Home
Home


EL MILAGRO ALEMAN
                          

Carreteras alemanas.    
Carreteras alemanas


(01) El milagro económico
(02) Nota aclaratoria.
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.


El milagro económico alemán

Había un factor preponderante para que el "mundo entero" se alineara en contra de Alemania. Ese factor era el Trono del Oro, donde la usura internacional se movia con secular destreza, basada en leyendas y teorías seudocientíficas que afirmaban que la riqueza era el oro en respaldo de la moneda. Ese era el "dogma" estableciodo sucularmente. El nacionalsocialismo, en cambio, proclamaba que la riqueza no es el oro, sino el trabajo, y con la realidad de los hechos, alamania lo estaba demostrándo. La falacia de que el oro era imprescindible, iba quedando al descubierto con el resurgimiento económico alemán, basándose en otro sistema que no era el patrón oro. El hecho que hasta entonces las finanzas se basaran exclusivamente en el patrón oro como erad absolua, como dogma de fe, no quería decir que así debía seguir ocurriendo, y el nacionalsocialismo lo demostraría con hechos.

El nacionalsocialismo había recibido una Alemania exhausta por la última guerra, castigada ademas por imposiciones del tratado de Versalles, y de la miseria resurgía como una potencia internacional. Con un territorio 19 veces mayor que Alemania y con recursos naturales y económicos infinitamente más grandes, Roosevelt no había dado empleo a sus once millones de desocupados. Pese a sus vastos recursos coloniales, los imperios británico y francés tampoco se libraban de ese crimen del trono del oro. Tampoco surgía Rusia con sus inmensas riquezas naturales y a pesar de la inmensa ayuda de occidente. En cambio, en la minúscula Alemania, no obstante la carencia de vastos campos agrícolas, de petróleo, de oro y de plata, la economía "nazi" había dado trabajo y pan a los 6.139,000 desocupados que le heredó el antiguo régimen. Si los sabihondos de la "ciencia económica" erigida en "tabú" alegaban que cierto terreno no podía abrirse al cultivo ni acomodarse ahí determinado número de cesantes, debido a que no había dinero, esto parecía ser una razón suficiente, entonces no se cultivara. La economía nazi, en cambio, se desentendía de que en el banco hubiera o no divisas o reservas de oro; emitía dinero papel, creaba una nueva fuente de trabajo, daba acomodo a los cesantes, aumentaba la producción y ese mismo aumento era la garantía del dinero emitido. El respaldo del dinero no era el oro, si no el trabajo. Si en un sitio había hombres aptos para trabajar y obras que realizar, la economía "clásica" se preguntaba si además existía dinero, y sin esté tercer requisito la obra no se iniciaba y los desocupados permanecían como tales: La economía nazi, en cambio, no preguntaba por el dinero; el trabajo de los hombres y la producción de su obra realizada eran un valor en sí mismos. El dinero vendría luego sólo como símbolo de ese valor intrínseco y verdadero.

"Los alemanes no comemos oro - declaraba Hitler - los alemanes comemos papas. Y obtener papas es una cuestión de imprimir papel para pagar la siembra y la cosecha de papas, que serán el respaldo del dinero emitido. En todo caso no hay que emitir mas dineros que el valor de las papas que se van a cosechar. La única precaución que hay que tener, es no imprimir más dinero que el valor de las papas que se van a cosechar". Ese simple razonamiento contradecía la leyenda instalada por los mercaderes, que sostenía que el oro era el origen de la riqueza. Con ese simple razonamiento, se acababa con la especulación y el negocio de los usureros internacionales, que naturalmente, pusieron el grito en el cielo.

