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CAUSAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
                          

Primera Guerra Mundial


(01) La primera víctima
(02) Las causas de la guerra
(03) Palestina: la manzana de la discordia
(04) El Lusitania
(05) El triple fraude
(06) Nota aclaratoria
(07) Fuentes.
(08) Artículos relacionados.


La primera víctima

La primera victima de las guerras es la verdad. La campaña periodística había hecho creer a los pueblos que el Reich había sido el único culpable de la 1ª guerra mundial.


La primera víctima

En junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando, príncipe heredero de la corona austro húngara fue asesinado en Sarajevo, Bosnia. Los asesinos eran de nacionalidad serbia.

Si bien el crimen de Sarajevo fue la mecha del incendio, las causas de la guerra eran mas profundas. El conflicto de intereses rusogermanos, el ansia de revancha del chauvinismo francés por la derrota sufrida en la guerra francoalemana de 1870, y por sobre todo eso, moviendo los hilos, Inglaterra, que abandonó su tradicional política proalemana y antifrancesa, a partir del momento en que el káiser Guillermo II obtuvo autorización del Gobierno turco para la construcción del ferrocarril Berlín-Bagdad, vía terrestre que cruzaba una zona “sagrada” para los intereses británicos.

El caso de la construcción del ferrocarril Berlin-Bagadad fue clave. Londres temía sobre todo que Alemania, que contaba a tal efecto con la autorización del sultán, construyera el ferrocarril que ponía en peligro la vieja línea imperial británica: Gibraltar, Malta, Port-Said, Suez, Socotra, Adén, Ceylán, Hong-Hong.

Francisco Fernando en Sarajevo Si Alemania, o cualquier otro país europeo deseaba comerciar con países orientales o simplemente entrar con sus buques en el Mediterráneo o salir de él, debía contar con la voluntad inglesa, que con el control del Canal de Suez y la inexpugnable fortaleza de Gibraltar, podía cerrar el Mare Nostrum a su antojo. El comercio del continente europeo con oriente, estaba pues a merced de la Gran Bretaña, cuya flota además era la dueña indiscutible de los mares. La ruta más corta entre Hamburgo y Bombay, si Inglaterra lo disponía, era por el Cabo de Buena Esperanza, que también estaba bajo influencia política inglesa. El más corto camino entre Alemania y la India, requería tres semanas contorneando África, con todo lo que ello implica. En cambio, el proyectado ferrocarril permitía hacer el mismo viaje en ocho días. Alemania podría, en caso de conflicto bélico con Inglaterra, llevar un ejército de invasión a las fronteras de la India en menos de una quincena. Inglaterra ofreció sumas astronómicas al sultán para que retirara la concesión del dichoso ferrocarril, pero el sultán se negó.

Al ver peligrar los intereses comerciales en oriente por la construcción del ferrocarril a Bagdad, Inglaterra, germanófila hasta entonces, cambió repentinamente de frente y pasó apoyar a Francia, que tenia a Alemania como eterna rival. Francia buscaba su hegemonía en Europa, y el chauvinismo francés buscaba la revancha por la derrota en la guerra francogermánica de 1870.

Todo era una cuestión de intereses políticos y económicos, que nada tiene que ver con la moral, la ética ni con la democracia. El gran mérito de la propaganda británica, fue hacer creer al mundo que luchaba por el derecho, haciendo honor a su alianza con Francia e indignada por la agresión alemana.

En 1914, dos meses antes del atentado de Sarajevo, Italia tenía una alianza con Alemania, Autria-Hungria y Turquia. Londres compró la alianza italiana ofreciendo a Roma, como botín de guerra, una expansión colonial en África del Norte y Albania, cosa que, por otra parte, luego Inglaterra se ocupó de entorpecer y no cumplir lo pactado.

A principios de 1916, las tropas francesas, derrotadas, se amotinan y Petain reprime duramente para evita el desbande General; Italia ha visto sus ejércitos diezmados por las tropas austro húngaras; el coloso ruso se tambalea ante los serios golpes propinados los alemanes, turcos y austríacos, y mas aun, a consecuencia del derrotismo interior que terminará por alumbrar la revolución de octubre de 1917, alentada y financiada desde el exterior. Los satélites balcánicos de Londres y parins, Serbis, Montenegro y Rumania, se baten en retirada.

