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VÍSPERAS DE LA GUERRA DEL PARAGUAY
                 

Francisco Solano López (01) Sucesión de Carlos Antonio López
(02) La situación de la Banda Oriental
(03) La oportunidad del Imperio
(04) La bolilla que faltaba
(05) La situación geopolítica
(06) ¿Ojos que no ven?
(07) Las dos caras de la moneda
(05) Bibliografía.
(06) Artículos relacionados.

Sucesión de Carlos Antonio López.

El 10 de setiembre 1862 muere Carlos Antonio López, presidente del Paraguay, dejando un país floreciente. Tras años de política proteccionista, el Paraguay tenía una situación fuerte y en franco desarrollo: negándose a tomar empréstitos no tenía deuda externa, sus productos se exportaban transportados en su propia flota, y era el único país americano con ferrocarril y telégrafo, y el primero en botar buques a vapor que hacían la travesía a través del Atlántico. Tenía un ejército fuerte y se abastecía de su propia fabricación de armamento. Sus hijos iban a estudiar a Europa para regresar al país para darle sus servicios , prácticamente sin depender de técnicos extranjeros, en cuyo caso eran contratados por el estado.

El hijo mayor de Carlos Antonio, Francisco Solano López, que ejercía la vicepresidencia y la jefatura del ejército, a la muerte de su padre convoca un Congreso para elegir presiente, cargo que recae en su persona. De carácter decidido y culto, había estudiado y viajado por Europa, siendo además un fino diplomático.

Paraguay tenia una cuestión pendiente de límites con Brasil y Argentina, cuya tregua por tratados firmados en 1856 por el termino de seis años, expiraban prácticamente al asumir Francisco Solano López. Cuentan que Carlos Antonio López aconsejo a su hijo que resolviese el delicado asunto ”con la pluma, no con la espada”. Siguiendo este consejo, ni bien asume la presidencia, invita a Mitre a resolver amigablemente la única cuestión pendiente. La correspondencia con mutuos elogios se intercambia durante más de un año si llegar al acuerdo buscado por López. Algo se cocinaba en la trastienda de Mitre.


La situación de la Banda Oriental

Mientras tanto en la Banda Oriental gobernaba el partido "blanco" (federales). Mitre apoyaba solapadamente a Venancio Flores, (“el degollador de cañada de Gómez”), que había intervenido al servicio del mitrismo en las aventuras políticas y en las guerras civiles argentinas, y lo incentivaba para una revolución en Uruguay contra el gobierno “blanco” de Bernardo Berro, para lo cual lo asistía con armas y pertrechos. Fue precisamente durante las afectuosas cartas de Mitre a López, en que Venancio Flores encabeza la revolución contra Berro, y al mismo tiempo se produce la intervención brasileña.

Berro cometió el error de creer en las muestras de afecto que le hacia Mitre, y aún advertido de lo que se preparaba, el 1° de abril de 1863 licenció las tropas que guarnecían algunos departamentos; a los nueve días desembarca Flores en las playas orientales, para desencadenar la revolución.


La oportunidad del Imperio

Era también entonces la oportunidad de Brasil, y el 6 de mayo de 1864 llega a Montevideo el sagaz diplomático del Imperio Jesé Antonio Saraiva, con enérgica reclamaciones por “daños y perjuicios” cometidos en la Banda Oriental contra súbditos del imperio: era la “política del marinero herido”.

Por entonces a Berro lo había sucedido Anastasio Aguirre, que a través de su Ministro de Relaciones Exteriores Juan José de Herrera, rechaza enérgicamente la nota de Saraiva, numerando inclusive una nómina más larga aun de los crímenes cometidos en territorio brasileño.


La bolilla que faltaba.

Entran en escena entonces los actores que faltaban. Viaja a Montevideo ua comisión “pacificadora” compuesta por Rufino de Elizalde (Ministro de Relaciones Exteriores de mitre y a su vez empleado ingles) y Mr. Eduardo Thornton, representante de S.M.Brtitánica, a quien se une para completar la escena, el mismo Saraiva.

A pesar conocer la actitud desleal de Mitre, el gobierno uruguayo recibe a la comisión y firma una amnistía a los revolucionarios, e inclusive accede al reclamo de Flores sobre una indemnización de medio millón de pesos, por gastos producidos precisamente para hacerle una revolución. Pero por más que cediera el gobierno uruguayo, no llegaría la paz, porque la “comisión” no buscaba la paz, sino la instalación de Flores en el poder, para los propósitos ulteriores.

