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INVASIÓN INGLESA DE 1807
(Por Leonardo Castganino)

Desembarco de los ingleses en las playas de Quilmes.    
27 de junio de 1806    

Tropas inglesas

(01) La toma de Montevideo.
(02) Toma de Buenos Aires
(03) Fuga de prisioneros ingleses.
(04) Los defensores.
(05) Invasión de Buenos Aires
(06) Fuentes
(07) Artículos relacinados



La toma de Montevideo

La noticia de la contundente derrota inglesa a manos de Liniers y del pueblo de Buenos Aires llegó a Londres como un baldazo de agua fría. El ministro Windham decidió suspender la programada expedición a Chile, y que en cambio se dirigiera el Río de la Plata y ponerse a las órdenes de Auchmuty. Montevideo fue tomado el 3 de febrero de 1807, luego de heroica resistencia.

Cisneros y Ruiz Huidobro, que fue tomado prisionero, hicieron lamentable papel, pero los soldados y el pueblo de Montevideo se comportaron heroicamente y opusieron una tenaz resistencia al invasor inglés. "En los trece días del sitio contestaron al bombardeo con un tesón admirable, turnándose en el manejo de las piezas de artillería, hasta quedar exhaustas, debido a su corto número para guarnecer fortificaciones tan extensas y a la escases de alimentos, y en especial, de agua, y en los combates a la bayoneta, después del asalto, ganaron la admiración del general enemigo. En un solo día, el 28, hicieron mil disparos de cañón de 24 libras" ( )

También fue heroico el comportamiento de los Voluntarios de Carlos IV y de los húsares de Hipólito Mordeille, que impidieron que el regimiento 38 del invasor tomara la ciudadela por su frente interior, pereciendo el arrojado francés que había luchado con bravura en la Reconquista. Los defensores tuvieron alrededor de 800 muertos, 500 heridos y 2.000 prisioneros, y los ingleses 265 muertos y 468 heridos.( )

Como en Buenos Aires, muchos soldados ingleses de dedicaron al pillaje y a la borrachera, haciendo honor a la frase de Wellington que caracterizo indignado la conducta tradicional de los soldados ingleses, al ver como se arrojaban sobre las riquezas abandonadas por Jose Bonaparte tras la caída de Burgos el 21 de junio de 1813: "Los soldados británicos son la escoria de la Tierra, solo luchan por el trago y el botín" ( ). Wellington se expresaba así indignado, porque era jefe de las tropas entonces aliadas de Inglaterra y España, pero nada dijo de los saqueos, violaciones, pillajes, crímenes y atropellos cometidos por los ingleses en las invasiones al Río de La Plata. Tampoco hizo referencia alguna al botín del tesoro de Buenos Aires, llevado a Londres, parte repartido entre los jefes piratas y el resto depositado en el banco de Inglaterra. ( )



Fuga de prisioneros ingleses

Tras la caída de Montevideo, se decide trasladar a los oficiales ingleses, cómodamente alojados como prisioneros en la villa de Lujan, a la provincia de Catamarca, para evitar que intentaran sumarse a las fuerzas que seguramente atacarían Buenos Aires.

El traslado fue confiado a un reducido destacamento al mando de Manuel Martínez Fontes, capitán de caballería de Blandengues de la Frontera. La primera etapa del traslado seria hasta el paraje la Encrucijada, desde donde se haría cargo una escolta de Córdoba, para el traslado de los prisioneros hasta Catamarca.

Luego de tres días de marcha, la comitiva se detuvo cerca de Arrecifes, en la Estancia Grande de los Padres Betlemitas, porque Beresford se hizo pasar por descompuesto. A los pocos días de estadía, el día 15, se apersonaron en el lugar Saturnino Rodríguez Peña, capitán del regimiento de Voluntarios Patriotas de la Unión, y Manuel Aniceto Padilla, capitán del regimiento Arribeños y oficial de la secretaría del Virreinato, acompañados por dos soldados. Peña y Padilla habían colaborado con Beresford en la invasión de 1806, e inexplicablemente Liniers nombró secretario al primero y ambos conservaron sus grados militares.

Al llegar, Saturnino Rodríguez Peña manifestó a Martínez Fontes, que tenía orden oral de Liniers y del Cabildo, para que le entregasen a Beresford y a un oficial inglés a fin de trasladarlos a Buenos Aires, porque así lo exigía el bien de S,M,, de la Patria y de la ciudad, y que los esperasen en el lugar porque volverían en seis días.

