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URQUIZA Y EL CONGRESO CONSTITUYENTE DE 1853
                          

Justo José de Urquiza
Por el Profesor Julio Otaño (*)

(01) Los alquilones
(02) Las Bases
(03) Fuente
(04) Artículos relacionados

Los alquilones

Vencedor de Rosas en Caseros aunque dominado por los imperiales brasileños, Urquiza se vio en la necesidad de convocar el Congreso Constituyente; Gutiérrez, Ruperto Pérez, Leiva, Seguí, Derqui, Gondra, Huergo, Elías, Martínez, Delgado, Carril, Gorostiaga, y Zavalía. Y dio visto nuevo a la otra mitad: Alvarado, Zuviría, Fray Pérez, Centeno, Lavaisse, Zapata, Ferré, Colodrero...

"¿A quién va a engañar con esas bromas del Congreso? -bramaba Sarmiento- ¿cómo cree que mañana, que dentro de seis años hombres que se estimen tengan respeto por la obra soplada de Huerguito, Gondra, Leiva, Gorostiaga, Elías, que usted hace morder con el perro Purvis? !Elías, don Angel, constituidor de la República! ...No sea niño...Y todos los demás, aun las pocas figuras esclarecidas que se sientan en el Congreso, no son más que los ocho o nueves de la baraja...". Hablaba Sarmiento en su despecho de candidato vetado.

Sarmiento La habilidad de Urquiza: Congreso Pequeño, elección cuidadosamente controlada, pago de dietas a su cargo, lugar donde nadie facilitaría crédito al disidente; El Congreso carecía de la representación de Buenos Aires, quién dominada por antiguos unitarios luego del golpe de Estado del 11 de setiembre de 1852 intentaba y lograría durante 10 años formar un Estado Independiente del resto de la Confederación.

En Buenos Aires llamaron alquilones porque ni Huergo ni Gondra conocían a San Luis que representaban, ni Elías y Alvear ubicaban a conciencia a La Rioja, ni Gutiérrez pisado jamás Entre Ríos, ni Lahitte o Carril eran oriundos de Buenos Aires, ni Barros Pazos de Córdoba; y Seguí o Gorostiaga faltaban de sus provincias natales desde la niñez y nadie los reconocería por allí. Empezado diciembre llegó una goleta entrerriana con Pedro Ferré, tantas veces gobernador de Corrientes, pero ahora por razones políticas vecino de Entre Ríos, trayendo bajo su poncho un nombramiento de diputado por Catamarca.


Las Bases

Juan Bautista Alberdi publicaba a mediados de 1852 "Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina". La posteridad, que poco o nunca leyó el libro pero lo tendrá por uno de los monumentos de la gloria argentina, lo ha condensado en la brevísima denominación Bases.

En 1852 Alberdi se ha vuelto a sentir Constitucionalista y cree que es imposible una constitución que no fuera liberal anglosajona. El problema lo resuelve con la eliminación de los argentinos como factor eficiente en la nueva Argentina, y su reemplazo por anglosajones:

Juan Bautista Alberdi "Es utopía, es sueño, es paralogismo puro el pensar que nuestra raza hispano-americana, tal como salió formada de su tenebroso pasado colonial pueda realizar hoy la república representativa...No son las leyes lo que precisamos cambiar: Son los hombres, las cosas. Necesitamos cambiar gentes incapaces de libertad por otras gentes hábiles para ella" "con tres millones de indígenas, católicos y cristiano, no realizaréis tampoco con cuatro millones de españoles peninsulares porque el español puro es incapaz de realizarla aquí o allá.....es necesario fomentar en nuestro suelo la población anglosajona. Ella está identificada al vapor, al comercio, a la libertad, y nos será imposible radicar estas cosas entre nosotros sin la cooperación activa de esta raza de progreso y de civilización..." (…) "...el idioma inglés, como idioma de la libertad, de la industria y del orden debe ser obligatorio: No debiera darse diploma ni título universitario al joven que no lo hable y escriba..." (…) "haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares por todas las transformaciones del mejor sistema de educación: en 100 años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente" .Alberdi escribía a pálpito. Había estado en Londres, pero no habría visitado los barrios obreros, porque no se puede comparar la modesta, pero digna, vida del gaucho argentino antes de 1852 con la miserable existencia de los obreros ingleses en la primera mitad del siglo XIX

"no es raro encontrar a un hombre con su mujer y 4 o 5 niños y algunas veces también los abuelos, viviendo todos en un cuarto de diez o doce pies de lado donde comen duermen o trabajan; son generalmente tan sucias que no sirven ni para establos" -decía Engels.

