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BANDEIRANTES Y OTRAS YERBAS
                          

Bandeirantes brasileños        
Bandeirantes brasileños



(01) El avance lusitano
(02) Los mamelucos
(03) Los virreinato
(04) Las Provincias desunidas.
(05) Los 33 orientales
(06) Independencia oriental
(07) Guerra argentino-brasileña
(08) La política firme
(09) El vaticinio
(10) El milagro
(11) La distinción de urquiza.
(12) Fuentes
(13) Artículos Relacionados

El avance lusitano

Con los medios de su flota, en el siglo IVX los portugueses tenían colonias en grandes territorios de África, India, China y Málaca.

Cuando los españoles descubren América, los portugueses lo sintieron como una derrota. En la disputa intervino el Papa, que a través de una Bula papal (4 de mayo 1493) fijaba un limite de los dominios. Los portugueses tendrían derechos al Este y los españoles al Oeste del meridiano que corría de Norte a Sur a cien leguas de las islas Azores y las islas de Cabo Verde.

Los portugueses no se conformaron, y a los dos años llegaron al Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494), que corría el límite anterior unas 270 leguas al Oeste. Además de ampliar la zona, les daba derechos sobre ciertas zonas de América.

El Tratado fue firmado de conformidad, pero los lusitanos lo consideraron una derrota diplomática, y en 1531 enviaron a Martín Alfonso de Souza a explorar el Paraná, pero sus propósitos se frustraron en 1535 por la fundación de Buenos Aires por Pedro de Mendoza.

Exploraron el río Paraguay, pero tras la destrucción de Buenos Aires en 1541, los españoles centran sus dominios en Asunción para poner un límite a la insistente política expansionista portuguesa. El 9 de marzo de 1580, Juan de Garay hace la segunda fundación de Buenos Aires.


Los mamelucos

Mapa del Tratado de Tordesillas        
Línea del tratado de Tordesillas

Aunque contenidos por los españoles, los lusitanos no se dan por vencidos. Por esa época surgen los “mamelucos”, o “bandeirantes”, verdaderas hordas de portugueses aventureros que se dedicaron al vandalaje en procura de tierras, esclavos, oro y piedras preciosas.

Aunque sin ideales políticos, los bandeirantes sirvieron a los intereses portugueses despoblando asentamientos españoles y nativos Hacia 1648 los paulistas intentaron la conquista, siendo derrotados por los guaraníes.

Insisten los portugueses en su expansión, y en 1680 fundan la Colonia del Sacramento, que les daba acceso a la cuenca del Plata, pero el mismo año el gobernador de Buenos Aires José Garro, ayudado por indios paraguayos, los expulsa. Sin embargo la hábil diplomacia portuguesa lograría que les devuelvan la Colonia.

En 1705 los españoles expulsan nuevamente a los portugueses, pero otra vez la diplomacia lusitana lograba recuperar con habilidad lo perdido por las armas, y la Colonia del Sacramento vuelve a manos portuguesas en 1715 con el tratado de Utrech.

La persistencia portuguesa logra en 1750 un segundo Tratado de Tordesillas donde se aceptaba el “Uti posidetis”, y de esa forma ampliaban sus dominios y se adjudicaban las Misiones Orientales.

Por tercera vez Pedro de Cevallos expulsa a los portugueses de Colonia del sacramento pero nuevamente la sagaz diplomacia lusitana logra el triunfo, logrando que le sea devuelta por el tratado de Paris de 1763.


El Virreinato.

Para contrarrestar el empuje de la insidiosa diplomacia lusitana, los españoles crean el Virreinato del Río de la Plata. Envían una poderosa expedición al mando de Pedro de Ceballos para que desaloje a los portuguese de toda el área. Pero todo es prácticamente inútil, porque a pesar de quedarse los españoles en la Colonia del Sacramento, la imbatible diplomacia portuguesa logra el Tratado de San Ildefonso (1 de octubre de 1777) que prácticamente reproducía el segundo Tratado de Tordesillas de 1750.

