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LAS VISPERAS DE CASEROS - INTERPRETACIONES

                          


Juan Manuel de Rosas

(01) Unitarios y Federales
(02) La intriga del Imperio
(03) La intriga unitaria
(04) La traición: Caseros
(05) La "entrega" de Urquiza
(06) Las interpretaciones de Caseros
(06) Bibliografía.
(07) Artículos relacionados.

Unitarios y Federales

Ricardo López Jordán nace el 4 de julio de 1824 en Concepción del Uruguay, hijo del medio hermano de Francisco Ramirez, coronel López Jordán, comandante del Segundo Departamento y organizador de la caballería entrerriana que interviene gloriosamente en la guerra contra Brasil en el 2° Regimiento, junto a las tropas comandadas por Manuel Oribe, Juan Antonio Lavalleja y Anacleto Medina.

Sobrino del “Supremo Entrerriano” Francisco “Pancho” Ramírez, Ricardo López Jordán recibe sus primeras letras en Concepción del Uruguay. Muy joven pasa a Buenos Aires a proseguir su instrucción. Allí, en tiempos del primer bloqueo francés completa sus estudios de humanidades en el famoso Colegio de San Ignacio que regenteaban los padres jesuitas. Entre sus condiscípulos se cuentan los doctores Guillermo Rawson, Mariano Martínez. Melitón González del Solar, Eduardo Costa, Diógenes de Urquiza, Nicanor Molinas, Lisandro de Latorre y Luciano Torrent.

En 1841, a los 19 años de edad, se incorpora al ejército federal como simple soldado en la escolta de Urquiza.

Por su sereno comportamiento en la Isla del Tonelero por enero febrero de 1842, es escogido para pasar al regimiento escolta que organiza el coronel Lucas Moreno figurando desde entonces en las campañas contra Rivera, en primer lugar contra el llamado "Ejército Constitucional".

El 6 de diciembre de 1842, el general Oribe, con buena caballada y ganas de pelear, ataca en Arroyo Grande a Rivera y lo derrota por completo en un encuentro que el jefe unitario califica de "contraste inesperado". En este combate fue ayudante de Oribe el teniente Leandro Gómez, nombre del héroe que veinte años después se iba a inmortalizar la epopeya de Paysandú. Es designado para llevar a don Juan Manuel de Rosas el parte oficial de la victoria nada menos que el porta estandarte Ricardo López Jordán.

Juan Manuel de Rosas Al recibirlo El Restaurador se le ofrece para lo que pudiera serle útil, y el soldado Jordán aprovecha la ocasión para pedirle la libertad de su padre, preso desde noviembre de 1839. al ser tomado en el Paso de las Piedras, luego de haberse incorporado al ejército unitario de Lavalle. Rosas le devuelve la libertad, en esos momentos está defendiendo al país con uñas y dientes, pues tiene que habérselas con la alianza anglofrancesa que apoya los planes. Según dirá más tarde Díaz Colodrero, Rosas nos está enseñando "a no tenerle miedo a nadie”. Si se tienen en cuenta los documentos de la época y la confesión del propio Thiers en el parlamento francés, sobre la ayuda monetaria a la “Comisión Argentina” de emigrados en Montevideo, se vienen al suelo muchos héroes del andamiaje de la historia oficial, y surge claramente la conciencia federal de la época en defensa de la Patria frente a la agresión extranjera.

La victoria entrerriano-oriental de Arroyo Grande enterró para siempre -como, dice Saldías- "el sueño de Rivera, de Herrera y Obes, de Pacheco y Obes, de separar Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina para formar un "Estado independiente", que estaban listos para reconocer Francia, Gran Bretaña, Austria, Brasil y la República Oriental". (Carta de Adolfo Saldías a Nicolás Granada del 15 de enero de 1912. Cfr. Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, N° 14, mayo de 1952. Buenos Aires.)

