Home
Inicio


ARTIGAS, "EL BLANDENGUE" (1797)
                          


José Gervacio Artigas    
Protector de los Pueblos Libres.    
José Gervasio de Artigas

(01) Creacíon del Cuerpo de Blandegues
(02) No tire ... estoy rendido
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.




Creacíon del Cuerpo de Blandegues

Los vecinos orientales presentaron el 28 de mayo de 1795 al Cabildo de Montevideo una queja sobre los desórdenes en la campaña oriental, poco y mal controlada por las tropas de línea.

El Síndico Procurador Manuel Nieto, aconsejó al Cabildo en un informe del 30 de junio, que se creara un cuerpo de blandengues. “Estos -decía- gente de campo acostumbrada a sus fatigas y a las del caballo, serían mucho más a propósito para celar los desórdenes de esta campaña que la tropa soberana”.

No obstante la creación se demoró hasta el 7 de enero de 1797, respondiendo, no solamente al pedido de los vecinos, si no también a precauciones de una futura invasión británica al Río de La Plata. Se creó entonces bajo la denominación de “Cuerpo veteranos de blandengues de la frontera de Montevideo”. Debería estar constituida por ocho compañías de cien plazas cada una, no obstante lo cual nunca contó con más de cuatrocientos ochenta hombres.

El uniforme era casaca de paño azul con vivos rojos en solapa y bocamanga; pantalón ceñido en la pantorrilla y botas: quepi, galones y botones dorados. El armamento consistía en espada, fusil ( ) y canana para las municiones. Se ha dicho que el nombre de blandengues proviene de “blandir” la lanza, pero sin embargo la lanza no formaba parte del armamento de Cuerpo de blandengues recién creado, y tal vez su nombre provenga de los blandengues de Buenos Aires. Según Lorenzo Barbagelata


“Los blandengues eran unos antiguos lanceros del Río de la Plata, conocedores muy prácticos del país, destinados primitivamente a guerrear contra los indios pampas de Buenos Aires. A mediados del siglo XVIII, los indios pampas, que hasta entonces se habían contentado con disfrutar del ganado cimarrón, prodigiosamente multiplicado a raíz de la conquista, el cual vendían en Chile, empezaron, ya casi extinguidos, a molestar a los vecinos de las provincias de Buenos Aires, invadiendo sus estancias. El gobernador, que era a la sazón del Río de la Plata don José Andonaegui, organizó, para repelerlos, un cuerpo expedicionario. Pronto éste para salir a la campaña, en la plaza principal de Buenos Aires desfiló ante el representante de la autoridad soberana, blandiendo sus lanzas en señal de homenaje y rendimiento. La gallardía de los lanceros al ejecutar el reverente saludo, arrancó de la boca del concurso entusiasmado, la palabra “blandengue”, cuyo eco pasó en seguida a la nomenclatura militar de las provincias del Plata. Batallar con los indios salvajes, perseguir a los contrabandistas y cuatreros, a los reos, vagos, desertores y facinerosos; llevar, como chasquis, comunicaciones oficiales, dar cuenta de cualquier novedad que interesase al orden público, escoltar expediciones; tales eran los encargos propios del ministerio en que los blandengues ejercitaban su pericia y esfuerzos. Formábanse dichos cuerpos, eligiéndose entre los hombres más prácticos del país, entre los más baqueanos, distinguiéndose por su gallarda apostura y valor.”

La función del nuevo Cuerpo de blandengues de Montevideo, era principalmente el control de la campaña y la represión de los contrabandistas portugueses que ilegalmente arreaban ganados robados en territorio oriental a través de la frontera y provocaban todo tipo de atropellos, desmanes y delitos, entre los que no faltaban asesinatos y captura de los indígenas para utilizarlos como esclavos en territorio portugués. Verdaderas bandas armadas cruzaban el territorio oriental ofreciendo resistencia armada a las tropas reales.

Olaguer y Feliú asumió como Virrey del Río de la Plata, y como gobernador de Montevideo lo hizo el marino José Bustamante, los que ofrecieron y facilitaron el indulto y la incorporación de Artigas a la milicia por su bien ganada fama y prestigio, con la condición de que reclutara unos 100 hombres. Era ésta una necesidad reclamada por los estancieros y labradores desde tiempo atrás, para defensa de sus intereses mal custodiados por las milicias de la ciudad.

