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JUAN MANUEL DE ROSAS Y CATRIEL


por Rodolfo D. Bernardo

Busto de J.M. de Rosas en plaza pública ciudad de Azul    
Juan Manuel de Rosas

En el lapso de una semana entre los días 28 de agosto y 2 de septiembre, la Municipalidad de Azul y su Intendente Dr. Omar Duclós realizaron dos actos de reafirmación de la memoria azuleña. La inauguración de la plazoleta “Respeto a los Pueblos Originarios”, con el remozado monumento al Cacique Cipriano Catriel elevado en su antiguo terruño, y posteriormente el descubrimiento de un busto del prócer Brig.Gral. Juan Manuel de Rosas, en la plaza que desde 1974 lleva su nombre y que a partir de ahora ha sido transformada en un digno lugar de recreación para todos los vecinos del antiguo Barrio La Tosquera.

Así, nuestro partido bonaerense retoma sus raíces “pampas” y “criollas” que lo vieron nacer aún antes de la recordada fundación de hace mas de 170 años.

Y esta “quijotada” de hacer frente a la nueva “globalización” buceando en nuestros orígenes, es una demostración de que sólo tendremos futuro si no olvidamos nuestro pasado. El fuerte de San Serapio Mártir del Arroyo Azul, es un eslabón más del lento pero imparable avance de la civilización cristiana sobre el territorio de los pueblos indígenas que lo habitaban.

Si bien Azul tiene su día fundacional en el 16 de diciembre de 1832, cuando llega a estos parajes la caravana colonizadora dirigida por el lugarteniente de Rosas, el coronel Pedro Burgos; no es menos cierto que asentamientos aborígenes ya se encontraban establecidos desde hacia años, e incluso, también se había erguido un fortín, el de Santa Catalina o Cantón Azul, en campos que para la década de 1820 ya explotaban ganaderos como Don Prudencio Rosas, hermano del futuro Restaurador.

Corresponde señalar que durante esta década se abre y consolida la llamada nueva línea de frontera en nuestra provincia de Buenos Aires, dejando definitivamente atrás la que había sido hasta entonces su natural delimitación para los criollos, o sea, el Río Salado. Junín, 25 de Mayo, Tandil, Blanca Grande, Bahía Blanca, Tapalquén, Azul, etc., son los Fuertes que jalonan ese devenir histórico garantizando la colonización interior.

Los azuleños estamos acostumbrados a rendir anualmente un homenaje al Coronel Pedro Burgos como cabeza de nuestra fundación. Pero nada hubiera podido hacer Burgos si previamente no hubiera accionado, atando todos los cabos pertinentes, la visionaria política de Don Juan Manuel de Rosas. Por su paciente y firme decisión de acordar con los indios “amigos” la supervivencia de los nuevos establecimientos rurales al sur del río Salado, juntamente con la posibilidad de integración de dichos aborígenes a una nueva forma de vida sedentaria. Y por su capacidad para distinguir claramente a ellos, de las otras tribus que impedían por todos los medios su concreción.

Entre los representantes de esos pueblos originarios pacíficos, que aceptaban las nuevas reglas de la civilización, por contar con las garantías pactadas que salvaguardaban a su tribu, se hallaba sin discusión el Cacique Juan Catriel (“el viejo”). Acuerdos que con altibajos se extenderán por el tiempo y que veremos continuar en su hijo Juan, quien heredará la Jefatura catrielera en 1848 y a la muerte de éste, será sucedido por su nieto Cipriano Catriel -hijo de Juan- en 1867.-

Podemos citar distintas leyes o decretos fundacionales para cada uno de los pueblos enumerados, y otros que emergieron con posterioridad; pero todos los gobiernos del año 20 en adelante tuvieron que convocar a Rosas para la realización de la obra colonizadora, dado el fracaso de las políticas de exterminio del indio, que guiaban el pensamiento de Rivadavia y ejecutaban militares como el Gral. Martín Rodríguez o el coronel Federico Rauch.

Tras el mandato de Rodríguez, asume como Gobernador el Gral. Juan Gregorio Las Heras y éste sin dudarlo deposita en las manos de Rosas la solución pacífica para la conflictiva campaña bonaerense. Y así se lo hace saber directamente por carta: “Está el gobierno convencido que ninguna persona es mas apta que el señor coronel don Juan Manuel de Rosas para establecer bases sólidas y duraderas con los indios fronterizos...”.

Años después y concluido el desastre presidencial de Rivadavia, será el Gobernador Vicente López y Planes quien lo designará oficialmente como Comandante General de Campaña; cargo en el que será ratificado por su sucesor, el Gobernador Coronel Manuel Dorrego.

Cabe destacar que Rosas conocía profundamente el mundo indígena, hablaba correctamente el araucano en sus dialectos pampa y ranquel y sabía de sus costumbres y necesidades, y además respetaba a rajatabla los acuerdos asumidos para garantizarles su protección si vivían en paz con los cristianos. Al mismo tiempo que llevaba años empleando indios para trabajar tanto en sus establecimientos rurales como en aquellos que administraba.

Su prestigio era tal, que los porteños unitarios para mofarse y desacreditarlo, lo llamaban en sus periódicos “Ancafilú”, nombre de un cacique pampa que junto con Anepan y otros, habían andado maloqueando en venganza a las políticas represivas impuestas por esos grupúsculos supuestamente iluminados. Y al contrario, muchos indios se ponían el nombre de Juan o Juan Manuel o llevaron el apellido Rosas, en reconocimiento de su valía.