En su retirada hacía Montevideo, después de su derrota, Rivera ordena el incendio de Paysandú como si este pueblo del Litoral debiera entrar en la historia con el martirio y la epopeya.

López Jordán se reincorpora al ejército federal en julio de 1843 luego de su regreso de Buenos Aires, poniéndose nuevamente a las órdenes del comandante Lucas Moreno que se hallaba cerca del Salto con 800 soldados de caballería, en previsión de una invasión de fuerzas riveristas provenientes del Brasil.

El corazón unitario no se da tregua y el 21 de diciembre el general Madariaga invade Entre Ríos, dirigiendo sus columnas hacia Concordia. En enero de 1844 los vecinos de este pueblo lo abandonan trasladándose a las villas de Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Paysandú, para evitar el ultraje y el saqueo.

El ejército entrerríano de reserva se encuentra a las órdenes del general uruguayo Eugenio Garzón. A fines de 1844, el soldado López Jordán se incorpora a esas fuerzas, ascendiendo a teniente de caballería y organizando, un escuadrón de carabineros, al que denomina “Arroyo Grande” en memoria del triunfo epónimo. Pero el corazón del Imperio no duerme y sus diplomáticos tampoco. El 14 de diciembre de 1844 el Brasil reconoce la independencia del Paraguay, poniendo al desnudo su codicia política sobre el Río de la Plata y empezando abiertamente su obra diplomática contra la Confederación Argentina representada por Rosas.

Urquiza manifiesta estar “convencido del admirable fino y alta capacidad y heroísmo con que el Exmo. Sor. Gobernador Encargado de las Relaciones Exteriores en todas las épocas ha desempeñado su gloriosa misión”. (Carta de Urquiza a Felipe Arana. 25 de junio de 1845. Ignacio J. Camps. El general don Justo José de Urquiza. Buenos Aires, 1950) Antes de dos meses, la escuadra anglofrancesa arriaría la bandera nacional de cinco barcos de nuestra escuadra.

Los días transcurren sin tregua. Pueblo y gobierno se mantienen unidos en estrecha fila frente a los agresores de América, como bien lo expresa otra carta de Urquiza, esta vez al Gobernador Crespo del 18 de septiembre de aquel año: “Es indecible la indignación popular de los habitantes de esta República causada por los alevosos y feroces ataques de la Intervención anglo francesa, y las medidas que les tenían son grandes, enérgicas y llenas del más ardoroso entusiasmo por mantener incólume la soberanía e independencia de las dos Repúblicas. Con, tal pronunciamiento de puro americanismo temblarán nuestros perfectos enemigos, y se convencerán que preferimos la muerte a la esclavitud”.

Las banderas de Rosas - Divisa punzó
La diplomacia unitaria tampoco duerme, y el 11 de noviembre el gobernador correntino Joaquín Madariaga firma con el Paraguay un tratado ofensivo y defensivo contra Rosas, por el cual se le otorgan al general José María Paz 4.000 paraguayos de refuerzo. El 4 de diciembre, Carlos Antonio López, persuadido por el Imperio, declara la guerra a Rosas, invocando el no reconocimiento de éste con respecto a la independencia paraguaya.

Urquiza invade Corrientes en enero de 1846 y el 14 de febrero vence en Laguna Limpia a la tropas antifederales del “Ejército Aliado Pacificador” como se denominaba el organizado por “el manco” Paz. El teniente López Jordán -que lucha a las órdenes del general Garzón- hace prisionero al general Juan Madariaga, hermano del gobernador correntino. Al producirse la disolución del Ejército Aliado Pacificador, López Jordán pasa de nuevo al servicio del comandante Moreno, hasta 1847. Luego, a las órdenes del general Garzón y mandando tres escuadrones, toma parte en la batalla del Potrero de Vences (27 de noviembre de 1847), oportunidad en que logra salvar la vida de algunos vencidos que iban a ser pasados por las armas.

