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BLOQUEO DE BUENOS AIRES AL PARAGUAY
                          

Departamento de Itapua. Paraguay    

Itapua



(01) Antecedentes
(02) El bloqueo
(03) Expedición terrestre a Misiones
(04) Captura de los buques paraguayos
(05) Expedición naval paraguaya a Corrientes
(06) Fuentes
(07) Artículos relacionados.


Antecedentes

Durante la semana de mayo de 1810, en Buenos Aires se había subrogado al Virrey Cisneros por una Junta que gobernaría “en nombre de Fernando VII”. Era esta una frase de mera declamación política para convencer a las provincias del interior para que se adhieran a la revolución, pero sin ninguna intención de cumplirla.

Al algunas provincias no solo no lo creyeron ni se adhirieron a la revolución, si no que se preparaban para resistirla, pues tenían la intuición y sospecha cierta, que Buenos Aires, auto erigida en “Capital” del nuevo estado, pretendía someter a las demás a su voluntad, pese a que pedían el envío de Diputados a la “capital”, para representarlas. Era ese el caso de Córdoba, Alto Perú, Montevideo y el Paraguay.

En Córdoba la resistencia fue rota por el envío de una expedición punitiva que puso fin a la resistencia por la fuerza y el fusilamiento en Cruz Alta a Santiago de Liniers y sus allegados. La misma expedición tomaba rumbo al Alto Peru para sofocar a los rebeldes. Montevideo y Asunción se mantenían leales a las autoridades peninsulares.

Con el Paraguay, Buenos Aires mantenía una actitud de doble juego. La misión Espíndola había fracasado, con la fuga del Comisionado y también había fracasado la misión Arias. Mientras la Junta de Buenos Aires preparaba una expedición punitiva contra Paraguay al mando de Manuel Belgrano, hostigaba de todas las formas posibles. Por su parte Asunción mantenía una actitud conciliatoria pero firme en el mantenimiento de sus derechos y autonomía, y estaba dispuesta a defenderse si fuera agredida.


El bloqueo

Mientras la Junta envía la misión Arias, con floridas palabras de libertad y unión de pueblos hermanos, toma una actitud agresiva y beligerante contra Paraguay. El 3 de agosto de 1810 Buenos Aires corta las comunicaciones entre Montevideo y Asunción:

“La Junta ha resuelto que se corte toda correspondencia entre Paraguay y Montevideo, para evitar sugestiones con que el Gobierno de éste último pueblo pretende hacer servir a su egoísmo la lealdad y energía de los fieles habitantes de aquella Provincia, y, aunque sobre este punto lleva particulares instrucciones el nuevo comandante de Armas D. Elías Galván, espera la Junta el celo de V.E. propenderá a la completa consecución de tan importante objeto, como asimismo la remisión de gente que aumente la fuerza armada de esta Capital…”

J.M. de Rosas - L.Castagnino
De esta forma Buenos Aires intentaba aislar los focos de resistencia al movimiento subversivo de mayo en Buenos Aires. Alto Perú, Montevideo y Paraguay se mantenían leales a las autoridades legales, representadas por el Consejo de Regencia.

El 11 de agosto de 1810, Buenos Aires toma una actitud aún más violenta. Directamente decreta el bloqueo total del Paraguay. Era la ruptura de relaciones. Pese a jurar el Consejo de Regencia en el Congreso del 24 de julio en Asunción, Paraguay había ofrecido guardar armoniosa y fraternal correspondencia, pero Buenos Aires responde violentamente bloqueando el Paraná, vedando la entrada y salida de buques, personas, mercadería, correspondencia y otros efectos con destino hacia y desde Paraguay. En circular dirigida a los Ttes. Gobernadores de Santa Fe y Corrientes, al Capitán del Puerto de las Conchas, Administrador de Aduana y Comandante de Resguardo, les encarga no permitir el paso de correspondencia alguna hacia Paraguay, entendiéndose que no dará salida a aquel destino “de persona, carta o papeles, buques de todo porte con carga o sin ella, dinero o efectos” (Circular de la Junta. Buenos Aires, 3-VIII-10, A.G.N.A., A.G.B.A., 1810, LXXXIII; R.O.R.A.,I, 63.)

El 13 de agosto de 1810, la Junta le dirige a Rocamora, Delegado de Misiones, una nota diciéndole que el Paraguay deberá sufrir la misma suerte que Montevideo, y le ordena que corte toda comunicación epistolar, comercial y de cualquier clase con dicha Provincia. (La Junta a Rocamora, Buenos Aires, 13-VIII-10, R.O.R.A., I, 67)

La actitud agresiva y violenta de Buenos Aires es evidente e injustificada. Cerraba el Río que era fuente de vida. Bloqueaba el comercio, la correspondencia y hasta el tránsito de personas que quisieran salir o regresar del Paraguay. Y lo hacia sin causa ni razón que lo justificara. ¿Cómo podía esperar la Junta que los paraguayos el creyeran los discursos endulzados con palabras de libertad y hermandad, con que querían engañar a los paraguayos?

