Home
Inicio



LA FORTUNA DE ROSAS

Juan Manuel de Rosas.    

(01) El origen de su fortuna
(02) Los dineros públicos
(03) La traición
(04) Ingratos y detractores
(05) La verdad siempre triunfa
(06) Fuentes
(07) Artículos relacionados

El origen de su fortuna

Juan Manuel de Rosas obtuvo su fortuna personal con su propio esfuerzo y trabajo. En principio administró las propiedades de su familia, alejándose luego para hacer su propio patrimonio. Alejado de su casa “con lo puesto”, sin llevar "nada que no le pertenezca", según nota que le deja a su madre, en prinicpio se dedica a la administración de los campos de sus primos, los Anchorena, función que cumpliría durante muchos años, aumentándoles considerablemente la fortuna.

En 1808 su padre le confía la administración de sus bienes. En su gestión aumenta considerablemente el patrimonio de sus padres como el de las personas de las comarcas linderas granjeándose su confianza y beneplácito. En 1813 contrae matrimonio con Encarnación Ezcurra y Arguibel. Deja los campos paternos a cargo de su hermano Prudencio y rehusa recibir su parte de la herencia. Solicita que la misma le sea entregada a su madre. Cuando ésta murió su parte pasó a sus hermanos, dado que él no la necesitaba.

Intensifica su actividad de ganadero con buen suceso. Se asocia con Luis Dorrego y Juan Nepomuceno Terrero. Comienza el negocio de saladero de carnes y acopio de frutos. Integra la firma de Luis Dorrego y mas tarde funda el primer saladero "Las Higueritas" en Quilmes. Fue uno de los principales saladeristas y exportaban a carnes saldas a brasil y las antillas. Para no depender del monopolio del comercio y transporte de los barcos ingleses, se hicieron armar su propia flota en Corrientes. Los comerciantes ingleses y sus socios locales le hicieron la guerra política y periodística para hacerles cerrar los saladeros, argumentando que subiría el precio de la carne en Buenos Aires. Rosas ofreció entonces seguir abasteciendo al mismo precio, pero lo persiguieron tanto que al fin cerró y se dedicó e la cría extensiva de ganado.

Se muda a los campos de Julián Molino Torres en el paraje denominado La Guardia del Monte (hoy Monte) donde en 1774 se había emplazado el Fortín de frontera llamado de la Guardia de San Miguel del Monte Gargano. El establecimiento se lo llamo "Los Cerrillos". Esta propiedad creció compuesta por varias propiedades integradas y fue explotada con singular éxito. Esto le permitió forjar una destacada posición económica. El sitio se encontraba en cercanías del Río Salado sobre la denominada frontera natural con el indio.


Los dineros públicos

Rosas llegó al gobierno con una inmensa fortuna personal, y durante su gobierno separó estrictamente sus negocios particulares de los dineros públicas, con tal honestidad y meticulosidad que hasta varios de sus adversarios y detractores mas acérrimos tuvieron que reconocerle. Se retiró del mismo con poco más de doscientos pesos fuertes, y un baúl de papeles, copia de documentos oficiales, para conocimiento de la posteridad.


La traicion

Justo José de Urquiza.    

La política brasileña respecto a la Confederación, fue hábilmente contrarrestado por la fuerza y la inteligencia de Rosas, y en vísperas de la definición por las armas, que los brasileños tenían perdida de antemano, Urquiza, jefe del ejército de vanguardia de la Confederación, se pasa al enemigo con todo el ejército completo, en lo que el historiador José María Rosas llamó “El milagro de la casa de Braganza”. Urquiza, aliado al brasil y apoyado por los emigrados unitarios, algunos de los cuales vistieron el uniforme enemigo, como Mitre y Sarmiento, desalojan a Rosas del gobierno en la batalla de Caseros.

Poco le duraría a Urquiza la alegría del triunfo traidor. Inmediatamente empezaron las presiones inglesas, las exigencias brasileras y las conspiraciones unitarias.

