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IMPLANTACIÓN DEL TERROR
                           Mariano Moreno

(01) La letra del Plan de operaciones
(02) Del dicho al hecho.
(03) El terror en Buenos Aires
(04) continúa...
(05) La mano firme.
(06) Fuentes
(07) Artículos relacionados

La letras del “Plan de operaciones”

El régimen de terror fue muy anterior a la época de Rosas. Desde la independencia argentina, fue aplicado por casi todos los gobiernos.

La junta de 1810 ya había formulado su doctrina en el “Plan de las operaciones que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia", atribuído a Mariano Moreno.

En este célebre documento se sostiene que con los enemigos declarados "...debe observar el gobierno una conducta, la más cruel y sanguinaria; la menor especie debe ser castigada. La menor, semiprueba de hechos, palabras, etc., contra la causa, debe castigarse con pena capital, principalmente cuando concurran las circunstancias de recaer en sujetos de talento, riqueza, carácter”...y luego agregaba que "No debe escandalizar el sentido de mis voces: de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa…y si no, ¿por qué nos pintan a la libertad ciega, y armada de un puñal? Porque ningún Estado envejecido o provincias pueden regenerarse ni cortar sus corrompidos abusos sin verter arroyos de sangre."


Del dicho al hecho

El plan revolucionario no quedó en el papel. En su cumplimiento cayeron en Córdoba, el 26 de agosto de 1810, Liniers, Gutiérrez de la Concha, Allende, Rodríguez y Moreno, en virtud del siguiente decreto de la Junta, obra del mismo autor del Plan:

"Los sagrados derechos del Rey y de la Patria han armado el brazo de la justicia. Y esta Junta ha fulminado sentencia contra los conquistadores de Córdoba, acusados por la notoriedad de sus delitos y condenados por el voto general de todos los buenos. La Junta manda que sean arcabuceados don Santiago de Liniers, don Juan Gutiérrez de la Concha, el obispo de Córdoba, don Victoriano Rodríguez, el coronel Allende y el oficial real don Juan Moreno. En el momento en que todos o cada uno de ellos sea pillado, sean cuales fueren las circunstancias, se efectuará esta resolución, sin dar lugar a minutos que proporcionen ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de esta orden y honor de V. S. Este escarmiento debe ser la base de la estabilidad del nuevo sistema y una lección para los jefes del Perú, que se abandonan a mil excesos por la esperanza de la impunidad, y es, al mismo tiempo, la prueba fundamental de la utilidad y energía con que llena esa expedición los importantes objetos a que se destina.” (Emilio P. Carriere. El terrorismo en al Revolución de Mayo, p.42 y 43)

Vencidos los realistas en Suipacha, la tragedía de Córdoba se repitió en el Alto Perú. El 15 de diciembre del mismo año cayeron, en la Plaza Mayor de Potosí, el mariscal Vicente Nieto, el capitán de navío y brigadier José de Córdoba y Rojas y el gobernador intendente Francisco de Paula Sanz, fusilados por orden del representante de la junta, Juan José Castelli.

Mientras tanto, en Buenos Aires, era ejecutado don Basilio Viola, sin formación de causa, por creérsele en correspondencia con los españoles de Montevideo. (Manuel Bilbao. Vindicación y memorias de Antonino Reyes, p.33)


Bernardino Rivadavia El terror en Buenos Aires.

Pero no es sólo en virtud del Plan de Moreno que se fusila, ni son sólo españoles los que caen.

En 1811 se produce una sublevación del regimiento criollo de Patricios. La causa remota fué el descontento producido por el alejamiento de Saavedra; la próxima, la orden de suprimir las trenzas. Como consecuencia del motín fueron condenados a muerte cuatro sargentos, tres cabos y cuatro soldados, y sus cuerpos se exhibieron al vecindario colgados en horcas en la Plaza de la Victoria. Esta represión fué obra de Bernardino Rivadavia, alma del primer Triunvirato.

Al año siguiente, 1812, se produce la conspiración de Álzaga, y también es ahogada en sangre por Rivadavia. Después del fusilamiento del jefe y los principales cabecillas, se realiza una matanza popular de españoles.

