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INFILTRACÓN MENTAL
                          

Vladímir Ilich Uliánov,


(01) Infiltracion
(02) Nota aclaratoria.
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.


Infiltracion

En el fenómeno de la infiltración mental, el difusor emite una idea aparentemente lógica, novedosa, atractiva, que no despierta recelos en el receptor al cual va dirigida. Por el contrario, éste siente que esa idea le beneficia y por lo tanto la hace suya. Es la forma sutil, sagaz, de lograr que una persona o grupos de personas actúen inconscientemente en favor de determinada ideología, creyendo que sirve a otro propósito. Incluso se molesta cuando alguien trata de convencerlo de su error.

A principio de 1915 la primera guerra mundial sacudía a Europa. Alemania con 98 divisiones afrontaba la alianza del Imperio Británico, el Imperio Francés y el Imperio Ruso. En el frente occidental Alemania luchaba contra más de 100 divisiones francesas, inglesas y belgas. Y en el frente oriental combatía con 150 divisiones rusas. Era un momento crítico para Alemania, aunque sus tropas avanzaban en todos los frentes.

El marxismo quería aprovechar el río revuelto de la guerra para tomar el poder. Rusia era una de las metas aunque no la principal. Precisamente en enero de 1915 el embajador alemán en Dinamarca, Ulrich Brockdorf-Rantzau, informó a su ministerio que el Dr. Parvus se había acercado a él para proponer que Alemania ayudara a los comunistas a derribar el gobierno ruso, y que en esa forma Alemania se vería beneficiada porque desaparecería el frente oriental.

El Dr. Parvus se llamaba en realidad Alexander Helphand. Había sido uno de los agitadores de los fallidos movimientos comunistas de Rusia en 1905.

Helphand pedía dinero, aunque no era precisamente dinero lo que necesitaban los comunistas, pues desde tiempo antes lo estaban recibiendo de Max Wasburg, de Olaf Aschberg y de Givotosky, financisas de Suecia aunque no suecos. También recibían ayuda de Iacobo Schiff, Khun-Loeb and Co., Mortimer Achiff, Félix Warburg, Otto Khan, Gubbenbein y otros financistas de Nuevo York, no americanos. (Informe 7-618-, Num.912-SR-2, transmitido por el servicio secreto norteamericano en febrero de 1916)

La revolución rusa, planeada por jefes extranjeros, no estaba muy necesitada de dinero, pero pedía a Alemania para establecer un puente. En realidad no necesitaba el dinero alemán sino “infiltrar” en la mente alemana la idea de que le convenía a Alemania ayudar a que los comunistas derribaran a gobierno ruso.

En noviembre de 1915 Alemania entregó el primer aporte de rublos para los marxistas y en 1917 permitió que por territorio alemán pasaran rumbo a Rusia varios jefes rojos encabezados por Lenin, que se hallaban en Suiza.

Leon Trotsky La propaganda marxista hablaba en Rusia contra la guerra, pedía que las tropas se negaran a luchar y ofrecía paz, reparto de tierras y prosperidad para todos. Hubo motines, sabotajes, etc. y el zar fue derrocado y asesinado junto a toda su familia. El comunismo tomó el poder. Como Rusia había sufrido graves derrotas, con gran parte de su territorio ocupado por el ejercito alemán, el nuevo régimen comunista hizo la paz de Brest-Litovsk y de momento se dedicó a luchar por su supervivencia.

Dentro de Rusia se daban cuenta más rápidamente de lo que significaba el marxismo y pronto los generales rusos Wrangel, Miller, Ivanovitch, Deniken, Kolchak, Yudenich y otros, reorganizaron corporaciones del antiguo ejército y se lanzaron sobre los comunistas. Estos fueron derrotados en varios sectores y retrocedieron hacia sus únicos centros fuertes, que eran Moscú y Leningrado.

Los generales rusos esperaban ayuda de fuerzas extranjeras nacionalistas, cristianas, democráticas, que naturalmente no podían ver impasiblemente que triunfara un régimen marxista ayudado por extranjeros, cuya meta final era la revolución mundial para imponerse en todo el orbe.

Fue en ese crítico momento de la “revolución rusa” cuando la infiltración mental rindió uno de los resultados más positivos.

Como vecina inmediata a Rusia, Alemania era la más inclinada a prestar ayuda a los nacionalistas rusos, pero en el gobierno alemán había cundido la infiltración mental dirigida por Helphand: “Si Rusia se destroza en una lucha intestina, eso nos beneficiará”; “ayudar a los comunistas garantiza que el frente oriental no volverá a levantarse”; “los comunistas son los más débiles y si retienen el poder no podrán atacarnos”.

