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LOS HILOS DE VERSALLES
                          

Tratado de Versalles


(01) EL «Comité des Delégations Juives»
(02) Vencedores y vencidos
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.


EL «Comité des Delégations Juives»

Además de las naciones participantes en la contienda, tomó parte en las conferencias de Versalles la delegación de otra nación: la Nación Judía. Con tal pretensión se presentó y fue admitido un «Comité des Délégations Juives», que decía representar a israelitas de Palestina, Rusia, Canadá, Estados Unidos, Alemania, Ucrania, Rumania. Polonia, Italia, Bohemia, Eslovaquia, Inglaterra, Transilvania, Serbia y Francia. Esta «nación judía» decía tener diez millones de súbditos».

Su influencia fue desproporcionadamente importante, y una de sus propuestas fue aceptada e incorporada a los Tratados de Paz: el Tratado sobre las Minorías Nacionales, firmado el 28 de junio de 1919, por el cual se obligaba a Polonia, Estonia, Lituania, Letonia, Checoslovaquia, Rumania, Hungría, Albania y Yugoslavia a «conceder la autonomía cultural y política a sus comunidades alógenas».

En realidad, según luego se verá en la práctica, este Tratado sólo se aplicó en los casos que interesaban a la comunidad judía. A Polonia, en este sentido, se le hicieron una serie de imposiciones absurdas e irritantes. Por ejemplo, se prohibía a los polacos celebrar elecciones en sábado, día que era declarado festivo para los judíos del país; los hebreos polacos, ese día, no podían ser citados a juicio, ni llamados a filas, ni se les podía exigir el pago de deudas ni salarios.


¿Quién movia los hilos. . .?

Woodrow Wilson «En Versalles había una fuerza secreta que nos fue imposible identificar», dijo el presidente Wilson a su regreso a América, después de la fracasada Conferencia de la Paz. Infinidad de autores y tratadistas han estado de acuerdo con Wilson al afirmar que, detrás de los Clemenceau, los Lloyd George, los Nitti, los Meakino Y sobre todo, detrás del propio Wilson, había una fuerza, internacional y apátrida, que movía a los sedicentes «grandes estadistas» como marionetas.

Esa fuerza misteriosa operaba, así mismo, detrás de la delegación alemana, minando sus ya de por sí escasos medios de resistencia ante el abuso concertado de que era objeto por parte de sus oponentes.

Hay un hecho trascendental, a propósito de la llamada Conferencia de la Paz que fue mantenido secreto por los que poseen el poder de esconder la verdad y proclamar la mentira con el nuevo Evangelio. Y es el siguiente:

Todas las decisiones de alguna importancia fueron tomadas por los Cuatro Grandes - Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia y Francia - representados por Lloyd George, Woodrow Wilson, el barón Sonnino y Clemenceau. El consejero privado de Lloyd George era el judío Sir Philip Sassoon (26); el «alter ego» de Wilson era el coronel Edward Mandell House y su consejero privado, Louis Dembitz Brandeis, ambos judíos (27); el barón Sonnino era, él mismo, medio judío; en cuanto a Clemenceau mantenía, como omnisciente secretario al israelita Georges Mandel (28). El consejero militar de los «grandes» era el judío Kish, y el intérprete óy única persona que asistió a todas las conversaciones celebradas por los primeros ministrosó, era el hebreo Mantoux. El primer presidente de la Sociedad de Naciones, fue el judío Huymans quien, a su vez, nombró a su correligionario Lord Levy Lawson of Burnham (29) director del Departamento de Prensa, desde el cual ejerció una feroz censura sobre las actividades de la «fuerza secreta e inidentificable» de que hablara Wilson en un fugaz momento de sinceridad.

Es bien sabido que los sedicentes «grandes» de Versalles no sabían geografía; en cambio, sus consejeros - y tal vez algo más que simples consejeros - estaban muy documentados en tal ciencia. Archibald Maule Ramsay dice (30): «Los secretarios y asesores judíos se reunían cada día a las seis de la tarde, después de las sesiones oficiales, y decidían el plan de trabajo a adoptar y las decisiones a preconizar el día siguiente». Los resultados de la tortuosa política de tales individuos fueron desastrosos para Europa.

La Delegación germánica en Versalles que, sucesivamente estuvo presidida por dos alemanes, el conde Brockdorff Rantzau y Von Haniel, se componía de otros dos alemanes y los siguientes israelitas: Jaffe, Brentano, Deutsch, Rathenau, Von Baffin, Von Strauss, Warburg, Oscar Oppenheimer, Struck, Mendelssohn Bartholdy y Wassermann (31). Por otra parte, en la Delegación americana se podía contar a los hebreos: Julian Mack, Leopold Benedict, Louis Marshall, Jacob Syrkin, Jacob de Haas, Joseph Barondess, Nachman, Harry Cutler, Bernard Mannes Baruch, Louis Dembitz Brandeis, Edward Mandell House, B. L. Levinthal y el rabino Stephen Weisz (a) Wise.