Inglaterra tropieza con enormes dificultades. La campaña submarina alemana ponía en peligro el aprovisionamiento de las islas: en Egipto, el Ejército británico se batía en retirada ante las embestidas turcas, y la pérdida el Canal de Suez parecía inminente.

Fue entonces cuando Alemania ofreció a Inglaterra una paz sobre la base del “satus quo ante”. Las fronteras europeas de 1914 serían restauradas. Inglaterra no podía hacer otra cosa que aceptar la oferta alemana. A principios del otoño de 1916, las reservas alimenticias de Inglaterra alcanzaban para tres semanas, mientras la campaña submarina alemana estaba en todo su apogeo. Las reservas de municiones eran aún menores. El ejército francés se amotinaba de nuevo. Italia, cuyas fuerzas habían sido batidas a las puertas de Venecia, negociaba una paz por separado. Las tropas zaristas se retiraban tan apresuradamente en Ucrania, que la mayor dificultad de la Wehrmacht era mantener el contacto.

Primera Guerra Mundial Inglaterra estaba en situación desesperada. Aceptar una “paz tablas” dejaba a salvo el imperio, pero representaba un duro golpe moral para Inglaterra. Por otro lado dejaba las manos libres a Alemania en el Este de Europa. No obstante, la alternativa era aceptar la excelente oferta de Berlín y Viena, o perecer de inanición.

Londres había enviado tres misiones diplomáticas a los Estados Unidos desde el comienzo de la guerra, tratando de persuadir a Washington de entrar en la guerra como aliando de Inglaterra.

Italia y Francia habían enviado sendas misiones con el mismo objetivo y también con resultado negativo. Los americanos estaban haciendo un magnífico negocio con la guerra, vendiendo a ambos bandos beligerantes y haciéndose pagar al contado. Las simpatías de la “opinión pública” –es decir, de unos cuantos fabricantes de noticias, propietarios de periódicos, emisoras de radio, etc.- estaban decididamente de parte de Alemania.

Por otra parte, las autoridades y tropas alemanas que ocupaban Polonia y Rusia Occidental, trataban a las comunidades judías de esos territorios con “gran comprensión, humanidad y cortesía”, como lo reconoció oficialmente el Congreso Sionista de 1916.


Palestina: la manzana de la discordia

En general el sionismo era partidario de los imperios centrales. La razón es obvia: Palestina y los territorios árabes, formaban parte del imperio otomano, y los sionistas confiaban en que el káiser, que aparte de ser su aliado, mantenía excelentes relaciones personales con el sultán de Constantinopla, persuadiría es éste la conveniencia de ceder a los israelitas Tierra Santa para instalar en ella el soñado Hogar Nacional judío.

Los prohombres del sionismo, al enterarse de la oferta de paz de Alemania a Inglaterra, y en vista de que el sultán no parecía dispuesto a abandonar una parte de su territorio sobre gente a las que no consideraba con ese derecho, propusieron al Gabinete británico la incondicional ayuda judía.

Palestina El acuerdo entre el Gobierno de Lloyd George y la “Zionist World Organizatión” preveía que, a cambio de la promesa del Hogar Nacional en Palestina que Inglaterra se comprometía a entregarles, los prohombres del judaísmo americano harían entrar a los Estados Unidos en la contienda, al lado de los países de la Entente. El propio Lloyd George, en sus Memorias de Guerra, califica a ese acuerdo de “decisivo” y de “salvador”

Inglaterra, tras ese acuerdo, prefirió continuar la guerra en tales condiciones, pues estaba segura de que con la ayuda norteamericana y la traición del judaísmo contra Alemania en el continente, lograría mantener su posición de primera potencia mundial, como resultado de la victoria. Hay quienes se han vanagloriado de dicha traición: la alta finanza se volcó masivamente en ayuda de Inglaterra, Italia y Francia.

