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LOS HÉROES DE YPECUÁ(diciembre de 1868)                  
(Guerra del Paraguay)

Bandera del Paraguay.    
Bandera Paraguaya


(01) Lomas Valentinas
(02) La retirada
(03) Artículos Relacionados
(04) Fuentes.


Lomas Valentinas

El 25 de diciembre se mueven de nuevo los aliados, y protegidos por 46 bocas de fuego, avanzan varios batallones hasta las trincheras paraguayas, tomando algunos cañones abandonados y siendo hostilizados, retroceden con un pérdida de 300 hombres, entre heridos y muertos. Por la tarde chocan nuevamente las caballerías. El día 26 sin novedad, y mientras se preparan los aliados para el asalto, López espera ansioso refuerzos que no llegaron.

Al amanecer del 27, Caxias ordena el avance y tomar posiciones para el ataque, comenzando el bombardeo.
A las 6 de la mañana, trepando las lomadas, los aliados rodean a los paraguayos que no pueden resistir fuerzas tan numerosas, siendo prácticamente exterminados. Viendo caer sus últimos soldados, López decide retirarse para intentar la resistencia en las cordilleras y encarga a Caballero que proteja su retirada, contando para tal objeto un piquete de apenas 30 hombres, que eran los únicos restos de su ejército.

J.M. de Rosas - L.Castagnino
Caballero, con apenas ese puñado de hombres, resiste en Caragautaty-Corá, que fuera último cuartel en las Lomas Valentinas.

“Parece inverosímil –relata O´Leary- y es, sin embargo, la más fiel expresión de la verdad que, con treinta soldados, Caballero se sostuvo largo rato, haciendo retroceder a batallones enteros”…”Cada vez que le llegaban los enemigos -continua O´Léary- hacia tocar ataque a su trompa de órdenes, y precipitaba a sus jinetes. Sorprendidos por este ataque inesperado, se desbandaban aturdidos, sin medir la fuerza real del adversario”.

Mientras tanto López, acompañado por el General Resquín y unos pocos, se retira cruzando Potrero Mármol, dirigiéndose a Cerro León por Itá, Yaguerón y Pirayú. Caballero, que abandonó la defensa de Caraguataty-Corá en último término, alcanza a López a orillas del arroyo Itá, y según su testimonio, cuando le contó a López lo sucedido, éste, estrechándoles las manos le dijo: “no es nada General, la guerra va a empezar recién”.


La retirada paraguaya

Terminada aquella acción, muchos paraguayos heridos que lograban reaccionar, se escondieron en el monte y procuraron seguir a los restos de su ejército en retiraba, pero no pudiendo burlar las partidas de caballería brasileña que recorrían esos lugares, se lanzan al Ypecuá, un estero de siete leguas formado por el Lago Ypoá, y que desde Potrero Mármol se extiende hasta Carapecuá. Heridos, agotados y hambrientos, intentan llagar a la otra orilla, asistidos por las mujeres que ayudaban a caminar a los heridos, extendiendo maromas para vadear las partes más profundas, dando ayuda los que no podían nadar y consolando a los que morían. La mayoría murió ahogada o por agotamiento, y muy pocos lograron llegar a la orilla opuesta, entre ellos el Mayor Patricio Escobar, que organizó el socorro y la conducción hasta Peribebuy de los que lograban la hazaña. Otros de los sobrevivientes fue José Guillermo González, de catorce años entonces, y que luego relató aquel trágico episodio.

Gaspar Centurión en sus “Apuntes biográficos”, relata:

“El profundo estero Ypecuá, respetado probablemente por los mismos animales, fue cruzado primero por la tropa sana, luego por los heridos, entre los que recuerdo muchos amputados recientes, por mujeres que llevaban en sus brazos uno o dos hijos, y criaturas, algunas abandonadas, y otras que seguían a sus padres.

Calculo una extensión aproximada de dos leguas, más o menos, a esa vía crucis. Era preciso haber visto el pasaje de la gente por esa ruta para poder apreciar en su verdadero valor la decisión y patriotismo de la raza paraguaya.

Nadie obligaba a esa cruel retirada. El ejército, semi disperso. Sin embargo, cada uno de sus componentes hacía todo el esfuerzo posible, en medio de la selva y de aquel fango profundo, para llegar al otro lado y buscar reincorporación a sus cuerpos.

¿Y la población civil? Gente que sufría en la retaguardia el hambre y penurias sin cuento, seguía resignada el largo calvario, sin querer abandonar la suerte de las armas nacionales.

Fuera ya de la vista del Mariscal, de los jefes, de la Oficialidad y de las tropas, bien podían, en aquellos momentos de gran confusión y honda pena, retrasarse para seguir otros rumbos y buscar luego sus hogares o entregarse al enemigo, cansados ya de tantos martirios; pero esa resolución parecía inconcebible en esta gente hecha para todos los dolores y para todas las abnegaciones.

Llegamos ya de noche a un cerrito situado al Norte de la picada, para luego a la mañana siguiente buscar el camino de Carapeguá. Y de día y de noche la gente seguía sin cesar, pidiendo, casi todos los que llegaban, noticias de sus parientes y amigos y del rumbo que había tomado el mariscal, con el propósito decidido de seguirlo.

Asi llego a formarse, muy pronto, el nuevo ejército de Azcurra, que en sucesivas y desiguales batallas fue defendiendo, hasta Cerro Corá, palmo a palmo el territorio nacional.
(Testimonios de la Guerra Grande. t.II,p.21)

López y el reducido grupo que lo acompañaba, durante la retirada se encontró con la columna del Coronel Caminos, que había salido de Asunción en día 23 en ferrocarril, para incorporársele, pero un desperfecto en la locomotora los retrasó en el puente de Itay, y desde Paraguari marchaba a pie con rumbo a Lomas Valentinas cuando se enteran del desastre. Esta columna de unos 2.500 hombres, fue la que se extinguió siguiendo a López en su largo y penoso peregrinaje hasta las márgenes del Aquidabán.

Fuentes:                  

- Testimonios de la Guerra Grande. Colección imaginación y memoria del Paraguay. t.II
- O´Leary, Juan. La guerra del Paraguay.
- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- La Gazeta Federal: www.lagazeta.com.ar
Copyright © La Gazeta Federal / Leonardo Castagnino  El autor
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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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