Quedan rotas entonces la negociaciones con la “comisión pacificadora”, mientras la prensa argentina le da el gusto a Mitre, protestando airadamente contra Aguirre en quien hacía recaer la responsabilidad del fracaso, y elogiando “la actitud humanitaria” del gobierno argentino.

Los sucesos se precipitan: el 4 de agosto de 1864 Saraiva presenta un “ultimátum”, amenazando con “represalias” por parte de al fuerzas de mar y tierra, si en el Plazo de seis días no se atendían todos los reclamos. El mismo día Pimienta Bueno pedía al Congreso brasileño que las fronteras se corrieran hasta el Arapey, exteriorizando su continua política expansionista.

El gobierno uruguayo rechaza el nota de Saraiva, quien se retira para hacer efectivas sus amenazas a través del vice-almirante Joaquín Marquez Lisboa, Barón de Tamandaré, el que da inicio a la agresión destruyendo los vapores orientales “General Artigas” y “Villa del Salto”.


Situación geopolítica.

Veamos cuales eran los intereses geopolíticos de cada uno de los actores:

Brasil continuaba su invariable política expansionista sobre la cuenca del Plata para ampliar su territorio y sobre todo para tener influencia y derecho sobre las vías navegables hacia el Mato Groso, única vía de comunicación. Ya había tomado antes la Banda Oriental que tuvo que abandonar militarmente tras la derrota de Ituzaingo en 1827. A su vez había reconocido en 1842 la independencia de Paraguay, (a quien Rosas consideraba parte de la Confederación), para luego sojuzgarlo y debilitar a su vez a la Confederación, tal como se lo advirtiera Rosas a López en 1842 al no reconocer la independencia; estaba próximo a cumplirse el vaticinio de Rosas, hecho más de veinte años antes. Extraemos algunos párrafos de la respuestas de Rosas al pedido de Independencia del Paraguay del año 1842:

Que el Brasil se habría de apresurar a reconocer la independencia de la República en razón de tener iguales producciones, y porque reconocida también por Buenos Aires se equilibrarían los derechos de introducción que paga el Brasil.

Que el Brasil era capaz de perjudicar al Paraguay, fomentando hasta la correría de los indios con armas.

Que reconocida la independencia del Paraguay, se llenaría de Ministros y Cónsules extranjeros, que procurarían envolverlo en cizaña, como acontecía con Buenos Aires, y hasta conquistarlo, si pudiesen.

Que por el contrario incorporándose a la Confederación, formaría una grande nación que impondría respeto a los extranjeros…

Que él no reconocía ni desconocía la independencia de la República, que hacía votos por su felicidad, y para que Dios lo conserve sin admitir extranjeros, que son malas langostas; que su felicidad consistía en tener súbditos de una sola religión, cuando Buenos Aires tiene la desgracia de verse lleno de templos protestantes, grande daño que hicieron los anteriores salvajes unitarios, haciendo tratados con ingleses, y que ahora no se podía remediar.

Que a los extranjeros establecidos en el país no se les puede decir nada, ni hacerles cosa alguna, cuando luego reclaman los Ministros o Cónsules de su nación, de suerte que quieren gozar de mayores ventajas y prerrogativas que los nacionales.

(Ver texto completo en el artículo “Independencia del Paraguay” )

El otro actor era Inglaterra, que tenía interés en abrir las vías navegables y el comercio del Paraguay, proteccionista entonces, y colocar sus empréstitos. En defensa de esos intereses, intervienen en la “comisión pacificadora” Mr. Thornton, y Rufino de Elizalde, empleado ingles, de quien se decía que era “el primer Mr. que habla inglés con acento tucumano”.

El mitrismo, que había impuesto “a sangre, fuego e intrigas” el “liberalismo” en el interior, sojuzgando las provincias argentinas, le interesaba deponer al gobierno federal “blanco” e imponer al “colorado”, liberal. El paso siguiente, sería llevar la “civilización” al Paraguay. Y no vamos a decir otro motivo: que a Mitre le interesara la gloria de ser Comandante en Jefe de una alianza contra Paraguay, cosa que si pensaron los brasileros, que se la ofrecieron como anzuelo, hasta que tuvieron que pedir el reemplazo ante la seguidilla interminable de fracasos militares durante la guerra.

Por su parte Uruguay, estaba interesado en mantener su independencia ante sus codiciosos vecinos, manteniendo el equilibro del Plata con una Alianza con el Paraguay.