"Las partidas -dice Corbiere- buscaban a los españoles prestigiosos y sospechados de monárquicos, en sus casas, para matarlos, sin que autoridad alguna les detuviera la mano. Bastaba ser godo, apodo dado a los peninsulares, para que el populacho, formado de gauchos, mulatos, negros, indios y mestizos, capitaneado por caudillos del momento, se arrojase sobre la víctima y la ultimase a golpes, siendo arrastrado el cadáver hasta la Plaza de la Victoria, donde quedaba colgado de la horca; exactamente como habían procedido, en situación semejante, los populachos de Quito y Bogotá, tres años antes. Durante varios días se practicó «la caza de españoles», y la fobia de los cazadores siguió celebrándose como explosión patriótica justificada por el crimen que significaba la fracasada conspiración... Un mes duró el terror. La Plaza de la Victoria mostró más de cuarenta víctimas del fanatismo popular, que los victimarios miraron con la satisfacción del deber cumplido.”

Un decreto-proclama del Triunvirato puso fin a este mes trágico. El texto decía textualmente:

"¡Ciudadanos, basta de sangre! Perecieron ya los principales autores de la conspiración y es necesario que la clemencia substituya a la justicia." -y terminaba – “El Gobierno se halla altamente satisfecho de vuestra conducta y la patria fija sus esperanzas sobre vuestras virtudes sin ejemplo. Buenos Aires, 24 de julio de 1812.- Felíciano Antonio Chiclana. Juan Martín de Pueyrredón. Bernardino Rivadavia. Nicolás de Herrera, secretario.” (Corriere, p.100).

La historia oficial atribuirá a Rosas “crueldad” por fusilamientos (1), pero estos hechos se los atribuye a “la energía de Rivadavia”


Continúa...

No terminó con el primer Triunvirato el régimen del terror. Un decreto del 23 de diciembre del mismo año ordena lo siguiente:

“1°. Ninguna reunión de españoles europeos pasará de tres, y en caso de contravención serán sorteados y pasados por las armas irremisiblemente, y si ésta fuese de muchas personas sospechosas a la causa de la patria, nocturna, o en parajes excusados, los que la compongan serán castigados con pena de muerte.

2°. No podrá español alguno montar a caballo, ni en la Capital ni en su recinto, si no tuviese expresa licencia del Intendente de Policía, bajo las penas pecuniarias u otras que se consideren justas, según la calidad de las personas en caso de contravención.

3°. Será ejecutado incontinenti con pena capital el que se aprehenda en un transfugato con dirección a Montevideo, ese otro punto de los enemigos del país, y el que supiere que alguno lo intenta y no lo delatare, probado que sea será castigado con la misma pena."

Este decreto lleva las firmas de Juan José Passo, Nicolás Rodríguez Pefía, Antonio Álvarez de Jonte y José Ramón de Basavilbaso.

Los gobiernos revolucionarios posteriores no se mostraron más suaves en la represión de las actividades subversivas.

Alvear, el 28 de marzo de 1815, dicta un decreto terrorista en que se pena con la muerte a los españoles y americanos que de palabra o por escrito ataquen el sistema de libertad e independencia; a los que divulguen especies alarmantes de las cuales acaezca alteración del orden público; a los que intenten seducir soldados o promuevan su deserción, y reputa como cómplices a quienes, teniendo conocimiento de una conspiración contra la autoridad, no la denuncien. Diez días después de este decreto, el 7 de abril, domingo de Pascua, amanecía colgado frente a la Catedral el cadáver del capitán Marcos Ubeda. Acusado de conspirar, había sido juzgado en cinco horas y fusilado dos horas después. Las familias porteñas que concurrían a misa pudieron presenciar el espectáculo, y ello influyó no poco en la estrepitosa caída de Alvear, que se produjo a los ocho días de la terrorífica exhibición.

Recordemos que Carlos María de Alvear, tan rígido en este oportunidad, es el mismo Alvear que cometía los mismos delitos, y que dirigiéndose a S.M.Británica expresaba que “estas Provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderosos” (Levene. Leciones de Historia Argentina. p.83)

El método de terror ya había sido introducido en la vida política argentina y era imposible detenerlo. Actos como éste traían otros, a título de represalia.

Caído Alvear, le sucede Álvarez Thomas, quien designa una comisión militar y otra civil para juzgar los delitos cometidos bajo el breve período que en documentos públicos -15 años antes de Rosas- se llamó la "tiranía" de Alvear. La comisión militar, presidida por el general Soler, procesó al coronel Enrique Payllardel por haber presidido el consejo de guerra que condenó a Ubeda. Payllardel fué también condenado a muerte y ejecutado.

Transcurren los primeros años de la independencia y se sigue derramando sangre.

En 1817 son fusilados Juan Francisco Borges y algunos compañeros, por orden de Belgrano.