Pero ni así quedarían conformes los ambiciosos portugueses, y pese al dominio español sobre la Banda Oriental, envían tropas irregulares para que asolen los dominios españoles en la cuenca del Plata, Paraguay, Uruguay y Corrientes. Con las guerras napoleónicas, rescatado por los ingleses el Rey de Portugal Juan VI se establece en Río de Janeiro, y a través de la princesa Carlota Joaquina, esposa de Juan VI y hermana de Fernando VII, -cautivo de Napoleón- pretende el reconocimiento de los derechos sobre sus dominios. La intención tuvo eco en algunos hombres de Buenos Aires, pero se vio frustrada con la revolución de Mayo de 1810.

Los hombres de mayo pretendían preservar los dominios españoles de la ambición portuguesa, pero cometieron el grave error de pretender hacerlo bajo la hegemonía porteña por sobre las autonomías provinciales, que no querían cambiar el sometimiento español por el sometimiento porteño, y la resistieron. Paraguay se aislaría tras la frustrada expedición militar de Belgrano para someterla al poder central porteño.


Las Provincias desunidas del río de la Plata.

Los portugueses insistieron en su política de tres siglos. Alentaron las controversias entre las distintas facciones internas de las provincias. Propusieron al Paraguay la formación de un “ducado” adherido al imperio –desestimado por Gaspar Rodríguez de Francia- y lo predispuso aún más en contra de Buenos Aires.

En sus miras egoístas, Buenos Aires queda enfrentado con Artigas, que defendía la autonomía Oriental como integrante de las provincias del Plata. Los brasileños toman parte por Buenos Aires, y en 1812, sobre la base de su seguridad, logran un Acuerdo que les daba derecho a la intervención en la Banda Oriental.

Brasil ocupa la Uruguay con tropas al mando de General Lecor, mientras Buenos Aires, que prefería a los portugueses antes que al caudillo oriental, ni se inmuta.

José Gervacio de Artigas        
"Protector de los Pueblos libres        
Jose Gervacio de Arigas


Artigas se proclama “Protector de los Pueblos Libres” y lucha solo contra España, Buenos Aires y Brasil. La guerra dura hasta 1820, en que los hombres de Buenos Aires logran enfrentar a Francisco Ramírez con Artigas. Derrotado por su lugarteniente, Artigas se exilia en Paraguay. La insidiosa política porteña logrará luego deshacerse de Ramírez, haciéndolo enfrentarse a su vez con su lugarteniente Estanislao López, quien lo vence y ejecuta.

A pesar del Acuerdo con Buenos Aires, Brasil no tiene empacho en anexarse la Banda Oriental el 31 de julio de 1821, con el nombre de Provincia Cisplatina.

Con esa estúpida política, Buenos Aires perdía una provincia argentina y le habría a los brasileños el río de la Plata. Cuando don Pedro se corona Emperador, Paraguay figuraba como provincia brasileña. El nuevo imperio retomaba el viejo sueño dorado de dominar la cuenca del Plata.


Los 33 Orientales.

El juramento de los Treinta y Tres Orientales.    
Obra de Juan M. Blanes.    
Juramento de los 33 orientales

Tomás Manuel de Anchorena y un grupo de estancieros propician la recuperación de la Banda Oriental. Con el pretexto de compra de tierras, Juan Manuel de Rosas, que no era sospechado entonces por los brasileños, viaja a la otra orilla para incentivar la rebelión. Financiada por los estancieros, se gestó una expedición dirigida por Juan Antonio de Lavalleja y Manuel Oribe, que se la conoció como de “Los 33 Orientales”

A mediados de abril de 1825 parten desde San Isidro. Reciben pronta adhesión en la otra orilla y Lavalleja proclamó un gobierno provisorio y solicitó al Congreso Constituyente de Buenos Aires su admisión en la comunidad argentina.


La independencia oriental.

El 25 de agosta de 1825 los orientales declaran la independencia del yugo imperial con su pretendida Provincia Cisplatina, y declaran formalmente pertenecer a las provincias argentinas.