Y por último el Paraguay. Siendo una nación mediterránea, su existencia independiente estaba sujeta a la independencia del la Banda Oriental, que le permitía la salida al mar a través de los ríos del Plata. Para hacer una descripción de los intereses Paraguayos, citaremos la autorizada palabra de Juan Bautista Alberdi:

“Montevideo es al Paraguay –escribía Alberdi en 1865- por su posición geográfica, lo que el Paraguay es al interior del Brasil: la llave de su comunicación con el mundo exterior. Tan sujetos están los destinos del Paraguay a los de la Banda Oriental, que el día que el Brasil llegase a hacerse dueño de este país, el Paraguay podría ya considerarse como colonia brasileña, aún conservando su independencia nominal. Y como esta misma razón de hallarse en las márgenes del canal que forman los ríos Paraguay, Paraná y Plata, sujeta a las provincias brasileñas situadas más arriba a seguir un destino solidario con él y con la Banda Oriental, el gobierno del Paraguay habría dado pruebas de estar ciego si hubiera vacilado en reconocer que la ocupación de la Banda Oriental por el Brasil tenía por objeto asegurar las provincias imperiales situadas al Norte del Paraguay, así como a esta misma República.

"Ocupado Montevideo por el Brasil, la República del Paraguay vendría a encontrarse de hecho en medio de los dominios del Imperio. He aquí por qué el Paraguay se ha visto, y ha debido verse amenazado en propia independencia por la invasión del Brasil en Banda Oriental. Ha hecho suya propia la causa de la dependencia oriental, porque lo es, en efecto, y su actitud de guerra contra el Brasil, es esencialmente defensiva, aunque las necesidades de la estrategia le han hecho salir de sus fronteras.

"Esta identidad de causa entre el Paraguay y la Banda Oriental, resulta probada por el manifiesto en que Brasil acaba de anunciar a los poderes amigos su determinación de hacer la guerra al Paraguay. En él conoce el Señor Paranhos que 'la cuestión de límites la causa principal de la contienda"

Esta cuestión que ya dos veces, en los últimos diez años, puso armas en las manos del Brasil, y que no está resuelta todavía, es la que el Brasil quiere resolver de hecho, tomándole al Paraguay la ventaja que él le lleva de estar más abajo de Matto Grosso, con la ocupación de la Banda Oriental que es la llave de la navegación exterior del Paraguay. He aquí por qué el Paraguay ha visto en peligro inminente su libertad de navegación, desde que ha visto al Brasil en camino de apoderarse de la Banda Oriental, como ya lo hizo en 1820. La complicidad de Buenos Aires con el Brasil en la ocupación de la Banda Oriental no hace sino más amenazante para el Paraguay la actitud del Imperio,..".

Así veía las cosas Alberdi, contemplando desde lejos la gran conflagración. Estas opiniones de Alberdi en contra de la guerra del Paraguay, no serían toleradas por Mitre, dándose la polémica Mitre-Alberdi en la que éste, lejos de callarse, le enrostró unas cuantas cosas pasadas.

A las razones dadas por Alberdi, se podrían agregar mucha más para justificar la actitud del gobierno paraguayo. No hay que olvidar los antecedentes históricos. Es preciso tener presente la tendencia secular de la diplomacia lusitano brasileña y la justificada prevención con que estos países miraron siempre al Imperio. Las luchas territoriales, antes y después de la independencia, las usurpaciones sucesivas, la dominación del Uruguay, en 1820, las misiones secretas de San Amaro y Abrantes para gestionar en Europa la intervención en los asuntos del Plata, el propósito de independizar la “republica mesopotámica”, los pleitos de límites interminables, no eran hechos tranquilizadores que podían hacer ver sin sospechas inquietantes la forma brutalmente violenta en que el monarca bragantino trataba a la que fue su provincia cisplatina.

Más aún, el Paraguay que tenía con el Brasil un pleito que más de una vez hubo de dar lugar a la guerra, a pesar de la prudencia de don Carlos Antonio López, no podía mirar indiferente el procedimiento que su contendor inauguraba como medio de solucionar sus cuestiones con los vecinos.

"El gobierno paraguayo -dice un distinguido escritor brasileño- debía sospechar de las secretas intenciones de la monarquía, no podía creer que el Emperador, por mero amor a los republicanos orientales se trocase inopinadamente en su libertador, cuando en el propio territorio nacional mantenía en abyecta servidumbre más de cuatro millones de africanos. Lo lógico era esperar que el Imperio, después de arreglar violentamente sus cuestiones con el Uruguay, tratara de hacer lo mismo con el Paraguay".


