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LAS TROPAS ARGENTINAS
                          

(Guerra del Paraguay)

J.M. de Rosas - L.Castagnino
(01) El optimismo de Mitre
(02) El interior se opone a la guerra
(03) Las dificultades de Urquiza
(04) Los desbandes
(05) Mitre y Urquiza, pintados de cuerpo entero
(06) Fuentes.
(07) Artículos relacionados.


El optimismo de Mitre

A pesar del optimismo de Mitre que anunciaba el 16 de abril de 1865, “En 24 horas en los carteles, en tres semanas en Corrientes, y en tres meses Asunción”, lo cierto que en ninguno de esos plazos las tropas no estaban no habían salido de Buenos Aires. Recién a fines de mayo y principios del junio, el congreso argentino dictaría las leyes militares para formar el ejército nacional. Estaría formado por 10.000 soldados de línea existentes, algunos “enganchados” y condenados a “servir las armas” la mayor parte, y 15.000 “guardias nacionales”. Tambiésn traerían “mercenarios” de Europa.

La Guardia Nacional en realidad estaba compuesta por toda la población comprendida entre los 17 años y los 45 años los casados, y cincuenta los solteros. La totalidad de los 15.000 hombres estaría por “contingentes” provenientes de cada provincia en forma proporcional a su población, y si no encontraran el número suficiente se podría recurrir a los “enganches” mediante paga. El problema se planteó en forma inmediata, porque salvo algunos jóvenes entusiastas liberales de Buenos Aires que se alistaron inmediatamente para luchar contra “el tirano”, o llevados por la atracción del “desfile militar” que Mitre les ofrecía, lo cierto es que no había interés en luchar en una guerra lejana, contra un enemigo que no era tal, sobre todo para las provincias del interior, y no había quien quisiera formar los “contingentes” como voluntarios o enganchados, pagos o nó.


El interior se opone a la guerra

Los gobiernos del interior, casi todos “mitristas”, tenían dificultades para formar los contingentes, porque los “voluntarios”, al enterarse que la guerra era contra el Paraguay, se escapaban en la primera ocasión de hacerlo. El encargado del “contingente” de Córdoba, Emilio Mitre, el 12 de julio de 1865 escribe que envía “los voluntarios atados codo con codo” y el 2 de julio el amotinamiento del “contingente” de San Luis. Julio Campos, porteño impuesto como gobernador en La Rioja tras el asesinato del Chacho Peñalosa, informa a Mitre el 12 de mayo que “Es muy difícil sacar hombres de la provincia en “contingentes” para el litoral, porque es tal el pánico que les inspira el “contingente” que a la sola noticia que iba a sacarse, se han ganado a las sierra y no será chica la hazaña si consigo que salgan”, y el mismo Campos escribe que “La sola palabra “contingente” basta para introducir la alarma y despoblar pueblos enteros”.

Los “voluntarios” de Córdoba y Salta se sublevaron al llegar a Rosario apenas les quitaron las maneas. En Catamarca la gente se niegaa la incorporación. Un testigo calificado, el juez nacional Filemón Posse, explicaba al Ministro de Justicia, Eduardo Costa, los procedimientos compulsivos que había utilizado el gobierno local al expresar que “se ponían guardias hasta en las puertas de los templos para tomar a los hombres que iban a misa, sin averiguar si estaban eximidos por la ley”. El mismo testigo señala, el estado de desnudez de la tropa, lo cual movía la compasión del vecindario cuando salía a la plaza para recibir instrucción. “Más parecen mendigos que soldados que van a combatir por el honor del pueblo argentino”, afirmaba, agregando que tal situación suscitó la piadosa intervención de la Sociedad San Vicente de Paul que les proveyó de ropa y comida. Acusaba también al gobernador Maubecín de incurrir en una errónea interpretación del estado de sitio, cuando exigía al vecindario auxilios de hacienda y contribuciones forzosas para costar los gastos de la movilización. El gobernador Maubecín, de Catamarca, encarga 200 pares de grillos para el contingente de su provincia. (J.M.Rosa. La guerra de Paraguay, p.223)