Es en esta batalla de Vences que luchan por primera vez en el mismo bando federal, López Jordán y Benjamín Virasoro. Más tarde, en Pavón, los veremos juntos nuevamente.

Por decreto del 6 de julio de 1849, dictado por el gobernador delegado Antonio Crespo, el teniente López Jordán es designado Comandante Militar de Concepción del Uruguay, capital de la provincia. En mayo de aquel año el general Urquiza había llamado a colaborar en su gobierno a don Manuel Leiva, conocido unitario, ex redactor de los periódicos correntinos "La Revolución" y "El Pacificador". Es por esos días que Ferré habíale dicho a Leiva: “Yo ya estoy presumiendo que don Justo José de Urquiza ha de ser el que le ha de poner las peras a cuarto a don Juan Manuel”. Con toda seguridad que más de un jefe entrerriano habría mirado con extrañeza esa colaboración unitaria con Urquiza que se había iniciado a moción de éste.

Un decreto del 25 de octubre de 1850, que lleva las firmas de Urquiza y del general José M. Galán, asciende a López Jordán al grado de "Capitán de Caballería de Línea" (Recopilación de Leyes, Decretos y Acuerdos de la Provincia de Entre Ríos (1821 187.3), tomo VI, Concepción del Uruguay, 1876.) A pesar de su juventud, ya uno de los más destacados oficiales de la provincia.


La intriga del Imperio

Mientras tanto, el Imperio no descansa; personajes ligados a las logias escocesas entran a su servicio y se mueven por el Litoral, trabajando la moral de los hombres públicos, y con la mirada puesta, en el gobernante antilogista: don Juan Manuel de Rosas. Por esos días, el Ministro de Relaciones Exteriores, Paulino Soares de Souza, desparrama sus agentes bien financiados sobre la Banda Orienta], Paraguay, Corrientes y Entre Ríos. La prensa de los emigrados unitarios sirve a los designios brasileños con alta eficacia. El fin de la intervención francesa en tierras del Plata conseguido por Rosas, iba a significar un fortalecimiento militar para la Confederación Argentina y esto preocupaba más a Brasil que cualquier otro hecho. Era necesario operar con tacto pero con rapidez y lograr cuanto antes el concurso de Urquiza, y el Brasil era ducho en trabajos de diplomacia, sobre todo frente a hombres como Urquiza que cedían fácilmente a la elocuencia de los doctores unitarios.

Urquiza fue “comprado” por el Brasil para que traicionara a su Patria en ese 1852 —cosa que atestigua el mismo Sarmiento, quien escribe el 13.10.1852 a Urquiza desde Chile y le enrostra:

“Yo he permanecido dos meses en la corte de Brasil, en el comercio casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los cuales entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.” (...) “Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (Honorio Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel) referir la irritante escena, y los comentarios: "¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria." (Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay, 13.10.1852)

Un escritor urquicista, Leandro Ruiz Moreno, deja escapar esta observación muy seria y comprometedora: “No puede negarse la sutileza de la política brasileña, digna heredera de la lusitana, en el desarrollo previo y posterior de acontecimientos relacionados con la historia de nuestro país, y en este caso, con la campaña contra el General Don Juan Manuel de Rosas” (Leandro Ruiz Moreno, Centenarios del Pronunciamiento de Monte Caseros, tomo I, Paraná, 1952)


La intriga unitaria

Urquiza venía siendo trabajado por los agentes unitarios doctores, periodistas, comerciantes desde 1845, como lo expresa el general Paz en sus Memorias. En mayo de ese año Urquiza hizo llegar ante el general José María Paz un agente reservado, Benito Optes, hermano político y socio de don Justo. a fin de informarlo sobre el acuerdo reinante entre algunos jefes federales para derribar a Oribe y a Rosas.

