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ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE RUSIA
                          

Kremlin - Moscú.    

Kremlin - Moscú


(01)
Antes, durante y despues.
(02) Fuentes.
(03) Artículos relacionados.


Antes, durante y despues.

Según los documentos históricos, en el siglo VIII de nuestra era, los pueblos eslavos no formaban una nación propiamente dicha. Eran analfabetos, vivían primitivamente, desunidos, y carecían de una organización.

En el año 862, un grupo de eslavos acudió al pueblo sueco de los varegos para pedirle que les enviaran un príncipe que los organizara y dirigiera. De esa manera los varegos fueron a poner los cimientos de un nuevo país.

Los varegos eran llamados “ruotsi” y en lengua eslava el término se transformó en “rus”, de donde luego derivó el nombre de “Rusia”. Así, en principio los varegos dieron el nombre al nuevo país y luego le darían una capital: Kiev.

Las tribus eslavas fueron unificadas y estructuradas en una nueva nacionalidad.

En el siglo X, año 990, el príncipe Vladimiro se hizo bautizar, se casó con la princesa bizantina Ana y decretó que el cristianismo seria la religión oficial del país.

Arquitectos griegos fueron llevados a Kiev a construir la primera iglesia, que luego fue más o menos copiada en otras ciudades el reino. Por ese tiempo comenzó la alfabetización, utilizando los signos cirílicos, derivados del alfabeto griego, atribuidos a San Cirilo de Tesalónica. El progreso era lento en las inmensidades rusas, y un cataclismo vino a interrumpirlo, cuando las huestes mongólicas de Gengis Khan invadieron a Rusia al grito de “kju-kju”...

Los rusos fueron diezmados, sitiados, derrotados, hasta que se rindieron. “A los príncipes rusos prisioneros les pusieron encima una tablas y más de trecientos mongoles se sentaron sobre los tablones a celebrar la victoria con un festín. Luego se desternillaban de risa cuando oían, debajo de los tablones, los gemidos y las maldiciones de los príncipes, cuyas voces se acallaban paulatinamente, siendo remplazadas por la atronadora canción triunfal de los guerreros mongoles”. (Ian,V, Gengis Khan)

Terminada la dominación, una vez muerto Gengis Khan, llegó una nueva invasión terrible, la de Batu Khan, nieto de Gengis. “De esa manera –dice el historiador Werner Keller- el Estado oriental pasó a ser dominio de los mongoles y durante largo tiempo desaparece del campo visual y de la conciencia de Europa”.

Al declinar más tarde la influencia mongólica, Rusia recobró su libertad, y bajo Ivan III volvió nuevamente los ojos a Occidente en busca de progreso. Constructores y artistas italianos como Fioraventi, Solari, Novi, Frasiano y otros, fueron llevados a Moscú, que entonces era solo un conglomerado de chozas, y allí construyeron los palacios e iglesias del Kremlin. La obra fue tan grandiosa en medio de aquella ciudad miserable, que se hizo famosa la frase de que “sobre Moscú no hay más que el Kremlin, y sobre el Kremlin nada mas que el cielo”.

Iván IV, el Terrible, también llevó constructores y peritos de Europa occidental. La imprenta llegó Rusia en 1564, 25 años más tarde que a México. Más tarde técnicos holandeses construyeron el puerto ruso de Arcángel: el holandés Barents levantó la primera cartografía de una parte del Ártico: el danés Bering exploró la Siberia polar y llegó hasta el estrecho que lleva su nombre; oficiales extranjeros fueron a organizar el ejército ruso; el comerciante holandés Wuinius exploró los yacimientos de hierro y puso las bases de la siderurgia rusa; el sueco Covin le dio a Moscú su primera fábrica de vidrio : el inglés Bulmer hizo exploraciones mineras. Aunque lentamente, Rusia era llevada a remoque tras la civilización occidental.

Pedro I subió al Kremlin en 1689, después de haberse instruido en el barrio alemán de Moscú. Viajó por Europa occidental, contrató novecientos técnicos y se entrevistó en Torgau con el sabio alemán Leibniz, quien le propuso un plan para hacer de Rusia un país moderno y culto. Pedro I aprobó el plan, nombró a Leibniz consejero de la corte imperial y le encargo también la organización de una Academia de Ciencias, que el propio Leibniz había sugerido formar. Peritos extranjeros en todas las ramas del saber ayudaron a los rusos.

En la batalla naval de Rusia contra Turquia, en 1770, los barcos rusos estaban prácticamente al mando de los capitanes ingleses Elphinstone, Dugdale y Greirg.

