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SARMIENTO Y LOS INGLESES
                          

Domingo F.Sarmiento 01. Cipayismo y diatribas
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Cipayismo y diatribas

Sarmiento renegó de su propio origen y cultura hispánica, y también renegó de los gauchos, de la manada de “lobos” paraguayos, de “esa raza guaranítica”, de los indios piojosos y de los indigentes. Renegó por los inmigrantes de “clases bajas europeas” e insultó a los “bachichas” italianos, a los gitanos, a los judíos y a los árabes que fueron corridos por el desierto por los franceses, y también lo hizo contra los borrachos irlandeses. (Ver "opiniones de Sarmiento")

Sarmiento defendió y promocionó durante años la intervención y librecomercio de esa raza “civilizada de ojos celestes”, motivado más por el odio a Rosas que por la admiración a los ingleses, pero si algún motivo le faltaba para tomársela también contra los ingleses, ese motivo se lo dio precisamente el encargado de S.M.B. Mr.Southern. Efectivamente, el Representante ingles, que veía en Rosas una solución para mantener el orden en el Río de la Plata y frenar el avance brasileño, había consultado al ministro Felipe Arana sobre si los ingleses podían peticionar a favor de la reelección de Rosas. Y si algo era imperdonable para Sarmiento, era que alguien hablara a favor de Rosas, aunque más no sea tangencialmente.

Sarmiento entonces arremete con todo ímpetu contra Mr.Southern, y todo lo que lo rodea:

“Pertenezco –dice Sarmiento- al corto número de habitantes de la América del Sur que no abrigan prevención ninguna contra la influencia europea en esta parte del mundo; como publicista he sostenido de diez años a esta parte que estaba en nuestro interés abrir a la Inglaterra i a todas las naciones europeas la navegación de nuestros ríos para que desenvolviesen el comercio, la riqueza, creasen ciudades, i estimulasen la producción; como escritor, he defendido constantemente los intereses ingleses i europeos en América, finjiendo creer que siempre en las cuestiones que entre Europa i América se suscitan, la razón debe de estar de parte de los europeos. Soi yo, Señor, el escritor americano que a faz de sus compatriotas ha dicho, hablando de los bloqueos europeos en América, "son un castigo lejítimo contra sus estravíos, para contener sus pasiones vandálicas. Así se educan los pueblos que carecen del sentimiento del derecho; así se escarmientan los gobiernos; asi se contienen los partidos. Un bloqueo producido por un atentado contra un estranjero, enseña a no cometer atentados en lo sucesivo; si somos débiles i las potencias estranjeras injustas, seamos al menos justos aunque débiles, que así el buen derecho estará de nuestra parte, i Dios bendecirá nuestros esfuerzos." (Progreso, 1844).

Y luego de confesar su cipayismo, le pide explicaciones a Southern:

“En nombre de estos convencimientos, de estos trabajos en favor de los intereses europeos en América, permítame Su Señoría que le pregunte, ¿en qué se funda para creer, i manifestarlo así en una nota oficial, que la separación de Rosas de la dirección de los negocios de la República Argentina, sería la calamidad mas grande que podría sobrevenir al país?” (Obras de Sarmiento, t.VI, p.264).

A continuación confiesa su complicidad para engañar a los pueblos:

“Yo he habituado los oídos americanos a oírse llamar bárbaros en sus barbas, i ya no lo estrañan. Cada vez que los escritores europeos lo han dicho, yo he reproducido en las prensas americanas sus conceptos, aprobándolos, apoyándolos, Pero aún admitiendo la barbarie de los argentinos, algunas esplicaciones pueden servir a atenuar en el ánimo de Su Señoría el rigor de sus deducciones”.

A continuación de denigrar a su país y a su pueblo, se la agarra contra australianos e irlandeses:

“¿Cree Su Señoría -le pregunta Sarmiento- que Buenos Aires necesita gobierno más rijido, más terrible que los presidiarios de Australia? Pero si esta es su convicción, Su Señoría no me negará que las masas de Buenos Aires son menos estólidas, menos embrutecidas, menos insensibles a todo sentimiento moral que las masas irlandesas, a quienes la miseria impulsa fatalmente a los desórdenes i, sin embargo, el Lord Clarendon no ha sido sino temporalmente alguna vez facultado a suspender el habeas corpus, i la Irlanda permanece tranquila mas allá de lo que era posible esperar de la naturaleza humana” Después de elogiar al gaucho “más adelantado que las masas inglesas”, viene la denigración de estas últimas, "embrutecidas por el uso inmoderado del aguardiente, animalizadas por 18 horas de trabajo, que la ignorancia, la inmoralidad, el abatimiento i la miseria aumentan cada día".

Incluso recuerda a los incendiarios que pululaban en Inglaterra, por odio de los miserables a los propietarios; que las masas argentinas son pacíficas, aun en medio de los conflictos, mientras a él, Sarmiento, un policeman lo atajó en una calle de Londres para decirle que no se internara en ella, pues lo desnudarían y la autoridad no podía protegerlo. Conviene con Mac Gregor en los defectos españoles: “jenofobia, falta de respeto a la propiedad y a la vida, tolerancia del despotismo”, etc., pero dice que las masas españolas son más honradas que las inglesas y francesas. En este revoltijo de afirmaciones contradictorias, ahora denigra a Robespierre, poniéndolo por debajo de Rosas, cuando en Facundo lo ponía por encima.

Sarmiento nos condena a una eternidad pastoril, y le reprocha a los dirigentes argentinos que dijeron no ser absurdo "prohibir a los extranjeros la propiedad, inmueble, el comercio por menor, la navegación costanera” para evitar que un grupo de extranjeros enquistados arruinara al pais sin advertir que esa la política de su admirada Inglaterra, engrandecida con el sistema que él nos desaconsejaba a, nosotros.

Resentido con las debilidades de los europeos ante Rosas, se las reprocha con fuerza, pero en vez de enrostrárselo a Europa, se las toma con América:

“La Europa -dice Sarmiento- se ha complacido en ostentarnos solo sus miserias, i no pocas veces, Señor, sus ajentes han merecido que se les llame ingratos, pérfidos estranjeros, i a sus gobiernos se atribuyan brutales caprichos e infames aspiraciones, según se espresa ese gobierno en las barbas de su señoría. Mr. Mendeville, el predecesor de su señoría, era como hombre i como diplomático, un saco de podredumbre, creyéndose solo un Talleyrand, porque era mui corrompido. ¡Debe ser sin duda mui contajíosa la lepra de la América española, puesto que es tan frecuente ver a los ajentes europeos venir limpios, i salir de Buenos Aires cubiertos de inmundicias hasta los ojos!"

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Fuentes:                           

- Obras de Sarmiento.
- Irazuzta Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas. t.VII, p. 354
Obras de Leonardo Castagnino
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