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LOS INGLESES Y LA REVOLUCION DE MAYO
                          
Memoria autógrafa de Saavedra



(01) La pérfida Albión
(02) Los comerciantes ingleses y la Royal Navy
(03) La revolución de mayo
(04) Munición inglesa.
(05) Los ingleses al poder
(06) Fuentes
(07) Artículos relacionados.


La pérfida Albión

El gabinete ingles planeó otra invasión al Río de La Plata, prevista para el año 1808 conducida por Arthur Wellesly, futuro duque de Wellington. El objetivo de la nueva invasión era la supuesta "independencia" del Río de La Plata, que no era otra cosa que desalojar a los españoles y convertir el Virreinato español en una colonia inglesa. Pero cuando la expedición estaba a punto de zarpar, la imprevista invasión napoleónica a España, obligó a los ingleses a desistir momentáneamente para aliarse a los españoles en contra de Napoleón. En esta alianza, Inglaterra, fiel a su trayectoria, fue desleal, y siguió conspirando desde las sombras contra España en América, a través de Lord Strangford, representante inglés en Río de Janeiro, en combinación con un grupo separatista que actuaba en Buenos Aires desde 1803.

"Strangford - observa Fitte (*) - es un enemigo declarado de España y promotor infatigable de la revolución. Los elementos reunidos me permiten arribar a la conclusión de que Lord Strangford ha sido quien planificó el golpe de Estado antiespañol de 1810, coordinado a tal fin las acciones de los secesionistas, los comerciantes ingleses y los navíos de guerra en el puerto de Buenos Aires". Por su parte, José Presas al respecto dijo que "Lo que prueba aún más la parte efectiva que ha tenido el gobierno británico en la independencia de la América Española, es la conducta que observó Lord Strangford, su ministro plenipotenciario en la corte de Brasil, quien desde el año 1809 hasta 1813 que salió de allí, fue un verdadero promotor de todos los novadores del Río de la Plata que llegaban a Río de Janeiro y después el más activo agente de la Junta que éstos establecieron en Buenos Aires, cuyos acuerdos y deliberaciones eran comunicados por el doctor don Saturnino Rodríguez Peña (*) y por el emisario Manuel Sarratea".(*) (El mismo que participó en la fuga de Beresford en 1087.)

Esto se ve corroborado en la carta que Lord Strangford dirige a Richard Wellesley, secretario del Foreign Office, de fecha 10-6-1810, cuando todavía no estaba enterado de los hechos de mayo. Carlos A. Pueyredón destaca que la carta contiene "una información importantísima que demuestra las vinculaciones confidenciales y los consejos amistosos de Lord Strangford con los hombres del partido de la independencia, tanto en Buenos Aires como en Río de Janeiro, con anterioridad a la revolución". (*).

Al referirse a la crítica situación en la península por la invasión napoleónica, Lord Strangford hace notar que "estoy convencido que a la primer información de la completa subyugación de España, estallará la chispa de una conmoción popular en estas provincias, y en cuanto refiere a Buenos Aires , creo que bastará para ello una narración circunstancial de los desastres de España, lo que depende de cualquier persona que se proponga difundir rumores desfavorables al estado de cosas en España" (*) Lord Strangford no esperó que "cualquier persona que se proponga difundir rumores", porque él mismo se encargó, a través del teniente Ramsay, de hacer llegar la Gazeta de Londres que describía la crítica situación en la Península, que fue señal de inicio para la revolución separatista.

El hecho de la que la revolución se haya hecho en nombre y en defensa de Fernando VII, no solo tuvo el propósito de engañar a muchos, si no que sirvió además para disimular la deslealtad de Inglaterra hacia su circunstancial aliada, España. Acota Pueyredón que "permitiría a Inglaterra una neutralidad benéfica y ayuda disimulada, compensándose con facilidades comerciales que acordaría el gobierno provisorio; desorientará a los gobernantes españoles de todas las provincias y a los españoles europeos radicados en el Virreinato, y se ganaría tiempo para prepararse a la defensa mientras se consolidaba el nuevo gobierno" (*) Es evidente la deslealtad de Inglaterra a través de Lord Strangford, que pedía instrucciones del lenguaje que debería utilizar con los "leader" del partido de la independencia, "quienes mantienen comunicaciones confidenciales conmigo". (*)




Los comerciantes ingleses y la Royal Navy

.Obras de Leonardo Castagnino Los mercaderes ingleses de Buenos Aires tenían especial interés en la revolución, que los salvaba de ser expulsados de Buenos Aires, y cuyo plazo vencía en esos días de mayo de 1810.

