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Garibaldi y la hermenéutica falaz de Alicia Dujovne Ortiz

Por Oscar J. C. Denovi (*)

En el Diario "La Nación" del viernes 27 de julio de este año (2007), la conocida autora aludida en el título de este artículo, se refiere al "héroe de dos mundos",( Giuseppe Garibaldi ) ungido como tal por algunos autores encuadrados en la historiografía oficial - un magnífico monumento se le ha dedicado en la plaza Italia, hace ya mucho, como si fuera un héroe nacional - y bien conocido en la historia de nuestro litoral, por sus atropellos y por la banda de forajidos que secundó sus aventuras en este "mundo".

Según la autora, a quién un artista amigo le recriminó justamente el carácter de "condottiero" que no pocos italianos reconocen en él, un episodio de 1851 relatado en sus memorias, le otorgaron la luz clarificadora de su opinión sobre este personaje, que en esa oportunidad visitó a Manuela Saenz, la compañera de Simón Bolívar, infortunada mujer del desaparecido Libertador del norte de Hispanoamérica, que vivía solitaria en el desierto de salitre peruano. El motivo de la visita del que en tierras rioplatenses fue el Coronel José Garibaldi, fue rendir homenaje en la mujer Libertadora, al Libertador Bolívar. Según la autora, el "italiano se inclinaba ante el recuerdo" del General venezolano, "por un fervor comprensible, porque ambos eran masones, ambos se sublevaban contra toda tiranía y profesaban un internacionalismo generoso."

La autora pasa por alto - en pleno siglo XXI - que hace rato que se conoce que la masonería del siglo XIX, fue el brazo secular de Inglaterra para dominar naciones o territorios sin recurrir al uso de fuerzas conquistadoras, que en particular, nuestro país sufrió a manos de dicha potencia, después de pasar por la experiencia de las invasiones de 1806/1807. Luego fue presa del accionar de la masonería en ese siglo, y que el juego de poderes desplegados después de Caseros, en beneficio de Inglaterra, fue en concurso con dicha organización, y con hombres que ocuparon altas magistraturas - Justo José de Urquiza, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, Presidentes de la República, fueron masones públicamente - es decir, que la lucha contra la tiranía y el internacionalismo generoso, fueron banderas encubridoras de otras finalidades que bien conoce la América del Sur, si nos atenemos a los hechos internacionales relacionados con la Argentina, en la época de aquellas gestiones de gobierno presididas por aquellos hombres.

Como la autora de la nota "para La Nación", hace una extrapolación en la que amalgama a Bolívar y a Rosas, y a través de dicha interpretación, reúne el "revisionismo pro rosista con el ideal bolivariano enarbolado desde Caracas", le sirve esta extrapolación para sentenciar que a Garibaldi , "que luchó contra Rosas, le tocaría el peor papel: "en el mejor de los casos, el de un "tano" que mejor se hubiera quedado en su casa en vez de venir a meterse en una guerra ajena: en el peor , el de un vulgar pirata." Es la parte en que coincidimos con la autora, más allá del dislate de hermanar el Revisionismo, que indudablemente reivindica a Rosas, con el Bolivarianismo del actual Presidente venezolano, no por otra cosa sino por operar en tiempos históricos tan distantes y disímiles.

Párrafos a continuación, señala: "Algo de verdad contiene lo de la guerra ajena, no porque en el fondo lo fuera, sino por la traducción literal que de ella hacía Garibaldi. Es evidente que el italiano no penetró en los entretelones de ninguna de las dos luchas en las que, con una entrega absoluta, resolvió enrolarse; y no precisamente por afán de lucro, sino porque todo movimiento popular le resultaba propio."

¿Qué movimiento popular? ¿El de los Farrapos riograndenses? ¡ pudo ser! ¿Pero el de la Banda Oriental y sus derivaciones con la Confederación que tuvieron de popular?

Siguiendo esta misma línea de pensamiento, la escritora agrega: "Al darse cuenta que la revuelta de Río Grande do sul, en la que había peleado con magnífico desprecio por su vida, escondía bajo el poncho intenciones oscuras, Garibaldi se instaló en Montevideo, con Anita y con su hijo Menotti, de pocos meses. De manera inevitable, la causa de una pequeña ciudad cercada por las poderosas tropas de Juan Manuel de Rosas volvió a semejarle un calco exacto de situaciones europeas, que si comprendía. Tampoco aquí, al comienzo, Garibaldi percibió los intereses que se movían en las sombras. Cuando le quedó claro que Francia e Inglaterra intervenían en el conflicto entre Uruguay y la Argentina, decidió regresar a Italia, donde soplaban en apariencia, vientos de libertad."