José Aguayo, uno de los oficiales instructores, ordenó por su cuenta, la aplicación de la pena de azotes en perjuicio de varios soldados, lo que provocó un proceso ante el Juzgado Federal, que lo inhabilita pro diez años para desempeñar oficios públicos. La sentencia disgustó al gobernador Maubecín, quien negó jurisdicción al magistrado para intervenir a propósito de los castigos impuestos en el cuartel “a consecuencia de una sublevación”. El gobernador calificaba de “extraña” la intervención de Filemón Posse y afirmaba que esa ingerencia era “una forma de apoyo a los opositores sublevados”. El pleito sustanciado llegó a la esfera del Ministerio de Justicia y interpelación al ministro Eduardo Costa por parte del senador catamarqueño Angel Aurelio Navarro.

La negativa a incorporarse no era cobardía. Eran hombres acostumbrados a cientos de combates y batallas. Muchos de ellos a la primera convocatoria, ensillaban su mejor caballo, agarraban cuchillo y lanza, y se iban tras el caudillo que los convocaba, sin preguntar mucho y sin pedir nada a cambio. Pero ahora no los convocaba su jefe natural, sino los porteños, y para pelear en una guerra a la que se oponían.


Las dificultades de Urquiza

El mismo Urquiza, a quien sus paisanos lo habían acompañado en Vences, Cepeda y Pavón entre otras, tendría problemas en esta oportunidad. Muchos son convocados con engaños, diciéndole que era para combatir “contra los porteños” y “macacos brasileros”, pero al enterarse de la verdad se sublevan y desbandan, y algunos jefes se niegan a la maniobra: “Usted nos llama para combatir al Paraguay –le escribe Ricardo López Jordán- Nunca general; ese es nuestro amigo. Llámenos para pelear a porteños y brasileños. Estamos pronto. Eso son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú. Estoy seguro del verdadero sentimiento del pueblo entrerriano” (R.L.Cáramo. La guerra del Paraguay, p.140)

Urquiza se ocupa de la persecución de quienes resisten a la guerra. El gobernador de Entre Ríos, don José Dominguez, hace detener en Concordia a don Juan Coronado, ex secretario de Urquiza, acusándole de “desacreditar la causa nacional de una manera subversiva” (Paraná, 9 de mayo de 1865. Original en el Arch. de Entre Ríos, Paraná).

El ministro de Gobierno, doctor Nicanor Molinas, cursa instrucciones a los jefes políticos para que vigilen a los individuos “que se ocupan en anarquizar a los ciudadanos que defienden las causa nacional” (13 de junio de 1865. Recopilación de Leyes, Decretos y Acuerdos de la Provincia de Entre Ríos, 1821-1873.)


Los desbandes

Urquiza reunió 8.000 hombres en Calá y acompañado como ayudante Felepe Varela, el 14 de mayo se mueve con la gente al norte. El 21 acampan en Yuquerí, a 5 leguas de Concordia, y luego marchan a Basualdo. El 3 de julio Urquiza va a entrevistar a Mitre. Los entrerrianos, que de mala gana hablan obedecido a su general creen en un abandono; como un reguero de pólvora corre la noticia por el campamento de Basualdo: "Compañeros: el Capitán General se ha ido a su casa y es necesario que nosotros también nos vayamos. No sean tontos; no se dejen engañar”, se repetían los convocados (Arch.Uruiza. Chavez Fermin. Vida y muerte de López Jordán).

Inútilmente los jefes -el general Ricardo López Jordán, los coroneles Manuel Navarro, Domingo Hereñú y Manuel Caravallo- tratan de contener la desbandada. Se oyen gritos "¡Viva Urquiza y muera Mitre". Imitando el aullido de los zorros, los nogoyaceros y victorianos van dando de carpa en carpa la señal de la deserción y buena parte de las divisiones se desbandan.