El 24 de enero de 1808 se firmó en Londres un tratado entre el ministro Canning y el representante español en la capital inglesa, Juan Ruiz de Apodaca, mediante el cual se podían establecer reglamentos provisionales de interés recíproco. Con el propósito de obtener caudales para el exhausto erario, en base a ese tratado el virrey Cisneros concedió el libre comercio a dos mercaderes ingleses, John Dillon y John Thwaites para poder vender mercadería de su propiedad (*), permiso que se hizo extensivo a los demás comerciantes ingleses en Buenos Aires. Según observa Fitte, "replegada en las penumbras y sin aparecer en escena, Gran Bretaña había conseguido un triunfo vital para la economía de Imperio. Era su revancha de 1807; aunque todavía le aguardaban vicisitudes, dificultades y contratiempos por vencer, ya jamás ser retiraría del área rioplatense".

Castelli, que se había ganado la confianza del virrey Cisneros, quien lo nombró su asesor privado, "contribuyó poderosamente a decidir a este jefe a favor del comercio libre con los ingleses en 1809 (*). El 14-01-1810 se firmó un protocolo adicional al tratado.

El permiso otorgado por Cisneros, era de tiempo limitado, y de breve plazo, a cuyo término los comerciantes ingleses debían dejar la ciudad de Buenos Aires. Para evitarlo, el 20 de julio de 1809, encabezados por el influyente Alexander Mackinton, como de costumbre, solicitaron la intervención del comandante Bentick Cavendish Doyle, al mando de la HMS Lightning, buque de la Royal Navy, surto en el puerto de Buenos Aires. Reunidos con el Virrey Cisneros, se estableció un nuevo plazo de cuatro meses a partir del 18 de diciembre de 1809, y que por lo tanto expiraba el 18 de abril de 1810.

Los mercaderes ingleses se sentían protegidos y respaldados por los buques de la Royal Navy surtos en el puerto: la goleta Mistletoe del teniente Robert Ramsay, el bergantín Nancy del teniente Francis Kitwich, y la corbeta Mutine, cuyo capitán Charles Montagú Fabián sucedió a Doyle, y a las que se agregaban el Steady del capitán Stow y el Pitt del teniente Thomas Perkins.

En su libro "La historia olvidada" (*), Federico Rivanera Carles comenta que "Era muy estrecha la relación entre los comodoros y capitanes de la Estación Naval Británica en el Rio de la Plata y los comerciantes ingleses, que se hospedaban juntos en la fonda de Mary Am Claire (o Clark). conocida como la ´Fonda de doña Clara´ o ´La María Telar´, por el apellido de su esposo, el marino mercante estadounidense Thomas Taylor. (*). También se alojaron allí los cónsules ingleses de 1812. En el piso superior funcionó desde 1811 la ´Sala Sala Comercial Británica´ de Buenos Aires, encabezada por Alex Mackinnon. Esta Sala, bajo la forma de un club y como sede de reunión de loa comerciantes británicos, era en verdad a la vez una bolsa, sociedad de corretaje y comercio. Luque Lagleyze ha hecho notar la importancia que tenía dicha fonda, "con su conjunción de hotel de marinos ingleses, Café, Club de Residentes y Cámara de Comercio, sumados a oficinas de la estación naval británica" (*). La fonda cerró sus puertas en octubre de 1822, debido a la muerte del capitán Tylor". (*)

Pero los comerciantes ingleses en Buenos Aires, además de sentirse respaldados por la Royan Navy, confiaban en las gestiones de Lord Strangford desde Río de Janeiro, con quien mantenían estrecho contacto. A pedido del Comité de Comerciantes Británicos, el comandante ingles Fabián recurrió al Virrey Cisneros, quien le otorgó otro mes de plazo, que por lo tanto expiraba el 18 de mayo de 1810. El virrey advirtió a los comerciantes ingleses, que ya sumaban 142, que vencido el plazo debían abandonar la ciudad en el termino de ocho días; es decir el 26 de mayo de 1810.