Beresford, continuando con su parodia de descompuesto, manifestó que no podría emprender tal travesía por "su salud quebrantada, pero a instancias y suplicas de Peña se prestó a marchar" ( )

Martínez Fontes era concuñado de Rodríguez Peña, y a su vez era concuñado de Peña su jefe, el coronel Antonio de Olavarría, segundo comandante general de Frontera, quien se hallaba en la comitiva. Al parecer, Fontes creyó lo dicho por Rodríguez Peña, y entregó a Beresford y a Pack, mientras que Olavarría proveía los caballos que le solicitaba Peña. Padilla abandonó el lugar, según Rodríguez Peña, para dar parte del cumplimiento de la misión.

En la madrugada del día 17 partió Rodríguez Peña con los dos prisioneros, y a marchas forzadas llegaron a Buenos Aires en la noche del día 18, hospedándose en la casa de Francisco González, celador del Cabildo y uno de los espías principales de Beresford y amigo de Mariano Moreno.

El dia 21 se embarcaron en una chalupa del bergantín Flor del Cabo, propiedad del contrabandista lusitano Antonio Luis de Lima. Al amanecer divisaron en Ensenada el buque de guerra inglés Charvell, que los trasportó a a la Banda Oriental, llegando a Montevideo el día 25.

Rodríguez Peña y Padilla fueron recompensados por el gobierno inglés con una pensión de 300 libras ( ) Otro tanto ocurrió con Lima, y aunque no se dijo el monto, Rivadavia señalo que en 1817 estuvo con Lima en Londres, donde vivía subvencionado por el gobierno inglés. ( )

Si bien Rodríguez Peña y Padilla fueron los principales y directos autores de la fuga, participaron muchos otros, entre ellos Castelli, Nicolás R. Peña, Vieytes, Beruti (todos amigos y colaboracionistas de los ingleses). Y con razón se pregunta Williams Álzaga si no participó también Moreno, amigo y abogado de los ingleses, por varios factores que lo involucran; de estrecha amistad con Francisco González, al ceder éste su casa para alojar a los prisioneros, ambas familias se trasladaron juntas a una quinta. Moreno era además estrecho amigo de Padilla y vinculado a Castelli, R, Peña, Beruti y todos los demás involucrados. Con la fuga, Beresford rompía su palabra de honor dada al ser tomado prisionero en 1806.

El propósito de la fuga era que Beresford asumiera la jefatura del ejército inglés que en Montevideo se aprestaba para invadir Buenos Aires. Así se lo comunicó Saturnino Rodríguez Peña y el propio Auchmuty le ofreció el mando, pero Beresford declinó el ofrecimiento aduciendo que debía presentarse ante el gobierno, en Londres, para dar cuenta de todo lo sucedido en el Río de la Plata, y afrontar la responsabilidad de su actuación. Sin embargo a Beresford no lo movía su sentido de responsabilidad, ni muchos menos su sentido de respetar la palabra de honor empeñada en la capitulación de 1806, de no tomar las armas contra España. Lo que lo motivaba a Beresford para viajar a Londres, era participar en el reparto del botín de 1806, y que no le pirateara parte Popham, su antiguo cómplice de correrías. Esto lo sigiere incluso Carlos Roberts. escriba inglés. Las sospechas de Beresford no eran infundadas, y el reparto del botín con Popham termino en tribunales, con resultado favorable al primero.

La llegada de Beresford a Londres fue el 28 de mayo, cuando ya estaba como ministro Guerra otra vez Castlereagh y de Relaciones Exteriores George Canning, Se decidió esperar el resultado de la expedición de Whitelocke, y a su vez preparar otra para el siguiente año de 1808 ( ), según pusieron en conocimiento de Rodríguez Peña, entonces en Rio de Janeiro.



Los defensores de Buenos Aires

Además de la población, que participo en general con fogosa energía, las fuerzas de defensa estaban compuestas por milicias formadas en 1806, con un entrenamiento básico pero de buen ánimo de lucha. Algunos de los cuerpos de milicias estaban integrados por pardos, indios y negros libertos, y dos cuerpos auxiliares de menores de 14 y 10 años.

