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LA DICTADURA DE "LOS SALVAJES UNITARIOS"
                           Bernardino Rivadavia

(01) La leyenda roja
(02) El hombre de "las luces"
(03) Bautismo de "los salvajes unitarios"
(04) El breve sillón de rivadavia
(05) La espada sin cabeza
(06) "Pacificación" de la campaña
(06) Fuentes
(07) Artículos relacionados


La leyenda roja

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, los unitarios mantuvieron una permanente intriga contra el régimen. Su odio personal a Rosas los llevo a incentivar la intervención extranjera, y luchar junto a ellos como traidores a su patria. Por intermedio de la prensa y la literatura crearon una “leyenda roja” contra Rosas, por boca y pluma como lad de Florencio Varela, Rivera Indarte y Sarmiento, entre muchos otros.

La historia oficial se encargó luego de difundir esa leyenda, repitiendo los dichos de “dictadura”, “tirano sanguinario”, “asesino perverso”, etc.

Sin hacer juicios de valor o medición de cuan dictador, tirano o injusto haya sido Rosas, lo cierto es que no fue el primero, ni el último, ni el peor. Para dilucidar esta cuestión no es necesario recurrir a la historia revisionista; basta escuchar los testimonios de algunos protagonistas directos, y leer algo de historia relatada por historiadores imparciales y hasta antirosistas.

Después de la revolución de mayo los morenistas llevaron el terror a las provincias interiores, y lo ejercieron en Buenos Aires, Plan de operaciones mediante, con el fusilamiento de sublevados y persecución de opositores o supuestos contrarrevolucionarios o “españolistas”. Las sublevaciones de 1811 y 1812 fueron ahogadas en sangre por “las luces” rivadavianas, sin hacer distinciones entre jefes, soldados y civiles. Rosas ni siquiera tenía entonces participación política.


El hombre de “las luces”

Los celos enfermizos de Rivadavia hacia San Martín, llevaron a “Rivadavia y sus satélites” a complotar contra la Campaña Libertadora y contra el propio Libertador. El acoso que incluyó la violación de su correspondencia personal, tal como lo denunciara el propio San Martín, y hasta las sospechas de un complot para atentar contra su vida.

Los celos de Rivadavia quedan en evidencia, entre otros, por boca del historiador canadiense H.S.Ferns. a quien difícilmente se le pueda acusar de parcial:

“Rivadavia era incapaz de lealtad, honestidad o siquiera buenas maneras en sus relaciones con los hombres que lo rodeaban con quienes estaba obligado a llevar los negocios de la comunidad. Odiaba a los hombres que eran más notables o tenían más éxito que él. No encontraba nada demasiado maligno que decir sobre San Martín y Bolívar.” (Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. H.S.Ferns. p.178)

El complot y violación de la correspondencia privada del Libertador por parte de “Rivadavia y sus satélites”, queda en evidencia por propia pluma de San Martín en su correspondencia; en carta a O´Higins del 2 de febrero de 1927, le dice: “...Mi separación voluntaria del Perú parecía me ponía al cubierto de toda sospecha de ambicionar nada sobre las desunidas Provincias del Plata. Confinado en mi hacienda de Mendoza, y sin más relaciones que algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar la desconfiada administración de Buenos Aires; ella me cercó de espías; mi correspondencia era abierta con grosería...” (Altamira, Luis Roberto: “San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”. Impresiones Pellegrini 1950. Museo Histórico Nacional. Su Correspondencia)

Enterado San Martín de la paz rivadaviana con Brasil, le escribe a O´Higgins el 20 de octubre de 1827:

“Me dice Ud. no haber recibido más carta mías; se han extraviado, o mejor dicho se han escamoteado ocho o diez cartas mías que e tengo escritas desde mi salida de América; esto no me sorprende, pues me consta que en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial la más completa. Yo he mirado esta conducta con el desprecio que merecen sus autores....ya habrá sabido la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y solo ha contribuido a dividir los ánimos. Yo he rechazado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona. Con un hombre como este al frente de la administración no creí necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra con el Brasil por el convencimiento en que estaba, de que hubieran sido despreciados” (Altamira Roberto. Op.cit. Museo Histórico Nacional. Piccinali.Op.cit. cap. XII) (JS.p.41)

También O¨Higinns, en carta a San Martín del 18 de agosto de 1828, hace sobre Rivadavia un juicio lapidario:

“… Hasta la evidencia se podría asegurar que las ocho o diez cartas que veo por su apreciable del 29 de septiembre del año pasado se han escamoteado como las que he escrito a Ud. paran en poder del hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino. Un enemigo tan feroz de los patriotas como Don Bernardino Rivadavia estaba preparado por arcanos más oscuros que el carbón para humillarlos y para degradación que su desastrosa administración ha dejado a un pueblo generoso, que fue la admiración y baliza de las repúblicas de América Sudeste. Hombre despreciable que no solo ha ejercido su envidia y encono contra Ud. no queda satisfecha su rabia, y acudiendo a la guerra de zapa, quiso minarme en el retiro de este desierto, donde por huir de ingratos busco mi subsistencia y la de mi familia con el sudor de mi frente...”(Altamira, Luis Roberto. Ibidem)

Respecto al complot contra la vida del Libertador, la denuncia la hace el propio San Martín en carta a Tomás Guido el del 27 de abril de 1828:

“¿Ignora Ud por ventura que en el 23, cuando por ceder a las instancias de mi mujer de venir a Buenos Aires a darle el último adiós, resolví en mayo venir a Buenos Aires, se apostaron en le camino para prenderme como a un facineroso, lo que no realizaron por el piadoso aviso que se me dio por un individuo de la misma administración”. (Altamira, Luis Roberto. Ibidem)

Así agradecían los “civilizados” al libertador de medio continente, mientras los “bárbaros”, según la definición sarmientina, le ofrecían su ayuda y gratitud; el gobernador “bárbaro” de Santa Fe, Don Estanislao López, le remite a San Martín la siguiente correspondencia:

“Sé de una manera positiva por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V.E. a aquella capital será mandado juzgar por el gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales por haber desobedecido sus órdenes en 1817 y 1820, realizando en cambio las gloriosas campañas de Chile y Perú. Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que a su solo aviso estaré en la provincia en masa a esperar a V.E. en El Desmochado, para llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria”. (Altamira, Luis Roberto. Ibidem)

En esta agradecida y emotiva carta, Estanislao López se refería a la desobediencia de San Martín a Rivadavia, que pretendía que regresara para aplastar a las provincias del interior. San Martín en cambio prefirió liberar medio continente, dejando las manos libres a López y Ramírez para que destrozaran a Rondeau en Cepeda.


Gral.Gregorio A. de Lamadrid.    

Gral.Gregorio Araoz de Lamadrid

El bautismo de “los salvajes unitarios”.

Previo al dictado de la Constitución de 1826, los unitarios trataron de “unitarizar” por la fuerza algunas provincias interiores.

Una de las misiones fue cumplida por Lamadrid, a quien Zinny reconoce como “el gobernador intruso” y González Calderón como “el agente político de la mayoría del Congreso”.

Lamadrid inició una sangrienta campaña, teniendo por aliados a Arenales en Salta y a Gutiérrez en Catamarca. Utilizó en ella un grupo de desertores del ejército de Sucre, conocidos entonces bajo el epíteto de "colombianos", que a las órdenes del coronel Domingo López Matute se habían puesto a su servicio. La actuación de estos hombres en la batalla de Rincón fue cruel y sanguinaria, y después de la derrota invadieron a Santiago del Estero cometiendo allí una larga serie de incendios, degüellos y atrocidades de toda índole. De la actuación de estos hombres se conoce como “cepo colombiano” a la tortura que consiste en amarrar por la espalda y piernas a un hombre entre varas o fusiles tensados con cuero mojado, hasta descoyuntarlo. "La bandera -comenta Bernardo Frías- cargó con el fruto de la máquina de que se servía, y, ya en aquel año tan atrasado a Rosas, hemos leído en papeles de la fecha, salidos del rincón lejano de Catamarca, aquello de salvajes unitarios”


El breve sillón de Rivadavia

En 1926 se designa presidente a Bernardo González Rivadavia (alias Bernardino) y se dicta la Constitución unitaria. Su vigencia fue breve y violenta. González Calderón hace el siguiente juicio:

"Hay que decir, respecto de la actuación del señor Rivadavia y del Congreso Constituyente de 1826 que arrastraron a la nación a la más espantosa guerra civil, cuya consecuencia fue la dictadura sangrienta. ¿Que se equivocaron de buena fe? ¿Que el país no estaba preparado para practicar las instituciones teóricamente buenas que pretendieron establecer? No se trata de eso cuando hay que discernir la responsabilidad de nuestros antepasados por los acontecimientos o por los hechos que su conducta ocasionó si se equivocaron; debe pensarse, lógicamente, que carecieron de la visión genial del verdadero estadista; sí concibieron instituciones inadaptables a la idiosincrasia del país, debe creerse, con fundamento, que no tuvieron conciencia de lo que sus deberes les exigían. Faltároles a Rivadavia y al lucido círculo que lo rodeaba esa visión nítida y exacta que caracteriza a los grandes hombres de Estado y también el necesario dominio de las condiciones en que debían legislar. Cuando desaparecieron de las elevadas esferas oficiales, todo el edificio que se propusieron construir se deshizo estrepitosamente, porque sus cimientos sólo se habían apoyado en el terreno peligroso de las utopías políticas."