Fitte hace notar (*) que cuesta creer "que los comerciantes colocados en capilla, puedan haber permanecido impasibles cuando la Providencia les brindaba a último momento y en bandeja de plata, la única oportunidad de zafarse de una expulsión por demás segura, solo necesitando para ello con la contribución de un disimulado y discreto aporte. ¿Existió el tal aporte? - se pregunta Fitte - ¿Aseguraron a los criollos que las fuerzas de marinería de las naves fondeadas en la rada - Mistletoe, Mutine, Nancy y Pitt - no intervendrían de manera alguna para sostener a las autoridades legalmente constituidas, representantes genuinas de su aliada y amiga España, como hubieran podido hacerlo de haber querido, pues bastaba para ello con acudir al pretexto de la asistencia mutua que contemplaba el tratado del 14 de enero de 1809? ¿Prometieron quizás un próximo reconocimiento diplomático, o al menos un benévolo tratamiento para el futuro, por parte de Gran Bretaña? (*)

Los hechos hablaron por si solos. Los buques de la Royal Navy tenían por objeto respaldar a los separatistas, de acuerdo a lo dispuesto por la Corona Británica, que de ese modo contribuía a un golpe de Estado , contra su aliada España.




La revolución de mayo

Los ejércitos napoleónicos ocuparon casi toda España salvo Cádiz y la isla de León. La noticia llegó a Buenos Aires el día 14 de mayo de 1810 desde Río de Janeiro, en al goleta inglesa HMS Mistletoe al mando del teniente Robert Ramsay, que trajo la Gazeta de Londres de los días 17 y 24 de febrero de 1810. Ramsay fue enviado por Lord Strangford, y tal lo previera éste, fue la señal de inicio de la rebelión separatista contra las autoridades españolas. Comenzó el 22 de mayo con el pedido de un Cabildo Abierto, en el que tuvo papel relevante el peninsular Ruiz Huidobro, que fue el primero que pidió la destitución del Virrey Cisneros, diciendo "Que debía cesar la autoridad del Excelentísimo Señor Virrey y reasumirla el Excelentísimo Cabildo como representante del pueblo para ejercerla, ínterin forme un gobierno provisorio dependiente de la legítima representación que haya en la Península de la Soberanía de nuestro augusto y amado Monarca del señor Don Fernando Séptimo, fundando esta opinión en los datos que de palabra ha manifestado al Excelentísimo Cabildo".

Nada de sincero tenia esta declaración cuyo voto fue acompañado entre otros por Chiclana, Vieytes, Viamonte y Nicolás Rodríguez Peña, todos conspicuos miembros del grupo separatista que actuaba en las sombras desde 1803. En 1806, después de la Reconquista, el Cabildo de Buenas Aires envió una nota el 20 de agosto de 1806 a Ruiz Huidobro agradeciendo la ayuda recibida de Montevideo, que fue contestada por Huidobro, quien felicitaba "a ese leal pueblo de haberse restituido a la dulce dominación del mejor de los Monarcas".(*) Cuatro años más tarde incitaba a una rebelión contra "el mejor de los Monarcas", independientemente del sentimiento de "ese leal pueblo"

Por su parte Saavedra, que había declarado defender a España con sangre, decía en su voto "Que consultando la salud del pueblo y en atención a las actuales circunstancias, debe subrogarse el mando superior que obtenía el Excelentísimo Señor Virrey, en el Excelentísimo Cabildo de esta Capital, ínterin se forma la corporación a junta que debe ejercerlo, cuya formación debe ser el modo y forma que se estime por el Excelentísimo Cabildo, y no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando"

Para el escrutinio se impidió el ingreso de los vecinos que apoyaban a Cisneros. Se obligó a un voto público y los leales partidarios del Virrey y del gobierno español fueron insultados y agredidos, algunos de los cuales se retiraron sin emitir su voto. En un escrito anónimo dirigido a Liniers, dice respecto a la votación que "Se les obligó a votar en público y al que votaba a favor del jefe, se le escupía, se le mofaba, hasta el extremo de haber insultado al Obispo Lué, y gritándole "chivato" al prefecto de los Betlemitas (Juan José Vicente de San Nicolás)". (*)

Por lo visto la metodología no es nueva en el pago. Es de notar que 27 peninsulares votaron contra el Virrey, lo que contradice la leyenda de una "revolución criolla".

