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¿Y SI HITLER HUBIERA GANADO?
                          

Leon Gegrelle.    
Leon Degelle


(01)

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¿Y si Hitler hubiera ganado?

Toda Europa hubiese sido traspasada por esta inmensa corriente de energía y dinamismo que fue el nacionalsocialismo.

El ideal que había empapado, en tan pocos años, a toda la juventud del Tercer Reich, porque significaba la audacia, la entrega, el honor, la proyección hacia lo verdaderamente grande y hermoso, hubiese calado en lo más hondo de los demás jóvenes de Europa. ¡ya no más vidas mediocres! Al diablo con la vida vulgar aferrada a la misma región, al mismo tajo, a la misma vivienda de siempre, a los mismos prejuicios de los padres y los abuelos, inmovilizados en lo pequeño, en lo añejo y mohoso.

Un mundo vibrante empujaría a los jóvenes europeos a través de miles de kilómetros sin fronteras en donde airear los pulmones plenamente, descubrir nuevas y escondidas riquezas, conquistarlo todo con fe y alegría. Incluso los viejos hubiesen seguido, al fin y al cabo, en lugar de perderse en desabridos conciliábulos, en discusiones sin límite, en paradas de relojes bloqueados para prolongar debates; la voluntad de hierro de un jefe hubiese creado, en veinte años, una Europa real en vez de un congreso vacilante, compuesto por comparsas carcomidas por la desconfianza y las reservas mentales, una gran unidad político, social y económica sin círculos cerrados y sin individualismos egoístamente nacionales.

¡Había que oír a Hitler exponer, en su barracón de madera, sus grandes proyectos para el futuro!

Canales gigantescos unirían a todos los ríos de europeos, abiertos a los barcos de todos, del Sena al Volga, del Vístula al Danubio. Trenes de cuatro metros de ancho y de dos pisos, en el primero, las mercancías, en el segundo los viajeros; rodando sobre vías elevadas, franquearían cómodamente los inmensos territorios del Este en donde los soldados de ayer hubiesen creado las explotaciones agrícolas y las industrias más modernas y pujantes que imaginarse pueda, destinadas a 500 millones de clientes europeos.

¿Qué representan, por fin, las escasas concentraciones, interminablemente discutidas, renqueantes sobre soportes artificiales, intentadas bajo la égida del actual Mercado Común, al lado de los grandes conjuntos que una autoridad real hubiese podido llegar a constituir, o a imponer si ello hubiera sido necesario? Las fuerzas económicas europeas de entonces, disparatadas, contradictorias, hostiles entre sí, agotándose en un doble juego, egoístas y anárquicas, hubiesen sido impulsadas por el puño de hierro de un jefe a cumplir las leyes de una coproducción inteligente y de un interés común.

Durante veinte años hubiese el público gruñido, refunfuñado. Pero el cabo de una generación, se hubiese llevado a cabo la unidad. Europa hubiese constituido para siempre la más potente unidad económica del orbe, y el más imponente hogar de inteligencia creadora de la historia. Las masas europeas hubiesen podido entonces respirar. Una vez ganada esta batalla de la unidad, se hubiese suavizado la disciplina.

Hitler era un hombre acostumbrado a ver lejos y al que el exclusivismo Alemán no le ahogaba. Había sido austriaco, después alemán, luego germánico. A partir de 1941 ya había superado todas estas etapas: era europeo. Europa, para Hitler, era una construcción de talla digna de él.

Alemania no era más que un inmueble importante que él había edificado y que ahora observaba con complacencia. Pero él iba más lejos. Por su parte no existía ningún peligro real con la alemanización de Europa. Había otros europeos, por supuesto, pero estos europeos poseían cualidades propias, excepcionales, indispensables a los alemanes. El genio francés, nada será nunca posible en Europa sin la finura y la gracia francesas. La Europa de Hitler hubiese sido amazacotada al principio. Al lado de un Göring, señor del renacimiento, que poseía el sentido de lo fastuoso y de lo artístico, y de un Goebbels, inteligente y vivo; muchos jefes militares hitlerianos eran rígidos, repartían su doctrina e ideas y órdenes con la pesadez rígida alemana. Pero precisamente por esta pesadez, el genio francés le hubiese sido indispensable a esta nueva Europa.

El genio italiano también hubiese hecho contrapeso a la potencia demasiado tosca de los germanos. Hubiese invadido a la Europa hitleriana con su moda elegante, su creatividad sin fin.

Igualmente hubiese intervenido el genio Ruso. Y los alemanes se hubiesen integrado perfectamente con ellos. Puede imaginarse la sorpresa de los alemanes atravesando Rusia y no encontrando más que rubios de ojos azules, tipos exactos de estos arios perfectos a los que se les había obligado a admirar en exclusividad. Rubios y rubias, y que Rubias! Grandes campesinas, espléndidas, fuertes, de ojos celestes, más naturales y sanas que lo que hubieran imaginado. En seis meses se hizo rusófilo todo el ejército alemán. Se fraternizaba con los campesinos por todas partes.

El alemán posee admirables cualidades de técnico y de organizador. Pero el ruso, soñador, es más imaginativo y más vivo de espíritu. Uno hubiese complementado al otro. Los lazos de sangre hubiesen hecho el resto. La conjunción germano-ruso hubiese hecho maravillas.

Sí, el problema era gigantesco, soldar quinientos millones de europeos que no tenían, al principio, ningún deseo de coordinar su trabajo, de acoplar sus esfuerzos, de armonizar sus caracteres. Pero Hitler llevaba en sí mismo el genio y el poder suficientes para imponer y realizar esta obra gigante en la que hubiesen fracasado cientos de políticos mediocres y vulgares.

Sobre la península reducida que subsistió en el Oeste de Europa; después del naufragio del Tercer Reich, se han edificado, al fin y al cabo, los cimientos, mal afirmados, poco estables, de un Mercado Común muy híbrido, foco de rivalidades. Hitler hubiese realizado una verdadera Europa, animada por un ideal heroico y revolucionario, construida a lo grande, con un aspecto bien distinto. Tras diversos tira y afloja, los distintos pueblos europeos se hubiesen sorprendido de ver que se completaban mutuamente tan bien. Los plebiscitos populares hubiesen confirmado que la Europa de la fuerza se había convertido, desde los Pirineos al Ural, en la Europa libre, la comunidad de quinientos millones de europeos aquiescentes.

Es una pena que Napoleón, en el siglo XIX, fracasara. La Europa, fundida en el crisol de su epopeya, nos hubiese ahorrado muchos males y, sobre todo, las dos guerras mundiales.

Igualmente resulta lastimoso que en el siglo XX fracasara Hitler a su vez. El comunismo hubiese sido barrido del mapa. Los Estados Unidos no hubiesen plegado el universo a la dictadura del consumo. Y después de veinte siglos de simples balbuceos y esfuerzos baldíos, los europeos hubiesen gozado por fin de la unidad política, social, económica e intelectual más poderosa del planeta.

León Degrelle.(*)
(*)
Politico nacionalista belga. De joven se enroló voluntariamente en las Waffen S.S. en las que llegó, desde soldado hasta general. Entre otras, hizo la campaña de Rusia.
Sobrevivió a la guerra, y escribió varios libros, entre otros, “La campaña de Rusia”, “Historia de las S.S. europeas”, “Hitler por mil años” , “Memorias de un Fascista” y “Europa vivirá”.


Fuentes:

- Fuente:Hitler por mil años, Leon Degrelle, Ediciones Sieghels.
- Castagnino Leonardo. www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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