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Boliche "La Gazeta Federal"

La casa se reserva el derecho de admisión

 

   
      

  (por orden de llegada).

01. Unitarios y federales...un clásico
02. Quiero retruco...
03. El doctor Borges...
04. Talero
05. Juego sucio
06. Ay...Dios
07. Manopla

Mas cuentos en el menú de la izquierda o en el indice general.
 

 
 

 

Sección dedicada a cuentos semi-verídicos contados por la paisanada amiga.

Los nombres, apellidos y apodos han sido modificados para evitar juicios y puñaladas.

(Recopilación de Leonardo Castagnino)
Copyright © La Gazeta Federal


                            

   

 

DICHOS Y HECHOS

 

LA PAISANADA AMIGA

 

 
 

  Unitarios y Federales...un clásico.

 

Un domingo en el boliche “La Gazeta” se jugaba el clásico Unitarios y Federales. Como venía gente de todo el pago, habían improvisado el alambrado olímpico con un boyero eléctrico, para que los animales no entren al campo de juego. El banco de suplentes lo armaron con unos tablones y le armaron una enramada para evitar los proyectiles de la hinchada, que suele ser media salvaje.

De árbitro hacía “el ingles”, que trabaja en la municipalidad y también le dicen “el corrupto”. Un juez de línea era el Pardo Soto, que le dicen “el diego”, porque por un diez da vuelta cualquier partido. El otro layman era el "Totín" Bordolino, que cuidaba la línea sentado en una silla porque no podía mantenerse en pié.

En el primer tiempo arrancaron ganando los Unitarios y terminó uno a cero, pero para la mitad del segundo ya los Federales le habían empatado.

El partido estaba de lo más peleado. En los centro corner entraban a los empujones y levantaban tanta polvareda que desde la tribuna no se podían ver ni los empujones ni los sopapos.

Los unitarios se habían traído un tapado, que era fatal para la gambeta.

Cuando faltaban quince minutos para terminar el segundo tiempo seguía el empate, y el Zurdo Peralta (de los federales) encaró derecho al arco unitario, y cuando va a entrar al área grande, lo cruza el forastero, le pisa la pelota y el zurdo pasó como los bomberos.

Quedó el forastero con la pelota y encaró para el arco federal por el medio de la cancha. Le sale un medio campo y el forastero le amaga por la izquierda y le tira un caño que lo dejó avergonzado...Cuando iba llegando al área grande le sale un defensor y el forastero le hace un jueguito de cintura, así como hace Maradona, y lo dejó mirando para todos lados como pollo que lo cambian de patio... Le sale otro defensor apretando los dientes, le manda un sombrerito y lo pasó como poste caído... Le sale el arquero y el forastero le pisa la pelota...aró en el suelo, y cuando estaba solo frente al arco, viene de atrás un defensor, lo agarra del poncho y lo voltea.

El ingles tocó silbato y cobró penal pero “el diego” que andaba de pico caliente , entró a discutirle al ingles. Se metió gente de la tribuna y cuando se estaba por armar una gresca grande, entra con el amansaloco el sargento "Retobao" Reinoso, que era federal hasta la maceta, y empezó a despejar la cancha de unitarios:

- Pero que se han creído manga de salvajes, para eso se ha puesto un juez – y encarándolo al ingles le pregunta.
- A ver juez, dígame si fue penal o no fue penal.
- Por supuesto que fue penal – le dice el inglés.
- ¡¡¡ Que mierda va a ser penal !!! – le retrucó el milico...y dio por terminado el partido.

Quedaron empatados uno a uno.

Los unitarios se fueron masticando el freno.


 

...quiero retruco.

Estábamos una tarde en el boliche "La Gazeta" los habituales de siempre, cuando veo por la ventana que viene llegando un paisano bien entrazado, de sobrero de ala ancha requintado, montado en un tobiano negro de mi flor.

Se apea el hombre, ata el pingo a la argolla de la vereda, le pega una vuelta al tobiano como estudiándolo, se acomoda la faja, tantea el cuchillo, se hecha el sombrero para atrás, le dá otra vuelta al tobiano...como ponderándolo y encaró para adentro del boliche.

Pasó entre las mesas de callado nomás...sin saludar siquiera, y fue y se acodó de espaldas al mostrador y mirando por la ventana como campeándolo al tobiano.

El HT que estaba compartiendo una mesa con el Cachila y conmigo, haciéndose como el distraído y como que no había visto entrar a nadie, y como para que todos escuchen agarra y me comenta fuerte:

-O yo soy sordo o aquí no ha entrao naides - dijo el HT.