El día 24 de mayo se nombró una junta encabezada por el Virrey y con Saavedra y Castelli como vocales, rechazada el 25 por los rebeldes dirigidos por French y Beruti, y el mismo día 25 se formó una nueva Junta. Y refiriéndose a esta revolución subversiva contra el gobierno legal español en las provincias americanas, Saavedra dirá más tarde en sus Memorias que "la destitución del virrey y creación consiguiente de un nuevo gobierno americano, fue a todas luces el golpe que derribó el dominio español que los reyes de España habían ejercido en cerca de 300 años en esta parte del mundo por el injusto derecho a la conquista y sin justicia, no se puede negar esta gloria a los que, por liberarla del pesado juego que la oprimía, hicimos un formal abandono de nuestras vidas". (*)

Se adjudicaba Saavedra ser parte de la "gloria", y por lo visto era débil de memoria, contradiciendo sus dichos de poco tiempo antes. Efectivamente: Saavedra, tendero y militar mediocre, había sido encumbrado por Liniers como jefe del Regimiento de Patricios durante las invasiones inglesas, en la que el propio Saavedra no tuvo relevante actuación, y no recordaba tampoco que el 7 de octubre de 1806, en nota enviada a Liniers por Urien, Romero y le propio Saavedra, le decían que "en la guarda del Real estandarte lo defenderán hasta derramar su sangre". Tampoco recordaba Saavedra que en nota del 3 de abril de 1810, dirigiéndose a Liniers como "mi Venerado Señor", le expresaba su preocupación por "la suerte de nuestra España, que es muy crítica y apurada". Pocos días más tarde se sentaba en un sillon de la Junta que destruía el poder de "nuestra España", y apenas unos meses más tarde, en Cabeza de Tigre, hacia fusilar a Liniers, su "Venerado Señor", a manos de un pelotón de soldados ingleses".


Munición inglesa.

Hacia fines de 1809, al parecer por sugerencia de jefes militares españoles, que estaban al tanto de las intenciones revolucionarias, el virrey Cisneros impuso un estricto racionamiento de municiones en los cuerpos militares de la ciudad de Buenos Aires. Este inconveniente fue salvado por los ingleses que entregaron municiones a través del peninsular Antonio de Dorna y Acevedo. La evidencia surge de un documento hallado por el historiador Guillermo Gallardo, dado a conocer por Roberto Marfany, que publicó un facsímile del documento, donde dicho Dorna, ex-contador del Tribunal Cuentas del Retiro, presenta el 1° de noviembre de 1812, un pedido de ciudadanía ante el Triunvirato, en el que consigna textualmente "Facilité de los ingleses munición para el 25 de Mayo". (*) Rivadavia otorgó sin más trámite la ciudadanía a Dorna con un lacónico "Concedido, líbrese título". (*)

Marfany supuso que las municiones fueron provistas desde la Royal Navy, pero un estudio Fitte en los libros de bitácora no dieron con la evidencia, y llega a la conclusión que las municiones fueron entregadas desde los mercantes, que solían navegar armados. Por otro lado es lógico pensar que, siendo Inglaterra "aliada" de España, no asentara la entrega en los libros de bitácora de la armada. Para Federico Rivanera Carlés, la conclusión es clara: "sin las municiones no se hubiera producido la Revolución de Mayo, ya que fue un golpe militar sin ninguna participación ni el menor apoyo del pueblo, pese a lo que afirma la historia oficial" (*) "Nótese - reitera Carlés - que fue un peninsular - y no un criollo - quien recibió las municiones de parte de los ingleses.

