Home
Inicio


CIVILIZACION Y BARBARIE
                          


Sarmietno Juan Manuel de Rosas

(01) La barbarie era más argentina
(02) De la civilización argentina
(03) Fuentes
(04) Artículos relacionados

La barbarie era más argentina

Esa barbarie, tan calumniada por los historiadores, fue el más genuino fruto de nuestro territorio y de nuestro carácter. U montonera no fue sino el ejército de la independencia luchando en el interior, y casi todos los caudillos que la capitaneaban habían hecho su aprendizaje en la guerra contra los realistas. Había más afinidades entre Rosas y su pampa o entre Facundo y su montaña, que entre el señor Rivadavia o el señor García y el país que querían gobernar. La Barbarie, siendo gaucha, y puesto que iba a caballo, era más argentina, era más nuestra. Ella no había pensado en entregar la soberanía del país a una dinastía europea. Por lo contrario, la defendió. Su obra sangrienta fue el complemento indispensable de la Revolución, pues elaboró con sangre argentina el concepto del gobierno y de la nacionalidad, dando base más sólida a la obra de los constituyentes.

De la civilización argentina

J.M. de Rosas - L.Castagnino
Hay quienes dicen que Rosas era la barbarie, frente a la civilización representada por sus selectos enemigos; pero esto es dar a una frase de valor polémico en su tiempo un alcance de verdad científica que sus propios autores no pretendieron para ella cuando la lucha había pasado. Que Rosas representaba el sentimiento del país, no puede negarse, porque tuvo la adhesión de Buenos Aires y de las provincias, de los caudillos y de los pueblos, de la burguesía y de la plebe, de los indios y de los gauchos, de los negros libertos y de muchos blancos europeos. En veinte años sus enemigos no consiguieron derrocarlo; antes lo consolidaron con sus errores. Si Rosas era la barbarie, barbarie era todo su país. ¿Cómo es entonces que mientras unitarios refugiados en Montevideo se aliaban con el rey de Francia y recibían dinero de su cancillería, republicanos como Lamartine censuraban esa alianza y esa política de agresión a una república independiente. San Martín envía entonces a Rosas la espada de Maipú.

Agentes diplomáticos de Rosas fueron Alvear y Guido, héroes de la independencia. López autor del himno nacional, y Anchorena, signatario del acta de Tucumán, fueron amigos suyos. De la entraña del rosismo salió Urquiza, el vencedor de Caseros. De ella salieron los caudillos que firman el Acuerdo de San Nicolás, y hombres como Irigoyen y Vélez Sarsfield que habían frecuentado la corte de Palermo y que después colaboraron con sus luces en la organización constitucional. Luego, pues, en aquel sistema, sin duda bárbaro, de Rosas, había algunos gérmenes de civilización. ¿De cuál civilización? De la civilización argentina, no de la francesa, no de la británica, que pretendieron imponerse por el bloqueo o la guerrilla de mercenarias legiones cosmopolitas, ni tampoco de la otra, que los utopistas unitarios habían soñado crear por medio de constituciones imaginarias.

"En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales, Mitre, Sarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras ellos tienen un Alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje”" (Juan Bautista Alberdi. Escritos póstumos. Ensayos sobre la sociedad, los hombres y las cosas de Sudamérica. Buenos Aires. 1899)


Fuentes:

- Castagnino Leonardo.
Juan Manuel de Rosas, La ley y el orden
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Chavez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel
- Rojas, Ricardo (*)

(*) Ricardo Rojas (1882 1957). Tucumano. En 1909 publicó La restauración nacionalista y en 1916 La argentinidad. Su obra más conocida es Historia de la literatura argentina, editada entre 1917 y 1922. Autor, además, de Eurindia, 1924; El radicalismo de mañana, 1931; El santo de la espada, 1933, y otros.


Artículos relacionados:

-
Unitarios y Federales
- Las facultades extraordinarias
- Civilización y barbarie
- El unitarismo
- La política de Rosas
- ¡Viva Rosas!
- ¡Muera Rosas!
- Rosas no ha muerto
- El Restaurador de Las Leyes

Fuente: www.lagazeta.com.ar

Compartir en:



La Gazeta FederalLa Gazeta
Federal


HomeLa Gazeta Federal
en facebook




Inicio