Aldea alemana en la Selva Negra.    
Aldea alemana en la selva negra

Por eso Hitler proclamó: "No tenemos oro, pero el oro de Alemania es la capacidad de trabajo del pueblo alemán... La riqueza no es el dinero, sino el trabajo". Los embaucadores del trono del oro gritaban que ésta era una herejía contra la "ciencia económica", pero Hitler refutaba que el crimen era tener desocupados a millones de hombres sanos y "fuertes y no el violar ciertos principios de la seudociencia económica disfrazada con relumbrantes ropajes de disquisiciones incompresnibles. "La inflación —dijo Hitler— no la provoca el aumento de la circulación monetaria. Nace el día en que se exige al comprador, por el mismo suministro, una suma superior que la exigida la víspera”... “Allí es donde hay que intervenir. Incluso a Schacht tuve que empezar a explicarle esta verdad elemental: que la causa esencial de la estabilidad de nuestra moneda había que buscarla en los campos de concentración. La moneda permanece estable en cuanto los especuladores van a un campo de trabajo. Tuve igualmente que hacerle comprender a Schacht que los beneficios excesivos deben retirarse del ciclo económico”... "Todas estas cosas son simples y naturales. Lo fundamental es no permitir que los judíos metan en ellas su nariz. La base de la política comercial judía reside en hacer que los negocios lleguen a ser incomprensibles para un cerebro normal. Se extasía uno ante la ciencia dé los grandes economistas. ¡Al que no comprende nada se le califica de ignorante! En el fondo, la única razón de la existencia de tales argucias es que lo enredan todo. Sólo los profesores no han comprendido que el valor del dinero depende de las mercancías que el dinero tiene detrás”. "Dar dinero es únicamente un problema de fabricación de papel. Toda la cuestión es saber si los trabajadores producen en la medida de la fabricación del papel. Si el trabajo no aumenta y por tanto la producción queda al mismo nivel, el aumento de dinero no les permitirá comprar más cosas que las que compraban antes con menos dinero. Evidentemente esta teoría no hubiera podido suministrar la materia de una disertación científica. Al economista distinguido le importa sobre todo exponer ideas envueltas en frases sibilinas”... "Demostré a Zwiedineck que el patrón oro, la cobertura de la moneda, eran puras ficciones, y que me negaba en el futuro a considerarlas como venerables e intangibles; que a mis ojos el dinero no representaba nada más que la contrapartida de un trabajo y que no tenía por tanto valor más que en la medida que representase trabajo realmente efectuado. Precisé que allí donde el dinero no representaba trabajo, para mí carecía de valor"... "Zwiedineck se quedó horrorizado al oírme. Me explicó que mis ideas conmovían las nociones más sólidamente establecidas de la ciencia económica y que su aplicación llevaría inevitablemente al desastre”... "Cuando, después de la toma del poder, tuve ocasión de traducir en hechos mis ideas, los economistas no sintieron el menor empacho, después de haber dado una vuelta completa, en explicar científicamente el valor de mi sistema". (Conversaciones de Hitler Sobre la Guerra y La Paz. - Martin Bormann)

"Toda vida económica es la expresión de una vida psíquica", escribió Oswaldo Spengler en "Decadencia de Occidente". Y en efecto, el nacionalsocialismo modificó la economía de la nación en cuanto logró orientar hacia metas ideales la actitud psíquica del pueblo. La falsificación de la Economía Política, según la cual el trabajo es sólo una mercancía y el oro la base única de la moneda sana, quedó evidentemente al descubierto.

Muchos incrédulos investigadores fueron a cerciorarse con sus propios ojos de lo que estaba ocurriendo en Alemania. "Radcliffe Coilege", de Estados Unidos, envió a Berlín al economista antinazi Máxime Y Sweezy. Entre sus conclusiones publicadas en el libro "La Economía Nacionalsocialista", figuran las siguientes:

