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LOS CONDENADOS DE NUREMBERG (1946)
                          

Nuremberg


(01) En el cadalso
(02) Fuentes.
(03) Artículos relacionados.

Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


En el cadalso

El 16 de octubre de 1946, a medianoche, once “criminales de guerra” europeos subían hacia la horca en Nuremberg.

El primero en morir fue Joachim von Rebnetrop, y lo hizo en silencio.

Tras él, subió al cadalso el general Wilhelm Keitel, con su uniforme prolijo y sus botas brillantes. Ante de morir dijo: “Dos millones de soldados alemanes murieron por su país. ¡Ahora yo seguiré a mis muchachos!”

Luego le tocó el turno al Dr Ernst Kaltenbruner: “!Yo amé a mi país y a mi pueblo alemán con todo mi corazón! ¡Buena suerte, Alemania!”

En silencio, con el rostro inmóvil y un inmenso desprecio, el Dr. Alfred Rosenberg enfrentó al verdugo, siendo seguido a la muerte por el Dr. Hans Frank, gobernador general en los territorios polacos. Estos dos hombres eran considerados responsables de los judíos que se decía habían perecido en el Este.

La siguiente víctima fue el Dr. Wilhelm Frick, ministro del Reich: “!Alemania para siempre!”, gritó, antes de que se abriese la trampa.

Julius Streicher le sucedió en la horca. Julius pertenecía a ese pequeño círculo que poseía el don de clarividencia. Había sido capturado por un judío de New York llamado Blitt, que con el rango de mayor, se especializaba en exterminar “antisemitas”. Quizá Streicher había previsto que la horca aguardaba a aquellos líderes que se animaron a defenderse y defender a su nación. Mirando con desprecio a los espectadores, anunció sarcásticamente la verdad de Nuremberg: “!Es la fiesta del Purim de 1946!”

El Dr, Fritz Sauckel fue el siguiente, y dijo: “Muero inocente. Respeto a los soldados norteamericanos y a sus oficiales, pero no a la justicia norteamericana!”

Con la cabeza erguida, el general Alfred Jodl subió a cadalso, seguido por Arthur Sesyss-Inquart, y dijo: “Creo que esta ejecución será el último acto de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial”

Quizá fuera simbólico el hecho que incluso el verdugo militar, John C, Woods Short, fuese judío. Le llevó 143 minutos colgar a los “criminales de guerra”.

“Este impecable trabajo –dijo orgullosamente- ¡merece un buen trago!”. Mientras tanto, los reporteros de Life tomaban su fotografía, con la cuerda en la mano, de modo que esta conocida revista pudo, con gusto sumamente dudoso, reproducirla en su portada.

Por cierto que todo eso podía merecer un buen trago. Pero una profecía de Julius Streicher se cernía amenazadora sobre las cabezas de jueces y verdugos. Lo habían escuchado pronunciar en el cadalso las siguientes palabras: “!Recuerden! ¡La próxima vez les tocará a ustedes! ¡Serán colgados por los bolcheviques!”

Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


Fuentes:

- Louis Marschalko: Los conquistadores del mundo, p.199
- La Gazeta Federal. www.lagazeta.com.ar



Ver notas relacionadas:

- Nuremberg: el Juez Wenersturm.
- Knut Hamsun: Puedo esperar.


Fuente: www.lagazeta.com.ar

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