Urquiza había fijado la entrada triunfal para el día 8, después la postergó para el 19 y finalmente lo hizo el 20 de febrero, de poncho y galera con cinta punzó y montado “en un magnifico caballo con recado” (Sarmiento) con la marca de Rosas, y con el peor malhumor. Hasta mintió la hora del desfile (las 13 en vez de las 12) para que no participen las tropas brasileras, que finalmente lo hicieron por las calles de Bs.As. con la bandera verde-amarilla. Se escucharon silbidos a su paso.

Urquiza desfiló casi al galope, como para terminar de una vez. En la esquina de corrientes, la madre del coronel Paz, (inmolado en Vences), le grita ¡Asesino!. Según Sarmiento “por gravedad o encogimiento, el general afectaba una tiesura imperturbable sin volver la cabeza a uno u otro lado. Permaneció serio y como y empacado” en la recoba y se negó a ir al estrado de la catedral donde los esperaban las autoridades y diplomáticos.

“Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí” (Urquiza al representante ingles Gore, al partir para reunirse para el encuentro se San Nicolás. ( Mayo de 1952. )

En agosto de 1852 lo visitó en Southampton don Carlos P. Lumb, comisionado por don Felipe Vera para entregarle diez mil onzas; Rosas las rechazó cortésmente, reiterando durante la entrevista la honradez con que había manejado los dineros públicos.

En 1858, Urquiza le escribe una carta a Juan Manuel de Rosas, exiliado en Inglaterra:

Paraná, 24 de agosto de 1858

Señor Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas.

Mi distinguido amigo:

Oportunamente recibí su carta con algunos ejemplares de la protesta que V publica en Europa respecto a las injustas y violentas medidas tomadas contra sus propiedades y las de sus hijos, por el Gobierno Irregular de Buenos Aires.

Hice publicar dicha protesta en los perioditos de la Confederación.

Siento verdaderamente que el Gobierno Nacional que presido no se haya encontrado en aptitud de salvarlo de ese despojo de conformidad a los principios que han regido la política adoptada por mi, y a los actos con que la he señalado respecto de la misma persona de V. Pero creo que V no debe perder la esperanza de que sus conciudadanos vuelvan sobre sus actos que como expresión de venganza y de odios mezquinos, infaman al pueblo en que se cometen. Debe confiarse en que cuando los sentimientos de verdadero nacionalismo prevalezcan sobre las pasiones de circulo que agitan hoy a los que gobiernan Buenos Aires, los actos que han ofendido los derechos de V. sean corregidos como los demás errores de autoridades reaccionarias.

Por mi parte, V. debe contar con que ejercitaré toda mi influencia en su obsequio, y en el sentido que dejo manifestado.

Yo y algunos amigos de Entre Ríos estaríamos dispuestos a enviar a V. alguna suma para ayudarlo a sus gastos, si no nos detuviese el no ofender su susceptibilidad, y le agradecería que nos manifieste que aceptaría esta demostración de algunos individuos que más de una vez han obedecido sus Ordenes. Ella no importaría otra cosa que la expresión de buenos sentimientos que le guardan los mismos que contribuyeron a su caída, pero que no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país, y a los servicios cuya gloria nadie puede arrebatarle, y son los que se refieren a la energía con que siempre sostuvo los derechos de la Soberanía e Independencia nacional.

Debo aprovechar esta ocasión para agradecerle los recuerdos honrosos de mi persona que ha hecho a algunos amigos, y asegurarle que yo deseo que V. me considere como su verdadero amigo y afectuosos Servidor.

Firmado: Justo José de Urquiza.

Rosas le contestó abundante en expresiones de gratitud, pero negándose a "ser gravoso a los intereses particulares de V. E. a quien tanto debo, ni tampoco a sus amigos". y agregaba "Así, perdone V. E. cuando no admito esa tan noble como generosa oferta" (Carta de Rosas a Urquiza, 30 de octubre de 1858. - Fotolitografía, en Papeles de Rosas..., II, de A.Saldías).