Será el propio Comandante General de Campaña, sólo, sin siquiera una mínima custodia, quien avanzará a parlamentar con los indios en Tandil, donde se acordó luego de varios días el amojonamiento de la nueva frontera con la colaboración de las mismas tribus. El persuasivo discurso de Rosas en lengua pampa, fue reproducido nuevamente, 80 años después por Adolfo Saldías. Posteriormente, en diciembre del año 25, se realizará el gran Parlamento del Guanaco al norte de Salinas Grandes, donde se acordaron las pautas de convivencia pacífica entre los indios ranqueles y las provincias signatarias del convenio: Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe.

Frente a la anarquía impuesta por los decembristas en 1828 al mando de Lavalle, iniciada con el golpe de Estado que derrocará al Gobernador de Buenos Aires para culminar con el crimen de Navarro al fusilarse sin juicio previo a Manuel Dorrego; nuevamente nos encontramos con la figura de Rosas para restaurar las instituciones provinciales.

Se entrevistó en Santa Fe con su Gobernador el Gral. Estanislao López, y acordaron las medidas para reestablecer el orden. Contó para ello, con el indispensable apoyo de los indios pampas que se hallaban en las tolderías del Arroyo Azul. Y fue desde aquí, donde el Cacique Juan Catriel recibía por chasqui la información necesaria para coordinar las acciones militares pertinentes. Esa conjunción de fuerzas son las que terminaron derrotando a los autores del golpe -“Rivadavia y sus satélites”-; tal cual fueran denunciados en su momento por el Gral. San Martín al intentar su fracasado regreso a Buenos Aires.

Por el pacto de Cañuelas, será designado provisoriamente Gobernador de Buenos Aires el Gral. Viamonte. Y fue durante su mandato que por directa presión de Rosas se dictó el conocido Decreto del 19 de septiembre de 1829, relativo a la repartición de suertes de estancia en el Arroyo Azul que se venía retrasando desde hacía varios años. En él se delegaba expresamente su ejecución al Comandante General de Campaña D. Juan Manuel de Rosas. Una vez restaurada la legitima Junta de Representantes, llegará el turno de Rosas al cargo de Gobernador.

Terminado su primer período a cargo del Ejecutivo, él organizará y realizará hasta con fondos propios, la Conquista del Desierto que lo lleva con su tropa integrada con los indios amigos hasta el pie de la cordillera de los Andes, reafirmando nuestra soberanía patagónica, frente a anteriores incursiones del ejército de Chile sobre nuestro territorio.- Al culminar esta campaña Juan Manuel de Rosas en su Proclama de Napostá, el 28 de enero del 34 dirá: “... las bellas regiones que se extienden hasta la cordillera de los Andes y las costas que se desenvuelven hasta el afamado Magallanes quedan abiertas para nuestros hijos.”

A partir de su Expedición el negocio del malón para el arreo de miles de cabezas de ganado resultó seriamente truncado, pues todo su recorrido, pasando por la isla Choele-Choel y el resto del “camino de los chilenos”, quedó custodiado con puestos de milicia en guarniciones avanzadas que se protegían mutuamente. Negocio del robo y saqueo que contaba con la colaboración de cristianos blancos y con opositores al gobierno que veían en la anarquía de la campaña de Buenos Aires, sus posibilidades de acceso al poder político, como lo fueron los Carrera en el 20, o los hermanos Reinafé en el 30.

A su regreso de la campaña al sur en su paso por el Fuerte del Arroyo Azul donó su sable que lo acompañara en toda la Expedición al Desierto, el cual permaneció aquí frente a la imagen de la Virgen del Rosario. Lamentablemente, en el año 1862 fue vendido y los azuleños perdimos el significativo recuerdo que lo envolvía.

Al inaugurarse la plaza “Respeto a los Pueblos Originarios” y frente a la obra de reivindicación cultural de las raíces pampas, descendientes del Cacique Catriel, como Lucas Catriel, Marta Pignatelli Catriel y José María Catriel, agradecieron al Sr. Intendente Duclós por haberlos alentado en esta misión.

Y días después, el 2 de septiembre al descubrir el busto de “Juan Manuel de Rosas”, realizado por la artista local Sandra Domme, pudo decir el Dr. Duclós que mas allá de las distintas visiones históricas sobre lo que representó el gobierno de Rosas, es justo reconocer que ha sido un hombre fundamental para el desarrollo y bienestar de toda nuestra región.

Azul, de la Pampa a la Mancha y de allí al nuevo mundo global, pero siempre con el corazón anclado a nuestro terruño.

Azul, Pcia. de Buenos Aires 5 de septiembre de 2007.
Bibliografía perteneciente a la Hemeroteca de la Casa Ronco de Azul:

Saldías Adolfo – Papeles de Rozas – año 1904.
Sulé, Jorge Oscar – Rosas y sus relaciones con los indios. Ediciones Oeste. Bs.As., 2003
Historia del Azul – 1832/1982 – Fascículos Diario El Tiempo. Azul, 1982
Rosa, José María – Historia Argentina., T.3 y T.4. Oriente. Bs.As, 1974
Sarramone, Alberto – Catriel y los Indios Pampas de Buenos Aires. Biblos. Azul, 1993

Fuente: www.lagazeta.com.ar



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