Y Alemania no ayudó a los generales rusos nacionalistas.

En Estados Unidos una reducida pero valiosa opinión pública se alarmaba por el triunfo inicial de los comunistas en Rusia y presionaba para que se ayudara a los generales antirojos. En ese decisivo momento surgió un grupo de periodistas no americanos, que encabezados por Hebert Matthews fueron a Rusia a ver “lo que realmente sucedía”

Pero esos periodistas engañaron a la opinión pública americana cablegrafiando desde Moscú que la revolución rusa no era propiamente comunista, que buscaba el beneficio del pueblo aquejado por las injusticias de los zares y por las desgracias de la guerra. Llegaron a afirmar que “nada había que temer”, y que después de realizar una encuesta se deducía que “Lenin, Trotzky, Stalin y otros son anticomunistas”. Como estos líderes luchan contra la injusticia y la miseria –decían los cablegramas de prensa- alejan así el peligro del comunismo.

(Matthews repitió su hazaña en Cuba cuando entrevistó a Fidel Castro Ruz en Sierra Maestra e “informó” a los americanos que el castrismo sólo quería derribar a Batista para establecer un régimen democrático)

Y los generales nacionalistas rusos tampoco recibieron ayuda de Estados Unidos. Ya tenían a los rojos con la espalda en el muro, en los suburbios de Leningrado y Moscú, pero el régimen marxista recibía ayuda económica de Estocolmo, de Nueva York y de Berlín, y logró sobrevivir.

Las fuerzas nacionalistas rusas, carentes de víveres y municiones, fueron dispersándose o siendo derrotadas. Luego se les liquidó en terribles matanzas que empezaron a popularizarse con el nombre de “purgas”.

En junio de 1919 el Tratado de Versalles puso fin oficialmente a la primera guerra mundial. El régimen comunista de la URSS iba a cumplir dos años en el poder y ya se perfilaba como una amenaza mundial. Sin embargo, en dicho tratado el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, hizo figurar en el punto 6º lo siguiente: “Evacuación de todos los territorios rusos y arreglo de todas las cuestiones concernientes a Rusia de modo que se asegure la mejor y más amplia cooperación de las otras naciones del mundo, para facilitar a Rusia la ocasión de fijar su propio desarrollo político y nacional”.

Joseph Stalin En tanto en Alemania se le condenaba a perder sus colonias, parte de su territorio metropolitano, a pagar enormes indemnizaciones, a limitar sus fuerzas armadas, etc., al régimen comunista de la URSS se la garantizaba vía libre para su desenvolvimiento, desenvolvimiento que ya estaba anunciado una y otra vez, que apuntaba al exterminio de todo sistema político que no fuera el marxista.

Detrás de ese aparente contrasentido había una lógica clara como la luz del día, pues con el presidente Wilson iban consejeros como Julian Mack, Louis Marshall, Harry Cutler, Jacobo de Haas, B.L.Livinthal, Joseph Bandoundes Bachman, Leopoldo Benedict, Bernard Richards, Syrkin y Stephen Wise. Estos diez personajes habían nacido en Estados Unidos pero no eran lo que se tiene por americanos, y allegados a otros círculos no americanos que desde dentro de Estados Unidos estaban auxiliando al grupo doctrinario del marxismo y al grupo extranjero que instaló la revolución en Rusia. (Wise, Stephen. Años de lucha. Consejero del presidente Wilson)


Nota aclaratoria:

Para evitar malos entendicos, se trasncrible parte de una entrevista que le hizo la Televisón francesa a Aleksander Isáyevich Solzhenitsyn, autor del libro Archipielago Gulag.

A una pregunta del entrevistador, Solzhenitsyn respondió:

"En el Archipiélago Gulag, el sistema de prisiones y campos de concentración, se calcula que perecieron 44 millones de personas (66 millones en toda la URRSS)… Yo me he limitado a dar los nombres de las personas que dirigían entonces los destinos del Gulag, de los jefes de la NKVD, de los directivos de la construcción del Canal del Mar Báltico. Aquí están los principales. Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial. La separación la ha hecho la historia…"

(Al llegar a este punto fue cortada la entrevista que hacía la TV francesa).


Fuentes:

- Salvaror Borrego. Infiltración Mundial, p.32.
- Castagnino Leonardo. www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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