El 19 de agosto de 1810, la Junta de Buenos Aires insiste ante Asunción para que envíe un Diputado, y lo hace dirigiéndose al Gobernador, Cabildo y Obispo del Paraguay, con una nota amenazante y soberbia:

“La Junta requiere a V.S. por última vez que se una a la Capital, que deje obrar al Pueblo libremente, que reconozca la dependencia establecida por las Leyes, y que promueva la remisión del Diputado, para la celebración del Congreso, que debe tranquilizar a estas Provincias. Si V.S. persiste en su pertinancia, será responsable ante Dios y el Rey de los males que se preparan”. (La Junta al Gobernador Cabildo y Obispo del Paraguay, Buenos Aires, 19-VIII-10, en Garay, pag.35)

El pueblo paraguayo ya había “obrado” en el Congreso del 24 de julio, y lo que había decidido era precisamente no depender de Buenos Aires ni de ninguna otra autoridad que no fuera determinada por el Rey. Había jurado por el Consejo de Regencia, autoridad legal en ese momento, y se había negado a enviar un Diputado a ningún Congreso de Buenos Aires, ante una Junta que, si bien Juraba a nombre de Fernando VII, los paraguayos bien sabían que era una falacia. Y la Junta, no solo lo amenazaba, si no que lo hacia en nombre de Dios y el Rey. Respecto a “los males que se preparaban”, seguramente hacia referencia a la expedición punitiva de Belgrano, que preparaba, y que finalmente se estrellaría contra la voluntad de loa paraguayos.


Bernardo Velazco y Huidobro;   

Bernardo Velazco

Expedición terrestre a Misiones

Mientras Buenos Aires amenaza, agrede y prepara una expedición punitiva contra Paraguay, en Asunción no se duermen. El Gobernador Velazco convoca a su despacho al Alcalde de Primer Voto, Dr. Bernardo de Haedo, y al Alférez Real Regidor, don Bernardo de Argaña. Cuando días más tarde el gobernador deja la capital, queda a cargo del gobierno el Cabildo Gobernador. (Velazco al Cabildo, Asunción. 24-XII-10, B.N.R.J. Coleccióan Río Branco)

En los primeros días de agosto de 1810, Velazco escribe al delegado de Misiones, Rocamora, anunciándole el inminente riesgo de una invasión portuguesa, y le ordena le remita seis piezas de tren volante por intermedio del Alférez Fulgencio Yegros, pero Rocamora le contesta que estaba imposibilitado de cumplir la orden, porque el abandono había inutilizado las piezas. (Velazco a Rocamora. Asunción. 7-VIII-10 y Rocamora a Velazco. Yapeyú, 15-VIII-10, en Documentos, III. 86)

Entonces la Junta de Guerra paraguaya dispone que Velazco pase a Misiones, a recoger las armas y municiones del Rey, que eran escasas en Asunción. Velazco marcha al frente de seiscientos hombres, lo que produce gran alarma en Corrientes, que sospecha que las verdaderas intensiones de Velazco sean sojuzgara a Misiones y Corrientes. (El Tte. Gobernador de Corrientes a la Junta. Corrientes, 3-IX-10, A.G.N.A., Corrientes 1810)

Sin embargo, las intensiones de Velazco son otras. Desde su cuartel general de San José de las Misiones, intima a Juan Bautista Paretti, comandante de Concepción de la Misiones (Posadas) a que entregue todos los pertrechos y efectos del Rey, enviando para ese fin una pequeña fuerza al mando de Manuel Atanasio Cavañas. (Velazco a Paretti. San José, 3-IX-10. A.G.N.A., A.G.B.A., 1810. XXVII). Cavañas se presenta con tres compañías e intima el cumplimiento de la orden de Velazco, y una vez recibido los pertrechos, se retira. (Parte de Peretti a Rocamora. Concepción, 12-IX-10)

Los hechos desmienten los temores y sospechas correntinas. Corrientes era presa fácil para Velazco, pero éste no toma ninguna acción de guerra, y se mantiene en la banda derecha del Paraná. (Galván a la Junta. Corrientes. 10-IX-10 en A.G.N.A., A.G.B.A., 1810. XIII)