El 13 de agosto de 1846 eran recibidos por Urquiza en Arroyo Colorado, cerca de Alcaraz los hermanos Madariaga, firmándose al día siguiente el acuerdo que se conoce bajo ese nombre. El Deán Juan José Álvarez afirma categóricamente que “el proyecto de derribar a Rosas fué el tema reservado de aquel acuerdo”. Todo ello no indica que al fallar Lavalle, los agentes unitarios y pro brasileños solamente pensaban en una división del Partido Federal y buscaban los instrumentos necesarios en las ambiciones de algunos jefes importantes.

Urquiza mientras tanto sigue en conversaciones y acuerdos con doctores y periodistas unitarios tales como Juan Francisco Seguí, el ya citado Leiva, Angel Elías y él comerciante catalán Antonio Cuyás y Sampere. Y el 22 de septiembre de 1850 se reúne en Concordia con el gobernador de Corrientes, Benjamín Virasoro, para dejar establecidas las bases de una alianza contra Rosas.


La traición: Caseros

Justo José de Urquiza Se produce así "el milagro de la casa de Braganza".

Urquiza tiene como agente confidencial en Montevideo a Cuyás y Sampere, quien aguarda las proposiciones brasileñas. Estas llegan muy pronto por vía de Rodrigo de Silva Pontes, encargado de negocios de su país en la capital uruguaya: se trataba de saber cuál sería la actitud de Urquiza en caso de guerra entre Brasil y la Confederación.

Cuyás escribe a don Justo en abril de 1850 transmitiéndole la pregunta que le ha formulado el citado diplomático imperial. Pero los sucesos dejan en suspenso momentáneo la respuesta. El conflicto armado entre Brasil y la Confederación es inminente. El 30 de septiembre de ese año quedan rotas las relaciones diplomáticas. El general Tomás Guido abandona su embajada en Río de Janeiro. Urquiza es designado por Rosas "General en Jefe del Ejército de Operaciones". Es evidente que don Justo, habiendo claudicado ya frente al Imperio, considera prematuro pronunciarse públicamente, contra Rosas.

El 16 de abril de 1851, Cuyás y Sampere, después de haber conferenciado largamente con Urquiza y sus ministros, llega a Montevideo con instrucciones suficientes para preparar un tratado de alianza (José María Rosa. La iniciativa del pronunciamiento de Urquiza, en el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, núm. 15, agosto de 1952. Buenos Aires) Quince días después Urquiza hace público el llamado Pronunciamiento contra Rosas. Ya no prefiere "la muerte a la esclavitud".

Frente a todos estos pasos dados por el gobernador de Entre Ríos, no siempre públicos para los jefes menores del federalismo, el capitán López Jordán cumple las órdenes de Urquiza con lealtad. Es uno de los primeros en cruzar el río Uruguay y en pasar a la Provincia Oriental, encaminándose hacia Montevideo sitiada por Oribe. Cumple allí por orden del gobernador de Entre Ríos una misión especial ante Oribe y ante el Gobernador sitiado. Una de las gestiones realizadas por el comandante Jordán figura en la carta que Luis J. de la Peña le escribe al general Rosendo M. Fraga desde Montevideo el 26 de septiembre de 1851: "En estos días hemos tenido aquí al Sor. Comandante Ricardo López, que vino con comunicación del Sor. Genl. por el Campo enemigo, y con pasaporte de Oribe. Se le espera de nuevo de hoy a mañana con contestación a las notas que de aquí llevó..." (Leandro Riuz Moreno. Obra cit.)

Más explícita es la nota de Manuel Leiva al coronel José Manuel Galán, escrita en Gualeguaychú el 29 de septiembre:

"El Comandante D. Ricardo López Jordán estuvo en Montevideo con una misión que no se nos dice por no liarla a la pluma pero que se asegura que era muy satisfactoria: sin duda trajo el convenio. Ricardo regresó el 24 ó 25 y se le esperaba el 26”. (Leandro Riuz Moreno. Obra cit.)