La denominaciones de los cuerpos de milicias formadas por Liniers, se debían en general a la procedencia de los hombres que las componían. El regimiento de Patricios no estaba integrado como se cree, por los "patricios" de Bueno Aires, si no que el nombre se debe a que estaba integrado por naturales de la ciudad, y sus efectivos estaban compuestos en su mayoría por "jornaleros, artesanos y menestrales"( ) Los "Arribeños" formados por gente del interior afincados en la ciudad, y los "Cazadores Correntinos" con gente de aquel origen. Del mismo modo estaban los Tercios de Cántabros, Montañeses, de Andaluces, de Gallegos, etc. el batallón de Naturales, Pardos y Morenos de infantería y el Cuerpo de Voluntarios indios. ( )

La Agrupación de Jóvenes Decentes o Jóvenes de la Artillería o Menores auxiliares, se organizó el 13-9-1806 con menores de 10 años, por petición a Liniers de los niños menores Mariano y Joseph Martínez, ordenándose una compañía integrada a la artillería. Su uniforme consistía en casaquilla y pantalón azul. Los jóvenes de la Reconquista era una compañía de menores de 14 años que participaron en la toma del Retiro y en la reconquista de la Plaza Mayor, Se fundó el 13-10-1806 a solicitud de los adolecentes Joseph Montes de Oca y Joseph Dionisio Cabeza Enríquez, siendo incorporada al Cuerpo de Voluntarios de Artilleros de la Unión. Acerca de su actuación, dice Juan Manuel Beruti que "aquí dio justo motivo de alegría ver la compañía de niños de doce y catorce años voluntarios agregados a dicho cuerpo con sus dos piezas de cañón del calibre de a dos, hacer fuego tan violento y con tan buena orden, que ni el mejor veterano los aventajaba, en términos que primero remataron ellos todas las cargas que les dieron, que los propios artilleros, en términos que fue preciso darles más de los dotados, para que siguiera el fuego" ( ) En este cuerpo participo con algunos de sus amigos a quienes incitó a la pelea, el joven Juan Manuel de Rosas, de entonces 13 años, quien mereció el elogio de Liniers dado a sus padres. ( )



Tropas Britanicas Invasión de Buenos Aires

Al mando de 9.031 veteranos, John Whitelocke comienza la campaña desembarcando su vanguardia en Ensenada, a 75 km. al Sur de Buenos Aires. Las fuerzas de Liniers se componían de 6.937 efectivos de milicias, según la descripción del apartado anterior. Liniers se interpone al avance inglés formando la línea del ejército español, tal como se denominaba, a unas tres cuadras al Sur del Riachuelo, pero el enemigo rehúsa el combate y en cambio se dirige aguas arriba hacia el Paso de Burgos. Liniers ordena a la caballería que le cierre el paso, pero es dispersada.

Para impedir que los ingleses entraran en la ciudad, Liniers decide enfrentarlos, y cruzando el Riachuelo se dirige a Miserere, hacia donde marchaba el enemigo. Liniers llega primero y despliega sus tropas y 11 cañones en línea. Cuando llegan los ingleses, al mando de Gower, la brigada de Craufurd cargó a la bayoneta con sus dos batallones al mando de Pack y Travers, dispersándola por completo, quedando separada en dos alas: la derecha con 400 efectivos al mando de Liniers y Velazco que se retira a Chacarita, en tanto el ala izquierda se dirige a la ciudad perseguida por Craufurd , quien abandonó la persecución a la altura de la actual calle Callao, por orden de Gower.

Las bajas de los defensores fueron 60 hombres y 80 quedaron prisioneros, perdiendo los cañones a manos del enemigo.

La estrategia de Liniers ha sido criticada por diversos autores, y el escriba inglés Carlos Roberts, que no perdía oportunidad de criticar a Liniers y a los españoles, dijo que fue "un plan ridículo". Sin embardo un brillante estratega como lo fue el Virrey La Pezuela, vencedor de Vilcapugio, Ayohuma y Viluma, y que estudio detenidamente las campañas militares de Liniers, las aprobó con entusiasmo. Pezuela había reunido valiosa información sobre Liniers y sus campañas militares, en un legajo que lleva por título "Trata de Santiago de Liniers, virrey de Bs.As. asesinado por los insurrectos en cabeza de Tigre. Año 1810", escrito en Rio de Janeiro en 1820, y que lamentablemente se perdió en la guerra civil española. En ese legajo, según La Pezuela, "la defensa era acertada, pero fue frustrada por Whitelocke, que siguió el curso del Riachuelo por la margen derecha para buscar paso. aguas arriba, más allá de las líneas establecidas por Liniers. Esta maniobra no hubiese tenido éxito frente a tropas veteranas, pero las tropas bisoñas de Liniers no pudieron contrarrestarla. A pesar de los meses de intensa preparación con marchas, despliegues y ejercicios de tiro continuados, no supieron, cumpliendo las órdenes de Liniers, seguir igualmente el Riachuelo arriba dando cara a los ingleses, ni resistir el fuego regular y seguro de las veteranas tropas enemigas. Y sencillamente se dispersaron, acogiéndose a la ciudad"

