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CONFESIONES DEL IMPERIO
             

Jose Maria da Silva Paranhos 01. Política expansionista
02. La confesión imperial
03. Fuentes
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Política expansionista brasileña

El Imperio de Brasil mantuvo históricamente una política expansionista sobre la cuenca de del Río de La Plata, muchas veces toleradas por los gobiernos argentinos, y hasta incentivados, como lo fue la invasión brasileña a la Banda Oriental, tolerada por Buenos Aires para desembarazarse del caudillo Oriental José Gervasio de Artigas, o la vergonzosa capitulación diplomática de Rivadavia luego de la victoria de las armas argentinas en Ituzaingo, capitulación que desencadenaría la renuncia apresurada de Rivadavia y el posterior derrocamiento y fusilamiento del Manuel Dorrego, intrigado por los unitarios.

También intrigaron con los unitarios contra Rosas, que los limitaba en su expansionismo, hasta desembocar en los hechos de Caseros. Desembarazados de Rosas, obtuvieron de Urquiza la libre navegación de los ríos interiores de la Confederación, ante la pasividad unitaria y el asombro de algunos patriotas, como Tomás Guido, que se escandalizaba de que los brasileños navegaran como dueños del Paraná, a solo cuatro años de la confederación rosita, que se la había negado nada menos que a las dos potencias mas grandes de la época. Inmediatamente después de Caseros la flota brasileña recorría tranquilamente el Paraná abasteciéndose en sus puertos, sin llevarle el apunte a algunas tímidas protestas argentinas. Guido, recordando las épocas de la Confederación de Rosas, le escribía a Olazábal el 30 de enero de 1855: “Cuatro años hace…¿creería usted que el Brasil se lanzase a estas expediciones marítimas buscando camorras en el Río de la Plata y sus afluentes? Me parece un sueño lo que estoy presenciando y todo debido a nuestros errores”.

Brasil se había expandido sobre las Misiones Orientales y había ocupado la región de Matto Grosso, nunca aceptada por el Paraguay, que consideraba propia la región heredada de España. Durante la época de Rosas el Imperio Brasileño había intentado gananarse las voluntades paraguayas mediante el reconocimiento prematuro del pedido de independencia paraguaya no concedido por Rosas, que consideraba al Paraguay una provincia autónoma pero integrante de la Confederación Argentina. El imperio llego incluso a hablar de un “ducado” brasileño en el Paraguay.

Caído Rosas, los brasileños buscan al complicidad mitrista para apoderarse del Paraguay. El primer paso sería derrocar el gobierno “blanco” oriental y remplazarlo por un gobierno adicto. Para eso incentivaron y apoyaron moral y materialmente la invasión del caudillo oriental Venancio Flores, que hasta ese momento servia en el ejercito mitrista. El apoyo del mitrismo a la invasión florista fue pública y notoria. Las agresiones brasileñas en territorio oriental defendiendo las “californias” riograndenses, desembocaría en la toma de Paysandú y la caída de Montevideo. Mientras tanto se programaba la Triple Alianza contra el Paraguay.

La Banda Oriental era “la llave del Plata”, y el Paraguay no podía permitir que lo aislaran como país mediterráneo. Así lo veía Francisco Solano López, y el propio Juan Bautista Alberdi, entre otros. Los pueblos del interior eran contrarios a la política porteña y brasileña, mientras Urquiza se mantenía en equilibrio entre ambas posiciones, traicionando a amigos y enemigos.

Estos hechos desembocaron en la declaración de guerra del Paraguay al imperio, la incautación del buque “Marques de Olinda” que transportaba armas violando los tratados, y la ocupación paraguaya de la región del Mato Grosso. Entonces el Imperio pone “el grito en el cielo”, y pretende obtener una cínica disculpa.


La confesión del Imperio

Con motivo de estos sucesos, el Ministro Paranhos dirige una nota a Rufino de Elizalde y otros representantes extranjeros. En esta nota, Paranhos pretende asumir el rol de “país agredido” y justificar las acciones pasadas y futuras del Brasil. Sabemos la constante política expansioncita del Imperio y sus pretensiones de anexarse territorios y tener ingerencia en los asuntos del Plata y derechos en al cuenca de ríos interiores. No había podido retener la anexión de la “Provincia Cisplatina” pero había intentado participar directa o indirectamente en la agresión anglo-francesa contra la Confederación de Rosas, y luego de Caseros había consolidado su ingerencia en la política del Plata. La nota es interesante, porque aunque plagada de mentiras y cinismo, es una confesion escrita que deja en claro la política expansionista imperial, confesada por boca de un ministro del Imperio.