Finalmente, el 8 de octubre, al negociarse la terminación de la guerra entre sitiadores y sitiados, es él quien lleva las comunicaciones al Gobierno de la Defensa. En carta de esa misma fecha dice: “Hoy como a las once de la mañana ha llegado a ésta nuestro amigo el capitán Dn. Ricardo López conduciendo oficialmente la noticia de la completa terminación de la guerra en este suelo. El Ejército todo de Oribe se ha entregado a discreción".(Leandro Riuz Moreno. Obra cit.).

Por esta importante intervención suya, las autoridades de la Troya del Plata le obsequian una espada con vaina y empuñadura de plata, que lleva la siguiente inscripción: “Al Capitán Comandante Don Ricardo López Jordán, el Gobierno de Montevideo”.

Ricardo López Jordán Fue durante la permanencia en esta ciudad que López Jordán, a la sazón de 29 años, se hizo hacer por Amadeo Gras un hermoso retrato al óleo que conservan los descendientes del caudillo. Refiriéndose a ese retrato, Mario César Gras ha hecho la siguiente observación: “Adviértase la reciedumbre de sus rasgos, el gesto resuelto del hombre hecho para las acciones ejecutivas y para las empresas heroicas, digno heredero de su tío Francisco Ramírez". (Mario César Grass, El pintor Gras y la iconografía histórica sudamericana. Buenos Aires, 1946.)

El orden de los sucesos inmediatos anteriores a Caseros había sido el siguiente: el 1° de mayo, en la plaza principal de Concepción del Uruguay, Pascual Calvento leía ante el público y autoridades asistentes el llamado Pronunciamiento; el 29 de mayo, se firmaba en Montevideo el convenio de la alianza entre Brasil, la República Oriental y Entre Ríos documento rubricado por Rodrigo de Souza da Silva Pontes, Manuel Herrera y Obes, y Antonio Cuyás y Sampere, respectivamente- ; el 19 de julio, Urquiza iniciaba frente a Paysandú el pasaje de las tropas entrerrianas; el 29 de Julio, se reunieron en la isla Libertad frente a Gualeguaychú, Urquiza, Herrera y Obes, Grenfell y Garzón, para convenir las operaciones contra el general Oribe; el 18 de agosto, don Juan Manuel de Rosas declaraba la guerra al Imperio del Brasil; y el 4 de septiembre de aquel mismo año 1851, el ejército del Brasil entraba en la Banda Oriental por Santa Ana do Livramento al mando del Conde de Caxías.


La "engrega" de Urquiza

En julio de 1860 Urquiza y Derqui viajan a Buenos Aires invitados por Bartolomé Mitre, que en la fiesta realizada pronuncia en un brndis las siguientes palabras:

“Saludo al general Urquiza que retrocedió ante la revolución de setiembre, y que hoy vuelve desarmado, como si fuera Washington. Al seno del mismo que lo arrojó antes a balazos, inclinándose ante su soberanía y ante su libertad” (Chanetón, Abel. Historia de Vélez Sársfield)

Urquiza, flojo de entendederas y de manejos políticos, se emociona hasta las lágrimas ante las aclamaciones de los presentes. Sin embargo se extrañaría Guido en correspondencia a su esposa: “Quién diría que el general Urquiza y el presidente Derqui se sentarían juntos con el general Mitre y con Sarmiento como íntimos amigos? ¡Mucho he visto y muy raro en cincuenta años de revolución, pero nada ha sido tan inopinado!”

