escape abierta (Segunda guerra mundial)
- Bombareo a objetivos civiles (Segunda guerra mundial)
- Prisioneros rusos campana de 1941 (Segunda guerra mundial)
- Dresden 1945 (Segunda guerra mundial)
- La toma de Berlín (Segunda gerra muncial)
- Alcazar de Toledo (Guerra civil española)
- Cnel.José Moscardó (Guerra civil española)
- Nuevo orden
- Vladimir Putín (Discurso)

Ver en el indice más Historia Argentina.



Fuente: www.lagazeta.com.ar

Compartir en:



La Gazeta FederalLa Gazeta
Federal


HomeLa Gazeta Federal
en facebook



Inicio