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ARTHUR SCHOPENHAUER
                          

Artuhur Schopenhauer


(01) Su filosofia.
(03) Artículos relacionados.


Su filosofia

La idea fundamental de su pensamiento gira en tomo a la voluntad, adelantándose con ello a su más preclaro discípulo, Friedrich Nietzsche.

"El primer paso para entender el principio fundamental de mi metafísica es reconocer que la voluntad, tal como cada ser la lleva en sí, no proviene del conocimiento, no es una mera modalidad del conocimiento, ni un fenómeno secundario derivado del cerebro y condicionado por él como la inteligencia, sino que es el primus del conocimiento, la esencia de nuestro ser, la fuerza primitiva que creó nuestro cuerpo y que lo conserva”.

Enfrentado por igual al materialismo que luego estructuraría su contemporáneo Marx, y al misticismo cristiano, Schopenhauer busca ese algo eterno que subyace bajo la naturaleza, que da vida a los animales y que empuja al hombre a actuar, que palpita en las plantas y da cohesión al cristal, que dirige la aguja al norte magnético y da fuerza a la atracción de unos planetas a otros, y a ese algo le llama voluntad. En esa fuerza indescriptible, pero intuitivamente perceptible, en esa voluntad, se halla la esencia más íntima del mundo.

De ahí su decidida critica al materialismo, que lo califica entre los más destacados filósofos idealistas. La materia como tal no es principio alguno, es simplemente representación, fenómeno aparente de la íntima voluntad que todo lo mueve. La materia es la apariencia externa por la que percibimos el mundo, pero carece de finalidad en sí misma; en ella no puede nacer ni acabar nada.

"El absurdo fundamental del materialismo consiste en tomar lo objetivo como punto de partida, como primer principio de explicación. Encuentra la realidad objetiva bien en la materia en abstracto, bien en la sustancia, es decir, en la materia determinada por la forma y dada empíricamente tal como la encontramos en los cuerpos simples de la física y en sus combinaciones elementales. Admite la existencia absoluta de esta materia como cosa en sí, deduciendo de ella toda la naturaleza orgánica y el sujeto cognoscente y explicándolos en su totalidad, siendo así que todo lo objetivo está vanamente condicionado en cuanto objeto por el sujeto y sus formas de conocimiento, y la supone previamente de modo que si con el pensamiento eliminamos el sujeto desaparece totalmente el objeto".

Pertenece a ideologías absurdas hacer de la materia o del tiempo una base filosófica; al criticar el sistema hegeliano por el que una evolución en el tiempo (proceso de tesis a síntesis) pudiera originar una base filosófica, cuando en nada cambia lo que las cosas esencialmente son, Schopenhauer está creando ya lo más genuino de la corriente filosófica opuesta al marxismo, corriente aun pobremente estudiada en nuestros días. Contra los discípulos de Hegel, que convierten la historia en el asunto principal de la filosofía, afirma:

"Los que construyen así la marcha del mundo o, según dicen ellos, de la historia, no han comprendido el principio fundamental de toda filosofía, según la cual el nacer y el devenir o llegar a ser no son más que fenómenos; sólo las Ideas son eternas y el tiempo es ideal".

En una época en que la razón parece triunfar, Schopenhauer esboza toda una teoría personalísima del Irracionalismo. Frente a la lógica, que sólo percibe la apariencia de los fenómenos, propone la Inspiración como única vía para el conocimiento real de la esencia de las cosas.

"La intuición no es una opinión, es la cosa misma, en cambio, con el conocimiento abstracto, con la razón, nacen a la vez la duda y el error en el terreno teórico- en el práctico, la inquietud y el arrepentimiento".

La intuición proporciona una percepción rotunda, indudable, absoluta, sin posibilidad de error. Por ella el hombre llega a desprenderse de su propio egoísmo y entra en la contemplación, identificándose con el ser contemplado: Aquí empieza la “Fenomenología del Arte”.

Schopenhauer concibe la vida como una lucha constante, como un permanente esfuerzo, como dolor. Esa lucha es consecuencia de la coacción de la voluntad de vivir en cada ser, que le obliga a seguir los intereses de su especie.

"La vida no se presenta en manera alguna como un regalo que debemos disfrutar, sino como un deber, una tarea que tenemos que cumplir a fuerza de trabajo".

Por cuanto coloca la vida de la especie en un puesto central del desarrollo del mundo, el filósofo de Dantzig puede considerarse como delantado de todos los estudios de genética posteriores. Para él, la vida es el enfrentamiento constante de cada individuo por perpetuar su especie, llegando a esbozar incluso toda una teoría del amor sexual.

