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"NO SOMOS EMPANADAS" (Agresión anglo-francesa)
                          
JUAN MANUEL DE ROSAS. La ley y el orden


01 Agresiones de los anglo-franceses
02 No somos empanadas
03 La carta norteamericana
04 La resma de papel
05 Vaticinio de San Martín
06 Fuentes
07 Artículos relacionados

Politica imperialista

Agresiones de los anglo-franceses

Durante la agresión anglofrancesa, conocida en Europa la acción de Vuelta de Obligado, las noticias llegadas de parte de Moreno y Sarratea sobre la reacción producida en la prensa y en los gabinetes de Inglaterra y Francia eran alentadoras respecto al fin de la intervención anglo-francesa, pero en el teatro de las operaciones los marinos de Francia e Inglaterra seguían la lucha, con un mayor encono, que parecía resultado de rabia imponente.

Los hechos producidos en Montevideo y en Corrientes, la defección del paraguayo López, la serena y tenaz resistencia rioplatense a orillas del Uruguay y el Paraná, les hacían vislumbrar un fracaso estrepitoso al que, en su hábito de triunfar, no se resignaban, y redoblaban sus esfuerzos, que jamás dejaron de hallar respuesta en los argentinos y orientales.

Rechazados en sus primeras tentativas de efectuar desembarcos después de Obligado, los anglo franceses bombardearon furiosamente el campo del Tonelero durante 3 horas con balas de 64 mm. el 11 de febrero de 1846. A mediados de abril, Thorne, con una de las baterías volantes, pone en fuga al Philomel, y voltea la pieza del castillo de proa del Lizard, según confesión de los oficiales ingleses en sus partes a Hotham, y las fuerzas de Mansilla represan el pailebote El Federal, tomado en la bahía de Montevideo en julio del año anterior, y ahora mandado por el teniente Fagan.

Enfurecidos por esos contrastes los agresores redoblan sus atropellos. El 21 de abril asaltan el puerto de la Ensenada, cometiendo toda clase de atentados. El 29 de abril incendiaron el puerto de Atalaya. En el primer episodio, varado un buque atacante al retirarse, el oficial inglés levanta bandera de parlamento, pero al acercarse los argentinos son recibidos con fuego graneado, al que contestan matando al guardiamarina Wardlaw.

Ante estos atentados, Rosas decreta la pena de incendiarios prescripta en las leyes generales de pirateria, para los prisioneros que se haga a los anglo franceses empeñados en estas actividades.


No somos empanadas

Pocos días más tarde, al enterarse de Obligado, San Martín escribía a Guido:

Grand Bourg, 10 de mayo de 1846

Mi querido amigo:

Sarratea me entregó a mi llegada a ésta su muy apreciable del 12 de Enero; a su recibo ya sabía la acción de Obligado. ¡Qué iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto por este “hechantillón” que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca: a un tal proceder, no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima convicción, no sería un momento dudosa en nuestro favor, si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria, si las naciones europeas triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España. Convencido de esta verdad, crea usted mi buen amigo, que jamás me ha sido tan sensible, no tanto mi avanzada edad, como el estado precario de mi salud, que me priva en estas circunstancias ofrecer a la patria mis servicios, no por lo que ellos puedan valer, sino para demostrar a nuestros compatriotas, que aquella tenía aun un viejo servidor cuando se trata de resistir a la agresión la más injusta y la más inicua de que haya habido ejemplo...”

José de San Martín (1)

La carta de San Martín a Guido no hacía más que reiterar sus juicios sobre la intervención, en la respuesta a Mr. Dickson. A principios de este año, Don Juan Manuel le acusó recibo en los términos siguientes:

La Encarnación en San Beníto de Palermo,

Mayo 20 (Mes de América) de 1846

Señor general D. José de San Martín.

Mi querido y respetable general:

Tanto más placer he tenido al leer la muy apreciable carta con que usted me favorece, datada en Nápoles el 11 de enero último, cuando ella trae á nuestra patria un recuerdo y un voto digno del heroico defensor de su independencia.

General: no hay un verdadero argentino, un americano que, al oír el nombre ilustre de usted, y saber lo que usted hace todavía por su patria y por la causa americana, no sienta redoblar su ardor y su confianza. La influencia moral de los votos patrióticos ~ericanos de usted, en las presentes circunstancias, como en el anterior bloqueo francés, importa un distinguido servicio a la independencia de nuestra patria y del continente americano, á la que usted consagró con tan glorioso honor sus florecientes días.

Me es profundamente sensible el continuado quebranto de la importante salud de usted Deseo se restablezca y conserve; y que le sea más favorable que hasta aquí el templado clima de la Italia.

Así enfermo, después de tantas fatigas, usted expresa la grande y dominante idea de toda su vida: la independencia de América es irrevocable, dijo usted después de haber libertado á su patria, Chile y al Perú. Esto es digno de usted.

