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SINOPSIS DEL CONFLICTO FRANCO-ARGENTINO DE 1838-1840

Juan Manuel de Rosas     El Restaurador de las Leyes

(01) La agresión francesa
(02) La generosidad argetnina
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.

La agresión francesa

Con motivo del conflicto con Francia y el bloqueo del Río de la Pata, La Gaceta Mercantil del 23 de setiembre de 1839, como sinopsis de los documentos oficiales relativos a la cuestión francesa, transcribe este notable documento:

1. Que los franceses residentes en el país gozaban desde la aurora de la independencia americana la más generosa hospitalidad y privilegios.

2. Que la Francia, que ni había simpatizado con la revolución americana, ni reconocido sus principios, no omitió el recoger para sus súbditos los óptimos frutos que ella ofreció desde sus albores al comercio, industria e intereses extranjeros.

3. Que la Gran Bretaña alentó los denodados esfuerzos de los americanos; y,la Francia les opuso una política enemiga.

4. Que la Santa Alianza y el proyecto de coronar en América al príncipe de Luca son antecedentes ominosos de esa política hostil.

5. Que tanta enemistad y tantas ofensas en nada alteraron la generosidad sin límites de la República y su gobierno hacia los franceses.

6. Que en 1829, los franceses engrosaron las filas de los unitarios amotinados al frente de un ejército victorioso, contra las le yes; y de los asesinos del primer magistrado de la nación, don Manuel Dorrego.

7. Que, a pesar de eso, fueron perdonados en el triunfo de los pueblos por la benévola generosidad del general Rosas.

8. Que en 1830 continuaron en su odiosa enemistad al país y al gobierno.

9. Que entonces solicitó el cónsul de Francia, Wáshington dE Mandeville se suspendiesen las citaciones de los franceses para el servicio de la milicia.

10. Que el gobierno lo rehusó respecto de los domiciliados en el país por las leyes de la República, dictadas en conformidad a los principios del derecho de gentes, universalmente reconocidos y practicados.

11. Que el gobierno, por un rasgo de munificencia, había exceptuado de ¡techo a los franceses del servicio dé la milicia, como lo están hasta hoy.

12. Que en 1831 rehusó con manifiesta justicia el reconocimiento de Laforest en el carácter de cónsul general de Francia; y que en toda su conducta, a este respecto, comprobó la más franca y positiva amistad a la Francia y su gobierno.

13. Que en los años 18,35, 36 y 37 hasta la miserable cuestión suscitada por Roger, estuvieron en vigor las más amistosas relaciones por parte de la República hacia la Francia.

14. Que existen documentos auténticos en que los mismos franceses han consignado las más clásicas pruebas de la civilización de los argentinos, de la ilustrada benevolencia de su gobierno, de su distinguida amistad a la Francia, que el ilustre Restaurador ha dispensado, según consta por esos mismos documentos, las más amistosas consideraciones a todos sus agentes, a su gobierno y a S. M. Luis Felipe, felicitándolo reiteradamente por haber salvado la vida del puñal de atrevidos y feroces asesinos.

15. Que a fines de 1837 se presentó Roger y subsiguientemente Leblanc a exigir despojos y humillaciones a cañonazos, eligiendo un período en que la Confederación Argentina se hallaba empeñada en gloriosos sacrificios por la libertad americana.

16. Que no sólo eran injustas y humillantes las pretensiones de Roger, sino que él mismo no investía carácter competente para presentarlas y discutirlas.

17. Que el gobierno argentino demostró los principios que sostiene con razones incontrastables, fundadas en el derecho de gentes y en la práctica universal e invariable de las naciones civilizadas.

18. Que Leblanc no sólo no investía carácter alguno para negociar, sino que insultaba a la República, pretendiendo negociar a cañonazos.

19. Que habiendo sido invitado por el gobierno argentino a una amistosa conferencia confidencial, la rehusó con insolencia, cuando hacía alarde de moderación y deseo de paz.

20. Que el gobierno argentino invocó la razón y no la fuerza manifestando su disposición y deseo por una discusión franca y amistosa con persona debidamente acreditada, y LebIanc prefirió la fuerza y estableció el bloqueo.

21. Que no existían franceses ni en las cárceles, ni en la milicia, queno había objeto alguno fundado a las reclamaciones de Leblanc.