En 1819, a raíz de una sublevación de prisioneros españoles en San Luis, son degollados el brigadier Ordóñez, los coroneles Primo de Rivera y Morgado y todos los jefes y oficiales. (Carlos Ibarguren. Juan Manuel de Rosas. p.58)

En 1820, Martín Rodríguez ordena el fusilamiento de dos cabecillas del motín del 5 de octubre del mismo año.

En 1823, Rivadavia, como ministro de Rodríguez, y a raíz de la intentona revolucionaria del 19 de marzo, motivada por su reforma religiosa, ordena el fusilamiento de Francisco García, Benito Peralta, José María Urien, doctor Gregorio Tagle y comandante José Hilarión Castro. García fue ejecutado el día 24, al borde del foso de la Fortaleza. Peralta y Urien lo fueron el 9 de abril. El comandante Castro logró escapar, e igualmente el doctor Tagle, a quien facilitó la fuga, en nobilísimo gesto, el coronel Dorrego.

En este mismo año de 1823 gobernaba en Tucumán don Javier López, el general unitario que en 1830 solicitaría al gobierno de Buenos Aires la entrega del "famoso criminal" Juan Facundo Quiroga. El general López ejerció en Tucumán una dictadura sangrienta, de la cual Zinny hace el siguiente comentario: "Raro fue el ciudadano de Tucumán que no hubiera sido vejado y oprimido; todas las garantías públicas y privadas fueron atacadas; más de cuarenta víctimas se inmolaron al deseo obstinado de sostenerse en el mando contra la voluntad general; más de mil habitantes útiles al país desaparecieron de su suelo desde que este jefe encabezara la guerra civil. He aquí - añade Zinny - la lista de los fusilados sin formación de causa:

"Don Pedro Juan Aráoz, comandante Fernando Gordillo, general Martín Bustos, capitán Maríano Villa, fusilados en un día, con dos horas de plazo.
"Don Agustín Suárez, don Manuel Videla, azotados y, a las dos horas, fusilados.
"Don Basilio Acosta.
"Don Baltasar Pérez.
"General Bernabé Aráoz, fusilado clandestinamente en Las Trancas.
"Don Vicente Frías.
"Don Beledonio Méndez, descuartizado en la plaza.
"Don N. Piquito, descuartizado en Montero.
"Don Isidro Medrano.
"Don Eusebio Galván, degollado por el oficial S ...
"Don Romualdo Acosta.
"Don Félix Palavecino.
"Don Baltasar Núñez.
"Comandante Luis Carrasco, con sus dos asistentes, y muchos otros."

He aquí cómo, en aquel remoto año de 1823, cuando aun no se había iniciado francamente la lucha entre federales y unitarios, ya sientan el precedente sangriento nada menos que el padre del unitarismo, en Buenos Aires, y uno de sus principales generales, en Tucumán.

(1) La mano firme de Rosas

Hay que delimitar bien lo que ordenó Rosas, lo que se hizo con su tolerancia y lo que se hizo contra su voluntad. Dentro de lo que ordenó Rosas, es preciso establecer cuándo hubo abuso ycuándo obró justamente, porque al fin y al cabo, era la autoridad legal establecida, y cuándo obró de manera firme lo hizo en defensa contra quienes aplcaron el terror y a intriga.

Esta circunstancia parece haber sido olvidada por los severos juzgadores de la "tiranía". Una cosa es el fusilamiento ordenado por quien ha sido investido por ley con la suma del poder público y desempeña el gobierno cumpliendo la misión que se le encomendó, y otra es el fusilamiento por orden de un general levantado en armas contra la autoridad legítima.

Cuando Rosas, los gobernadores de provincias o los generales en campaña daban muerte a los unitarios sublevados, no hacían más que aplicar los artículos de las ordenanzas españolas, que establecían lo siguiente:

"Art. 26.-Los que emprendieren cualquier sedición, conspiración o motín, o indujeren a cometer estos delitos contra mi real servicio, seguridad de las plazas y países de mis dominios, contra la tropa, su comandante u oficiales, serán ahorcados, en cualquier número que sean"

"Art. T68.-Los que induciendo y determinando a los rebeldes hubieren promovido o sostuvieren la rebelión, y los caudillos principales de ésta, serán castigados con la pena de nmerte."

Igual pena establecían las ordenanzas para los desertores. Esas eran las leyes penales que regían entonces, y Rosas -autoridad legal con la suma del poder público - las aplicaba. Pero sus detractores parecen creer que en esos tiempos estaba en vigencia el actual Código Penal.
                          

Fuentes:

- Ezcurra Medrano Alberto. Las otras tablas de sangre.
- Obras citadas.
- La Gazeta Federal
www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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