Ingratos y detractores

Bartolomé Mitre.    

La persecución desatada desde Buenos Aires y la confiscación de todos sus bienes (inclusive los que pertenecían a Manuelita por herencia de su madre) obligaron al general Rosas a aceptar el repetido ofrecimiento del general Urquiza. En carta de 1863 le pintada su triste situación "obligádo a salir de ésta casa, a dejar todo, pagar algo de lo que debo, y reducirme a vivir en la miseria". Consciente de la respetabilidad de su persona, consideraba que no debía "perdonar medio alguno permitido a un hombre de mi clase, para no parecer ante el extranjero en estado de indigencia"; por cuyo motivo solicitaba de Urquiza la ofrecida ayuda económica, pero en calidad de préstamo, pues "lo que fuere le devolveré a V. E. con el correspondiente interés, luego que me fueran entregadas mis propiedades" (Carta de Rosas a Urquiza. Southampton, 7 de noviembre de 1863. Original en el Arch. Gral. de la Nación, sec. Urquiza).

El general Urquiza le respondió llamándole "grande y buen amigo" e informándole: "Dispongo que anualmente se le pasen a V. mil (1.000 Libras Esterlinas) mientras me halle en posición de hacerlo así..." (Carta de Urquiza a Rosas. 28 de febrero de 1864. Original en el Arch. Gral. de la Nación, sec. Fariní, leg. 23).

Esta ayuda pecuniaria, aunque acordada con premura, fue cumplida con morosidad; recién se hizo efectiva el 22 de abril de 1865. Contrariamente a lo que afirma la falsa historia, fue la única que recibió el general Rosas de manos del vencedor de Caseros (Mario César Gras: Rosas y Urquiza).

Muchas y muy grandes fueron las ingratitudes que debió sufrir el otrora poderoso señor durante los largos años del destierro. Una de las que más molestaron su ánimo, fue la de sus primos don Nicolás y don Juan José Anchorena, en cuyo obsequio había realizado "tan largos, tan riesgosos, y tan notorios servicios" (Carta de Rosas a don Juan Nepomuceno Terrero. 31 de mayo de 1864) en la fundación y administración de cinco de sus estancias en el sur de la provincia de Buenos Aires.

En carta a doña Josefa Gómez le dice que "el Sr. Dn. Nicolás Anchorena ni me escribió, ni pagó más de sesenta mil pesos fuertes metálicos, que me debía…que con sus réditos monta a más de ochenta mil pesos" (Carta de Rosas a doña Josefa Gómez. 22 de mayo de 1866. Borrador de puño y letra de Rosas, a lápiz, en el Arch. Gral. de la Nación, sec. Urquiza, leg. 66)

En vista de que la viuda de don Nicolás, doña Estanislada Arana de Anchorena, negaba el reconocimiento de la deuda por falta de documentos que probaran sus servicios, Rosas le escribió diciéndole: "¿Cómo podrán Vs. negar y sostener que no fuí el poblador, fomentador y administrador desde 1818 hasta 1830, de las muchas Estancias con numerosos ganados en el Sud de la Provincia de Bs. As. pertenecientes a mis primos los Sres. Dn. Juan José y Dn. Nicolás de Anchorena cuando es notorio en toda la Provincia?" (Carta de Rosas a doña Estanislada Arana de Anchorena. Burgess Street farm, Near of Southampton, 31 de mayo de 1864. Copia de don Máximo Terrero en el Arch. Gral. de la Nación, sec. Fariní, leg. 23).

Pese a la abundancia de razones no varió la actitud de aquellos prestigiosos integrantes de la oligarquía terrateniente argentina.

En 1873, don Juan Anchorena, hijo de don Nicolás, fue elegido miembro del directorio del Banco Nacional; el diario "Estándar” le dedicó una nota en la que recordaba los trabajos de Rosas en las estancias del presuntuoso Director, aunque asignándole el carácter de un simple capataz (Standard. Buenos Aires, 28 de diciembre de 1873).