Acepto con gratitud y alto aprecio sus benévolos votos por el buen éxito y honor de la actual contienda, y deseo á usted la mejor salud y felicidad.*

Soy respetuosamente de usted atento compatriota y amigo

Juan M. de Rosas (2)

En estas cartas que se transcriben, se nota el tono más encendido del Libertador, frente al tono de Rosas, cuya política era seguirles el doble juego a los gabinetes europeos, que mientras decían actuar domo “mediadores”, no desautorizaban a los jefes navales que llevaban adelante la agresión de la armada anglo-francesa. Así Rosas actuaba con firmeza en el Río de La Plata mientras preservaba un tono “amistoso” con los gabinetes europeos. Enterado de las desavenencias entre los gabinetes europeos, según le informaban Moreno y Sarratea, había dicho que ganaría la partida “con una resma de papel”


La carta norteamericana

Rosas contaba con otra carta para el juego, y era la amistad que demostraban los norteamericanos, que se mostraban celosos de la intervensiaon europea, y a su vez, programando el zarpazo a Tejas, no querían abrir otro frente en el sur. Así se lo informaba a Tomás Guido el representante argentino Carlos María de Alvear:

New York, 5 de enero de 1845.

Sr. General Don. Tomás Guido.

Mi muy querido general y amigo:

Este gobierno ha desaprobado completamente el atentado cometido por el capitán de (la) Congreso sobre nuestra escuadra, el cual será juzgado sin que se pueda responder de cuál será el castigo, pues este país es el de las impunidades; prestándose también el Presidente a darnos todas las satisfacciones e indemnizaciones si caso hubiere para ello; todo esto ha sido justo y fácil de obtener porque ningún interés nacional de éste país se veía en este atentado; a no ser así, creo que otra cosa sería, pues no tengo gran opinión de la justicia democrática, juzgando por lo que veo aquí.

La cuestión de Tejas se agita con gran calor y Méjico ha venido en esta crisis a posibilitar este drama con su impolítica e intempestiva revolución. Santa Ana se halla a la cabeza de 14.000 soldados de línea, y con un millón de pesos, que sacó de la capital; de 11 departamentos de que se compone la República, 5 han permanecido fieles, y se cree que si el ejército no le falta podrá triunfar del congreso; veremos lo que resulta; pero a buena cuenta este suceso ha venido a posibilitar la incorporación de Tejas, y si por acaso esta no se verifica durante el actual presidente, tendrá lugar con el nuevo, que tomará posesión del mando el 4 de marzo próximo. Así Méjico ha jugado tal vez su existencia futura.

Triste imprevisión de nuestra desgraciada raza española, y que recuerda la catástrofe de los griegos del Bajo Imperio, que viéndose amagados del alfanje musulmán no fueron capaces de poner un término a sus condiciones sino que desaparecieron del mundo.

Méjico tiene en este país un terrible y formidable enemigo. Dios quiera no lo sea también para otros pueblos, pues el poder que tiene y aumenta diariamente despliega con tal descaro la inmoralidad política más descarada, y la ambición más insaciable que nos hi presentado ningún pueblo; no le bastan mil y cien leguas de costa ni un país capaz de contener 300 millones de habitantes; no son más que 18 hoy día y vea Vd. como se lanzan; lo singular de todo es que si Vd. ve sus diarios; y si Vd. oyese sus oradores de club, que son a millones, oiría Vd. decir que este país está destinado a hacer desaparecer la raza impura española y portuguesa que habita el nuevo mundo para ser regenerado por la raza sajona, que no parará su invasión progresista sino en el Cabo de Hornos. Tan grande como es esta extravagancia, puedo asegurar a Vd. que es muy raro el americano que no crea que este será el resultado final.

Los apuros de Montevideo y la sabia disposición de fortificar los pueblos de campaña aseguran aunque con algún retardo el triunfo de Oribe, y de nuestro Gobierno. Dios quiera venga este resultado lo más pronto posible. Nosotros tenemos en el Imperio un formidable vecino como habrá visto Vd. por sus inmensos recursos y aumento progresista, uniendo a esto, hallarse sus habitantes más aptos a conservar una organización social que facilita su forma de gobierno monárquico; así pues no es prudente que nuestra escasa población se debilite más y más por una prolongada guerra; y las victorias pasadas, ni deben adormecernos, ni darnos ilusión sobre el poder del Imperio; habiendo vencido todas la crisis durante la minoridad del Emperador, el gobierno se irá consolidando cada ve más; además la localidad del Brasil, que da a la capitalina una gran superioridad sobre cada una de las otras partes del Imperio, le sirve admirablemente para conservar la unión, y sostener el gobierno.