Londres temía la construcción del ferrocarril que abarcaba desde Hamburgo hasta el golfo pérsico, y por eso se había distanciado de su antiguo amigo, Alemania, y ahora apoyaba Francia. Que la construcción fuera el verdadero motivo de ese cambio de frente ingles, está fuera de toda duda razonable.

Inglaterra construye una red de alianzas “defensivas”, clarísimamente dirigida contra Alemania, que en una década cercaba por un “anillo de la muerte” (la expresión de del ministro de Asuntos Exteriores francés en 1914, Guillaume Honoteaux) formado por la Rusia zarista, sus satélites balcánicos, Serbia, Bosnia, Montenegro y Rumania, más Francia, Bélgica, Dinamarca y, naturalmente, la flota inglesa. Hasta el lejano Japón, potencia naciente, sería persuadido de entrar en la coalición de las “democracias”. Lo mismo Portugal y varios países sudamericanos, bajo influencia inglesa. A último momento se produciría el “pase” italiano, completando el cerco sobre Alemania.

La entrada norteamericana junto a Gran Bretaña, la ayuda financiera de la alta finanza a Italia y Francia, mas la ayuda financiera del mismo origen a las revueltas comunistas en Alemania y Austria, desencadenadas con extraordinaria oportunidad, transformaron la segura victoria alemana que se veía en 1916, en una situación de transitoria igualdad, pese al derrumbe de Rusia, para desembocar en el Armisticio y posterior estafa de Versalles.

Los sionistas jugaron la carta alemana desde antes y durante el comienzo de la guerra. Contaban con una derrota inglesa y con que la influencia personal de káiser sobre el sultán de Constantinopla, logaría de éste la cesión de Palestina para la instalación del “Hogar Nacional judío”.

Entre 1895 y 1915, Guillermo II apeló en varias ocasiones al Sultán para la cesión de Palestina. Las relaciones entre el sionismo y Alemania eran excelentes. Fue Alemania donde los judíos obtuvieron, en primer lugar, el reconocimiento de la igualdad de derechos respecto a los otros ciudadanos alemanes. El Congreso Sionista Mundial, tuvo su sede en Berlín hasta fines de 1915. Pero la mala disposición del sultán a ceder territorio y el hecho de que Alemania ofreciera una paz “tablas”, con retornos a las fronteras de 1914, cambio la situación.

Ferrocarril Bagdad Por otra parte, Inglaterra se hallaba en una condición tal, que se vería obligada a aceptar cualquier condición, a cambio de su ansiada participación norteamericana de su lado. Estas circunstancias llevaron a los prohombres del sionismo a proponer su ayuda a Gran Bretaña.

Numerosos y conocidos escritores norteamericanos han narrado detalladamente las medidas tomadas por el judaísmo norteamericano para hacer entrar a Estados Unidos en la contienda.

Es curioso el cambio que se hizo dar en pocos meses al presidenta Wilson, un verdadero panqueque con ciertas debilidades que lo hacían vulnerable. Cuando a principios de1916 el sionismo todavía espera que el káiser obtendrá para los judíos el territorio de Palestina, Wilson hace varias tentativa para obtener de parte de la Entente, la paz ofrecida por Berlín y Viena, pero Londres y París ni siquiera se toman la molestia de contestar las propuestas. Wilson exclamará entonces que “ingleses y franceses hacen gala de una mala fe exasperante” (George Bonnet: “Mirade de la France”, Paris 1965, Ed. Fayard)

Fue un hecho evidente y comprobable, que la “gran prensa” norteamericana cambió bruscamente la orientación a partir del “London Agreement” entre el Gabinete de guerra británico y los sionistas. La propaganda aliadófila alcanzó niveles delirantes, y las provocaciones antialemanas se multiplicaron.


El Lusitania

En cuanto al incidente del Lusitania no fue más que un burdo pretexto. Los mismos americanos admitieron que el barco iba cargado con municiones con destino a Inglaterra, y armado con cañones de largo alcance. Según el historiador americano O.Garrisson Wiullards, en The True History of de Lusitania, el cmenadante del buque tomó una ruta opuesta a la que se le ordenó en Nueva York, internándose en una zona que se sabía dominada por los submarinos alemanes.