"La Honorable Sala de Representantes de la Provincia Oriental del Río de la Plata, en uso de la Soberanía ordinaria:

Juan Antonio Lavalleja    
Juan Antonio de Lavalleja

“1°.- Declara írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre, todos los actos de incorporación, reconocimientos, aclamaciones y juramentos arrancados á los pueblos de la Provincia Oriental, por la violencia de la fuerza unida á la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y el Brasil que la han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables derechos, y sujetándole al yugo de un absoluto despotismo desde el año de 1817 hasta el presente de 1825. Y por cuanto el Pueblo Oriental, aborrece y detesta hasta el recuerdo de los documentos que comprenden tan ominosos actos, los Magistrados Civiles de los pueblos en cuyos archivos se hallan depositados aquellos, luego que reciban la presente disposición, concurrirán el primer día festivo en unión del Párroco y vecindario y con asistencia del Escribano, Secretario, ó quien haga sus veces á la casa de Justicia, y antecedida la lectura de este Decreto se testará y borrará desde la primera línea hasta la última firma de dichos documentos, extendiendo en seguida un certificado que haga constar haberlo verificado, con el que deberá darse cuenta oportunamente al Gobierno de la Provincia.

“2º.- En consecuencia de la antecedente declaración, reasumiendo la Provincia Oriental la plenitud de los derechos, libertades y prerrogativas, inherentes á los demás pueblos de la tierra, se declara de hecho y de derecho libre é independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera otro del universo y con amplio y pleno poder para darse las formas que en uso y ejercicio de su soberanía estime convenientes.

“... para resolver y sancionar todo cuanto tienda á la felicidad de ella, declara: - que su voto general, constante, solemne y decidido, es y debe ser por la unión con las demás Provincias Argentinas, á que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce. Por tanto ha sancionado y decreta por ley fundamental la siguiente:

“Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida á las demás de este nombre en el territorio de Sud América, por ser la libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen, manifestada en testimonios irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer período de la regeneración política de las dichas Provincias.

“Dado en la Sala de Sesiones de la Representación Provincial, en la Villa de San Fernando de la Florida, a 25 del mes de Agosto del año de 1825.”


La guerra argentino-brasileña.

Bernardino Rivadavia    
Bernardino Rivadavia

Esta situación desembocó en la guerra argentino-brasileño, que concluyó militarmente el 20 de febrero de 1827 en Ituzaingo, y en las aguas con el triunfo del Almirante Brown en Juncal y Los Pozos, con la contundente victoria de las armas nacionales.

No obstante ello, el cretinismo rivadaviano hace regresar las tropas para apoyo de los unitarios en las luchas internas, y nuevamente los sagaces lusitanos lograrán convertir la derrota en un triunfo diplomático. Efectivamente, Lord Canning envía a Lord Ponsomby como mediador, con la idea de formar un estado tapón entre ambas naciones. Los ingleses consideraban al Banda oriental como “la llave el Plata”.

Los brasileños se empeñaban en un desquite militar, y Lord Ponsomby logra que Buenos Aires envíe a Manuel García a negociar una paz a cualquier precio. García viajó a Río de Janeiro y acuerda el 24 de mayo de 1827 un tratado reconociendo la incorporación de la Banda Oriental al imperio de Brasil. Al mismo tiempo Argentina se comprometía al retiro de sus tropas y la desocupación de Martín García. Al mismo tiempo reconocía la libre navegación de los ríos.

La vergonzosa capitulación rivadaviana produjo tal indignación en Buenos Aires, que Rivadavia se vio obligado a retirarse del gobierno precipitadamente. Más tarde Manuel Dorrego se negaría a dar brazo a torcer, impedido por los accionistas del banco nacional, mayoría ingleses, que le negaban todo apoyo financiero. Dorrego quería concluir con brasil, pero el banco tenía instrucciones de "no facilitarle crédito sino por pequeñas sumas para pagos mensuales" (instrucciones de Lord Ponsonby a los accionistas del banco, comerciantes ingleses).

