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LAS OBRAS DE PALERMO



San Benito de Palermo (01) Los dineros públicos y privados
(02) Seguridad laboral
(03) Legado a la ciudad
(04) Fuentes.
(05) Artículos relacionados

Los dineros públicos y privados

Saldías ha descrito admirablemente cómo dirigía el dictador los trabajos en su quinta. Lo que en 1836, cuando compró el terreno, eran bañados intransitables se transformó en una magnífica casa de campo, gracias a su empeño. El agua del Plata penetraba por canales. La plantación de árboles, traídos de sus estancias había hecho del erial anterior, un bosque sombreado. La construcción del edificio fue dirigida personalmente por Rosas.

Sus enemigos decían que Rosas hacían pagar estos trabajos con dinero del Estado, pero en el Archivo de la Nación existen las cuentas de los gastos hechos en Palermo, con la especificación de que se costeaban de su peculio particular. En una de ellas, de febrero de 1846, presentada por el proveedor Miguel Cabrera aparecen pagos de arena de los Olivos; "al acarreador Ramón López 232 pesos por una vez, y 91 por otra; al mismo por arena, baldosas y conducciones, 537 pesos; a Luis González, por hechura de cortinas de seda y por coser cintas para persianas, 142 pesos; al capataz aguatero, por agua 522 pesos; al herrero, 4.016; por jornales de la semana que concluyó el 7 de febrero de aquel año, 3,345 pesos 6 reales; y otras cosas que hacen un total de 15.111 pesos; el recibo es por 12.500, quedando pendiente un saldo de 2.611 pesos”.

El 22 de abril de 1850 el escribiente de Secretaría de Rosas, Felipe Arzac, escribe al Administrador de Correos, J. M. de Luca, para aclararle que los peones de que habían hablado para emplearlos, no eran para el servicio particular dé S. E., sino para el del Estado: "Se hace a V. esta explicaci6n para evitar que una equivocada inteligencia perjudique su delicadeza, pues que jamás ha mezclado ni confundido, ni mezclará ni confundirá, sus asuntos particulares con los del Estado, ni con los del servicio público". (Archivo de la Nación, Secretaría de Rosas, a. V, c. 33, A. 3, N° 2)

Obras de Leonardo Castagnino Antonino Reyes nos deja testimonio sobre la ardua tarea de gobierno realizada y de la honestidad con que Rosas manejaba los dineros públicos:

"El tiempo corrido desde que entré al servicio del general Rosas y muy cerca de su persona, me da derecho a juzgar al hombre... No tenía hora señalada para su despacho: cuando se acababa lo del día se dejaba el trabajo y se despachaban los escribientes; generalmente la noche se pasaba en el trabajo. Se llamaba del Ministerio cuatro o seis escribientes cuando estábamos muy apurados. A estos escribientes se les despachaba a las cuatro de la tarde y se les daba a cada uno cinco pesos para ir a comer a la fonda: a los de la oficina, nada; éstos comían, si no había trabajo, en la mesa general de la familia, y sí había que hacer no se movían. A mí jamás me mandaba a comer, y cuando iba, al momento me llamaba para que hiciese el trabajo que correspondía a los demás. Se comprende el motivo: era que como él quedaba trabajando, no podía estar solo, pues tenía que hacer copiar lo que escribía. . . El domingo o día de fiesta era lo mismo que el día de trabajo. Generalmente dejaba el trabajo a la madrugada, a veces a las ocho o nueve de la mañana, y lo retornaba a las tres o cuatro de la tarde. Inmediatamente se despertaba y abría la puerta de su despacho y dormitorio, si aún no había llegado me mandaba llamar y ya empezaba el trabajo... Tengo la convicción que nunca usó en beneficio propio de los dineros del Estado durante su gobierno. Era celoso defensor de los caudales públicos y no permitía que los encargados de la distribución de dineros rindieran cuentas dudosas. Sólo había descanso cuando el general iba a Palermo y nos dejaba en la ciudad, y muchas veces al marcharse nos dejaba trabajo. No había que separarse mucho porque solía llamar de Palermo por algún trabajo urgente.