En el mismo siglo XIII, ingenieros italianos y holandeses, al mando de Trezini, hicieron cálculos y planos para erigir en terreno pantanoso la ciudad de San Petesburgo (luego Leningrado); el alemán von Munich dirigió la construcción del canal del lago Ladoga y del puerto militar de Krandstadt.

Ganaderos suizos llevaron a Rusia la técnica de la cría de ganados y la fabricación de quesos, y el alemán Ludwing Scholezer trazó el plan escolar para mejorar la alfabetización rusa.

Arquitectos italianos y alemanes construyeron los palacios de Crimea; el francés Richelieu fundó el puerto de Odesa y el arquitecto Thomon, también francés, hizo los planos de la ciudad.

A principios del siglo XIX, Rusia sufrió la invasión napoleónica, pero como también Prusia tenía resentimientos contra Napoleón, más de trescientos oficiales alemanes asesoraron a los rusos. El general Karl Ludwing von Phull, ex miembro de estado mayor de Federico el Grande de Prusia, llevaba más de seis años de trabajar en Rusia, y él fue el autor del plan a seguir frente a las tropas de Napoleón. Aconsejó a los rusos no ofrecer resistencia inicialmente, ceder espacios libres y llevar a Napoleón muy lejos de sus bases para luego atacarlo por el flanco y las espaldas, cuando sus líneas de comunicación fueran débiles.

El famoso estratega alemán Karl von Klausewitz se unió al general von Phull y a los rusos, junto con el teniente coronel von Tettborn, instructor de cosacos, el general francés Langeron, el general von Ennigsen; el genera Braklay de Tolly, comandante del ejército del oeste, y otros muchos técnicos alemanes. Durante el avance de Napoleón, hubo malestar y celos en un grupo de militares rusos, y entonces el mando se le encomendó al general ruso Kutusov, pero tras breve resistencia se volvió a aplicar el plan del general alemán von Phull, hasta que Napoleón quedó exhausto en Moscú y sobrevino su catastrófica retirada. Por eso el 13 de diciembre de 1813 el zar Alejandro I le escribía al general von Phull:

“…Siento la necesidad de enviarle estas líneas cumpliendo así un deber de gratitud. Si actualmente poseo algunos conocimientos en el arte de la conducción de la guerra, en primer lugar se los debo solo a usted, que me inició en sus fundamentos. Pero más le debo aún a usted: usted fue quien ideó el plan de campaña gracias al cual, con la ayuda de la Providencia, Rusia, y en definitiva Europa, se salvaron”.

Durante el siglo XIX Rusia siguió llevando peritos y artistas de Occidente. Escultores italianos fueron los autores de las principales esculturas de Moscú y San Petesburgo. El alemán Anton von Gerstner comandó los trabajos del primer ferrocarril ruso en San Petesburgo en 1835, y poco después el norteamericano George Washington Wistler dirigió la construcción de la primer línea de San Petesburgo a Moscú.

Los ricos campos petroleros rusos del Cáucaso fueron descubiertos más tarde y comenzaron a ser explotados por industriales suecos. (Keller, Werner. “Oriente menos Occidente igual a cero”)

Durante más de un milenio Rusia caminó tan retrasada en la marcha de al civilización y la cultura de la Europa occidental, que era famosa la frase de Gottfried respecto a los rusos: “Ocupan más lugar en el mapa que en la historia”.

Esto era tan evidente, que lo mismos rusos lo lamentaban. Konstantín N. Leontiex escribió: “Nunca podemos presentar nada original que pueda servir de modelo convincente”.

Peter J. Chiadaiev decía: “Ni una sola idea útil ha nacido en nuestro suelo estéril, ni una sola verdad ha brotado en nuestro medio. No hemos ideado nada”.

La excepción ocurrió en la literatura con Tolstoi, Dostoyevski, Cogol, Pushkin y Artzchachev.

En medio de su gran atraso técnico y cultural, a principios del siglo XX, Rusia irrumpió sangrientamente en el primer plano de la historia contemporánea y atrajo la atención mundial al consumar, con terribles matanzas, lo que se a dado en llamar la revolución rusa. El primer estado comunista quedó instalado en 1917 y Rusia pasó a llamarse Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.R.S.).

En pocos años, la revolucion rusa se cobraría millones de muertos en su propio territorio.


Fuentes:

- Salvador Borrego. Infiltración Mundial, p.13.
- Castagnino Leonardo. www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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