` Por su parte Rosas, el mismo día de la asunción al primer gobierno, da su opinión al representante uruguayo Santiago Vázquez:

“…conozco y respeto mucho los talentos de muchos de los señores que han gobernado el país, y especialmente de los señores Rivadavia, Agüero y otros de su tiempo, pero a mi parecer todos cometían un gran error: se conducían muy bien con la clase ilustrada, pero despreciaban a los hombres de las clases bajas, los de la campaña, que son la gente de acción”.

Mucho más tarde, el 25 de agosto de 1844, San Martín le escribe al chileno Don Pedro Plenzueos una carta en que no deja lugar a dudas de sus opiniones con respecto a Rivadavia:

“Si yo viese a su afortunada patria dar oídos a los visionarios y precipitar sus reformas, confieso a Ud. me alarmaría por su futura suerte; tenga Ud. presente la que se siguió en Buenos Aires por el célebre Rivadavia que empleó sólo la madera para hacer andamios para componer la fachada de lo que llaman Catedral, 60 mil duros, que se gastaron ingentes sumas para contratar ingenieros en Francia y comprar útiles para a construcción de un pozo artesiano al lado de un río y en medio de un cementerio público, y todo ello se hacía cuando no había un muelle para embarcar y por el contrario se deshizo y destruyó el que había de piedra y eu había costado 600 fuertes e tiempo de los españoles, que el ejército estaba sin paga y en tal miseria que pedían limosna los soldados públicamente. El fin que estableció el papel moneda que ha sido la ruina del crédito de aquella República Argentina. Sería de no acabar si se enumeraran las locura de aquel visionario y la administración de un gran número de mis compatriotas, creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con sólo los decretos que diariamente llenaba lo que se llama el Archivo Oficial. Yo espero que Chile seguirá la marcha sólida que ha emprendido y que sus reformas las hará con pasos de tortuga”

Lavalle: "La espada sin cabeza".    
(Esteban Echeverría)    

Gral.Juan Galo de Lavalle


La espada sin cabeza.

Tras la vergonzosa capitulación rivadaviana ante Brasil y la precipitada huida de Rivadavia, asume legalmente el gobierno de la provincia de Buenos Aires Manuel Dorrego, quien es destituido por una revolución unitarios y fusilado por Lavalle sin mas trámite en Navarro, junto a varios oficiales tomados prisioneros.

El historiador Paul Groussac, antirosista, nos deja su impresion sobre la dictadura de Lavalle:

"A la víctima ilustre de Navarro siguieron muchas otras, y la sentencia «legal» que precedió a las ejecuciones de Mesa, Manrique, Cano y otros prisioneros de guerra no borra su iniquidad. Mientras los diarios de Lavalle pisoteaban el cadáver de Dorrego y ultrajaban odiosamente a sus amigos, los redactores de “La Gaceta Mercantil” eran llevados a un pontón, por un acróstico «sedicioso». Se deportaba a los generales Balcarce, Martínez, Iriarte; a los ciudadanos Anchorena, Aguirre, García Zúñiga, Wright, etcétera, por delitos de opinión. “El Pampero” denunciaba al gobierno y, en su defecto, a los furores de la plebe del arrabal, las propiedades de Rosas y demás «ricachos del pueblo que io auxilian»."

Y luego añade Groussac el siguiente resumen y comentario:

"Delaciones, adulaciones, destierros, fusilamientos de adversarios, conatos de despojo, distribución de los dineros públicos entre los amigos de la causa: se ve que Lavalle, en materia de abusos - y aparte de su número y tamaño -, poco dejaba que innovar al sucesor. Sin comparar, pues, la inconsciencia del uno a la perversidad del otro, ni una dictadura de seis meses a una tiranía de veinte años, queda explicado el doble fenómeno del despotismo creciente, por desarrollo natural, al par que el de su impresión decreciente en las almas pasivas, de muy antes desmoralizadas por la semejanza de los actos, fuera cual fuera la diferencia de las personas." (Paul Groussac. Estudios de Historia Argentina. p.204)

Sería pues interesante saber que hubiera hecho Lavalle de gobernar veinte años, en lugar de seis meses.

Eliseo F. Lestrade, en su “Rosas. Estudio sobre la demografía de la época”, nos deja algunos datos más que interesantes: "El año de gobierno de los unitarios militares - dice Lestrade - se caracteriza, para la demografía, como el año aciago, pues no se vuelve a producir en lo sucesivo el hecho de morir mayor número que el de nacidos."

En efecto, en 1829 mueren en la ciudad de Buenos Aires 883 personas más de las que nacen; mientras que en 1840 y 1842, los años trágicos de la dictadura rosista, el aumento vegetativo de la población es de 1.180 y 730 almas, respectivamente.