Bernard Baruch Se objetará, no sin aparente razón que, al fin y al cabo, y por grande que pudiera ser la influencia de la judería, tanto en la Conferencia de la Paz como en la Sociedad de Naciones, las mayores autoridades jerárquicas, los primeros ministros, eran, con la única excepción del barón Sonnino, gentiles. La realidad es, no obstante, muy otra. Desde que el mundo es mundo, dinero significa poder. Evidentemente, un Gobierno - sobre todo si se trata de un gobierno autocrático, de una monarquía tradicional no parlamentaria, o de un régimen nacionalista muy joven - puede, hasta cierto punto, mantenerse independiente del poder del oro. Pero no puede negarse honestamente que la influencia de éste será, siempre, muy importante, pudiendo llegar a ser determinante en regímenes llamados democráticos. En general puede, sin ultraje a la verdad, afirmarse que tanto mayor será la influencia del dinero cuanto más «liberal» y «democrático» sea el régimen de un pueblo. En efecto, los políticos profesionales, para conseguir un mandato parlamentario, necesitan de los votos de la masa. Una campaña electoral para conseguir, para comprar tales votos es costosisima. Las elecciones se transforman en un torneo publicitario en el que, con monótona regularidad, termina por triunfar el candidato que más dinero ha podido gastar en propaganda electoral.

Pero como en la mayoría de los casos, dicho candidato no posee el fabuloso capital necesario para costearse su propia campaña, debe tomarlo prestado. Y nadie da ni presta nada, a cambio de nada; y menos que nadie, un financiero.

Para poder comprar sus votos y, con ellos, su promoción al envidiado cargo de «padre de la Patria», el político profesional ha debido vender o hipotecar su independencia personal al financiero o al grupo de intereses que la utilizarán en su propio beneficio. La consecuencia es que, en régimen democrático o pretendido tal, los gobiernos terminan por no ser otra cosa que Consejos de Administración de gigantescos trusts y monopolios. Y la democracia se transforma en una plutocracia.

Nos excusamos por esta digresión que estimamos necesaria para explicar la verdadera razón del poderío inmenso del judaísmo (32) y su absoluto o casi absoluto predominio en los países de regímenes parlamentarios Y, en el caso concreto que ahora nos ocupa, para aclarar la razón por la cual, en Versalles, y más tarde, en Ginebra, sede de la Sociedad de Naciones, el super capitalismo, la alta finanza apátrida, con absoluto predominio judío, y sirviendo los fines del judaísmo político, pudo imponer sus objetivos a través de puestos clave ocupados por sus hombres. Wilson, nominalmente presidente de los Estados Unidos (33) no era, en realidad, más que el hombre del Federal Reserve Board. Clemenceau era el hombre de los Rothschild (34) con Mandel siempre a su lado. Sonnino era el agente del trust israelita «Olivetti». El japonés Meakino representaba a la Banca Gunzbourg, de Tokio. Lloyd George, por su parte, era el mandatario fiel de la city.

Los pueblos soberanos y sus cacareados derechos no contaron para nada en Versalles. Las «fuerzas secretas e inidentificables» que habían dictado su «paz», prepararán, fatalmente, la siguiente conflagración mundial. La guerra de 1914 18 no fue más que el primer acto del suicidio europeo, que se consumaría en 1945.

Notas:

(26) Lloyd George fue, durante varios años, abogado del Movimiento Sionista en Inglaterra. La colosal fortuna de los Sassoon - íntimos y asociados del Premier británico - fue amasada con el tráfico ilegal del opio, hecho público y notorio y jamás desmentido por nadie. El padre de Sir Philip, el «rey del opio», se casó con Aline de Roth-schild, de París.

(27) Antes de su accesión a la Presidencia de los Estados Unidos, Woodrow Wilson había sido un alto empleado de la poderosa firma bancaria judía «Kuhn, Loeb & Co.», del Federal Reserve Board. Su campaña electoral había sido pagada por un consorcio de financieros de Wall Street, judíos en sus cuatro quintas partes, como mínimo. Antes de tomar una decisión importante, el Presidente consultaba con su "Brain Trust", integrado por los hebreos Brandeis (presidente del Tribunal Supremo, Mandell House, Bernard M. Baruch y el medio judío William C. Bullit.

(28) El verdadero nombre de Mandel era Rothschild, pero no estaba emparentado con los banqueros del mismo nombre.

(29) Multimillonario, emparentado con la judaizada alta nobleza de Inglaterra y propietario del conocido rotativo The Daily Telegraph. (Leonard Young: Deadlier than, the H Bomb, pág. 50).

(30) A. H. M. Rampsay: The Nameless War, pág. 57

(31) Rabino Stephen Wise: Años de Lucha.

(32) Nos referimos, claro es, al Judaísmo como movimiento político; no a la religión mosaica y menos aún, al pueblo judío en su totalidad.


Fuentes:

- Joaquin Bochaca. Historia de los vencidos, p.28.
- La Gazeta Federalwww.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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