“Misión especial del Brasil.

Buenos Aires, 26 de enero de 1865.

El abajo firmado, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de S.M. el Emperador del Brasil, acreditado en misión especial cerca de la República Argentina, recibió orden para dirigir a S.E. el Sr. Dr. D. Rufino de Elizalde, Ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina, el manifiesto que hace objeto de la presente nota. El Gobierno de la República del Paraguay, sorprendiendo la buena fe y la moderación del Brasil, le declaró la guerra, en alianza con el Gobierno de Montevideo, y ya llevó sus armas a poblaciones casi indefensas de la Provincia de Matto-Grosso.“
(El Matto Gosso habia sido usurpada por los braileños, y mantenía con Paraguay un antigua disputa de límites)

“El gobierno imperial –contitua la nota- desea que las potencias amigas puedan apreciar en su imparcial e ilustrado juicio cuanto hay de injusto e inaudito en ese temerario procedimiento de un gobierno con quien el Brasil se esforzaba por cultivar las más benévolas relaciones de vecindad. La República del Paraguay, Sr. Ministro, vivía secuestrada del comercio de las otras naciones y amenazadas en su existencia por el ex Gobernador Rosas, cuando entre ella y el Brasil se establecieron relaciones de amistad y recíproca confianza. El interés que el gobierno de S.M. tomó por la independencia del pueblo paraguayo, fue reconocido por el propio Gobierno de la Asunción, y de ello pueden dar testimonio varios gabinetes de Europa y de América.“

En ese párrafo le pasaba la factura por el reconocimiento de la independencia paraguaya, y en el siguiente lo pone en evidencia de por la coalición contra Rosas, y le reprocha que, siendo que Brasil liberó en Caseros la navegación en el plata, Paraguay se la restringe en el río Paraguay, como si el Imperio la permitiera en el Amazonas:

“En 1852, aliándose el Brasil al Estado Oriental del Uruguay y a una importante fracción de la República Argentina, contra sus opresores y enemigos del Imperio, los generales Rosas y Oribe, el gobierno imperial convidó luego al del Paraguay para esa cruzada de honor y de interés común, no por la necesidad de su cooperación, sino como garantía del su futuro reconocimiento de su independencia por la Nación Argentina. El gobierno paraguayo, sin embargo, obligado por pactos pre-existentes entre él y el del Brasil, a tomar parte activa en aquella triple alianza, apenas le prestó una adhesión nominal: se le sustrajo a todas las cargas, reservándose sin embargo, el derecho de participar de los beneficios que resultasen, y efectivamente resultaron, de los esfuerzos del Imperio y de sus aliados.

Abiertos los afluentes del Río de la Plata a la navegación de los ribereños y de todo el mundo civilizado, el Gobierno paraguayo fue el primero a utilizarse de la concesión de los aliados, pero por su parte conservó el alto Paraguay cerrado a todas las banderas, hasta las del Brasil, de la República Argentina y del Estado Oriental, a las cuales no permitía pasar más allá de la Asunción. Esta denegación del Paraguay no era una simple falta de reciprocidad, era la postergación de principios estipulados entre el Brasil y la República por el tratado solemne, el de 25 de diciembre de 1850. La provincia brasilera de Matto-Grosso, que encierra en sí elementos de gran prosperidad, continuó privada de la navegación exterior como antes estuviera la República del Paraguay, no ya por el ominoso poder del gobernador Rosas, sino por la voluntad arbitraria del gobierno de la Asunción. Así permaneció aquella provincia desde 1852 hasta 1856, cuatro largos años después de franqueada la navegación del Plata y de sus afluentes por todos los otros ribereños.“