Poco duraría la efusión de estos abrazos. Los protocolos cedían a Derqui las mejores ubicaciones en banquetes y recepciones y “Durante la permanencia en Buenos Aires los celos del general Urquiza con el presidente Derqui aumentaron considerablemente. Un presentimiento y una sospecha constante agitaban al general Urquiza: el temor de que Derqui y Mitre se pusiesen de acuerdo para destruir el prestigio y su influencia” (Juan Coronado, secretario de Urquiza) “El general Urquiza que posee el prestigio de una inmensa fortuna y el prestigio militar y el poder…no se convence que ya no es el presidente de la Confederación y se necesitará mucho tacto del señor Derqui para prevenir que no se convierta en una brecha en cuyo caso Urquiza buscará el apoyo de Buenos Aires” (informe de Thornton a Londres) Pero la brecha ya se había producido, y tal vez siempre existió.

JUAN MANUEL DE ROSAS. La ley y el orden La entrada de Urquiza en la trampa liberal mitrista queda confirmada en la siguiente resolución de la masonería:

1°.-“El Muy Poderoso Consejo y Gran Oriente de la República Argentina, estimado debidamente las eminentes cualidades cívicas u masónicas que adornan a los dignos hermanos Bartolomé Mitre, grado 3°; Juan Gelly y Obes, grado 3°; y Domingo Faustino Sarmiento, grado 18; los eleva a Soberanos Grandes Inspectores grado 33.

2°.- Por las mismas consideraciones, el Supremo Consejo eleva del grado 18 al grado 33 al Respetable Hermano Santiago Derqui; y regularización y reconocimiento en el mismo grado al Hermano Justo José de Urquiza.

3°- Los Hermanos de que habla el artículo que antecede, deben afiliarse como miembros activos de la Logia Obediencia de Supremo Consejo”
(Martín Lascano. Las sociedades secretas, políticas y masónicas en Buenos Aires. 1927)

Evidentemente, el nombre de la “Logia Obediencia” le cae como anillo al dedo a las futuras actitudes de Urquiza. Los hermanos ascendidos son invitados al Templo de la Logia Unión del Plata el 21 de julio, y en presencia de Roque Pérez, Mitre y Urquiza se juramentan y obligan “por todos los medios posibles a la pronta y pacífica Constitución definitiva de al Unidad Nacional” (Martín V. Lascano. Idem). Quedan de esta forma selladas las cadenas de la Confederación a los manejos liberales de porteños y mitristas.

El 29 de octubre, el "hermano" Urquiza invita al "hermano" Mitre al Palacio de San José. Mitre llega a Conceción del Uruguay el 10 de noviembre para celebrar el Pacto de Noviembre, con la esperanzada expectativa de muchos. Pero hay alguien que entiende lo que pasa, y no lo acepta. Es el general Ricardo López Jordán:

"El general López Jordán – cuenta Juan Coronado – que era entonces Ministro de Gobierno de Entre Ríos, y a quien los deberes de la etiqueta lo obligaron a acompañar hasta San José al general Mitre y su comitiva, se volvió al Uruguay en el acto de llegar, no obstante el calor sofocante que hacía, y se volvió prediciendo lo que iba a salir de la reunión aquella. Este joven e ilustrado general, que es el más capaz e inteligente de los militares que tiene la provincia y que acaso está destinado a figurar en primera línea en la República, tenía la ventaja de conocer las miserias y la nulidad del general Urquiza, tan bien como las miras de los enemigos de la igualdad federal” (Juan Coronado. Misterios de San José. Buenos Aires, 1866)

Nada bueno saldrá del cónclave. Los periódicos hablaban de “La trinidad gubernativa” pero cada uno llevaba agua para su molino. Mitre le obsequiaba el bastón de gobernador de Bs.As. a Urquiza y este lo quería convencer a Mitre que gobernaran prescindiendo de Derqui; mientras tanto, "el dormilón" Derqui haraganeaba en su cama y recibía a Mitre en reuniones misteriosas.