Estas últimas reflexiones que subrayamos, acercan esa línea del producto del intelecto de la escritora, a la realidad del acontecer del aventurero en estas tierras, sin con ello afirmar que todo lo dicho responda a la verdad. Pudo haber sido así, o pudo serlo de otra manera. Importa señalar a esta altura, que no hubo conflicto entre Uruguay y la Argentina de entonces, sino conflicto con Francia principalmente, desde 1838, y que en el derrotero de dicho conflicto, en determinado momento (1843) se sumó Inglaterra, que a la vez fue la primera que se retiró fácticamente (1847), y jurídicamente (1848). Finalmente el conflicto terminó con Francia en 1849 y 1850. Entonces entró Brasil en sustitución de la intervención europea, para lograr la destrucción de la Confederación.

La Repúblicas de Uruguay y Argentina, estrechamente unidas en sus intereses, lucharon contra el enemigo común, la oligarquía rioplatense y sus aliados ideológicos, los unitarios argentinos y los colorados uruguayos. Su Presidente de facto Fructuoso Rivera, respaldado por las bayonetas francesas; era un títere de la potencia europea interventora, que encubría las operaciones militares en el Río de la Plata, bajo la apariencia de una lucha de bandera uruguaya en contra de la Argentina. Tal situación, no podía escapar a la observación de un hombre fogueado en la lucha política y armada de entonces. Menos debe escapar a la del historiador que trate sobre esa época del territorio en cuestión, de ahí la falacia hermenéutica que aludimos en nuestro titulo, tema sobre el volveremos. En consecuencia, si no advirtió los entretelones de las luchas, fue porque lo que buscaba era una aventura bélica en un escenario apropiado al desarrollo militar, ya en búsqueda de dinero o de prestigio para su desempeño futuro en Europa.

Su carácter de Masón además, lo hizo permeable a la intervención en la Confederación Argentina, cuyo gobierno cae producto de una conjura en que la intervención de la masonería tuvo una participación mayor o menor, pero indudable.

Más adelante, un nuevo dislate hace la autora, al considerar válido preguntarse a quién de los dos, Rosas o Garibaldi, habría considerado Bolívar su interlocutor natural y prosigue - entre un caudillo que manejaba su país como una estancia y un condottiero patriota, abierto al mundo, habría sido bastante menos rosista que garibaldino.

No nos meteremos con semejante suposición del pensamiento de Bolívar. Si en cambio consideraremos la rebuscada frase, repetida por muchos, "del caudillo que manejaba su país como una estancia." ¿Qué había sido el país antes de 1829? ¿El que había asesinado a Dorrego ? ¿El que había perdido en la mesa de negociaciones diplomáticas lo ganado en el campo de batalla,( Ituzaingo ) perdiendo una provincia? ¿El que había provocado la invasión portuguesa a esa provincia para desembarazarse de Artigas? ¿El que había insistido con su unitarismo a lo largo de diecisiete años, con la consecuencia de hacer retrogradar las Provincias Unidas a una unión de provincias, sostenida por ellas mismas, donde Buenos Aires se había constituido en la enemiga de aquellos territorios? ¿La que había provocado la sublevación de sus principales ejércitos en medio de la lucha independentista, pretendiendo valerse de ellos para sostener su posición política? ¿Acaso todos estos manejos, no fueron un comportamiento arbitrario de los respectivos gobiernos de la ciudad de Buenos Aires, que pretendía imponer las ideas de sus hombres al resto del país? Podríamos seguir formulando preguntas sobre aspectos gravísimos del comportamiento de los porteños, o de quienes no siéndolo, asumían sus posturas ideológicas frente al realismo de los provincianos.

Pero en cambio vamos a formular respuestas. Antes de 1829, dominio nominal de Lavalle y efectivo de sus instigadores, los hermanos Varela, Julián Segundo de Agüero, Salvador María del Carril y otros, todos integrantes de la Logia Valeper, habían sido los autores intelectuales del asesinato de Dorrego y del golpe del 1 de Diciembre de 1828, cuya finalidad era aniquilar los hombres representativos del federalismo, e imponer la centralización del poder en Buenos Aires - el régimen unitario - con el manejo de todos los negocios susceptibles de ser explotados en el país desde la Capital, estuviesen radicados en cualquier provincia. En pocas palabras el plan de Rivadavia y sus acólitos, continuidad del que en su momento habían pergeñado los directoriales.