¿Ojos que no ven?

Bartolomé Mitre
Pero Mitre era ciego, o lo movían otros intereses, porque le hizo el juego al Imperio, sin tener nada que ganar. Él mismo ponía la excusa de llevar “la civilización” al Paraguay, después de haber impuesto su “política a palos” en el interior, en una “guerra de policía”, de fusilamientos y degüellos.

A pesar de todo, el Paraguay se mantuvo en una silenciosa expectativa. Y esta actitud estaba de acuerdo con las tradiciones de la cancillería paraguaya. Así lo entendía López, cuando el 20 de diciembre de 1863 le decía al general Mitre:

“Los principios de la más estricta neutralidad que todos los gobiernos del Paraguay han observado, desde su independencia, en las cuestiones internas y externas de sus vecinos, forman, tambien, la base de la política del actual gobierno, que no halla todavía motivos para abandonar esa política tradicional”.

La neutralidad manifestada por López era estrictamente cierta. Nótese sin embargo como intuía López el futuro en la frase “no halla todavía motivos”. López ya sabia cuanto calzaba Mitre.

“No pretendo con esto –continúa López- asentar que este principio sea tan absoluto que los sucesos no pueden limitarlo, cuando la propia seguridad obligue a manifestar interés por éstos mismos sucesos, si ellos puedan comprometerla. Esto, que es un derecho inherente a todo gobierno, milita con mayor razón para el Paraguay, por su posición geográfica y por otros poderosos motivos que e inútil mencionar a V.E., que los conoce”

López la tenia bien clara: Mitre por su parte, no sé si conocía “otros poderosos motivos” del Imperio; talvez López debió decírselos.

La dos caras de la moneda.

El gobierno Paraguayo esta informado de los sucesos de la Banda Oriental, no obstante mantiene una actitud prudente y hasta ofrece una mediación, como lo había hecho el gobierno paraguayo en 1859. Mitre por su parte sigue con su política solapada, y tratando de amortiguar las sospechas de López, le escribe el 2 de enero de 1864:

Guerra del Paraguay  - Leonardo Castagnino "Estoy muy distante de negar a la República y al gobierno del Paraguay el derecho que pueda tener en casos dados a influir en los sucesos que puedan desenvolverse en el Río de la Plata. V.E. se encuentra bajo muchos aspectos en condiciones más favorables que las nuestras, a la cabeza de un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la paz y que llama en este sentido la atención del mundo; con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacífica; respetado y estimado por todos los vecinos que cultivan con él relaciones proficuas de comercio; su política está trazada de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, pues como lo ha dicho muy bien un periódico inglés de esta ciudad, V.E. es ¨el Leopoldo de estas regiones¨, cuyos vapores suben y bajan los ríos superiores, enarbolando la bandera pacífica del trabajo y cuya posición será tanto más alta cuanto se normalice ese modo de ser en estos países".

Las palabras de Mitre... ¿no evidencian una especie de envidia hacia el estado paraguayo? Increíble proceder de Mitre, que luego de llamarlo “el Leopoldo de esta regiones”, se pusiera a las órdenes del Emperador, para acabar con todo ese “pueblo tranquilo laborioso”…”con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacífica; respetado y estimado por todos los vecinos…” y decretar la muerte de López, por constituir un peligro para la civilización, por "bárbaro" y "tirano". Pretendía “llevar la civilización” de la mano un gobierno que esclavizaba a millones de personas, y al año de esas palabras elogiosas hacia López y el pueblo paraguayo, a solo un año, fingiendo aúnneutralidad abastecería de bombas a la flota brasilera para que bombardee Paysandú en lo que se llamó "el infame espectáculo", y comience el mayor genocidio de Hispanoamérica.


Fuentes:                  

- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- García Mellid, Atilio. Proseso a los falsificadores de la Guerra del Paraguay.
- Irazusta Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas.
- O´Leary, Juan E. Historia de la Guerra de la Triple Alianza. Carlos Schauman Editor. Asunción.1992
- Rosa, José Maria. Historia Argentina. Editorial Oriente. Bs.As.
- Rosa, José Maria. La Guerra del Paraguay y las montoneras arentinas. Bs.As.
- Rosa, José Maria. Rosas y el Imperialismo - La caída. Offsetgrama. Bs.As. 1974.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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