"Escarabajo" Volskwagen (auto del pueblo).    
Escarabajo Volskwagen

"El pensamiento occidental, cegado por los conceptos de una economía arcaica, creyó que la inflación, la falta de recursos, o una revolución, condenaban a Hitler al fracaso... Mediante obras públicas y subsidios para trabajos de construcción privada se logró la absorción de los cesantes. Se cuidó de que los trabajadores de determinada edad, especialmente aquellos que sostenían familias numerosas, tuvieran preferencia sobre los de menor edad y menores obligaciones... Se desplazó a los jóvenes desocupados hacia esferas de actividad de carácter más social que comercial, como los Cuerpos de Servicio de Trabajo, de Auxilios Agrícolas y de Trabajo Agrícola Anual”. "En el otoño de 1936 ya no existía duda alguna sobre el éxito del primer plan cuatrienal. La desocupación había dejado de ser un problema e inclusive se necesitaban más obreros. El segundo plan cuatrienal quedó bajo la dirección del general Goering, cuya principal meta era independizar a Alemania de todos los víveres y materias primas importadas... Con proteínas de pescado se manufacturaron huevos en polvo; los autobuses fueron movidos por medio de gas; se usó vidrio para fabricar tubería y material aislante; se implantó la regeneración del hule y la purificación del aceite usado y el tratamiento de la superficie de metal contra el moho. Se almacenó aserrín para transformarlo en una harina de madera que también se usó como forraje; el pan se elaboró, en parte, de celulosa; las cubiertas de las salchichas se usaron de celofán; se transformaron las papas en almidones, azúcares y jarabes. "En Fallersleben se inició la construcción de no sólo la fábrica de automóviles más grande del mundo sino de la fábrica más grande del mundo de cualquier clase. El Volkswagen (auto del pueblo) costaría mil ciento noventa marcos en abonos de cinco semanarios. "En seis años los nazis terminaron 3,065 kilómetros de carreteras, parcialmente, 1,387 kilómetros más, e iniciaron la construcción de otros 2,499 kilómetros. "La estabilización de precios que resultó de la intervención oficial nazi debe conceptuarse como un éxito notable, único en la historia económica desde la revolución industrial... Esta experiencia permitió que prosiguiera la guerra sin que el problema de los precios preocupara a Alemania". (Borrego, Salvador. Derrota Mundial. p.97)

Durante cinco años de guerra el costo de la vida en Alemania subió un doce por ciento, y los salarios en un once por ciento. Alemania gastó en la guerra (sin incluir indemnizaciones a los aliados) 670,000 millones de marcos (El equivalente del presupuesto actual de México en 251 años).

¿Cómo había sido lograda esa milagrosa transformación si Alemania carecía de oro en sus bancos, si carecía de oro en sus minas y de divisas extranjeras en sus reservas? ¿De qué misteriosas arcas había salido el dinero para emprender obras gigantescas que dieron trabajo a 6.136,000 cesantes existentes en enero dé. 1933? ¿Había logrado, acaso, la piedra filosofal buscada por los antiguos alquimistas para transformar el plomo en oro? La fórmula no era un secreto, pero sonaba increiblemente sencilla entre tanta falacia que la seudociencia económica había hecho circular por el mundo. Consistía, básicamente, en el principio de que "la riqueza no es el dinero, sino el trabajo". En consecuencia, si faltaba dinero, se hacía, y si los profetas del reino del oro gritaban que esto era una herejía, bastaba con aumentar la producción y con regular los salarios y los capitales para que no ocurriera ningún cataclismo económico.

Hotel alemán "PRORA".    
Segunda guerra mundial.    
Hotel aleman Prora

El investigador norteamericano Sweezy pudo ver como se daba ese paso audaz y escribió:

"Los dividendos mayores de 6% debían ser invertidos en empréstitos públicos. Se considera que el aumento de billetes es malo, pero esto no tiene gran importancia cuando se regulan los salarios y los precios, cuando el Gobierno monopoliza el mercado de capitales y cuando la propaganda oficial entusiasma al pueblo".

Sweezy relata también que la economía nazi ayudó a los hombres de negocios a eliminar a los especuladores y usureros de la industria; se ampliaron las subvenciones para las empresas productoras de bienes esenciales; se implantó un espartano racionamiento y el comercio internacional se rigió a base de trueque. Mediante el Frente Alemán del Trabajo "la ilusión de las masas se desvió de los valores materiales a los valores espirituales de la nación"; se aseguró la cooperación entre el capital y el trabajo; se creó un departamento de "Fuerza por la Alegría"; se agregó otro de "Belleza y Trabajo"; se implantó el mejoramiento estético de los centros de trabajo. Para reducir las diferencias de clase, cada joven alemán trabajaba un año en el "Servicio de Trabajo" antes de entrar en el ejército; se trasladaron jóvenes de las ciudades a incrementar las labores agrícolas; se movilizó a los ancianos a talleres especiales; a los procesados se les hizo desempeñar trabajos duros; las ganancias de los negociantes se redujeron a límites razonables.