La derrota de estos influyentes sobre Lavalle, producida a lo largo del tiempo transcurrido desde la Batalla de Puente de Marquez, donde es derrotado el Jefe unitario, y después del fallido intento de fraude de junio de ese año, que provoca la revocatoria del Pacto de Cañuelas y el tratamiento por parte de ambos protagonistas de aquel Pacto, en el nuevo convenio de Barracas, donde se acuerda la retirada del ejército sitiado en la ciudad de Buenos Aires, y con él la salida de los elementos unitarios comprometidos, se inicia un cambio que significará el predominio Federal, y se abrirá la puerta para el gobierno de Juan Manuel de Rosas,( El Restaurador de las Leyes ) Coronel de milicias hasta entonces, jefe de la campaña bonaerense designado por el Dr. Vicente López durante su breve interinato presidencial por renuncia de Rivadavia. Dicho de otra manera, por segunda vez se aposentará en la casa de gobierno de la Provincia de Buenos Aires, un jefe federal, un revulsivo para la parcialidad unitaria, principalmente, para estos hombres que no vacilaron en cometer un crimen, para desembarazarse del primer Federal que osaba asentar sus reales en el centro del poder unitario.

El país se hallaba dividido en dos zonas dominadas, una por los unitarios - la Liga del Interior al mando de José María Paz - y otra por los federales, la Liga del Litoral. La guerra civil se cernía sobre un país que ya había vivido varios enfrentamientos entre ambos bandos. Cepeda, El Tala, Rincón de Valladares, La Tablada, Oncativo, fueron algunos de los campos de batalla donde se enfrentaron ejércitos de una y otra bandera.

La liga del litoral se prepara para el enfrentamiento que se produce por fortuna, sin extremar sus consecuencias en víctimas de la guerra, por la caída en prisión de su jefe José María Paz.

En el entretanto, la labor de los representantes de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos firman el Pacto Federal el 4 de enero de 1831, luego se suma Corrientes, y se invita a las provincias a suscribirlo, y en el transcurso de ese mismo año y los primeros meses de 1832, se ha constituido con todas las provincias la Confederación Argentina: Por primera vez en 22 años contados desde 1810, se ha logrado un acuerdo Nacional del resto de los territorios de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En el camino se perdió el Alto Perú y la Banda Oriental, y en poder de los brasileños están, en ese momento histórico, las misiones orientales.

Las finanzas de la República estaban seriamente comprometidas por los gastos de la guerra independentista, por el préstamo con la banca Baring, por las operaciones financieras del Banco Nacional, y por el último esfuerzo de guerra con Brasil, durante el gobierno de Dorrego.(Ver La dueda externa ) Además por los principios del libre cambio aplicados ideológicamente, se permitió desde 1810, la libre exportación de oro, incluyendo el oro amonedado de origen español, con que se manejaba la economía del Plata, del circulante en moneda metálica que había quedado después del triunfo revolucionario, y que en esta parte del extremo sur de Hispanoamérica era un bien escaso. Ya entonces desde hacía años, la moneda de la Provincia de Buenos Aires era de papel, con la consiguiente dificultad de ser aceptada en las otras provincias rioplatenses. El gobierno de Buenos Aires, con Rosas a su frente, se las arregla para reordenar el desbarajuste y pasa en pocos años de una angustiosa situación a un cierto equilibrio. Al fin de su gobierno la Confederación gozaba de importantes reservas y de una economía francamente próspera.

Realizó entre sus dos gobiernos una campaña contra las bandas de indios saqueadores que significó ganar tierras hasta el Río Negro, eliminar dichas bandas, recuperar del cautiverio más de mil víctimas, la mayoría mujeres, y ampliar la economía por la puesta en explotación de parte de esas tierras.(Ver Rosas y la vacuna antivariólica )

Se sostuvo la guerra del Paraná con éxito en el plano bélico, al punto que los Tratados que pusieron término a dicha guerra, reconocieron el derecho argentino a poder regular la navegación de los ríos Paraná y Uruguay en concurso con las naciones rivereñas a dichos ríos. (ver Vuelta de Obligado ) Tratados Arana Southern y Arana Le Predour, una diplomacia impecable, que contrasta con la ejercida antes y después del gobierno de Rosas.

El jefe de todo esta síntesis que va mucho más allá de esta genérica enumeración, fue el "estanciero" Juan Manuel de Rosas, que gobernó el país como una estancia según la historiadora Alicia Dujovne Ortiz.

La estancia de Rosas (nuestro país), había progresado como lo manifiestan Hortelano, Martín de Moussy y muchos otros cronistas de la época.