“Tan injusto e irritante procedimiento del gobierno paraguayo estuvo á punto de provocar una guerra con el Brasil; éste, sin embargo, la supo evitar por su moderación, no obstante los costosos preparativos que había hecho ya para sostener por las armas su derecho. En 1856 se firmaron en la Corte de Río Janeiro dos convenciones que pusieron término a aquel conflicto. Una de estas convenciones aplazaba la cuestión de limites, causa principal de la contienda, porque el gobierno paraguayo ya no admitía ninguna de las soluciones que antes propusiera, ni otra más ventajosa a la República que entonces le ofrecía el gobierno imperial. La segunda aseguraba a la bandera brasílera el libre tránsito por el río común, con esta restricción, a que el Imperio accedió por amor a la paz, que solo dos buques de guerra podrían pasar las aguas de la República para el territorio brasilero del Alto Paraguay.“

Lo que no dice el representante del “amoroso” Imperio, es que el tratado restringía la navegación a la jurisdicción Paraguaya, que podía inspeccionar los buques y limitara su armamento y transporte de material bélico.

"Apenas promulgado el referido amigable acuerdo, -continúa Paranhos- el gobierno paraguayo lo anuló de hecho, sujetando la navegación común a reglamento que eran la negación de lo estipulado y harían imposible todo comercio exterior con la provincia de Matto-Grosso.

“Fácil es conjeturar el efecto que debía producir la nueva provocación en el ánimo del pueblo y del gobierno brasilero. La guerra se hizo una vez más inminente: el Brasil fue obligado a nuevos armamentos; pero todavía en esta emergencia, el Brasil prefirió la paz, y pudo, por su prudencia, evitar decorosamente aquel recurso extremo.

“El gobierno imperial propuso y firmó en entera buena fe el acuerdo que se contiene en la convención fluvial de 20 de febrero de 1858. Esta convención no fue para el Brasil una tregua, a cuya sombra pudiera prepararse con más ventajas para romperla luego que así le conviniese.

“No, el gobierno imperial con la conciencia de sus derechos y cierto del civismo del pueblo brasilero, nunca quiso ver en los excesivos armamentos paraguayos más que el triste resultado de la política meticulosa de ese gobierno y del régimen anormal en que aún permanece la República.

J.M. de Rosas - L.Castagnino
“Esperó sinceramente que el tiempo y sus benévolas intenciones determinasen por fin la conversión de aquel gobierno á los dictados de la razón y justicia internacional.

“En estas disposiciones confiaba el gobierno imperial, cuando le sobrevino el conflicto con el de Montevideo, y se vio con espanto en el Río de la Plata presentarse el gobierno de la Asunción como el más celoso defensor de independencia de la República Oriental del Uruguay, que nadie seriamente podía juzgar amenazada por el Brasil, por el Brasil que la defendiera el poder de Rosas y sin el concurso á que el gobierno paraguayo se obligara en el citado pacto de 25 de diciembre de 1850. Después de numerosos actos, por los cuales el gobierno imperial ha dado pruebas inequívocas de su respeto á la independencia de aquel estado limítrofe cuando el gobierno argentino, que tiene con el Brasil estipulaciones a ese respecto, hacia justicia á las intenciones de éste, la simple duda por parte del gobierno paraguayo era por sí sola una ofensa inmerecida; pero ese gobierno fue más lejos. Erigiéndose en árbitro supremo entre gobierno imperial y el de la República Oriental, dirigió al primero una notificación amenazadora, que nada menos importaba que coartar al Brasil una parte de sus derechos de soberanía en el conflicto en que se encontraba con el gobierno de Montevideo.“

En el párrafo precedente, el brasileño dice que el conflicto con Montevideo “sobrevino”, como si hubiera sido en forma “repentina” y sin la ingerencia brasileña y mitrista, y de paso le reprocha por “la simple duda” paraguaya, como si el Imperio nunca hubiera tenido pretensiones expansionistas, como las tuvo y llevó a cabo. Sin embargo en el párrafo siguiente, no admite que Paraguay “prentenda” ingerirse en la política brasileña en la Banda Oriental, que en realidad pretendía sojuzgarla con el pretexto de proteger a sus súbditos:

"El abajo firmado –continua la nota- se refiere aquí á la nota paraguaya, que corre impresa la fecha 30 de agosto último, por la cual pretendió el presidente de aquella república injerirse en la cuestión á que era del todo extraño, so pretexto de peligro para la independencia del Estado Oriental.