"La fuerza del instinto genital, en el cual se concentra todo ser animal, demuestra además que el individuo tiene conciencia de que es una criatura pasajera, que debe consagrarse completamente al cuidado de conservar la especie, puesto que en ésta radica su verdadera existencia”.

Schopenhauer vuelve los ojos, como luego lo harán todos los románticos, hacia la Naturaleza, "nunca bastante admirada". La salud le preocupa excesivamente y en toda su vida procurará aplicar cuantas medidas sean posibles, pues afirma que sin salud no hay felicidad posible.

Filósofo eminentemente jerárquico, cree en la absoluta y necesaria desigualdad entre los hombres y la pregona. Las diferencias inherentes a los hombres transpiran en la totalidad de su obra; de sus largos comentarios sobre el genio, por ejemplo, entresacamos lo siguiente:

"Estos individuos, capaces de juzgar la obra del genio. son siempre personalidades aisladas, pues la masa, la multitud, es y será siempre estúpida e imbécil por componerse de medianías". Ese sentido aristocrático, ese inmenso orgullo de saberse superior, le aleja de sus contemporáneos y le enfrenta a ellos. En su soledad, lejos de la masa y de los aplausos, es cuando el filósofo se siente más fuerte, más seguro de sí mismo”.

Schopenhauer cree en la libertad del hombre, aunque la compagina con la existencia de una fuerte voluntad que todo lo condiciona, en una extrema fatalidad.

"La filosofía debe poder conciliar la fatalidad más inflexible con la libertad llevada hasta la omnipotencia; y esto sólo puede hacerlo sin mengua de la verdad atribuyendo toda la fatalidad al obrar (operari) y toda la libertad al ser y la esencia (esse)".

Cuando su obra penetra en el tema del dolor del mundo, del hundimiento del hombre en el aburrimiento, sus escritos parecen tornarse pesimistas; frente al carácter positivo del dolor, la felicidad se le presenta como algo negativo cuya esencia no es sino ausencia de dolor. Un ser racional -afirma- no puede perseguir el placer sino evita el dolor. Pero es en este punto de partida que Schopenhauer busca el consuelo postrero en la negación de la voluntad de vivir.

"El dolor puede ser el camino de la salvación y entonces será respetable cuando toma la forma de conocimiento puro para conducirnos a la verdadera resignación como aquietador del querer".

En el instante en que el filósofo se separa diametralmente de la vía que luego seguirá Nietzsche, e influido sin duda por el conocimiento de los Upanishads, al que le había introducido el orientalista F. Majer: Schopenhauer ve en la superación de la individualidad la única posibilidad de llegar a la contemplación de la Idea. A muchos sorprenderá encontrar en este punto de su obra hablar de ascetismo, heroísmo, abnegación, compasión y renuncia del yo. Porque sólo renunciando al propio interés, sólo en esa consoladora "nada" que sólo él ha sabido describir como la ausencia de todo dolor, puede lograrse la definitiva paz.

Al llegar a este punto de su filosofía, ésta adquiere un tinte de consolación trascendente en la auto negación total. Schopenhauer cree en la necesidad metafísica del hombre, en algo tras la muerte que no ha de ser necesariamente paraíso ni infierno, sino deseo de anulación en la nada, confusión con esa voluntad como principio que tan magistralmente ha descrito a lo largo de toda su obra.

Al cabo de casi dos siglos, se recuerdan sus palabras, justificativas de toda una obra, escritas en el prólogo a la 2ª edición de “El Mundo como voluntad de representación”:

" ... Una época como ésta no tiene ya coronas de gloria que otorgar; su alabanza se ha prostituido y su censura no tiene importancia. Hablo en serio, y prueba de ello es que si tuviera la menor intención de obtener el aplauso de mis contemporáneos, hubiera borrado de mis obras muchos pasajes que chocan abiertamente con sus opiniones y que más bien les molestarán. Pero creería rebajarme si para conseguir su aprobación sacrificase una tilde de mis escritos. Mi norte fue siempre la verdad; persiguiéndola, no he buscado otra cosa que mi propia satisfacción y he vuelto la cabeza para no ver una generación que tan bajo ha caído en punto a aspiraciones intelectuales".


Fuentes:

- http://doctrinanacionalsocialista.blogspot.com.ar
- Castagnino Leonardo. www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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