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ANTONINO REYES - (1813 1897)
                          


Coronel Antonino Reyes   
Dibujo de Ch.Decaux   
Archivo General de la Nación   

Antonino Reyes

El Coronel Antonino Reyes nació en Montevideo en 1813 y efectuó sus estudios en la capital oriental.

Siendo muy joven pasó a Buenos Aires y comenzó a trabajar al lado del General Rosas en 1832. Al año siguiente, hizo la campaña del desierto como Oficial de la Secretaria del Restaurador, y en 1835 revistaba en el Ejercito con el grado de Capitán de Milicias.

En 1838 fue ascendido al grado de Sargento Mayor. Cinco años después, en 1843, Rosas lo nombró su Edecán y Jefe de la Secretaria en el Cuartel General de Santos Lugares.

Desempeñándose en este cuartel general, en 1848, le tocó recibir a Camila O'Gorman y al cura Gutiérrez, traídos desde Goya, donde se habían radicado. Reyes y Manuelita Rosas trataron en esa oportunidad de salvar la vida de Camila, pero sus planes se vieron frustrados por la decisión de don Juan Manuel de sancionar la falta con la Pena capital. Los unitarios acusaron a Rosas de permisivo e infame que permitía actos perversos. Luego del proceso, aplicada la ley, y cumplida la condena, acusaron a Rosas de “Tirano Sangriento” . La ejecución de Camila O´Gorman fue exigida e incentivada por la prensa Unitaria y hasta del propio clero, y se llevó a cabo por una razón fundamental: En cumplimiento de la ley.

En abril de ese mismo año, Reyes fue designado Juez de Paz de San Fernando, punto estratégico de la ribera argentina para la vigilancia sobre los emigrados y los contrabandistas.

Después de Caseros, y al producirse el levantamiento federal del Coronel Hilario Lagos, acompañó a este Jefe en su acción militar como hombre de su Estado Mayor. En calidad de tal participó en el sitio de Buenos Aires, desde diciembre de 1852 hasta junio de 1853. Durante esta campaña tuvo a su cargo la defensa del Coronel Pedro Rosas y Belgrano, tornado prisionero por las fuerzas de Lagos luego del combate del Rincón de San Gregorio y procesado por un tribunal militar en San José de Flores, a fines de enero de 1853.

Levantado el sitio de Buenos Aires, tras la traición de Coe, Antonino Reyes fue tornado prisionero por los liberales en la Guardia de Luján, en agosto de 1853, y enseguida sometido a proceso, junto con los mazorqueros Badía y Troncoso. Pese a los cargos del fiscal, debió ser absuelto y liberado, lo cual le permitió pasar al Uruguay, donde residió hasta su muerte, acaecida el 6 de febrero de 1897.

Por carta de don Juan Manuel a José M. Roxas y Patrón, de 1868, sabemos que Reyes auxilió materialmente al Restaurador en sus horas de necesidad, durante el exilio. Un retrato del Edecán del dictador apareci6 en el diario La Prensa con motivo de su óbito, en 1897.

Reyes dejó valiosos testimonios escritos sobre su actuación junto al Restaurador, en los cuales reivindicó su conducta y la política rosista.

En 1883 refutó públicamente errores históricos antirrosistas insertos en un libro del general Antonio Díaz, y ese mismo año aparecieron en Buenos Aires la “Vindicación y memorias de Don Antonino Reyes”, arregladas y redactadas por Manuel Bilbao, obra posteriormente ampliada y reeditada, en 1943, con el titulo de "Memorias del edecán de Rosas".

En cartas publicadas en el diario “El Argentino” de Buenos Aires, refutó también el contenido de "Apuntes de otro tiempo" del Dr. Vicente Fidel López. Estas refutaciones fueron publicadas en 1895, en Rosario, por el coronel Prudencio Arnold.

Testimonio sobre Rosas

Cantonino Reyes nos deja testimonio sobre la ardua tarea de gobierno realizada y de la honestidad con que Rosas manejaba los dineros públicos:

"El tiempo corrido desde que entré al servicio del general Rosas y muy cerca de su persona, me da derecho a juzgar al hombre... No tenía hora señalada para su despacho: cuando se acababa lo del día se dejaba el trabajo y se despachaban los escribientes; generalmente la noche se pasaba en el trabajo. Se llamaba del Ministerio cuatro o seis escribientes cuando estábamos muy apurados. A estos escribientes se les despachaba a las cuatro de la tarde y se les daba a cada uno cinco pesos para ir a comer a la fonda: a los de la oficina, nada; éstos comían, si no había trabajo, en la mesa general de la familia, y sí había que hacer no se movían. A mí jamás me mandaba a comer, y cuando iba, al momento me llamaba para que hiciese el trabajo que correspondía a los demás. Se comprende el motivo: era que como él quedaba trabajando, no podía estar solo, pues tenía que hacer copiar lo que escribía. . . El domingo o día de fiesta era lo mismo que el día de trabajo. Generalmente dejaba el trabajo a la madrugada, a veces a las ocho o nueve de la mañana, y lo retornaba a las tres o cuatro de la tarde. Inmediatamente se despertaba y abría la puerta de su despacho y dormitorio, si aún no había llegado me mandaba llamar y ya empezaba el trabajo... Tengo la convicción que nunca usó en beneficio propio de los dineros del Estado durante su gobierno. Era celoso defensor de los caudales públicos y no permitía que los encargados de la distribución de dineros rindieran cuentas dudosas. Sólo había descanso cuando el general iba a Palermo y nos dejaba en la ciudad, y muchas veces al marcharse nos dejaba trabajo. No había que separarse mucho porque solía llamar de Palermo por algún trabajo urgente.

Sabido es que entonces iba a Palermo a respirar después de un largo encierro, y allí sólo recibía con gusto determinadas personas. Allí no estaba el gobernador, allí era simplemente el ciudadano, era la casa particular donde el servicio y lo que consumía era costeado por don Juan Manuel, para lo cual prevenía lo necesario al proveedor don Pablo Santillán y era todo pagado con su dinero particular.

En estos paseos no molestaba, como él decía, a ningún edecán, ni ayudante: llevaba a dos ordenanzas y el servicio particular. He oído muchas veces que salía disfrazado. No es cierto: no salía sino de particular, embozado en su capa, sin que nadie lo acompañara; algunas veces lo acompañaba yo; sus salidas eran a lo del doctor don Tomás de Anchorena. Otras veces iba solo, daba una vuelta y volvía después de una hora. La puerta quedaba apretada sin pasador, y yo en la pieza siguiente." (J.I.: V.p.J.M.de R., t.VII.p.185)




JUAN MANUEL DE ROSAS. La ley y el orden Fuentes:

- Chávez, Fermín. Diccionario Histórico Argentino
- Irazusta, Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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