Como yo lo conozco al HT y vi que el paisano andaba bien armado y no tenía pinta de dejarse arriar con el poncho, me hice el distraído, pero el Cachila que siempre es de andar metiendo inquina, agarra y le dice al HT, medio fuerte nomás, como para que se escuche:

-Y si usté HT no es sordo, porque no va y lo saluda...en una de esas el hombre es mudo.

El HT que no es de andar con mucha vuelta ni de abarajar con poco, miró a la concurrencia, y como ve que el paisano todavía estaba como custodiando el tobiano por la ventana, como para veriguar quien era el sordo y quien el mudo, agarra y desde la mesa nomás le dice al forastero:

- Oiga aparcero, ese tobiano es suyo?
- Por supuesto amigo...no le ve la marca en el toma?
- ¿Que toma?
- Un vino,...gracias... Si me convida.
Y el HT que no es de dejar la gresca ni habiendo pisao el poncho, agarra y le dice:

- Y como no aparcero...arrímese que acá va a aprender a tomar...y del bueno.

Y entonces agarra y lo mira al ñato, que estaba atrás del mostrador, y le dice el HT:

- A ver ñato, alcansame cuatro copas y dos tubos de la casa...que acá llegó un forastero que quiere conocer del bueno – y se quedó como esperando los acontecimientos.

El forastero se acercó a la mesa, agarró una silla y se quedó, pero medio como apartado, como para tener espacio, y vigilándolo al tobiano por la puerta.

El ñato trajo las copas y un tinto de la casa, y los puso sobre la mesa. - Destape ñato – le dijo el HT, y mirándolo al forastero, antes de servirle le preguntó:

- Y dígame paisano...¿a usté le gusta el añejo?
- ¿y como no?
- entonces péguese una vuelta el año que viene...
Como el forastero vio que había demasiada gente para armar barullo, se levantó callado, y arrimándose al mostrador, lo encara al ñato y le dice:

- Vea amigo, yo no soy de tomar ajeno, y si yo me doy vuelta en cinto no ha de ser por charamusca. Déme un litro de la casa que vamos a ver si es del bueno.

Agarró la botella, pagó y como para retirase, pero el Mandinga que estaba como esperándolo a la pasada, lo ataja y le dice al forastero:

- Oiga aparcero, veo que es nuevo en el pago y no querrá que le guarden inquina por retirarse sin convidar. Mire que el ñato es medio tramposo, no vaya a ser que le haya aguado el tinto.
- ¿Le parece?
- Destape compañero, que le voy a pegar un trago y enseguida le digo.
- No puedo convidar amigo, porque acabo de comprarla a medias con el capataz de la estancia.
– Y bueno...convídeme de la mitá suya – le dijo el Mandinga.
- ¿Sabe que pasa?...- le dice el forastero - que la mitad mía es la mitad de abajo.
- No hay problemas... el ñato tiene pajitas.
Tuvo que destapar el forastero. El ñato le alcanzo una manguera de media y el Mandinga, en la primer chupadita le vació un cuarto.

 
El doctor...

Una madrugada estábamos amanecidos en el boliche de La Gazeta. Habíamos chupado, cantado ...y chupado toda la noche, hasta el amanecer.

El Totín Bordolino se había chupado hasta el agua de los pollos y como a las cuatro de la mañana se retira rechupadazo, de a pie por el medio de la calle como atajando pollos, con una helada de la gran siete.

-Va como camión que reventó la doales - comentó el Tuco - Pa mi que vuelca en el viaje y no llega...y pa colmo con semejante helada!!!

-No... si con el alcohol que cargó en el tanque, ni la va a sentir la helada ...si ande quiera prender un pucho, hasta es capaz de prenderse fuego.

Como a las nueve llega el Moto con la noticia que lo había encontrado al Totin tirado al costado de la huella, duro y congelado, y al parecer finado.

-Que macana compañero.- dijeron varios - Habrá que avisarle a Borges, que ya debe andar por la Munipalidá.

Borges era el intendente, médico del pueblo, de fama bien ganada, reconocido y respetado en el pago. Y lo que el doctor decía...era palabra santa.

Lo mandan al negro Gaitán que además de empleado municipal era bueno para esos menesteres.

Llega el negro a la municipalidad, golpea la puerta del despacho y se manda:

-Buen día dotor...quería anoticiarlo que lo han encontrado finao al Totín Bordolino...congelao...¡también... con semejante helada...!
-Y bueno m´hijo...si está muerto cárguelo al carro y llévelo al cementerio, que después le hago el acta.