Manuel Bernabé Dorrego    
Dibujo de Ignacio Baz   
Museo Histórico Nacional   

Manuel Dorrego

Ponsonby informa a Dudley: “es necesario que yo proceda sin un instante de demora y obligue a Dorrego, a despecho de si mismo, a obrar en abierta contradicción con sus compromisos secretos con los conspiradores y que consienta en hacer la paz con el emperador...La mayor diligencia es necesaria...no sea que esta república democrática en la cual por su verdadera esencia no puede existir cosa semejante al honor, suponga que puede ganar en las nefastas intrigas de Dorrego, medios de servir su avaricia y ambición”...(...)...”Mi propósito es conseguir los medios de impugnar a Dorrego si llega a la temeridad de insistir sobre la continuación de la guerra”...”me parece que Dorrego será desposeído de su puesto y poder muy pronto; el partido opuesto a él espera noticias para proceder”

El mismo Ponsonby informa a Inglaterra que Dorrego “Esta forzado a la paz por la negativa de la Junta a facilitarle recursos salvo para pagos mensuales de pequeñas sumas” y pretende que se firme una paz sobre la base de la “independencia de la Banda Oriental”. Dorrego en cambio pretende que los uruguayos decidan su destino por propia voluntad:

- “¿Usted habla de una paz bajo la base de que los beligerantes desocupen la Banda Oriental y la dejen libre para elegir su destino, sea independencia o unión con alguno de los beligerantes? – pregunta Ponsonby.

- “Si” – contesta lacónicamente Dorrego.

Los hechos, intrigas unitarias de por medio, concluyeron con el derrocamiento y posterior fusilamiento del gobernador Manuel Dorrego y otros oficiales.


La politica firme.

JUAN MANUEL DE ROSAS. La ley y el orden

El 4 de enero de 1831 se firma el Pacto Federal entre Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, que establece la Confederación Argentina, invitando a la adhesión de las demás provincias. Se delega en Juan Manuel de Rosas la Representación de la Relaciones Exteriores, con la potestad de fijar la política internacional, negociar tratados, formar ejércitos, hacer la guerra contra el extranjero y firmar la paz.

Después de su primer gobierno, Rosas hace la “Expedición a los desiertos del Sud”, asegurando la frontera indígena, recuperando miles de cautivos y haciendo tratos con los indios para su pacificación a cambio de concesiones y provisiones.

Nombrado por la Legislatura de Buenos Aires para su segundo gobierno, Rosas declina el ofrecimiento varias veces, hasta que accede luego de un plebiscito donde obtiene un apoyo de 9.200 votos a favor y cuatro en contra.

El 13 de abril de 1835 asume Rosas la segunda gobernación con el otorgamiento de la Suma del Poder Público. Para las cuentas públicas no hay suma del poder, declara Rosas ante la Legislatura, ante quien presenta puntualmente informes de todos sus actos.

Rosas aplica una política inteligente; fino diplomático y conocedor de los hombres, lima pacientemente de asperezas, celos y desconfianzas entre los caudillos del interior. Con una política americanista, intenta reunir a las provincias de la cuenca del Plata. Por métodos disuasivos intenta la reincorporación de los territorios segregados como el Alto Perú, Paraguay y la Banda Oriental. Con una firme política de defensa de la soberanía nacional, representaba un escollo insalvable para el expansionismo brasileño.

Rosas soporta las intrigas y agresiones armadas unitarias, fomentadas y apoyadas por Brasil. En 1840 Lavalle, trasportado por la flota francesa, invade al provincia de Buenos Aires bajo bandera extranjera, en lo que llamó el “Ejercito Libertador”, que sería finalmente perseguido y derrotado por los federales y tomado por el rabo en Quebracho Herrado. La Liga del Norte, con el General Paz a la cabeza, Lamadrid y otros, le hace la guerra desde el interior.