Captura de los buques paraguayos

Mientras tanto en Corrientes se suceden otros hechos de gravedad. En cumplimiento de las órdenes de la Junta del 13 de agosto de 1810, y de las órdenes reservadas que le había entregado la Junta, el Comandante de Armas de Corrientes Elías Galván procede a detener todas las embarcaciones que vinieran desde o hacia el Paraguay. En los primeros días de septiembre, el propio Galván informa a la Junta que había detenido a varias embarcaciones que llegaron a Corrientes, y cuyas guías habían sido expedidas con anterioridad a la fecha 13 de Agosto, y agregaba que las retenía hasta recibir órdenes de la Junta. Entre los pasajeros retenidos, figuraba el Fray Fernando Cavallero, quien tendría luego destacada actuación en la independencia paraguaya. El religioso escribió al Presidente de la Junta, Don Cornelio Saavedra, pidiéndole permiso para seguir viaje a Asunción, por cuanto la mercadería transportada ya había sido vendida en Corrientes, y los pasajeros sufrirían padecimientos en un puerto tan pobre. El 4 de octubre de 1810, la junta le denegó el permiso solicitado. (Galván a la Junta. Corrientes, 11-IX-10m fray Fernando Cavallero a la Junta. Corrientes, 7-IX-10, la Junta a fray Fernando Cavallero, Buenos Aires, 4-X-10)

Estas medidas ejecutadas por orden de la Junta, eran un verdadero atropello sin causa ni justificación. La Junta, después de cantar loas a la libertad y hermandad con los paraguayos, tomaba una actitud beligerante contra Paraguay, su comercio, buques y personas. Esto produjo una gran indignación en el pueblo paraguayo, que ahora pedía el uso de la fuerza para garantizar la libre navegación de sus buques que navegaban por el Paraná. El propio Velazco, antes de alejarse de Asunción, había prevenido al gobernador interino comandante Pedro Gracía, que asegurase el libre tránsito de los barcos mercantes usando de la fuerza. “Debe ud. –decía Velazco- limitar su atención a proporcionar seguridad a nuestras embarcaciones por medio de los barcos de fuerza que se han armado, y a dar las más estrechas órdenes al comandante de Neembucú a fin de que al más pequeño movimiento que observe, aunque sea con pretextos de Indios en los vecinos de Corrientes, que ocupan los territorios de Curupaity a esa banda del Paraná, de aviso inmediatamente a ese gobierno para que envíe la corta fuerza que necesite, y ocupe hasta el Paraná, que es el verdadero límite de la Provincia por esa parte…” (Carranza. I. Apéndice 23, 215)


Guerra del Paraguay  - Leonardo Castagnino Expedición naval paraguaya a Corrientes

Como vemos, los paraguayos no podían ser engañados por los iluminados de Buenos Aires, ni estaban dispuestos a dejarse atropellar. Amparado en la orden de Velazco, Gracia dispone una expedición naval a Corrientes, al mando del Coronel Zavala. El objetivo de la expedición estaba bien determinado en las instrucciones.

1º) De acuerdo con las circunstancias y tomando así precauciones debidas, se presentará con los buques frente a Corrientes, e intimará la entrega de los barcos y cargamento detenidos, tratando con el Cabildo.

2º) Si al tercer requerimiento no se efectúa la entrega, usará la fuerza contra la ciudad.

3º) Tomará por la fuerza los buques detenidos.

4º) Capturará en represalia las falúas del resguardo de dicha ciudad.

5º) En caso de haberse enviado aguas abajo los barcos detenidos, dispondrá su seguimiento hasta donde le parezca conveniente. El jefe de la expedición quedará facultado para aplicar dichas instrucciones según su prudencia y saber.

(Instrucciones que debe observar el Jefe Marítimo que se dirige a la ciudad de Corrientes con el objeto de traer los buques y cargamentos y propiedades de esta Capital, detenidos en aquel puerto. Asunción, 21-IX-10. Carranza, I. Apéndice 23, 214) La expedición parte de Asunción el 21 de septiembre de 1810, formada por cuatro buques mayores y otras embarcaciones menores, con una tripulación de aproximadamente 300 hombres. Los vientos le son desfavorables y se retrasa, saliendo de Pilar el 28 de septiembre, mientras una expedición terrestre al mando del capitán Fulgencio Yegros y del Alcalde de Primer Voto de Pilar, don Blás José Roxas tomaba la guardia de Curupaity. Esta guardia de Curupaity, ocupada desde hacia varios años por Corrientes, estaba situada en la banda derecha del Paraná, que secularmente pertenecía a Paraguay.

Al atardecer del 30 de septiembre de 1810, la expedición naval llega frente a la ciudad de Corrientes, al tiempo que se hacia sentir la expedición terrestre a solo siete leguas de la ciudad. Al avistar la expedición naval, el Comandante de Armas de Corrientes ordena a los buques detenidos que se dirijan aguas abajo, escoltados por la falúa de Rentas. Los barcos parten, pero a pesar del viento favorable, a la hora de navegación anclan en la banda de Calchaqui, pretextando que la noche oscura les impedía la navegación segura.