Coronado, secretario de Urquiza, relata que: “En la mañana del 14 de Noviembre el General Urquiza entró en la secretaría cuando dormían todos los huéspedes de San José, y no encontrándolos allí nos mandó a llamar. El general se encontraba sofocado por la rabia y necesitaba hablar para desahogarse. Ocurrimos a su llamado. Después de preguntarle cómo había pasado la noche nos dijo: Mal. No he dormido sino una hora, o más; tengo la cabeza preocupada con tanta picardía. Esperando una explicación sobre el sentido de esas palabras, guardamos silencio. Después de un pequeño intervalo, el general continuó: ¿No se ha fijado usted en el manejo de estos pícaros? Hace cuatro días que están en mi casa, y hasta ahora ni uno ni otro me han hablado una palabra de política, ellos creen que no me fijo, pero se engañan. Dos veces he entrado en el cuarto del Doctor Derqui y lo he encontrado hablando con Mitre. Cuando me han visto han cambiado de conversación. Y he estado tentado de hacerles saber que no soy lo que piensan". (Coronado, Misterios de San José).

A nada bueno podría llegarse:

“En resumen la conferencia que tanto ha llamado la atención se ha reducido a comer pasear y bailar. El presidente dormilón ha dormido en efecto…el general Mitre ha tomado Campo. Si desaliento había antes de la conferencia, si todos temían por la situación, esos temores han aumentado considerablemente” (de la Peña a J.M. Gutierrez)

“La conferencia de San José no nos ha dejado contentos. Parece que el general ha tenido serias y muy desagradables palabras con el presidente. No han quedado mejor entendidos que antes, al contrario, se ha reconocido por el ámbito Mitre y por el presidente que el triunvirato con el Capitán General no puede durarles” (Lucero a Pujol)


Interpretaciones de Caseros

En el terreno polémico referente a Caseros los escritores asumen tres actitudes fundamentales, que responden exactamente a tres distintos puntos de vista sobre el caso Rosas.

Está en primer término la de los historiadores liberales y de la historia escolar argentina que enfoca toda la política rosista con el criterio de un partido vencedor, fundamentando y pensando con supuestos que van de la Amalia de Mármol al Facundo sarmientino. Está también la postura de los escritores marxistas, para quienes la política de Rosas fue la de un señor feudal rioplatense que se empeñaba en hacer la competencia al capitalismo europeo, o cuando mucho la de un hombre que resulta un enigma histórico que escapa al esquema de la dialéctica económica. Y está, en último término, la de quienes explican el caso Rosas sin esquemas presupuestos, partiendo sencillamente de los acontecimientos que se encadenaron en el Río de la Plata con posterioridad al año 20. (Chávez, Fermín. Vida y muerte de López Jordá. Edit. Theoría.p.30)

Para los ensayistas liberales clásicos, pongamos por ejemplo, Rosas se bloqueó a sí mismo y a sus cueros salados desde 1838 hasta 1849, por el solo gusto de crearse dificultades y para justificar una degollatina de doctores y periodistas unitarios; para ellos, la unidad del pueblo y de estancieros que apoyan al gobierno federal en ese entonces no puede ser aceptada en modo alguno, ya que de esa probada unidad de sentimientos no participaban los cultos señores unitarios aliados al extranjero. Por tanto Caseros viene a ser la “liberación" del país de las garras de un Tirano que se opone a la organización nacional a la ley escrita puramente por hacer la contra a los Rivera, a los Paz, Herrera y Obes, Paulino Soarez de Souza, Purvis, al rey Luis Felipe y a Florencio Varela. (Idem)

Para los marxistas no liberales la política del gobernador de Buenos Aires es un enigma, pues siendo el general Rosas un estanciero poderoso, el primer ganadero de la provincia es a la vez caudillo de las clases populares, en las que principalmente se apoya su poder. Caseros es para ellos el fin de un régimen ganaderil, logrado con la ayuda de los agentes del Progreso, llámense éstos Barón de Mauá, Buschental, Inglaterra o Francia. En definitiva, ambas posiciones, la liberal y la marxista coinciden en cuanto a la justificación de Caseros como triunfo del Progreso sobre la Barbarie. (Idem)