Éste Cuerpo de Blandengues formado en 1797, debía integrarse con hombres de la campaña, conocedores del terreno, buenos jinetes y acostumbrados a los rigores del clima y la vida de campaña.

Artigas se incorpora el 15 de marzo en los blandengues cuya jefatura ejercía Cayetano Ramírez de Orellano. Se incorpora en calidad de soldado, pero por su conocimiento y prestigio recibe pronto el nombramiento de teniente. En su sangre corría el coraje de los Artigas y el de su padre don Martín, que ya en 1776 junto a Luis Ramírez, se había mantenido en Santa Tecla durante veintisiete ( ) días al frente de reducidas milicias frente a seiscientos portugueses.

Al incorporase José a los blandengues, convoca a sus amigos y compañeros, que acudieron en su mayoría. Los propietarios y más instruidos formarían la oficialidad, y los peones y demás como soldados, quienes debían aportar cinco caballos de andar por cada uno. En principio se instaló en el Cuartel de Dragones de Maldonado, desde donde Artigas siguió incorporando gente, algunos gauchos, desertores y gentes de averías que conocían la bien ganada fama de Artigas y se ofrecían a servir a sus órdenes. Algunos oficiales de otros regimientos de la ciudad se quejaban de estos gauchos turbulentos, pero Artigas palmeándoles el hombro los conformaba: ¡Si, estos muchachos son el diablo!

No me tire … estoy rendido

Artigas con sus hombres recorría permanentemente la campaña oriental persiguiendo malhechores y arrebatándoles arreos de ganado a los contrabandistas portugueses.

En una de esas recorridas, sus hombres persiguieron a un conocido cuatrero y contrabandista portugués, Mariano Chávez, sujeto peligroso que tenia varias muertes pendientes en Soriano y alguna refriega en el Arapey. Sorprendido por los hombres de Artigas al mando del sargento Manuel Vargas, Chávez oponía resistencia parapetado en las barrancas del arroyo Hospital, en Rivera, y había dado muerte a tres de sus hombres. El sargento Vargas envía un chasqui en pedido de refuerzos.

Enterado Artigas de la situación, y para que no escaparan los contrabandistas, galopó toda la noche reuniéndose con su gente al amanecer. Chávez logró huir para guarecerse en los montes circundantes, pero Artigas dividió su gente para cortarle la retirada y logra rendirlo personalmente. “No me tire, estoy rendido” fue la vos de Chávez al reconocer al caudillo como su oponente, quien lo remite preso a Montevideo, donde se le levanta causa y es puesto en prisión.

Fue por esos años que Artigas conoció a Joaquín Lenzina, un negro esclavo que capturado por los portugueses servía en un barco pirata. Artigas se interesó por el negro, pagó su valor y lo liberó, siendo desde entonces su fiel amigo y servidor hasta el final de sus días en el exilio. Se lo conoció y conoce como “el negro Ansina” y sus versos y cuartetas se hicieron populares. Murió en Paraguay diez años más tarde que su amigo y Protector.


Fuentes:

- Castagnino Leonardo. Artigas. Protector de los Pueblos Libres
- Pereda Setembrino. Artigas. t.1
- Obras citadas
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


Artículos relacionados:

- Artigas y la invasion de 1806
- Artigas y la invasion de 1807
- Jose Gervacio Artigas
- Brasil y la Banda Oriental
- Invasion portuguesa
- Invasion porteña
- El agente en Río
- Se nos vienen...
- El doble juego
- Toma y daca
- Nueva Metrópoli
- Artigas
- Artigas y el librecomercio
- Asamblea del año XIII
- Andresito Guacurarí
- Artigas y el revisonismo histórico" (conferencia de José Maria Rosa )
- Bandeirantes y otras yerbas
- Cepeda (1820)
- Tratado de Pilar

Fuente: www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal

Compartir en:



La Gazeta FederalLa Gazeta
Federal


HomeLa Gazeta Federal
en facebook





Inicio