Por otra parte el Lusitania fue hundido en febrero de 1915, y los Estados Unidos declaran la guerra a Alemania en abril de 1917, más de dos años más tarde. Es pues estúpida la versión oficial americana con respecto a que Washington declaró la guerra en un rapto de indignación por el hundimiento de un pacífico transatlántico. Inmediatamente después del hundimiento, el Gobierno americano reconoció oficialmente que Alemania estaba justificada en su acción contra el buque, de Acuerdo con el Derecho Internacional, con la Convenciones de La Haya sobre conducción de la guerra submarina, y más aún con la práctica corriente, incluso en la paz, según el derecho de legítima defensa que asiste a todas las naciones.


El triple fraude

Primera Guerra Mundial El pueblo alemán no tuvo conocimiento de esa auténtica puñalada por la espalda (el pacto sionistas con Inglaterra), propinada por quienes consideraba un fiel y viejo aliado, hasta que en el año 1919, en plena Conferencia de Versales, 117 dirigentes sionistas, a cuyo frente se hallaba Bernard Mannes Brauch, le reclamaron a los ingleses el pago de su “libra de carne”.

No obstante, Inglaterra no podía entregar Palestina a los judíos sin engañar a los árabes. Sin escrúpulo alguno, Londres vendió a los musulmanes y cristianos la Tierra Santa al sionismo internacional . Esto constituye una de las más sórdidas estafas de la historia contemporánea.

En efecto. A finales de 1915, cuando los turcos habían ocupado Sollum, la expedición francobritánica a Gallioli había terminado en un completo fiasco, y el general Townshend se encontraba sitiado en trance de rendirse en Kut-el-Amara, la defensa del Canal de Suez parecía imposible. Inglaterra necesitaba la ayuda de los árabes para continuar al guerra. Su única solución consistía en organizar la sublevación de los árabes, entonces sujetos al sultán de Constantinopla, Los árabes prometieron a Inglaterra luchar a su lado contra los turcos, a cambio de la promesa británica de ser libres de todo control extranjero una vez terminada la guerra victoriosamente. Es un hecho histórico que solamente gracias a la ayuda árabe, pudo Inglaterra conservar el control del Canal de Suez.

Ferrocarril Bagdad Sir Henry MacMahon, alto Comisario británico en Egipto había prometido solemnemente al Emir de la Meca, en el nombre del imperio británico, que a cambio de la ayuda árabe a los Aliados, la Gran Bretaña reconocería la independencia de un Estado árabe en territorios que incluían Palestina. Los límites del territorio ofrecido era:

- Mesina en el Norte.
- Las fronteras de Persa, hasta el Gofo de Bassorah en el Este.
- El socáno Indico, excepto Adén, en el Sur.
- El mar Rojo y el mar Mediterráneo, en el Oeste.

Es evidente que Palestina formaba parte de ese Territorio.

Sir Henry MacMahon hizo su promesa formal, en el nombre del Gobierno británico, en un memorándum fechado el 25 de Octubre de 1915. El Gobierno británico confirmó oficialmente las promesas de Sir Henry, y el acuerdo fue firmado. Pero mientras millones de árabes luchaban y doscientos mil perdían la vida en la guerra de Inglaterra creyendo que se batían también por la libertad árabe, el ministro de Asuntos Exteriores ingles, Lord Arthur Balfour, vendía alegremente Palestina al sionismo, a cambio de la promesa de los líderes de éste, de provocar la entrada de Estados Unidos en la guerra y retirar todo su apoyo a Alemania, su antigua aliada y protectora.