El yerno de Rosas, don Máximo Terrero, le escribió solicitándole una rectificación, "pues de lo contrario le decía me veré obligado a preguntar a Vd. públicamente cuando ni como Rosas fue el capataz del Sr. Don. Nicolás Anchorena, padre de Vd. ú otras personas de esa familia, y sobre todo, con que lo recompensaron ó que sueldos pagaron al capataz. Los servicios prestados a Vd. por ese Capatáz son notorios en ese país, así como a él deben la fortuna de que hoy disfrutan. Fortuna que aseguraron las inmensas propiedades rurales que les hizo adquirir y valer el Capataz Rosas, nunca remunerado" (Carta de don Máximo Terrero a don Juan Anchorena. Londres, 17 de febrero de 1874. Copia de Terrero en el Arch. Gral. de la Nación, sec. Fariní, leg. 22). El ilustre bancario Anchorena guardó un silencio muy liberal y muy acomodado a la auto respetabilidad de nuestros infatuados oligarcas.

Juan Manuel de Rosas Los últimos años del exilio obligaron al general Rosas a afrontar por sí mismo todas las tareas propias de la chacra criolla que había levantado en suelo extranjero. Fiel a las costumbres del campo argentino, elaboraba por su mano las primicias gastronómicas aquí habituales. Así se deduce de una carta que en 1871 envió a su protector don Carlos H. Losen: "Le mando le dice unos chorizos tipo criollo, un tarro de dulce de leche, un queso y un pan casero, como el que probó vez pasada en casa; puede comer todo con confianza, pues todo está preparado con mis manos" (Carta de Rosas a don Carlos H. Ohlsen. 3 de noviembre de 1871. Arch. Gral. de la Nación, sec. Fariní, leg. 23).

Ése hombre al que la canalla liberal ha enrostrado los peores delitos, entre ellos el de haberse llevado consigo una montaña de oro, tiene que vender en los últimos tiempos cuanto poseía para poder comer. A su hija Manuelita le escribe en el otoño de 1876: "Triste siento decirte que las vacas ya no están en este farm. Dios sabe lo que dispone; y el placer que sentía al verlas en el field, llamarme, ir a mi carruaje a recibir alguna ración cariñosa por mis manos, y el enviar a ustedes la manteca. Las he vendido por veintisiete libras...”( José Luis Busaniche: Rosas visto por sus contemporáneos. Edit. Guillermo Kraft Ltda.; Colec. Cúpula. Buenos Aires, 1955).

Mitre, desagrdecido y perverso, acusa a Rosas de deshonesto “...como lo ha declarado al justicia”, basándose precisamente en un juicio infame, lleno de mentiras y resentimientos como lo demuestra la investigacion histórica. Desde la Legislatura, el 24 de septiembre de 1859, el fiscal doctor Emilio Agrelo emite acusación, comenzando el "mesurado" alegato afirmando que “...el asesinato, el robo, el incendio, las devastaciones, el sacrilegio, el perjurio, la falsificación, la impostura y la hipocresía, han sido elementos constitutivos de esa terrible tiranía erigida en sistema político durante tan largos años en nuestro país”...y agregaba al final una pieza de antología: ”¡Maldición sobre este monstruo! ¡Que su vida sea tejido de desdichas y miserias, que el remordimiento lo persiga en todas partes, y que la sombra ensangrentada de sus victimas venga a turbar su sueño, para que ni aún en as horas tranquilas del reposo, pueda gozar la calma y el sosiego! ¡Que los gritos de los lamentos de los huérfanos a quienes arrebató sus padres y sus fortunas, traspasando los mares, vaya a resonar en el oído de aquel caribe, para que lo sobrecojan de espanto, y para que el pueblo libre de la Gran Bretaña vea en las facciones lívidas y descompuestas del Tirano, retratando el miedo que le causan sus crímenes, el horror que se inspira en si mismo, el asco que ocasiona a la humanidad la presencia de aquel reptil a quien se le ha quitado el veneno con que mataba a sus semejantes!"