El ex Primer Ministro francés Paul Reynaud dice en sus "Revelaciones" que "en 1923 se trabajaban en Alemania 8,999 millones de horas y en Francia 8,184 millones. En 1937 (bajo el sistema nazi que absorbió a todos los cesantes) se trabajaban en Alemania 16,201 millones de horas, y 6,179 millones en Francia". Como resultado la producción industrial y agrícola de Alemania llegó a sextuplicarse en algunos ramos y así la realidad trabajo fue imponiéndose a la ficción oro. Un viejo anhelo de la filosofía idealista alemana iba triunfando aun en el duro terreno de la economía. En sus "Discursos a la Nación Alemana" Juan G. Fichte había dicho en 1809 que "al alumno debe persuadírsele de que es vergonzoso sacar los medios para su existencia de otra fuente que no sea su propio trabajo". Naturalmente que esto entraba en pugna con los intereses de aquellos que hallan más cómodo amasar fortunas en hábiles especulaciones, monopolios o transacciones de Bolsa que forjar patrimonios mediante el trabajo constructivo.

Esta implacable ambición de los especuladores que no se detiene ante nada ya había sido percibida años antes por el filósofo francés Gustavo Le Bon, quién escribió en "La Civilización de los Árabes": "Los reyes del siglo en que luego entraremos, serán aquellos que mejor sepan apoderarse de las riquezas. Los judíos poseen esta aptitud hasta un extremo que nadie ha igualado todavía". Ciertamente Hitler repudiaba a esos reyes del oro y desde 1923 había escrito que el capital debe hallarse sometido a la soberanía de la nación, en vez de ser una potencia internacional independiente. Es más, el capital debe actuar —-decía— en favor de la soberanía de la nación, en lugar de convertirse en amo de ésta. Es intolerable que el capital pretenda regirse por leyes internacionales atendiendo únicamente a lograr su propio crecimiento. En la democracia la economía ha logrado imponerse al interés de la colectividad, y si para sus conveniencias utilitarias es más atractivo financiar a los especuladores que a los productores de víveres, puede hacerlo libremente. De igual manera puede ayudar más a los capitales extranjeros que a los propios, si en esa forma obtiene dividendos mayores. El bien de la patria y de la nacionalidad no cuentan para nada en la "ciencia económica" del Reino del Oro. Ese egoísmo especulativo fue barrido implacablemente en Alemania, y una vez afianzada la economía nacionalsocialista, Hitler pudo anunciar el 10 de diciembre de 1940: "Estoy convencido de que el oro se ha vuelto un medio de opresión sobre los pueblos. No nos importa carecer de él. El oró no se come. Tenemos en cambio la fuerza productora del pueblo alemán... En los países capitalistas el pueblo existe para la economía y la economía para el capital. Entre nosotros ocurre al revés: el capital existe para la economía y la economía para el pueblo. Lo primero es el pueblo y todo lo demás son solamente medios para obtener el bien del pueblo. Nuestra industria de armamentos podría repartir dividendos del 75, 140 y 160 por ciento, pero no hemos de consentirlo. Creo que es suficiente un seis por ciento... Cada consejero —en los países capitalistas— asiste una vez al año a una junta; oye un informe, que a veces suscita discusiones. Y por ese trabajo recibe anualmente 60,000, 80,000 ó 100,000 marcos. Esas prácticas inicuas las hemos borrado entre nosotros. A quienes con su genio y laboriosidad han hecho o descubierto algo que sirve grandemente a nuestro pueblo, les otorgamos—y lo merecen— la recompensa apropiada. ¡Pero no queremos zánganos!"

Muchos zánganos y parásitos de dentro y de fuera de Alemania se estremecieron de odio y de temor. Así se explica por qué el 7 de agosto de 1933 —seis años antes de que se iniciara la guerra— Samuel Untermeyer, presidente de la Federación Mundial Económica Judía, había dicho en Nueva York durante un discurso: "Agradezco vuestra entusiasta recepción, aunque entiendo que no me corresponde a mí personalmente sino a la "Guerra santa" por la humanidad, que estamos llevando a cabo. Se trata de una guerra que debe pelearse sin descanso ni cuartel, hasta que se dispersen las nubes de intolerancia, odio racial y fanatismo que cubren lo que fuera Alemania y ahora es hitlerlandia. Nuestra campaña consiste, en uno de sus aspectos, en el boicot contra todas sus mercancías, buques y demás servicios alemanes... El primer Presidente Roosevelt, cuya visión y dotes de gobierno constituyen la maravilla del mundo civilizado, lo está invocando para la realización de su noble concepto sobre el reajuste entre el capital y el trabajo".(Carlos Roel. Hitler y el naxismo) Es importante observar cómo seis años antes de que se encontrara el falso pretexto de Polonia para lanzar al Occidente contra Alemania, ya la Federación Mundial Económica Judía le había declarado la guerra de boicot.