Según Marfany (*), los únicos civiles que participaron, lo hicieron en la llamada Legión Infernal, de French y Beruti, integrada por 600 individuos, en su mayoría jóvenes, armados de puñales, sables y pistolas, que presionaron a las autoridades del ayuntamiento para que se realice el Cabildo Abierto del 22 de mayo, al que impidieron el ingreso a muchos de los leales a España, y durante la larga sesión, a donde concurrieron sin invitación, insultaron y amedrentaron a los que intentaban sostener al Virrey. La ciudad, de 50.000 habitantes entonces, no dieron apoyo alguno a los sediciosos, pues tanto los españoles, peninsulares o criollos, y los miembros de las castas, eran fieles a la Patria Española. Los independentistas fueron una ínfima minoría, como lo recordó Juan Cruz Varela en "El Centinela" del 4 de agosto de 1822. "Repetimos, la revolución contra España fue obra de cuatro hombres que, impulsados por el honor y el patriotismo, se pusieron a la cabeza de grandes masas de tímidos, preocupados de raíz, o más bien de esclavos; ¿Y cuáles han sido los resultados?, aquellos hacerse inmortales, y éstos hacerse libres". (*)

Vaya "libertad" que les dieron: sacaron al gobierno legal español y los entregaron atados de pies y manos al dominio británico.


Los ingleses al poder.

No pasó mucho tiempo para que los ingleses tomaran el poder. Los oficiales de la Royal Navy, encabezados por su comandante Charles Montagú Fabian, al día siguiente del golpe de estado del 25 de mayo, a las 11 de la mañana del día 26, se entrevistaron con Saavedra y los restantes miembros de la Junta, según epístola del capitán Fabian del 29 de mayo al almirante de Courey, informándole detalladamente de su visita a las nuevas autoridades, documento que se encuentra en los Archivos del Almirantazgo inglés. (*)

Fabian declaró que "como oficial Comandante Británico en este Puerto, yo venía a ver a sus Excelencias para presentarles mis respetos, acompañado por los oficiales bajo mi mando -tenientes Perkins y Ramsay- cumplimentando al Nuevo Gobierno por su instalación en nombre de su amado Soberano Fernando 7°", a lo que entonces el Presidente contestó que estaba extremadamente lisonjeado por la atención del Oficial Comandante Británico y de los Oficiales que lo habían acompañado, y le rogaba a aquel tuviese por seguro que las intensiones y deseos de esta Junta eran la de construir la más firme alianza con el Rey de Gran Bretaña, para la defensa de los Dominios de nuestro Rey don Fernando 7°" ... "Luego yo informé a la Junta -prosigue Fabian- que era mi deber despachar al "Pitt", al mando de ese caballero -señalando en el caso al teniente Perkins-, con destino a Río de Janeiro, ofreciendo a sus Excelencias que si querían enviar algunos oficios, el mencionado se haría cargo de ellos, siendo entonces que el Presidente replicó que tenían despachos para remitir y que se mostraba muy reconocido por la gentil oferta".(*) La premura de Fabian de enviar al Pitt, que zarpó el mismo 28 de mayo, era informar al almirante Courcy y a lord Strangford, a quien haría entrega del documento de la Junta de esa fecha. (*) De esta forma se enteraba lord Strangford, y de boca de la propia junta, del triunfo de la revolución que venía programando desde tiempo atrás, con un grupo separatista de Buenos Aires.

A continuación Saavedra manifestó a Fabian que "me aseguraba que individualmente sentía gran placer que la Junta tuviese esta oportunidad de hacer una franca declaración de sus sentimientos a los representantes de la nación británica", a lo cual, dice el marino inglés, "yo respondí que tenia igualmente gran placer en ser Oficial Comandante, estando en esta forma capacitado para comunicar a mi soberano los sentimientos de este Gobierno". A su vez Castelli declaró que la junta, los funcionarios, el ejército y el pueblo "están dispuestos y desean continuar en la más estrecha alianza con Gran Bretaña, y a mostrar todo el favor y protección a los súbditos ingleses y a sus propiedades, ellos de manera análoga esperaban del Gobierno Británico y de los particulares británicos parecidos sentimientos de alianza y amistad". Luego de algunas consideraciones Fabian contestó que "estaba muy reconocida hacia la Junta por la declaración de sus sentimientos de adhesión a Inglaterra", y agregó: "Yo aprovecharía la primera oportunidad de llevar a conocimiento de mi gobierno los sentimientos de la Junta, y al mismo tiempo remitiría cualquier otra carta, proyecto y opiniones que pudiera enviar aquel" a lo que el Presidente dijo: "Nos sentimos nosotros mismos muy agradecidos y siendo nuestra intención enviar dos personas de distinción a la Corte Británica, quisiéramos saber si Ud. podría en breve despachar un barco para conducirlos a Inglaterra, y le pediríamos también nos conceda el honor de ser el portador de nuestros ardientes votos, y que por eso se servirá recomendar a su Gobierno el fervoroso deseo que tenemos de permanecer estrechamente aliados" ... "yo le respondí en contestación -dice Fabian- que tendría gran placer de proceder así con la Junta por estarle muy agradecido"