Los siguientes datos, aunque exiguos, son ilustrativos al respecto: En 1837 se exportaron 800.000 cueros, en 1850-1851 este rubro se elevó a 2.400.000 piezas. El sebo exportado en el mismo año ascendió a 159.000 pesos fuertes, mientras que esa grasa animal tratada ascendió a 1.000.000 de pesos fuertes para 1850-1851. (1) La lana exportada en 1837 fue por 4.000.000 de libras, mientras que el mismo producto en 1850-1851 ascendió a 16.000.000 de libras. Esta pequeña muestra del crecimiento de las exportaciones de productos derivados de la explotación pecuaria, demuestra la prosperidad de "la estancia" que Rosas gobernaba. Ambas referencias de exportaciones se sitúan en época de paz externa e interna de la Confederación, separadas ambas por un estado de guerra efectiva o potencial, sobre todo externa, pero también interna provocada por la alianza de los unitarios con las potencias interventoras de entonces.

Pero, ¿quién fue Garibaldi en Sudamérica? En 1836 viaja a Río de Janeiro, y se dedica por un tiempo a la navegación de cabotaje con una pequeña embarcación. Después de diversas alternativas, en tierras brasileñas, comienza su accionar aventurero poniéndose al servicio de los revolucionarios secesionistas riograndenses.

El gobierno brasileño lo declara pirata, y es perseguido en ese país por las fuerzas gubernamentales, y en un encuentro librado contra las mismas, es herido, y busca refugio en Gualeguay. Pascual Echagüe, gobernador de la provincia de Entre Ríos, ordena se lo atienda deferentemente, pero le impone como condición no salir de la ciudad. Garibaldi no cumple con la imposición del gobernador argentino y huye a Montevideo. En sus memorias el jefe italiano reconoce ser deudor de Echagüe, "Aunque yo pertenecía principios diversos de los de Echagüe, y había combatido por una causa diversa de la suya, a pesar de esto, debo confesar que le soy deudor". (2)

La tripulación del aventurero mediterráneo era heterogénea en cuanto a sus orígenes nacionales, y constituía un género de bandidos que se ocupaban del robo en las aguas o cuando descendían a tierra, y formaban el contingente de hombres cuyo oficio estaba ligado a la acción de filibusteros y la trata de negros, según lo reconoció en sus memorias. (3)

Esto impedía que la fuerza por el constituida operara en los límites de los soldados de ejército o de los marinos de fuerzas navales, como las que el pretendió encarar, a las órdenes de revolucionarios brasileños, o más tarde, bajo bandera uruguaya, a las órdenes de Fructuoso Rivera, General que se había revelado contra las autoridades constituidas de su País, el Presidente Manuel Oribe, y cuyo derrocamiento fue secundado por los unitarios y tropas francesas.

Esta síntesis de su actuación en el Río de la Plata, no amerita acciones de ningún tipo que hayan favorecido el país, ni siquiera acciones que demuestren que se haya sumado a una lucha por identidad ideológica, sino por pura aventura, y para ganar méritos y fama para participar ventajosamente luego, en el viejo continente. (ver Garibaldi: "el chacal de los tigres anglosajones" )

En este sentido se pronuncia el diario "La Nación" del 19 de junio de 1904..."admítase que no tuviese todavía una idea clara, precisa de su misión, que pelease por el afán de pelear, como una distracción, considéreselo a Garibaldi únicamente así, si se cree mas acertado, como un capitán de aventuras"

Y otro que compartió esta opinión sobre Garibaldi, fue el propio Sarmiento a pesar de ser uno de sus panegiristas, diciendo "no vino a enseñarnos a ser libres, ni a darnos ejemplo de heroísmo. Apenas se muestra y ya todos ven en el al caudillo de la masa de italianos, poco manejable por los elementos aventureros de que se componía".
(4)

En definitiva, la hermenéutica de la historiadora atrasa, buena parte de ella ha sido arrasada por el revisionismo que ha dado una visión ciento ochenta grados diversa de la que nos ofrece en toda su obra, aunque debemos reconocer, que precisamente por ello, algún pequeño retoque ha hecho, claro esta, insuficiente.

(*) El presente artículo fue escrito durante 2007. (N. del. E.)

Notas:

(1) Graciela Meroni "La Historia en mis documentos", tomo 3 pag. 69. Ed. Huemul Crea 1979.

(2) José Garibaldi, "Memorias" Edición Bibliográfica del Diario "La Nación" Bs. As. 1910 pag.65

(3) José Garibaldi, "Memorias" pag.90

(4) Domingo F. Sarmiento, "Obras Completas", tomo XXXVI p. 376

(*) Politólogo; titular de Historia Política Argentina en la Universidad Católica de La Plata, en la carrera de Ciencia Política de la subsede de la ciudad de San Martín. Académico de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, de donde es Miembro de la Comisión Directiva.


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Fuente: www.lagazeta.com.ar




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