"Proteged empresas particulares -decía Albardi- Para la construcción de ferrocarriles. Colmadlas de ventajas, de privilegios, de todo favor imaginable sin deteneros en medios. Preferid este expediente a cualquier otro...entregad todo a los capitales extranjeros. Rodead de inmunidades y de privilegios el tesoro extranjero para que se naturalice entre nosotros..."

Había que entregarle todo al extranjero. No solamente la tierra, no solamente la vida: también el encanto que nuestras hermosas y amables mujeres recibieron de su origen andaluz, que serían mejor fecundadas por ellos que por nosotros. Eso era moral, eso era inteligente; los hombres de antes no habían comprendido para él, el gran secreto de la prosperidad como San Martín o Rosas. El unitario no se sentía identificado con el pueblo argentino, y cuando leía en Bases el elogio al extranjero se henchía de satisfacción porque se sentía aludido: la nueva Argentina sería de él, con prescindencia de esa masa de criollos, su natural y constante enemiga.

Las "Bases" se edificaron con la Constitución de los EE.UU., algunos artículos de la constitución chilena y media docena de artículos donde traducía el gobernar es poblar con la preeminencia de los extranjeros sobre los nacionales; Presidencia de seis años sin reelección, un senador por provincia; estado de sitio, organización de los ministerios; educación gratuita etc. y las despachó con urgencia rumbo a Santa Fe.

"Eureka -escribió Sarmiento- el congreso ha señalado y abierto un camino anchísimo al adoptar no sólo las disposiciones fundamentales de la constitución de los EE:UU, sino la letra del preámbulo y gran número de sus disposiciones constituyentes...". Los argentinos "decentes" sabrían desempeñarse dentro de juego constitucional importado: para los otros no había constitución, no podía haberla. Para ellos el fortín de fronteras era la única Ley posible: "...una constitución no es la regla de conducta pública para todos los hombres. La constitución de las masas populares son las leyes ordinarias, los jueces que las aplican y la policía de seguridad” (Sarmiento).

Alberdi había imaginado una argentina futura poblada por las razas viriles de Inglaterra y EE.UU.; su economía debía ser necesariamente liberal y en nombre de esta libertad, nuestro país renunció a la defensa de las pequeñas industrias nacionales y a la soberanía sobre los ríos interiores, objetivos defendidos por don Juan Manuel de Rosas. Tampoco pensaba en elecciones populares y por lo tanto no habría gobiernos democráticos hasta entrado el siglo XX.

La constitución de 1853 no se cumplió estrictamente ni podía cumplirse. No hubo Presidentes, ni legisladores, ni federalismo, ni nada de eso. Presidente es quién preside, ejecutivo el que ejecuta; y ni Mitre, ni Sarmiento, ni Avellaneda, ni Roca ni sus sucesores presidieron ni ejecutaron: sencillamente mandaron. Mandaron con el congreso, sin el congreso o contra el congreso, y las más de las veces con "estado de sitio". Tampoco los legisladores legislaron; su misión aparente era decir discursos que pocos oían en el recinto y ninguno leía en los diarios de sesiones; lo trascendental, conseguir el mayor número de puestos públicos para su clientela electoral. Los gobernadores tampoco gobernaron, ya que al menor indicio de rebeldía de la autoridad presidencial eran depuestos y en el siglo XX no hubo necesidades de revoluciones porque los abogados descubrieron "el derecho de intervención" . El gobernador fue solamente el agente del poder ejecutivo nacional. Diputados para gestionar puestos de maestras y jueces temerosos de ser echados por un cambio administrativo, completaban el equilibrio provincial de poderes.

El desorden escrito sustituyó al orden no escrito; la colonia legal del 53 a la Patria real de la independencia y la restauración.

(*) El artículo es gentileza del Profesor Julio Otaño, directivo del Instituto Juan Manuel de Rosas, de San Martín, Prov. de Bs.As.

Fuentes:

- Ibarguren, Federico “Nuestra Tradición Histórica”
- Rosa, Jose María “Nos los representantes del pueblo”
- La Gazeta Federal
www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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