En ese tiempo el libertador eprende el viaje a su Partria, pero al enterarse del fusilamiento de Dorrego, de detiene en Montevideo, donde permanece una días, pra luego regresar definitivmente a Frencia. El 14 de abril de 1829 recibe en Montevideo una comitiva que le trae una propuesta de Lavalle, que San Martín rechaza en los siguientes términos:

“Montevideo, abril 14 de 1829. Los señores Trolé y Juan A. Nelly me han entregado la de Ud. del 4 del corriente; en ellos le dirán cual ha sido el resultado de nuestra conferencia; por mi parte siento decir a Ud. que los medios que me han propuesto no me parece tendrán loas consecuencias que Ud. se propone para terminar los males que la afligen a nuestra patria desgraciada…” y termina la carta con esta sentencia que seguramente atormentó a Lavalle hasta su muerte: “una sola víctima que pueda economizar a su país le servirá de un consuelo inalterable...”

La propuesta de Lavalle queda en claro en carta que San Martin le envía a O´Higgins el 19 de abril, con copia de su respuesta:

“...su objeto era que yo me encargase del mando del ejercito y provincia de Buenos Aires y transase con las demás provincias a fin de garantir por i parte y el de los demás gobernadores a los autores del 1° de diciembre (asesinato de Dorrego) …por otra parte los autores del movimiento del 1° de diciembre son Rivadavia y sus satélites y a Ud. le consta los inmensos males que estos hombres han hecho no solo a este país sino al resto a América con su infernal conducta. Si mi lama fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres; pero es necesario señalarles la diferencia que hay de un hombre de bien, a un malvado…Digo a Ud. en la mía del 5 que para le próximo paquete (paquebote) de mayo me marcharía a Europa, pero lo certificaré en el que sale a fines de éste. Adiós otra vez, por siempre su invariable San Martín” (Picianeli, Hector Juan. Op.Cit.)

Así se ponía nuevamente por encima de ese grupo de “iluminados”, y antes de alejarse definitivamente, en carta a Iriarte le deja un juicio lapidario sobre Lavalle:

“Sería un loco si me mezclase con estos calaveras. Entre ellos hay alguno, y Lavalle es uno de ellos, a quien no he fusilado de lástima cuanto estaban a mis órdenes en Chile y en Perú…son muchachos sin juicio, hombres desalmados...” (García Mellid, Atilio. “Proceso al liberalismo argentino”. Edit. Theoría. 1988) (JST.p.45)


“Pacificación” de la campaña.

Mientras tanto, por intermedio del coronel Estomba se “pacificaba” la campaña de la provincia de Buenos Aires, de cuyo procedimiento nos da cuenta Manuel Bilbao:

"Recorría (Estomba) la campaña dominado de un furor tal que las ejecuciones las ordenaba a cañón, poniendo a las víctimas en la boca de las piezas y disparando con ellas."… (Manuel Bilbao. Vindicación y memorias de Antonino Reyes) "Así murió Segura, mayordomo de la estancia "Las Víboras", de los Anchorena, "por el delito de ignorar la situación de cierta partida federal" (Manuel Galvez. Vida de don Juan Manuel de Rosas. p.94)…. “A otros ciudadanos, por el mismo delito, los mata a hachazos por sus propias manos”. (Dermidio T. Gonzalez. El Hombre. p.199)

El fusilamiento a cañón, por otra parte, no era procedimiento exclusivo de Estomba. He ahí el caso, referido por Arnold y otros, y citado por Gálvez, del coronel Juan Apóstol Martínez, quien "hace atar a la boca de un cañón a un paisano, que muere hecho pedazos, y cavar sus propias fosas a varios prisioneros".`

"Las tropas mandadas por Rauch -dice más adelante Gálvez- matan a los hombres que encuentran en las calles de los pueblitos. Calcúlase que más de mil hombres aparecen asesinados. Sólo en el caserío llamado «Las Perdices» dejan siete fusilados. En la ciudad, en una tienda de la Recova, un oficial unitario desenvuelve un papel, y sacando una oreja humana, dice que es del manco Castro, y que tendrán igual suerte las de otros federales. A una criatura de siete años la matan porque lleva una divisa."

Y a todo esto, el "sanguinario" Rosas aún no gobernaba.

                          

Fuentes:

- Ezcurra Medrano Alberto. Las otras tablas de sangre.
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.
- Obras citadas.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


Artículos relacionados:

- Implantación del terror (Plan de operaciones)
- Constitución unitaria de 1826
- ¿Civilización o barbarie?
- San Martin y Rivadavia
- San Martin y Rosas
- Complot unitario de 1833
- Tablas de Sangre
- Rivera Indarte

Fuente: www.lagazeta.com.ar

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