Antonio de Urbina, marqués de Rozalejo, en "Liniers y Napoleón" hace notar que una vez en la ciudad, esos hombres, en cambio, "dieron muestras de extraordinario valor derrotando tan por completo a los ingleses, que éstos hubieron de rendirse sin condiciones, entregando además la plaza de Montevideo" ( )

Luego del revés inicial, se adopto el plan del alcalde de primer voto Martin de Álzaga, aunque en rigor el plan original fue presentado con anterioridad por el teniente coronel de ingenieros Gonzalo de Doblas ( ), que consistía en defenderse dentro de la ciudad, ubicando soldados en las casas y trincheras, instalando parapetos en las bocacalles con doble fila de sacos de cuero con tierra o "tercios de yerba", al mismo tiempo que tres líneas de avanzada debían oponerse al ataque enemigo. Pero de nada valen los planes si no hay un jefe capaz que lo dirija, y ese jefe fue precisamente el brigadier de la Real Armada don Santiago de Liniers, decidido y valiente, un caballero y guerrero respetado por los combatientes y amado por el vecindario, y que peleaba por el pueblo, por el Rey y por la Patria, que no era otra que España. Álzaga en cambio, mercader y encumbrado comerciante, que no participo directamente en el combate, peleaba por sus intereses y su meta era, una vez desalojado los ingleses, declarar la independencia. ( )

El día 5 los ingleses intentan ocupar la ciudad, avanzando por las calles, pero reciben un nutrido fuego graneado desde parapetos, azoteas, balcones y ventanas, donde no solo estaba ocupada por milicianos, si no inclusive por las familias y esclavos que participaron en el combate.

Algunas columnas fueron literalmente masacradas, como por ejemplo la del coronel Cadogan y del coronel Pack ( ). El general Craufurd se rindió ante Francisco Javier Elio con 46 oficiales y 600 soldados. Ese mismo día se decidió la lucha, y al día siguiente fueron acciones menores y escaramuzas.

En la práctica, Whitelocke se rindió el día 6 de julio aunque firmó al capitulación del día 7, previa lectura y aprobación del texto por parte de Auchmuty, quien manifestó que era necesario aceptarla "pues el ejército había perdido la moral" ( )

La derrota inglesa fue aplastante. de 5.787 combatientes, tuvieron pérdidas de 2.089 hombres, incluidos los prisioneros,; 15 oficiales y 296 soldados muertos; 57 oficiales y 622 soldados heridos; 3 oficiales y 205 soldados extraviados o desaparecidos; 1.611 prisioneros. Calor Roberts estima las bajas virreinales en 200 muertos y 400 heridos. ( )

Bandera del regimiento 71 Las derrotas inglesas de 1806 y 1807 tuvieron gran repercusión en la época, y fueron tan contundentes que avergonzaron el orgullo inglés. Liniers mereció el nombre de "vengador de Trafalgar" y según Urbina "alcanzando el nombre de Liniers la altura de los más grandes capitanes españoles" ( ) y según Federico Rivanera Carles "era el más grande hecho de armas victorioso de que pudiera enorgullecerse la América Española desde la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo" ( ) ( )

Resentidos por la humillante derrota. los ingleses tratan de desprestigiar a Liniers. El coronel inglés Holland, resentido, manifestó que "hablaba poco y le parecía que tenía poco talento", opinión que, según Roberta (concuerdo con otra de Beresford sobre Liniers" ( ). Si esas eran las opiniones sobre el vencedor, cabe preguntarse cuales serian las virtudes de los vencidos que sufrieron dos aplastantes derrotas a manos de un mediocre. Roberts, en su interés por desacreditar a Liniers, le cuestiona su capacidad militar, y dice que "en la defensa dejó mucho que desear, especialmente después del combate de Miserere y aun en la defensa de la ciudad, más tarde, donde se limitó a dejar hacer", como si un ejército pueda salir vencedor sin alguien que lo dirija. Lo acusa incluso de contrabandista, aunque no puede más que reconocer su generosidad y espíritu caballeresco y hasta recomienda se levante en su honor un monumento en la ciudad, por la defensa de Buenos Aires.