22. Que éste se vió obligado a confesarlo en nota fecha 12 de abril de 1838.

23. Que para continuar el tiránico bloque dio un nuevo giro a sus pretensiones.

24. Que exigiendo, se suspendiese para con los franceses la aplicaci6n de los principios del gobierno argentino respecto de los extranjeros, y exigiéndolo por el ministerio de una fuerza hostil, exigía del gobierno la entrega de la nacionalidad argentina, de sus derechos de soberanía y libertad y de los de todo el Continente Americano.

25. Que reclamando que las personas y propiedades de los franceses fuesen tratadas como las de la nación más favorecida hasta la intervención de un tratado, exigía todos los tratados futuros que celebrara la República.

26. Que si el gobierno argentino hubiera accedido a esto, habría traicionado la causa sagrada de la patria y América.

27. Que los trata dos del fuerte con el débil son generalmente goces para el primero y exclusivamente cargas para el segundo.

28. Que no pueden tomarse sobradas precauciones en este punto por los Estados, americanos, los cuales tuvo en vista el gobierno argentino, con tanta mayor razón cuanto que a ello lo obligaba especialmente la política hostil del gobierno francés contra la independencia americana.

29. Que resistía y debía resistir esas pretensiones de Leblanc en cuanto al derecho, pues en cuanto al hecho sobrado generoso era respecto de Francia, concediendo a sus súbditos igualdad de goces con los demás extranjeros qué no tienen tratado y exoneración también de hecho del servicio de la milicia.

30. Que Leblanc bloqueando y hostilizando, exigía garantías para lo sucesivo.

31. Que esta singular pretensión coincide con otras del nuevo derecho de gentes invocado por el gobierno francés y sus agentes a cañonazos.

32. Que la República, agredida con injusticia, bloqueada con tiranía, lejos de solicitar garantías para lo sucesivo, únicamente pedía que decidiera la razón y no la fuerza.

33. Que el bloqueo es injusto, establecido sin autorización competente, no notificado en debida forma, irregular, ilegítimo, violento, tiránico, ínfimo y miserable.

34. Que, después de establecido tal bloqueo observó el gobierno una conducta absolutamente pacífica y amistosa y continuó a los franceses como antes, mientras que éstos no omitían crimen ni perfidia alguna.

35. Que los franceses acordaron con don Domingo Cullen el asesinato alevoso del general Rosas y la espantosa anarquía del país, maquinando en este sentido en Santa Fe, Corrientes y aún Buenos Aires.

36. Que el gobierno guardó circunspección y silencio para calmar la irritación pública contra los franceses.

37. Que sólo después del ultimátum de Roger y usurpación escandalosa de la isla de Martín García se oyeron algunas voces de ¡Mueran los franceses!

38. Que todavía entonces el gobierno procuró apaciguar la indignación de los ánimos.

39. Que antes de contestar el ultimátum de Roger propuso el respetable arbitramiento de la Gran Bretaña y fue desechado por el Cónsul de Francia.

40. Que son injustas, vejatorias y absurdas las pretensiones del ultimátum, y calumnioso e insolente su lenguaje.

41. Que se presentó sostenido en el tiránico bloqueo y la alevosa invasión del territorio argentino.

42. Que el gobierno debía resistir eternamente tanta violencia y humillación.

43. Que éste era su deber ante la patria, ante la América y el mundo libre.

44. Que los agentes de Francia, en nombre de su gobierno, han subvertido todos los principios conservadores de las sociedades aliándose al vandalaje y la piratería de Rivera y los denominados unitarios.

45. Que han sido injustos, alevosos y tiranos contra la República Oriental del Uruguay, derribando su gobierno legal y anulado su independencia y libertad por la más pérfida escandalosa intervención.

. 46. Que contra el derecho de gentes y la práctica universal de las naciones han exigido y practicado la venta y adjudicación de presas marítimas en territorio neutral.

47. Que no han dado ni un simple manifiesto para colorín tan inusitados y tiránicos procedimientos.

48. Que a pesar de todo no se oían voces que gritaban: ¡Mueran los Franceses!

49. Que la escandalosa traición de don Genaro Berón de Astrada y su perjura pretensión de hacer pedazos el tratado con la Gran Bretaña fue promovida por los franceses y acordada por ellos.

50 Que el francés Juan Pablo Duboué fué enviado en calidad de agente secreto de Leblanc, Rivera, Martigny y Baradere cerca de Cullen para anarquizar las provincias del interior de la República.

51. Que mientras los franceses proseguían de este modo sus crímenes y perfidias, el gobierno argentino continuaba dispensando la más extensa y positiva protección a sus personas y propiedades constituidas en la misma condición privilegiada de hecho que antes del bloqueo.