Sabido es que entonces iba a Palermo a respirar después de un largo encierro, y allí sólo recibía con gusto determinadas personas. Allí no estaba el gobernador, allí era simplemente el ciudadano, era la casa particular donde el servicio y lo que consumía era costeado por don Juan Manuel, para lo cual prevenía lo necesario al proveedor don Pablo Santillán y era todo pagado con su dinero particular.

En estos paseos no molestaba, como él decía, a ningún edecán, ni ayudante: llevaba a dos ordenanzas y el servicio particular. He oído muchas veces que salía disfrazado. No es cierto: no salía sino de particular, embozado en su capa, sin que nadie lo acompañara; algunas veces lo acompañaba yo; sus salidas eran a lo del doctor don Tomás de Anchorena. Otras veces iba solo, daba una vuelta y volvía después de una hora. La puerta quedaba apretada sin pasador, y yo en la pieza siguiente."
(Irazusta, Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas, t.VII.p.185)


Seguridad laboral

Rosas pensionaba a sus peones de por vida, si se accidentaban en el trabajo. Según Saldias, siempre había postulantes para los trabajos que se realizaban en Palermo. En el Archivo de policía aparece una nota del escribiente Melchor Echagüe, comunicando "haber dispuesto S. E, el Señor Gobernador, que en adelante los peones del Estado deberán empezar el trabajo al salir el sol, y lo largarán al ponerse, dándoseles tres horas de descanso en el verano, y una en el invierno”.

No era la jornada de ocho horas, que entonces no regía en ninguna parte, pero era ya una medida más humana que las condiciones generales del obrero en el resto del mundo. En Inglaterra la jornada de diez horas para mujeres y niños se introdujo recién en 1847; y en el trabajo fabril, el tiempo acordado para la merienda era únicamente de hora y media.


Legado a la ciudad

Mientras construía su residencia particular en Palermo, el encierro a que se sometía para cumplir con su abrumadora labor oficial volvió perjudicial su modo de vida en la ciudad. En su casa de la calle Moreno, donde tenía su despacho, trabaja catorce horas diarias, entre el día y la noche, con los oficiales de su secretaría, quienes le llevaban los expedientes del Fuerte. Los ministros acudían a su domicilio, a celebrar los acuerdos, hasta que poco a poco, todo llegó a tramitarse por escrito, en "carpetas" sobre cuyo orden Rosas era meticuloso en extremo. Por trabajar, el gobernador olvidaba el apetito y el sueño; su hija debía instarlo para que pensara en su salud. Palermo, cuando estuvo terminada la reconstrucción de la propiedad, era ideal para un hombre que se había formado en el campo, y hacía más de una década que se lo pasaba encerrado la mayor parte del día, amarrado al duro banco del galeote que era su escritorio. Allí podía dar paseos a caballo, como si estuviera en una estancia, aunque próximo al centro de los negocios públicos. Tenía varios caballos de su monta exclusiva, que eran vareados por sus peones con peso igual al suyo.

El público de la ciudad tenía libre acceso a la quinta de Rosas, tanto al parque como a las dependencias. Rosas arregló el paseo con idea de legarlo a la ciudad de Buenos Aires.

Todos los trabajos fueron realizados y pagados con recursos particulares de Juan Manuel de Rosas, sin utilizar recursos del Estado.

Leonardo Castagnino

Copyright © La Gazeta Federal / Leonardo Castagnino  El autor


Caserón de Rosas en 1850 - Maqueta virtual    ,

Por Juan Castagnino (En contruccion)    

Fuentes:

- Irazusta, Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas, t.VII, cap.99
- Castagnino Leonardo Juan Manuel de Rosas. La ley y el orden
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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