.La historiografía oficial proinglesa no ha valorado ni destacado estas aplastantes derrotas de los ingleses. Al otro día de que la Corona hizo públicos los partes de Whitelocke, en su edición del 14/9. el "Time" lamentó "semejante desastre , quizás el más importante que ha sentido este país desde el comienzo de la Guerra de la Revolución Francesa". En el informe al comandante en jefe, duque de York, su secretario coronel Gorden, expresó acerca de las consecuencias de la derrota que "la impresión que han hecho sobre todo del ejercito y sobre todas las clases del pueblo, ha sido mayor que la de cualquier otro evento que ha ocurrido desde la destrucción del ejercito bajo el general Braddock, cerca del puerto Duquesne" ( )

Ante semejante descalabro sufrido por los ingleses en el Plata en menos de un año, el "Times", que había alabado la conquista de Buenos Aires y los supuestos beneficios para sus habitantes, al mejor estilo inglés criticó duramente la expedición de Beresford y Phopam, como si hubiera sido ajena al gobierno inglés. "Nada tenia de honroso, nada digno de los recursos o del carácter del país. Fue una empresa sucia y sórdida, concebida y ejecutada con un espíritu de los bucaneros", pero no decía sin embargo que el tesoro robado por los "bucaneros" fue depositado en el banco de Londres, luego de pasearlo en festejo por las calles de Londres. Y sobre la invasión de Whitelocke manifestó"¿Como podía esperarse que los corazones de esa gente estuvieran con nosotros, cuando era evidente que los que por primera vez se apoderaron de aquel lugar habían estado menos ansiosos por conciliar los habitantes que por poner fuera de peligro el botín de que se habían apoderado" Botín, que dicho sea de paso fue a parar a las arcas reales y nunca devolvieron.

Durante la segunda invasión se cometieron todo tipo de crímenes, violaciones, robos y saqueos. El Cabildo denunció los padecimientos sufridos durante los días 2 al 5 por parte de familias enteras, mujeres, niños y ancianos. Fue saqueado, entre otros, el monasterio de Santa Catalina. Muchas joyas robadas por los ingles fueron vendidas en la ciudad, algunas adquiridas con buena voluntad y otras para obtener beneficios a costa de sus compatriotas.

Juan Manuel Beruti dejó testimonio de las atrocidades cometidas por el invasor inglés, supuestos gentlemen libertadores:"Estos crueles enemigos hicieron tantos destrozos en los arrabales y barrios que iban tomando de esta capital, que son inexplicables, pues saquearon y mataron sin distinguir edad, pues fue tal la temeridad que hasta a los niños de pecho que eran varones los mataron y aún mujeres embarazadas, y hubo criaturas, que aunque no mataron, pero por ser varón les cortaron las manos, tiranía que ni enre los bárbaros se ha visto; entraban a las iglesias y a las imágenes de los santos degollaban y tiraban al suelo; últimamente entraban aterrando a sangre y fuego; pues robaban, saqueaban, destruían puertas a fuerza de hachazos, y los muebles de las casas que no podían los hacian pedazos, no perdonando su furor ni lo más sagrado de los templos, llevándose hasta los vasos sagrados, custodias, cálices y demás alhajas, y finalmente violaban a las mujeres a la fuerza, siendo muy pocas las casas por donde pasaban, que se libraban de su codicia e infernal furia".( ) Este testimonio, coincidente con otros, muestra la conducta perversas que no puede ser otra cosa que el producto del odio secular contra el cristianismo y contra España.


Fuentes
Obras de Leonardo Castagnino - Castagnino Leonardo. Las invasiones inglesas. De 1806 a 1852.
- Castagnino L. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Castagnino L. Soy Federal. Artigas, Rosas y Francia. La línea histórica Federal
- Carlos Roberts. Invasiones inglesas.
- Federico Rivanera Carlés. La Historia ocultada




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- Las 12 invasiones inglesas.
- MALVINAS


Fuente: www.lagazeta.com.ar

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