Luego Larrea declaró que los comerciantes ingleses no iban a ser expulsados (como estaba estipulado) ni afectados en sus pertenencias; antes al contrario, Saavedra dijo a Fabian que como la Junta esa tarde tomaría juramento en el Cabildo a los integrantes de la Real Audiencia y de la Tesorería, asi como a las tropas, "nos daría gran satisfacción si acompañados por sus oficiales e intérprete, Ud. quisiera hacernos el honor de reunirse con nosotros a las tres y media en el Cabildo, y atestiguar el juramento de lealtad a don Fernando 7°, de modo que usted está capacitado para transmitir un verdadero informe a su Gobierno de nuestros procederes, y como una andanada de salvas será disparada por la artillería y la infantería en honor de Fernando 7°, nosotros lo estimaríamos como un alto cumplido si Ud, hiciera ordenar que una salva Real sea disparada por los Buques Británicos bajo su mando, a lo cual yo le contesté que consecuentemente con el pedido que me hiciera de saludar a su amado Soberano de España, don Fernando 7°, yo podría asegurarle que éste sería hecho con el más grande de los placeres" (*)

El marino ingles Fabian da cuenta que Perkins, Ramsay y el intérprete Dowlig presenciaron el juramento a las tres y media de la tarde. Según consignó Moreno, en dicho acto estuvieron presentes "oficiales de la Marina inglesa y principales individuos de su comercio", al tiempo que los buques de guerra ingleses surtos en el puerto de Buenos Aires, embanderados efectuaban salvas "que celebraban una función que sus jefes estaban admirando"

Así concluyo la entrevista entre quienes hacia poco tiempo habían invadido Buenos Aires, y los separatistas. Es llamativo el cinismo de los mercaderes ingleses apoyando una revuelta contra su "aliada España", y más llamativo aún el servilismo de los separatistas entregándose a los ingleses "a nombre del amado Fernando 7°"

Obras de Leonardo Castagnino
Fuentes:

- Federico Rivanera Carles. "La historia ocultada". (2109)
- Fitte, Ernesto J. "El precio de la libertad. La presión británica en el proceso emancpador". Emecé. Bs.As.1965.
- J.Presas. "Juicio imparcial sobre las principales causas de la Revolución de América Española, Burdeos 1825" / Wiliams Alzaga. "Fuga del general Beresford".p.27 / F.R.C.o.cit.p.289
- C.A.Pueyredon. "1810. La revolución de mayo según amplia documentación de la época". p.235. Peuser, Buenos Aires, 1953.
- Fitte. "Los comerciantes ingleses en vísperas de la Revolución de Mayo", pp.18-20, separata de Investigaciones y Ensayos, 2, Academia de la Historia, Buenos Aires, 1967.
- Núñez, o.cit.p.201 / F.Rivanera Carlés, "La Historia ocultada", p.290.
- Julio Luque Lagleyze. "Los oficiales del almirante Brown: estudio sobre el origen y reclutamiento de la oficialidad naval de las Guerras de la Independencia y Brail 1810-1830, p.201.
- Archivo General de Indias Legajo Buenos Aires 555, apud Ribeiro Gutiérrez, op.cit, p. 413 /F.R.C.o,dit p.293.
- Saavedra. Memoria autógrafa. Biblioteca de Mayo, t.I, p.1055
- Marfany. "El Cabildo de Mayo". Genealogía, cit, p. CIII.
- Castagnino Leonardo. Las invasiones inglesas (libro inédito)
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


Ver notas relacionadas:

- Cornelio Saavedra (Reseña)
- Rosas y las Fiestas Patrias
- Rosas y el 25 de Mayo
- La educación en la época de Rosas
- El Restaurador de la Leyes
- Rosas y San Martin
- Vuelta de Obligado

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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