La noticia llega a Urquiza a la madrugada en la estancia de Gregorio Castro, donde ha hecho noche en su viaje a Concordia. Monta rápidamente, pero su presencia es inútil: cerca de 3.000 entrerrianos han dejado el campamento, y los restantes parecen resueltos a imitarlos. Urquiza ordena fusilamientos y proclama que "la patria exige ir a la guerra"; todavía su prestigio es grande, pero no detiene el desbande que seguirá en las noches siguientes. Hasta el 7 de julio, en que para mantener su vacilante autoridad, licencia todo el campamento. Hará una nueva convocatoria en el Yuquerí; pero la tarea resulta difícil. López Jordán desde Paraná le escribe el 31 de julio "que la gente se reunirá donde V. E. ordene, pero no quieren ir para arriba"; el coronel Juan Luis González escribe el 19 de setiembre "que si esta marcha no es contra Mitre, ellos (los entrerríanos) no salen de sus departamento" (Ibidem) Algunos se han pasado a los Paraguayos entre ellos, desde el principio, Telmo López, hijo de Estanislao López.

Después del desbande de Basualdo, Urquiza reúne con esfuerzo en Yuqueri 6.000 hombres: ha recorrido los departamentos y los ha hecho recorrer por gente de su confianza a fin de levantar un contingente entrerriano aceptable. El 8 de noviembre llega con los nuevos voluntarios de infantería, pues ha vendido sus caballos a Brasil, a las márgenes del arroyo Toledo: la división Gualeguaychú inicia el desbande en masa, seguida por todas las demás. No han esperado esta vez la ausencia de Urquiza, y nadie, ni el mismo Urquiza en persona, puede impedir la resolución de "no ir para arriba" y menos de a pie. Esta vez se trata de una rebelión abierta contra toda orden de don Justo, cuya energía de esa noche nada pudo hacer contra la actitud decidida de los soldados antiliberales - dice Fermín Chávez. (Vida y muerte de López Jordán)

La furia de Urquiza es tremenda. Ordena el fusilamiento de los desertores que fuesen encontrados. Numerosos entrerrianos, se unen a los paraguayos o cruzan a refugiarse en el territorio oriental. Se ha disuelto el Ejército de Vanguardia. Urquiza quedará en su palacio de San José; no ha podido cumplir un rol militar en la guerra contra los paraguayos, pero tendrá algo con que entretenerse: sus establecimientos proveerán la carne consumida durante la guerra por los ejércitos aliados.

La situación de Urquiza es comprometida. La realidad queda al descubierto después de los desbandes en que se ve obligado a licenciar las tropas para evitar males mayores. “V.E. debe estar persuadido – le escribe a Mitre – que al tomar tan grave resolución, sin esperar sus órdenes, es porque no ha podido ser de otro modo, para no esterilizar en la desmoralización y el desorden elementos que deben volver a concurrir a la defensa nacional como V.E. debe estar seguro que lo harán, que lo haré yo que me he de sacrificar, si es preciso, solo” (7 de julio de 1865. Archivo Mitre, II, p. 225) Es la confesión del rotundo fracaso.

Gelly y Obes le informa a Mitre de los acontecimientos y éste le responde: “Por lo demás, casi estoy conforme con usted en la relativo al concurso material de Entre Ríos, sobre todo siendo como es el general Urquiza un factor inerte que de buena fe está dispuesto al bien, pero que no está a la altura de la situación, no comprende más las cosas que las vieja que pasaron de moda hace muchos años…dando poca importancia a lo que por ahora diga el general Urquiza, pues con todo está conforme…Sin embargo, todo se ha de enderezar por la razón o la fuerza” (Cuartel General, Concordia, 24 de julio de 1865. Arch.Mitre. III, p. 45 y48.).


Mitre y Urquiza, pintados de cuerpo entero

Guerra del Paraguay  - Leonardo Castagnino Ahí esta pintado Mitre de cuerpo entero: “… todo se ha de enderezar por la razón o la fuerza”. Mitre le reclama la aplicación de severos castigos a los “traidores que se atreven a conspirar contra la nación… contándose entre esos traidores algunos con quienes V.E. parece contar para efectuar su reserva” (Uruguayana, 12 de noviembre de 1865. “Reservada”. Arch.Mitre, II, p. 240).