El negro ata el caballo al carro municipal, y se va a buscar al Bordolino que estaba blanqueando de escarcha hasta en los bigotes. Lo carga al carro y arranca para el cementerio. Ya se habían hecho como las once de la mañana.

Como a mitad de camino, a eso del medio día, el sol había empezado a calentar fuerte, y a lo que lo calienta un poco al Bordolino, con todo lo que había chupado, reacciona:

-¿A donde vamos negro? – le alcanza a preguntar el Totín, medio chupado todavía.
-Al cementerio...a enterrarte...
-y como me vas enterrar chamigo...si yo estoy medio chupado pero vivito y coleando.
-Callate Totín....¿que?...¿vos vas a saber más que el dotor?

 
Talero

El capataz de “La púa” era un paisano grandote, con más fuerza que dos caballos juntos y por eso la llamaban “la yunta” Martínez. Después...con el tiempo...le pusieron "Talero".

Hombre gaucho y derecho, de unos cincuenta y pico de años, con seis hijos, enviudó a los cincuenta y se juntó con una muchacha de veinticinco: la “Pirucha”.

Los días de semana Marinez estaba en la estancia, solo, y la Pirucha quedaba en el pueblo, “cuidando la casa”...y para colmo había sido medio floja de cincha, la Pirucha.

Según los comentarios del pueblo, el peluquero le hacia de pata de lana, pero Martínez ni lo sospechaba, o se hacía el sonso.

La cuestión es que en una ocasión, en día entre semana, va la pueblo Martínez y se da una vuelta por la casa, y no va que lo encuentra al pata de lana con los lienzos a medio prender: le encajó semejante talerazo en el mate que lo dejó al peluquero con medio cuerpo afuera del rancho y con los ojos “mirando pa´dentro”.

La cuestión que no reaccionaba del talerazo, y se arrimaron algunos curiosos. Estaba el cachila y el moto y algunos más. Llamaron al médico a ver si lo podía resucitar y hasta vino la policía a “secuestrar el talero”. Pero el hombre ni se mosqueaba.

Se habían juntado como veinte o treinta, a los comentarios, y Martínez tranquilamente a un costado, hizo el comentario:

-Pero mirá vos...si el gringo este no había sabido nada´e talero.

 
Juego sucio

Como en todo pueblo había personajes sobresalientes, con historias ciertas e inventadas, y de ambas a la vez.

Uno de esos era el “chueco” Paredes. Le decía así porque era medio jorobado de nacimiento y para colmo, en un ocasión le da manija al catango, y como estaba en cambio, donde le dio el primer manijazo arrancó la calandraca y lo pasó por encima. Le quedaron las piernas tan torcidas que cuando entraba al boliche parecía que venía con el caballo puesto.

Otro personaje era el “sucio” Barroso, que le habían puesto así porque cuando le tocó la colimba lo dejaron dos días en remojo, lo cepillaron bien y le encontraron puesta una camiseta y un par de medias. Cuando habría la puerta del rancho el sucio, las moscas salían haciendo arcadas. Era tramposo como él solo el sucio y también le decían “el chivo”, no solo por el olor sino porque jugando a los dados te “metía los chivos”, y era ligerazo para cartearse al truco.

Una tarde estábamos en el boliche La Gazeta, y el “Mandinga”, que era fatal para eso, y algunos más, los chumbaban para hacer un desafío al truco mano a mano. El “sucio” enseguida agarró viaje pero el “chueco” le desconfiaba. Tampoco iba a pasar por sonso así que le terminó aceptando.

El HT arrimó unas sillas y el Ñato sirvió las copas y la picada, y alrededor se armó tribuna con comentarios.

El “chueco” que todavía le desconfiaba, le pidió las cartas al ñato, no vaya a ser que el sucio ponga unas “marcadas”, y como para dejar las cosas en claro de entrada nomás, puso el cuchillo verijero sobre la mesa, y mientras mezclaba la primer mano, le dice:

-Mirá Barroso, a mi no me juegues sucio porque sabés bien que yo soy un hombre derecho.

-Mirá chueco - le contestó – si andás buscando roña la vas a encontrar.

Le ganó el chueco con una falta envido...pero el sucio se fue sin pagar.

 
Ay, Dios...

El que era fatal para la bebida el Codillo Cadena. Se tomaba hasta el agua de la vereda y la patrona sabía esconderle la alcuza del alcohol de quemar, porque se la agarraba Codillo y se la vaciaba; sabía andar por el pueblo humeando de borracho.