La lucha armada fue posteriormente una ampliación de la guerra económica. Carlos Roel añade en su obra citada: "La Judería se alarmó, pues siendo el acaparamiento del oro y el dominio de la banca sus medios de dominación mundial, significaba un grave peligro para ello, el triunfo de un Estado que podía pasarse sin oro, y además, desvincular sus instituciones de crédito de la red internacional israelita, ya que muchos otros se apresurarían a imitarlo. ¿Cómo evitar ese peligro? No había sino una forma; aniquilar a Alemania". Agrega que "...esos amos del crédito realizan fabulosas especulaciones a costa del pueblo; fundan monopolios y provocan crisis y carestías. Y como están en posibilidad de elevar o abaratar los valores de Bolsa a su arbitrio, sus perspectivas de lucro se vuelven prácticamente infinitas".

También Henry Ford habla de esto y refiere cómo los americanos fueron testigos durante 15 meses de una de esas típicas maniobras: "El dinero —dice Ford— se sustrajo a su objetivo legal y fue prestado a los especuladores al seis por ciento, quienes a su vez volvieron a prestarlo al 30%". Los dueños del oro naturalmente se aprestaron con odio incontenible a combatir al régimen nazi. El ejemplo de éste desacreditaba la sutil telaraña de seudo-ciencia económica tras la cual se hallaban apostados los magnates de la usura al acecho de sus víctimas.

El sistema alemán de comerciar internacionalmente a base de trueque y no de divisas era también alarmante para esos especuladores y ususreros profesionales . En respuesta a las críticas contra el trueque, Hitler dijo el 30 de enero de 1939: "El sistema alemán de dar por un trabajo realizado noblemente un contra rendimiento también noblemente realizado, constituye una práctica más decente que el pago por divisas que un año más tardé han sido desvalorizadas en un tanto por ciento cualquiera". ... "Hoy nos reímos de esa época en que nuestros economistas pensaban con toda seriedad que el valor de una moneda se encuentra determinado, por las existencias en oro y divisas depositadas en las cajas de los bancos del Estado y, sobre todo, que el valor se encontraba garantizado por éstas. En lugar de ello hemos aprendido a conocer que el valor de una moneda reside en la energía de producción de un pueblo".(Hitler y el Nazismo.—Carlos Roel) La demostración de ese principio ponía automáticamente en evidencia el engaño que padecían otros pueblos.

El sionismo se sintió así herido en dos de sus más brillantes creaciones: en el Oriente, su Imperio marxista se hallaba en capilla; en el Occidente, su sistema económico supercapitalista de usura y especulaciones gigantescas estaba siendo desacreditado ante los ojos de los pueblos occidentales que eran sus víctimas. Y de ahí nació la entonces tácita alianza entre el Oriente y el Occidente para aniquilar a la Alemania nazi. Ni los yugoeslavos, ni los belgas, ni los franceses, ni los ingleses, ni los americanos, tenían por qué lanzarse a esa lucha, pero para ciertos intereses era indispensable empujarlos. ¡Con los mismos pueblos que en cierto modo eran sus víctimas, el sionismo político iba a afianzar su hegemonía mundial!

Henry Ford escribió en 1920 que "existe un supercapitalismo que se apoya exclusivamente en la ilusión de que el oro es la máxima felicidad. Y existe también un supergobierno internacional cuyo poderío es mayor que el que tuvo el Imperio Romano". Pues bien, ese supergobierno iba a realizar la fabulosa tarea de lanzar a los pueblos occidentales a una guerra que era ajena a los intereses de esos pueblos e incluso perjudicial para ellos.

Después de eso … la Segunda Guerra Mundial.


Nota aclaratoria:

Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


Fuentes:

- Obras citadas.
- Salvaror Borrego. Derrota Mundial, p.95.
- La Gazeta Federal. www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal



Ver notas relacionadas:

- Economia_alemana
- Aldeas alemanas
- Hotel obrero aleman
- Inflación: Patrón oro - patrón trabajo


Fuente: www.lagazeta.com.ar

Compartir en:



La Gazeta FederalLeonardo Castagnino
Historia


HomeLa Gazeta Federal
en facebook



Inicio