Guerra del Paraguay  - Leonardo Castagnino “El gobierno de la Asunción no definía la naturaleza y alcance de su amenaza, la envolvió en misteriosa reserva y la hizo dependiente de una cláusula -la ocupación del territorio oriental por fuerzas del Brasil- que no se verificó, y que el gobierno imperial había declarado estar fuera de su intento de medidas coercitivas contra el gobierno de Montevideo. La respuesta á semejante pretensión y amenaza, no podía ser otra sino la que le dio la legación imperial en la Asunción, haciendo sentir el gobierno paraguayo que el Brasil ejercía un derecho inherente á todas las soberanías, y que ninguna consideración podría detenerlo en el justo y honroso empeño de defender su dignidad y proteger las personas y propiedades de los numerosos súbditos brasileros residentes en el Estado Oriental.“

Por lo visto los brasileños, como los ingleses, aplicaban en este caso la “diplomacia del marinero herido”

“La entrada de un ejército brasilero, en el territorio de la República del Uruguay, sin que practicase acto alguno de usurpación, sirvió no obstante de fundamento para que el presidente de la República del Paraguay rompiese sus relaciones de paz con el Brasil. La amenaza del 30 de agosto último fue alegada como previa y solemne declaración de guerra, para justificar un abuso incalificable de la buena fe internacional con que ese gobierno inició sus hostilidades de guerra contra el Brasil. El señor Ministro tiene conocimiento de la captura insidiosa del paquete brasilero "Marqués de Olinda", que navegaba como de costumbre, pacíficamente por el Río Paraguay con destino a la Provincia de Matto-Grosso, y de la prisión aflictiva a que han sido reducidos algunos de los inermes pasajeros de ese vapor, entre los cuales se encuentra un alto funcionario brasilero, que iba a ponerse al frente de la administración de aquella Provincia.“

El ministro omitía describir las características de la carga transportada el buque, “pacíficamente” por “inermes pasajeros”.

"El gobierno de la Asunción consideró como prisioneros de guerra, y trató con extrema severidad a pasajeros que simplemente transitaban por las aguas de la República, confiados en el estado de paz en que se encontraban ambos países, y á la sombra de un derecho incontestable.
Los tiempos modernos no ofrecen ejemplo de atentado semejante“.

Los ejemplos sobraban, dados inclusive por el propio Imperio: Las “californias” y la invasión a la Banda Oriental”, los bandeirantes en las misiones, el bompardeo de Paysandú y asesinato de Leandro Gómez, entre muchos otros ejemplos. Pero la nota del ministro continúa como si todo eso fuera ficción:

“El conflicto del Brasil con el gobierno de Montevideo fue, como se ve, un pretexto y una ocasión, que el gobierno paraguayo aprovechó para llevar a efecto sus proyectos de guerra. Los hechos referidos ponen en toda luz el plan de ha mucho tiempo premeditado por ese gobierno y el fin á que se dirige; pero hay otra prueba no menos significativa de sus maléficos intentos. Esta prueba, es la expedición militar que envió al territorio de Matto Grosso contando con las ventajas de la sorpresa en aquella remota provincia brasilera, víctima a esta hora de la devastación y atrocidades que van practicando sus invasores.“

Finalmente la nota pretende deslindar responsabilidades del Imperio en la futura programada guerra contra el Paraguay:

"En vista de tantos y tales actos de provocación, la responsabilidad de la guerra entre el Brasil y la República del Paraguay pesará exclusivamente sobre el gobierno de la Asunción. El gobierno imperial repelerá con la fuerza á su agresor, pero salvando con la dignidad del imperio sus legítimos derechos, no confundirá la nación Paraguaya con el gobierno que así la expone a los azares de una guerra injusta y sabrá mantenerse, como beligerante, dentro de los límites que le marcan su propia civilización y sus compromisos internacionales.

El abajo firmado tiene el honor de renovar al Sr. Dr. D. Rufino de Elizalde las protestas de su más alta consideración.

José Maria Da Silva Paranhos“

             

Fuentes:

- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- Thompsom, George. La guerra del Paraguay.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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