El Restaurador resiste las intervenciones francesa primero y anglo-francesa después, que apoyadas por los auxiliares unitarios exiliados en Montevideo, Chile y Bolivia, intentan imponer sus políticas y condiciones. El imperio brasileño pretende ser parte de la intervención, y a tal fin hace gestiones diplomáticas en Europa, pero no es admitido por los ingleses, que consideraban a la Banda Oriental “la llave del Plata”, ni por los franceses que consideraban a Montevideo “su colonia”. Ni el ofrecimiento unitario de formar un país independiente en la región mesopotámica, logra convencer al los anglo-franceses. No faltaron corsarios y filibusteros como Giussepe Garibaldi, que asolaba las costas el Uruguay.

Incumpliendo su palabra de permanecer en Buenos Aires, el General Paz arma un ejército en Corrientes. También se hace cargo y luego se hace cargo de la defensa de Montevideo, sitiada por el presidente legal Manuel Oribe apoyado por tropas auxiliares argentinas. Paz se disgusta con Fructuoso Rivera, un gaucho ladino que le había declarado a guerra a Rosas en un baile de disfraces, “sin sacarse los guantes ni la máscara”.

Urquiza se reunía misteriosamente con el correntino Virasoro, que pone en alerta a Rosas.


El vaticinio

Aunque dejado de lado por las potenias europeas, el imperio brasileño sigue maniobrando sigilosamente para el debilitamiento de la Confederación, como único medio de imponerse en la cuenca del Plata. Intriga para predisponer contra Rosas al paraguayo Carlos López, y cuando éste solicita el reconocimiento de la independencia del Paraguay, Brasil si apresura a concederla, como una forma de escindirla y afirmar su influencia. Rosas en cambio, que consideraba al Paraguay una provincia momentáneamente rebelde, y aunque cortésmente, se excusa de reconocer una separación que en todo caso debía ser aprobada por todas las provincias de la Confederación. Advertía además al Paraguay sobre las desventajas y peligros de la escisión, que serviría de puerta de entrada a las intrigas extranjeras y a la agresión brasileña.

Entre otras razones, les decía Rosas:

“Que en las presentes circunstancias era imposible al Gobierno de Buenos Aires reconocer la independencia de la República del Paraguay, por cuanto aunque es Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, era preciso convocar a los demás pueblos confederados para ese reconocimiento, lo que las circunstancias no permiten.

Que es preciso que el Paraguay medite mucho sobre el particular porque le atraería muchos perjuicios; y que era preciso convenir sobre algún pie sólido.

Que el Brasil se habría de apresurar a reconocer la independencia de la República en razón de tener iguales producciones, y porque reconocida también por Buenos Aires se equilibrarían los derechos de introducción que paga el Brasil.

Que el Brasil era capaz de perjudicar al Paraguay, fomentando hasta la correría de los indios con armas.

Que reconocida la independencia del Paraguay, se llenaría de Ministros y Cónsules extranjeros, que procurarían envolverlo en cizaña, como acontecía con Buenos Aires, y hasta conquistarlo, si pudiesen.

Que por el contrario incorporándose a la Confederación, formaría una grande nación que impondría respeto a los extranjeros: que la Confederación era muy buena, y que el Gobierno de Buenos Aires no se metía con los Gobiernos de las Provincias Confederadas; que cada una vivía según sus constituciones y sus leyes.

Que él no reconocía ni desconocía la independencia de la República, que hacía votos por su felicidad, y para que Dios lo conserve sin admitir extranjeros, que son malas langostas; que su felicidad consistía en tener súbditos de una sola religión, cuando Buenos Aires tiene la desgracia de verse lleno de templos protestantes, grande daño que hicieron los anteriores salvajes unitarios, haciendo tratados con ingleses, y que ahora no se podía remediar.

Que a los extranjeros establecidos en el país no se les puede decir nada, ni hacerles cosa alguna, cuando luego reclaman los Ministros o Cónsules de su nación, de suerte que quieren gozar de mayores ventajas y prerrogativas que los nacionales.

Que los unitarios y el general Rivera intentan invadir el Paraguay por el interés de 6.000.000 de pesos fuertes que contaban existentes en cobre, y de levantar tropas para conquistar las provincias."