La puñalada trapera es evidente. Urquiza no puede negarse porque a la orden se añade la vedada amenaza: “Si después de lo que le he manifestado a V.E. reservadamente, aun se demorasen las medidas dictadas contra esas personas…” (Ibidem)

Luego de ésta proclama Urquiza cursó órdenes severísimas y autorizó la aplicación de bárbaros castigos a los reticentes. Al general López Jordán le escribió: “Hoy se han fusilado tres después de haber sido sumariados y condenados por consejo ordinario. Quiero que me persiga y remita a este Cuartel General a los oficiales Lara, Retamar y un yerno del Cnl. Gutiérrez, instigadores de las deserciones de Toledo” (7 de diciembre de 1865, Arch.L.Jordán, Paraná). “Le recomiendo muy particularmente que, con la mayor reserva, averigüe quienes fueron los que, en Basualdo y Toledo, imitando el aullido del los perros y los zorros, daban la señal para la deserción y los que sean autores, capturados y remitidos a este Cuartel General” (8 de dic. de 1865. Idem).

En referencia a estos hechos represivos Urquiza le comunica a Mitre:
“La medidas tomadas para reprimir las malas pasiones que causaron los desórdenes de Basualdo y Toledo, producen los saludables efectos que debían proponerse” (San José, 20 de diciembre de 1865. Archivo Mitre, II, p. 252)

De ahí en más Urquiza toma precauciones para la leva de soldados, que controla desde su despacho. Cárcano nos cuenta cómo, “perseverante en su decisión patriótica, pudo embarcar desde el puerto de Concepción del Uruguay, algunos batallones seleccionados. Para evitar sorpresas, “desde su despacho de la ciudad dirige la operación”. (Cárcano, R. J. Guerra del Paraguay, orígenes y causas)

En determinado momento se presenta un hombre que luego de saludar militarmente, le dice: “Mi general, la tropa no quiere embarcarse”. La escena es narrada por Ramón J. Cárcano: “Denme mi lanza, exclama el general. Salta en el primer caballo que halla al salir, y parte a gran carrera en dirección al puerto…Blandiendo la lanzaron su brazo fuerte, parece que encabeza una de las cargas irresistibles que tantas veces le dieron la victoria. Llega al puerto, revista a trote largo la tropa formada, laza en mano, mirando fijamente. Detiene su caballo frente al portalón del barco, y se oye su voz arrogante: ¡Comandante! Ordene que se embarquen de uno en fondo. La voz de mando se repite, y la tropa se embarca en silencio. El barco se aleja conduciendo tranquilamente el contingente entrerriano, arrancado por el grito de su caudillo del abismo de su retraimiento” (Cárcano, R. J. Guerra del Paraguay, orígenes y causas)

Esos contingentes despachados para acrecentar los ejércitos, son aquellos de los que Mitre le acusaba recibo: “Llegó ya el comandante Pintos con una parte del contingente que envía V.E. de esa provincia. De conformidad con lo que V.E. me pide, dispongo el regreso de la custodia que trajo el contingente” (Mitre a Urquiza. Cuartel General Yataytí, 4 de octubre de 1866. Arch. Mitre, II, p. 269). Así es como Mitre y Urquiza, con custodios, grillos y maneas, llevaban a la guerra a miles de hombres que, dispuestos a pelear contra “porteños y macacos”, no estaban “ir para arriba” contra sus “hermanos paraguayos”.

Hay también un ejercito argentino de vanguardia que se mantuvo en el territorio nacional para sofocar los levantamientos populares de las montoneras que se negaban a participar en la guerra en franca oposición al gobierno, que los reprimió con el ejercito regular. Para hacerse cargo de afrontar esos levantamientos, Mitre deja el teatro de operaciones y se traslada definitivamente a Buenos Aires. Según dalgunas opiniones, esta fue sola una excusa para que Mitre, tras una seguidilla de contrastes del ejército aliado, cediera el comando en jefe a los brasileños. Segun algunos historiadores, se dio la paradoja, que no nos consta, de que en los enfrentamientos en territorio nacional, hubo mas victimas que en el frente paraguayo.

Copyright © La Gazeta Federal / Leonardo Castagnino  El autor

                          

Fuentes:

- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- Cárcano, R. J. Guerra del Paraguay, orígenes y causas
- Rosa José Maria. La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas.
- De Poli, Pedro. Juicio a los motoneros de la Guerra del Paraguay
- Julio José Chiavenatto. Genocidio Americano: A guerra do Paraguay.
- Chavez, Fermin. Vida y muerte de Ricardo López Jordán
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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