Como si esa traición fuera poco, Inglaterra y Francia, según los acuerdo de Sykes-Picot, se entendían para repartirse los territorios árabes, -entonces bajo dominio turco- al final de la guerra. Ramsey MacDonald, primer ministro de Su Majestad en 1923, resumió esa triple traición de la siguiente manera:

Primera Guerra Mundial “Nosotros provocamos una sublevación árabe en todo el imperio otomano, a cambio de la promesa de crear un Estado árabe independiente con las provincia árabes que formaban parte de aquél, incluyendo Palestina. Al mismo tiempo, animamos a los judíos del mundo entero a que nos ayudaran y contribuyeran a hacer entrar a los Estados Unidos en la contienda a nuestro lado, prometiendo poner a disposición de los sionistas, y bajo su soberanía, las tierras de Palestina, y también al mismo tiempo, firmamos con Francia el Pacto Sykes-Picot, repartiéndonos el territorio que habíamos ordenado a nuestro alto comisario MacMahon que prometiera a los árabes a cambio de su ayuda. Muy difícil será encontrar en toda la Historia Universal un caso de mas cruda duplicidad, y no podremos escapar a la reprobación mundial que será su justa secuela.” (Citado por Olivia María O´Grady: Beasts of the Apocalypse, pg. 314-315. J.Bochaca, p.35)

Y de ese modo, mediante ese triple fraude, el sionismo obtenía un los siguientes beneficios:

a) Una posición clave de en el Oriente Medio, encrucijada de tres continentes.
b) El control directo del oleoducto de Irak, cuya terminal se hallaba en Haifa.
c) Una doble nacionalidad para los judíos.
d) Las riquezas del Mar Muerto: cloruro cálcico, magnesio y potasas.
e) La proximidad del Canal de Suez y las zonas petrolíferas de Siria e Irak.

A pesar de los esfuerzos hechos por Inglaterra – que como sabemos se reservó Palestina como mandato de la Sociedad de las Naciones- entre 1919 y 1948, solamente 600.000 judíos pudieron asentarse en su “Hogar Nacional”, debido a la feroz resistencia de los árabes. Fue necesaria la masiva ayuda norteamericana y soviética, al final de la Segunda Guerra Mundial, para aplastar a los árabes de Tierra Santa, mientras Inglaterra salía como mejor podía del avispero que ella más que nadie había contribuido a crear.

Lord Melchett (a) Alfred Mand (a) Moritz, entonces presidente del gigantesco trust “Imperial Chemical Industries” dijo, el 14 de junio de 1928, ante el Congreso sionista reunido en Nueva York:

“Si hubiese dicho en 1913, que el archiduque austríaco sería asesinado y que, junto a todo lo que se derivaba de tal crimen, surgiría la posibilidad, la oportunidad y la ocasión de crear un hogar nacional para nosotros en Palestina… me hubieseis tomado por un ocioso soñador. Mas…¿Se os ha ocurrido pensar cuan extraordinario es que de toda aquella confusión y de toda aquella sangre haya nacido nuestra oportunidad…? ¿De veras pensáis que sólo es una casualidad todo eso que nos ha llevado otra vez a Israel?

Según parece deducirse de las palabras del iniciado noble Lord, no cree que “todo eso” (asesinato-provocación del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo y consiguiente guerra generalizada entre los principales Estados europeos) fuera una casualidad. Como posiblemente tampoco fue una casualidad que fuera Gavrilo Princip quien lo perpetrara, y que el tal Princip, y cuatro de sus seis cómplices, fueron correligionarios del multimillonario Lord de los múltiples alias.


Nota aclaratoria:

Para evitar malos entendicos, se trasncrible parte de una entrevista que le hizo la Televisón francesa a Aleksander Isáyevich Solzhenitsyn, autor del libro Archipielago Gulag.

A una pregunta del entrevistador, Solzhenitsyn respondió:

"En el Archipiélago Gulag, el sistema de prisiones y campos de concentración, se calcula que perecieron 44 millones de personas (66 millones en toda la URRSS)… Yo me he limitado a dar los nombres de las personas que dirigían entonces los destinos del Gulag, de los jefes de la NKVD, de los directivos de la construcción del Canal del Mar Báltico. Aquí están los principales. Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial. La separación la ha hecho la historia…"

(Al llegar a este punto fue cortada la entrevista que hacía la TV francesa).


Fuentes:

- Joaquin Bochaca. Historia de los vencidos, p.22/30.
- La Gazeta Federalwww.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal



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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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