52. Que las bases presentadas por el señor Nicholson, con recomendable celo y amistosos buenos oficios, por autorización de los agentes franceses, eran injustas, humillantes y tiránicas.

53. Que las propuestas por el gobierno argentino fueron honrosas, racionales y moderadas; y sin embargo, las desecharon los agentes franceses con el fallo dé que eran completamente inadmisibles.

54. Que aún antes de notificada esta decisión, perpetraron los franceses el incendio de buques en puertos indefensos de la dilatada costa de la República, la destrucción y la depredación de propiedades tanto argentinas como neutrales, y todos los actos de la más infame piratería.

55. Que los buques bloqueadores empavesados festejaron con salvas y demostraciones de regocijo esos actos miserables.

. 56. Que entonces fue cuando recién se lanzó por los argentinos el grito unánime de ¡Mueran los franceses!

57. Que aún entonces el gobierno no quiso ejercer el menor acto de justa represalia ni medida alguna de seguridad contra los franceses o sus propiedades, y permaneció siempre generoso amigo de la Francia.

58. Que toleró ese grito nacional, no por malquerer o venganza, sino porque ni le era permitido ni posible oponerse a la exasperada y amenazante indignación de los pueblos que si no se desahogaba se hubiera lanzado contra las personas de los franceses, inmolándolos a tan justa irritación.

59. Que los franceses levantaron a bordo de sus buques de guerra al general Lavalle con una gavilla de forajidos, lo colocaron en la isla de Martín García, le auxiliaron, y aliados a él fraguaron una expedición contra el territorio argentino irónicamente llamada libertadora.

60. Que el oro de los franceses preparó la alevosa trama del tenebroso asesinato contra la vida del Restaurador Rosas, de la que eran miserables instrumentos los reos de lesa América don Manuel Vicente y don Ramón Maza.

61. Que esos traidores fueron denunciados por la ¡opinión pública y expiaron su inmundo crimen.

62, Que entonces clamaron ardorosamente los pueblos ¡Mueran los asquerosos inmundos franceses!

63. Que sin este justo desahogo la ira popular comprimida por tanto tiempo se habría dirigido a las personas de los franceses.

64. Que a la política sobria y generosa del general Rosas deben los franceses las garantías que han continuado gozando en medio de una nación profundamente irritada.

65. Que a despecho de tan luminosos hechos, han aducido los agentes franceses la clasificación de asquerosos, como un motivo para enseñorearse de Montevideo.

66. Que en medio de todo es una generosidad: sin ejemplo por parte del gobierno argentino continuarlos de hecho en los mismos goces generosos que antes del bloqueo.

67. Que éstos son los títulos con que clasifican de bárbaros a los americanos, de guarda bestias y tigre al general Rosas, a quien deben los franceses tantas consideraciones, los mayores beneficios y una generosidad que no acostumbran dispensar los gobiernos más civilizados en las crisis de la independencia y libertad nacional.

68. Que no pudiendo hacer el general Rosas más que lo que ha hecho, la enorme responsabilidad de ulteriores inmensos males, recae sobre los que han agitado el ardiente volcán del odio popular, del sentimiento americano.

69. Que el señor Dupotet, mandado por el gobierno francés a sustituir a Leblanc, debe contemplar este cuadro con reposado juicio, libre de malévolas prevenciones.


La generosidad argentina

Este documento, de admirable composición muestra, la conducta del gobierno argentino con los súbditos del Estado cuyos agentes observaban hacia él una tan hostil e indigna, fue incomparablemente generosa, en los anales de los conflictos internacionales.

En casos similares, los países bárbaros persiguen y matan no sólo a los hijos de la nación que los hostiliza, sino a todos los extranjeros, en grandes y memorables carnicerías colectivas. Y los civilizados, antes los internaban hacia el interior del territorio, donde no pudiesen comunicar con el exterior para enviar a sus compatriotas los secretos de Estado.

El pueblo argentino, en la época de la cuestión francesa, no sólo no reaccionó contra la injustificable agresión de una potencia europea con una matanza general de extranjeros, como lo haría el chino en 1900, sino que ni siquiera un francés sufrió violencias de hecho. Rosas dejó tranquila a toda la colectividad. No tomó medida de precaución alguna, como dice el documento que transcribimos. La única molestia que sufrieron sus miembros fue la de oír a la multitud proferir aquellos ¡mueran los franceses o mueran los asquerosos inmundos franceses!


Fuentes:

- Irazusta, Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas.t.III-p.242-247
- Theogene Page: “Guerra colonialista Franco-Argentina 1838-1840”.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar



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Fuente: www.lagazeta.com.ar





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