Galván toma además otras medidas, convocando al “indolentísimo Cabildo” (sic) con quien discute un plan de defensa, en el caso que los paraguayos intenten apoderase de la ciudad.

En la mañana del 1º de octubre de 1810, un bergantín de la expedición fondea frente a la ciudad, afirmando bandera y gallardete de capitana con un cañonazo, y al poco rato alza bandera de parlamento. Al rato atraca un bote en el que venía como parlamentario el oficial de Miñones Francisco Díaz Ferrer, ayudante de órdenes de Zavala. Recibido por el capitán Legal, el parlamentario pregunta por el Alcalde de Primer Voto, negándose a ir a la casa de Galván, a quien considera subordinado a la Junta insurrecta de Buenos Aires. Acto seguido entrega al Alcalde de Primer Voto la intimación, en la que el coronel Zabala pide la liberación de los buques detenidos. (Las notas intercambiadas entre Galván y Zavala, en Carranza. Apéndice)

El Cabildo manifiesta que no tenía órdenes ni instrucciones de la Junta para tomar tal medida con los buques del Paraguay y que el reclamo debía dirigirse al comandante de Armas de la Plaza, Elías Galván, quien había hecho presente al Ayuntamiento de que tenía órdenes reservadas de la Junta para obrar así.

Galván, por su parte, expresa que había detenido los barcos obedeciendo órdenes de la Junta, autoridad que acataba en virtud de la circular de Cisneros del 26 de mayo, y que consentía que siguiesen aguas arriba sin la menor oposición, dando así una muestra de adhesión a los hermanos paraguayos. Privadamente Galván dirigió una carta Zavala en al que recalcaba su carácter de subordinado y su amistad con los paraguayos, autorizando a disponer de los buques.

Al mismo tiempo Galván se dirige a Yegros pidiéndole que no cruzase el Paraná, porque de hacerlo, corriera sin duda mucha sangre, y ella sería “a todos más sensible cuando será derramada entre hermanos y vasallos de un mismo Rey.” (Galván a Yegros. Corrientes, 1-X-10)

Mientras tanto los barcos detenidos se habían unido a la expedición. Zavala intima entonces a Galván la entrega de las guías, equipajes y efectos de los pasajeros y tripulantes. Así se hace. La expedición desembarca unos miñones que recorrieron la ciudad y promovieron un gran escándalo con insultos y amenazas, que obligó a Zavala a enviar al capitán de miñones para que los recogiera. Los españoles eran partidarios de obligar a jurar al Consejo de Regencia, de lo que no eran de opinión los paraguayos. Por su parte Zavala invitó a cura Dr. Careaga, al alcalde de Primer Voto y a otros vecinos, enemigos del nuevo sistema y de la Junta de Buenos Aires, a abandonar Corrientes en la armada paraguaya, pero no aceptaron.

Por último, Zavala envía un nuevo oficio a Galván notificándole la jura del Consejo de Regencia por parte de Paraguay, e intimándole que por ningún pretexto obstaculizase el paso de los buques:

“La Capital de la Asunción del Paraguay –dice el oficio de Zavala- ha observado desde tiempo inmemorial la mejor correspondencia con la ciudad de San Juan de Vera de Corrientes, sin la menor alteración hasta agosto pasado próximo. No ha precedido motivo que altere aquella, entre sus respectivos habitantes que mutuamente han cultivado la buena armonía y fraternal amistad. De súbito se halla insultada alevosamente por la detención de los buques y propiedades del giro de su comercio, no permitiendo que los pasajeros de aquella naturaleza y forasteros regresen a su patria y vecindad. La Asunción, provocada por este escandaloso hecho, exige una satisfacción completa cual corresponde a la gravedad de la ofensa referida. A su efecto, ha armado y dirigido una fuerza de cuatro buques de guerra a mi mando, para que acercándome a esta ciudad, requiera de V.S., como lo ejecuto, disponga dentro de una hora que todos los barcos detenidos de la carrera del Paraguay, sus cargamentos completos, patrones, tripulaciones y pasajeros, continúen libremente su navegación a su destino la Asunción. Y esta resolución será la única satisfacción que se admitirá en desagravio del gravísimo insulto que ha recibido aquella antiquísima y respetable provincia, madre de las ciudades del Río de la Plata.” (Zavala a Galván. Corrientes, 1º-X-10. Carranza, I. 217)

Galván contesta que, salvando las responsabilidades ante la Junta, permitiría el paso. La expedición naval, en convoy con los buques detenidos y rescatados, remonta las aguas del Paraná el mismo día 1º de octubre de 1810. Solo queda un buque de guerra cerca de la ciudad para proteger el paso de dos barcos cargados de tabaco que iban a Montevideo.


Fuentes:

- Chavez Julio Cesar. Relaciones entre Buenos Aires y Paragauy 1810-1813
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal


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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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