La verdad es que, como lo demostraron cabalmente sus consecuencias, Caseros significó la derrota de la resistencia americana frente al imperialismo internacional y las oligarquías nacionales extranjerizantes. A las pocas semanas del desfile de los ejércitos brasileños por las calles de Buenos Aires, los argentinos pudieron advertir quiénes eran los verdaderos ganadores de la batalla; luego, la división y la anarquía hábilmente explotadas por la diplomacia imperialista iban a lesionar mortalmente el frente común de nuestros pueblos que pugnaban por fortalecer su vieja estructura federal. Los hechos dieron la razón a don Juan Manuel y no al general del Pronunciamiento: la independencia paraguaya, la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, y la mala traducción de una Constitución extranjera para superponerla como Carta Magna a la nación, son hechos que favorecieron solamente a potencias extranjeras no continentales y al expansionismo brasileño. Caseros echó por tierra la idea bolivariana y artiguista y anarquizó, las fuerzas morales que podían hacer posible la formación de nuestra propia personalidad histórica.

Rosas tuvo la suma del poder público y se negó en 1831 a la convocatoria de un congreso porque no quería ver nuevamente la anarquía con todos sus horrores. Pero esa verdad no quita esta otra:

Rosas defendió la soberanía interior de la nación a cualquier precio, es decir, defendió lo esencial contra lo formal representado por una ley escrita. ¿Cómo no comprender entonces las palabras de Juan Bautista Alberdi en su carta a Máximo Terrero, de 1863, escritas al pensar en los triunfadores de Pavón:

“¡Qué justificación solemne recibe con todo esto el general Rosas! Las faltas que han podido imputarse a su política se referían a las personas y a los intereses personales. Pero nunca introdujo en las instituciones fundamentales que conciernen a la integridad de la Nación y a su soberanía ínterior o exterior, ninguna de esas innovaciones sacrílegas con que estos demagogos, fatuos en su saber tenebroso, están despedazando los fundamentos de nuestra pobre República". (Ignacio Oyuela. Juan Bautista Alberdi, una conciencia anormal. Buenos Aires, 1920).

Nadie hasta 1863 había calificado a los doctores unitarios en la forma tan precisa en que lo hizo Alberdi mediante ese “fatuos en su saber tenebroso” dirigido a los vencedores de Caseros. Y Alberdi sabía lo que decía, como saben también lo que dicen algunos escritores de formación marxista que, como Víctor Guerrero, recuentan las consecuencias de Caseros conscientes de lo que las mismas fueron: “Desde 1852 hasta 1868 estallaron en las provincias argentinas 117 revoluciones y se libraron 91 combates, con un total de 4.728 muertos. Tal fue el fruto directo de la "democracia” impuesta en Caseros” (Victor Guerrero. Alem, historia de un caudillo. Buenos Aires. 1951)

Los federales que acuden a Caseros apoyando a Urquiza y que, como López Jordán, no están en condiciones todavía de apreciar lo que se jugará en esa batalla, lo hacen confiados en la política de don Justo, a quien conocen de cerca como militar organizador de la guerra contra Rivera y al que han escuchado expresiones de autentico americano muchas veces. En Caseros, López Jordán actúa como sargento mayor. Tiene treinta años y aún cree en Urquiza como federal y como hombre del Río de la Plata.


Bibliografía:

- Chávez, Fermín. Vida y muerte de López Jordán. Edit. Theoría
- Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. Eudeba. Bs.As. 1978
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Rosa, José Maria. Historia Argentina. Editorial Oriente. Bs.As.
- Rosa, José Maria. Rosas y el Imperialismo - La caída. Offsetgrama. Bs.As. 1974.
- Federico de la Barra. La vida de un traidor. Emp.Reimpresora y Adm.de Obras Americanas. Bs.As.1915
- Obras citadas
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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