Lo dicho por Rosas resultaría todo un vaticinio de lo que resultarían los hechos de Caseros y la posterior conclusión en la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.


El milagro

El imperio brasileño no desiste en su empeño de cumplir su sueño dorado de sentar reales sobre la cuenca del Plata, aunque tiene algunos inconvenientes. Varias regiones, como Pernambuco, se encontraban en efervescencia contra la política esclavista, enfrentando a blancos con negros esclavos, y en la provincia de Río Grande los republicanos se revolucionaban contra el poder del Imperio, ofreciendo confederarse con los argentinos.

Por otro lado, a pesar de contar con una buena flota, el ejercito brasileño era totalmente impotente frente a las veteranas y aguerridas tropas de la Confederación. No obstante, la insistencia brasileña no desiste, hasta que finalmente se produce lo que el historiador José María Rosa llamó “El milagro de la casa de Braganza”, como fue el hecho de que el jefe del Ejército de Observación, equipado y mantenido por Rosas, se cambia de bando pasando a ser un auxiliar brasileño en contra de Rosas.


La distinción de Urquiza

Justo José de Urquiza    

Justo José de Urquiza

No analizaremos aquí en detalle los argumentos con que la historia oficial intentó justificar a Urquiza, adjudicándole intenciones “constitucionalistas” y de “organización nacional”, porque resulta incomprensible que se pretenda realizarlo precisamente aliándose al enemigo constante y perpetuo.

No vamos a dar aquí tampoco detalles de los pormenores de la traición, las intrigas, las negociaciones y negociados, las airadas imposturas de Urquiza, su “pronunciamiento” y las falacias de Caseros. Hasta los brasileños desconfiaron de la incalificable actitud de Urquiza.

Pontes Ribeiro -diplomático brasilero- preguntaba: “¿Pero obrará Urquiza de buena fe”?…¿no será una comedia entre él y Rosas? …!!! El general de los ejércitos de la Confederación…!!!

Resta consignar algo sobre la personalidad del traidor, dicha por un “neutral” como lo fue H. Southern, que en su informe a Lord Palmerston le decía:

“Buenos Aires, 26 de mayo de 1851
Bizconde de Palmerston G.C.B.
(…)
“Ciertas cosas en la mente de Urquiza, su vanidad desordenada, su estupenda ignorancia, su ciega ambición, lo han arrojado últimamente en las manos de algunos aventureros revolucionarios, que lo han convencido que él está destinado a ser el reorganizador de la Confederación y el Regenerador de Sud América.
El principal consejero del curso salvaje y desesperado que Urquiza ha adoptado, es un tal Seguí, un pobre estudiante de leyes que ya había probado su suerte aquí y quien después de haberse ofrecido al Gral. Rosas en un gesto de la más baja adulación y habiendo sido ignorado o rechazado, se ha esforzado por allegarse a la confianza del Gral. Urquiza, y ha encontrado los medios de persuadir al tirano más sanguinario que jamás vivió, para hacer vibrar a todos estos países con los gritos de libertad y reorganización por medio de un Congreso General”.

Y más adelante, en el mismo informe, agrega Southern:

“El nombre de Urquiza ha sido del mismo modo agregado a la lista de traidores, que son nombrados en todo acto público por los Comandantes de los diferentes Cuerpos de las fuerza cívicas y militares al frente de las tropas, pero con esta distinción: Urquiza es declarado no solo traidor, sino loco, apelativo que tengo todas las razones para pensar que no dista mucho de ser correcto”

J.M. de Rosas - L.Castagnino
Después de Caseros, el Emperador distinguió a Urquiza con la "Orden de Cristo"

Leonardo Castagnino

Copyright © La Gazeta Federal / Leonardo Castagnino  El autor


Fuentes:

- Saldias Adolfo. Historia de la Confederacion Argentina.
- Rosa Jose Maria. La caida
- Irazusta Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas.
- Ezcurra Medrano Alberto. Las otras tablas de sangre.
- Martinez Pedro Santos. La incógnita de Caseros.
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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