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VENTURA DE LA VEGA (1807 - 1865)

Porteño. Dramaturgo radicado en España, amigo de Espronceda. Autor, dramas y zarzuelas: Virtud y reconocimiento, El hombre de mundo, La muerte de César y Jugar con fuego, entre otras.

En 1874 se publican cartas íntimas, entre las que figura una a su mujer, cuyo fragmento se transcribe:

(Fragmento)

Después de hablar mucho (Manuelita), como puedes figurarte, de Buenos Aires, de los acontecimientos de aquel país, de mi madre, de mi hermano, etc., fue al cuarto de su padre, y vino a decirme que en cuanto había sabido que era yo, quería verme, y que le perdonase que me recibiera en la cama. Me levanté para ir alla; pero antes de salir de la sala, se acercó Manuelita a una bandeja con vino generoso y bizcochos que había hecho traer, y llenando tres copas, nos dió una á cada uno, y me dijo: Antes de bajar, vamos á brindar por la salud de su mamá de usted.

Me enterneció aquel recuerdo; porque aunque algunas veces me hago ilusión de que he de volverla á ver... ¡sabe Dios si será!

Bajamos por una escalera interior á un cuartito pequeño, donde había una mesa con muchos papeles, y á un lado una cama de caoba, en la cual estaba Rosas. Tenía por colcha un poncho americano: él estaba incorporado, en mangas de camisa, y tenía puesto un chaleco de pana azul, de solapa, y abrochado de arriba abajo. Con decirte que es idéntico al retrato, te lo he dicho todo.

- Venga acá, -me dijo- , que no sabe cuanto gusto tengo en conocerlo - y abrió los brazos y me dió dos abrazos muy apretados, diciéndome: - Ha de saber que tenía pensado ir á Madrid, solo por verle.

Me senté en una silla á su lado. Manuelita se sentó sobre la cama, y empezó de nuevo nuestra conversación de Buenos Aires.

Rosas es el carácter más original, más raro, más sorprendente que te puedes imaginar. No sé si para cortar cuando le parece alguna conversación, o para disimular su pensamiento, o para desconcertar al que le habla, te encuentras con que pasa repentinamente del tono más elevado, del discurso más serio, á una chapaldita de lo más vulgar, á la cual siguen otra y otra, entre muchas carcajadas, y de allí a un rato vuelve insensiblemente á entrar en el tono serio, y entonces dice, hablando de política, cosas admirables.

Decían que solo tenía talento natural y que era poco culto; no es cierto. Es un hombre instruidísimo, y me lo probó con las citas que hacía en su conversación; conoce muy bien nuestra literatura, y sabe de memoria muchos versos de los poetas clásicos españoles. Con él me estuve hasta las seis y media, en que me levanté para marcharme, porque el convoy salía á las siete; él mandó que arrimaran su coche, y en él fui al camino de hierro, acompañado del marido de Manuelita.

Al despedirme de Rosas me dio un abrazo, y cuando yo me marchaba, me llamó y me dijo dándome otro: - Este por su madre.

Manuelita me acompañó hasta el portal, y me ofreció que pronto irían á hacerme una visita á Madrid.

(1853)

Fuentes:

- Chavez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel


Ver notas relacionadas:

- El Exilio de Juan Manuel de Rosas.
- Retratos del Juan Manuel de Rosas.
- Lucio V. Mansilla.
- Rosas no ha muerto.
- El Restaurador de la Leyes.

Ver en el indice más Historia Argentina.



Fuente: www.lagazeta.com.ar



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