La acusación, llena de diatribas y resentimientos, tiene otro aspecto por demás singular: el doctor Emilio Agrelo es el mismo que el 8 de octubre de 1851, en plena “tiranía”, en honor a la hija del “tirano” sustituye los caballos del carruaje de Manuelita, para tirar él mismo del carruaje . En honor a la verdad, debemos reconocer que "lo hizo bastante bien". (AGM.PaL.p.212)

Para comprender la "ecuanimidad" de los unitarios que juzgaron a Rosas, baste citar el dictamen de Rufino de Elizalde, que ante el reclamo de un vecino sobre bienes de Rosas que supuestamente “le pertenecían” al demandante, sin abrir pruebas, don Rufino dictaminaba: “Desde que la demanda es contra Rosas, este ministerio nada tiene que oponer, porque todo particular debe tener siempre razón contra el tirano”

El 17 de abril de 1861, el juez don Sixto Villegas falló declarando a Rosas “...asesino de profesión y ladron famoso” por crímenes comprobados sobre la base de pruebas “...que varían desde el indicio hasta el testimonio original, desde el rumor hasta la notoriedad universal”. ¡Vaya singular manera de los liberales unitarios para juzgar y sentenciar a alguien en ausencia!

Durante los debates en la Legislatura, Rufino de Elizade, sin presentar prueba alguna, no tiene empacho en afirmar que “Rosas ha salido del país muy rico. Sabemos que embarcó una gran cantidad de baúles con dinero y alhajas y que llevó casi todos los brillantes que existían en Buenos Aires...No han de padecer nada ni él ni sus hijos y es muy sabido que ha estado viviendo en Londres con el boato de un príncipe...”

También Sarmiento se sumó a las diatribas en el Senado, acusando a Rosas de gozar en el exilio de "cuantiosos bienes que nosotros no tenemos”, a lo que el historiador M.C.Gras le replica que “Cuando esto dice Sarmiento en el senado de Buenos Aires, Rosas se debate en la pobreza más angustiosa, y él, Sarmiento, vive holgadamente, percibe varios sueldos importantes y está dilapidando los cuantiosos bienes que su esposa Benita Pastoriza ha heredado de su primer marido. Existe – agrega – un expediente judicial que comprueba esto y que la mayoría de los biógrafos del sanjuanino pretenden ocultar...” (H. Senado de Buenos Aires. Diario de sesiones. Sesión del 29 de julio de 1857 – M.C.Gras – AGM.PlA.p.308)


La verdad siempre triunfa.

Pero los “baúles con dinero y alhajas” que cita Elizalde y los “cuantiosos bienes” a que aludía Sarmiento, nunca existieron, sino en la mente de esos canallas. Rosas, que era mas inteligente y honesto que todos ellos, al embarcarse en el buque de guerra ingles “Conflict”, hizo extender un documento en el que constaba el magro haber que llevaba consigo, consistente en 745 onzas de oro, 200 pesos fuertes y 22,4 ¾ reales y cuartillos…y por suerte, un baúl con copia de documentación de su gobierno, para conocimiento de la posteridad, ya que lo originales fueron incinerados por los vencedores de Caseros.

“Llegará el día en que desapareciendo las sombras sólo queden las verdades, que no dejarán de conocerse por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias” (Juan Manuel de Rosas. 1857


Obras de Leonardo Castagnino Fuentes:

- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina.
- Rosa, José Maria. Historia Argetnina.
- García Mellid. Atilio. Proceso al liberalismo Argentino
- Chavez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel
- Otras fuentes citadas.

Artículos Relacionados:

*
El Restaurador de la Leyes.
* Juan Manuel de Rosas
* El cuchillo de Juan Manuel
* Rosas y San Martin
* El sabido correspondente
* Rosas y Alberdi
* Lo que Rosas no hizo
* Rosas no ha muerto

Fuente: www.lagazeta.com.ar



Inicio