Una vuelta lo fueron a operar de apéndice y cuando le hicieron los análisis tenia veinte glóbulos rojos y cinco blancos en el sistema alcohólico. No había herida que se le infectara porque andaba siempre esterilizado.

Una tarde estábamos en el boliche de La Gazeta y el Codillo se había agarrado semejante curda que el Ñato no le quería despachar más. Salió rezongando Codillo, y lo vi por la ventana del boliche que se metía en el almacén del Toto Ferrero. Se ve que el hombre quería “completar la carga”.

Se compró una botella de litro, y para que no le digan nada, ni le pidan que convide, la envolvió en un trapo y se la metió debajo de pantalón entre las verijas, abajo del cinto.

Algunos estábamos afuera y lo vimos al Codillo que venía por la vereda, con los codos llenos de revoque de chocarse las paredes, y a media cuadra antes de llegar al boliche, como nos vio afuera y por no convidar, se largó a cruzar la calle.

Por ahí escuchamos un camión que venía bramando y miramos para el acceso y vemos el camión jaula del Zurdo Aguirre, vacío, que venía que quemaba. Cruzó las vías en el aire y tomó la curva de la feria en dos ruedas, y medio se le desacomodó la jaula, y cuando la pudo acomodar, tomó la calle de la vía, lo pisó fuerte y lo sacó haciendo willy al 1114.

Llegó a la esquina del Yeye Canavero y dobló casi como venía nomás...aró con las doales en la esquina. Medio se le cruzó un poco la jaula y cuando la enderezó, lo ve al Codillo que veía en el medio de la calle, cruzando a mitad de cuadra.

En vez de frenarlo, el Zurdo, le pisó el embrague y le pegó una acelerada en vacío que lo hizo bramar al 1114, y como para emocionarlo más al Codillo, cuando lo tuvo cerca le mandó un bocinazo con la bocina de aire de tres cornetas, que los pocos que quedaban adentro del boliche salieron a ver que pasaba.

El codillo lo vio de repente y casi a la par y con semejante bocinazo pegó un salto que perdió hasta la gorra. Llegó hasta el cordón de la vereda, pero con los “bigotes” de la alapargata llegó, y con la curda y el envión que traía, se trastabilla y queda abrazado a un poste de cemento.

Desde la esquina del boliche escuchamos el ¡Crash..! de la botella que traía entre las verijas, que se le rompió contra el poste.

-Ay, ay, ay – decía el Codillo – ay, ay, ay...

Y a lo que nota que tenía las bombachas mojadas, se mete una mano por abajo del cinto y a lo que la saca y se las ve toda colorada:

-Ay, ay, ay...- dijo el Codillo – ay, ay, ay...¡Dios y la Virgen quieran que se sangre!

 
Manopla

En el pueblo no había dentista de profesión pero hacía de “sacamuelas” un paisano retacón que se había hecho baquiano descornando hacienda. Era forzudo el petizo y tenia una manos como para ahorcar novillos: le decían “Manopla”.

Una vuelta cae el Moto con una muela inflamada, como para que se la saque directamente y sin mucha especulación. Lo revisó a la entrada nomás, de parado:

-Parece que puede tirar un poco más, pero si querés te la saco.
-Sáquemela dotor, que me trae mal la desgraciada.
-Como quieras nomás.
-¿Y cuanto me sale sacarla?
-CON dolor sale veinte, y SIN dolor diez... la mitá.
-Ah no, dotor...entonces sáquemela SIN dolor...¡más vale!...encima me sale menos...
-Bueno sentate nomás – le dijo Manopla, y manoteó una tenaza de alambrador.

Le asentó una pata en el estribo del sillón, como para que no se le balanceara, le agarró la muela con la tenaza y empezó a hacerle fuerza.

La muela se ve que estaba fuerte porque se le resistía, entonces Manopla se le trepó al sillón, le apoyó una rodilla en el pecho al Moto, y entró a hacerle fuerza y palanca para todos lados.

-Ah...ah – se quejaba el Moto con la boca abierta y los ojos apretados – Ah...aaahhhh.

- Sin gritar mi amigo –le dijo Manopla – ...sin gritar porque le cobro CON dolor.

Ver otros cuentos del boliche de "La Gazeta" :

- Mate con llave
- Carne de conducir

                          

Ver más cuentos criollos en el: Indice

Fuente: www.lagazeta.com.ar

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El Moto

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LG

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Talero

 

Bala

 

Las ilustraciones son de  Florencio Molina Campos.   (los nombres no corresponden  al  original)

Prohibida su reproducción comercial.




 

       
       
       
       

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