Se nos ha dicho aquí, que Paza fugó a Santa Catalina…ansiosamente deseo saber el resultado de esto, que descubrirá a fondo, la política del gobierno imperial; es tan visible la ventaja que le resulta a este de nuestras discordias para su malhadado deseo, también de engrandecerse sin necesidad a costa nuestra, que desearía por sus propios intereses y el nuestro siguiese la única marcha que a todos acomoda, de lealtad y franqueza.

Aquí estamos cubiertos de nieve, y hielo, de muchos compromisos, y poco agradables para una avanzada, pero es preciso resignarse. Hágame Ud. el gusto de ponerme a los pies de su señora; de dar mis finos recuerdos a sus señores hijos, y de disponer como guste del afectuoso cariño de este su sincero amigo Q.B.S.M.

Carlos María de Alvear (3)


La resma de papel

Pese a la agresión armada, Rosas no abandona aquel tono de tranquila energía que parece su actitud estereotipada ante las tremendas dificultades que enfrentaba. El 4 de junio de 1846 las baterías volantes de Mansilla ocasionan tremendos daños a la escuadra de 12 buques de guerra que convoyando 95 barcos mercantes bajaba el Paraná de regreso a Montevideo. Los anglo franceses perdieron en la ocasión más hombres que en Obligado, sin infligir a los defensores, bajas equivalentes.

Por su parte Rosas seguía deshojando su resma de papel, para desbaratar la intervención con su acción diplomática basada en la exhibición de la fuerza, al mejor estilo europeo. Habiendo sabido del atentado contra Luis Felipe y del que salió ileso en abril, redactó una nota de congratulaciones cuya entrega supeditó al estado de las relaciones francoargentinas en el momento que ella llegara a manos de Sarrateas2,héla aquí:

Mientras tanto, para desbaratar la intervención aprovechando las disidencias europeas, Rosas seguía utilizando su “resma de papel”, para felicitar al Rey de Francia por haberse salido ileso de un atentado:

Buenos Aires, junio 30 de 1846

El General Juan Manuel de Rosas

A su Majestad Luis Felipe, Rey de los Franceses

El vivo interés que me anima por la conservación de la preciosa vida de V.M., y de su Real Familia, me induce a felicitar alta y cordialmente a V.M. por haberse salvado, mediante un nuevo favor visible de la Divina Providencia, también S.M. la Reina, y varias, augustas personas de su Real Casa y Corte, de la atroz tentativa de un asesino bárbaro.

La muy afortunada preservación de tan importantes vidas es un motivo de íntima satisfacción y contento para mí. Sinceramente complacido, uno al júbilo e interés que la Francia y las naciones del mundo atestiguan a V.M., el mío propio, y el de mis queridos hijos.

Ruego a Dios Nuestro Señor continúe dispensando su divina protección a V.M. y a su Real Familia, bendiga benignamente su reinado, y aumente la felicidad y gloria de V.M. y de la Francia.

Juan M. de Rosas


El vaticinio San Martín

Libertador General San Martin.     General San Martin

Las potencias europeas, terminarían aceptando las condiciones de Rosas en los términos impuestos a la misión Hood, y desagraviando el pabellón nacional con la salva de 21 cañonazos. Dominaban parcialmente las aguas, pero se sentían impotentes de actuar en tierra para torcerle el brazo a la Confederación, tal como lo había vaticinado el máximo estratega americano en carta a Federico Dickson:


Sr. D. Federico Dickson, cónsul general de la
Confederación Argentina en Londres.

Nápoles, 28 de diciembre de 1845.

Señor de todo mi aprecio:

Por conducto del caballero Yackson se me ha hecho saber los deseos de usted relativos á conocer mi opinión sobre la actual intervención de la Inglaterra y Francia en la República Argentina; no sólo me presto gustoso a satisfacerlo, sino que lo haré con la franqueza de mi carácter y la más absoluta imparcialidad; sintiendo sólo el que el mal estado de mi salud no me permita hacerlo con la extensión que requiere este interesante asunto.

No creo oportuno entrar á investigar la justicia ó injusticia de la citada intervención, como tampoco los perjuicios que de ella resultarán á los súbditos de ambas naciones con la paralización de las relaciones comerciales, igualmente que de la alarma y desconfianza que naturalmente habrá producido en los Estados sudamericanos la ingerencia de dos naciones europeas en sus contiendas interiores, y sólo me ceñiré á demostrar si las dos naciones intervinientes conseguirán por los medios coactivos que hasta la presente han empleado el objeto que se han propuesto, es decir, la pacificación de las dos Riberas del Río de la Plata. Según mi íntima convicción, desde ya diré á usted no lo conseguirán; por el contrario, la marcha seguida hasta el día no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que se tratan de evitar y sin que haya previsión humana capaz de fijar un término á su pacificación: me explicaré:

Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside la República Argentina; nadie ignora el ascendiente muy marcado que posee sobre todo en la vasta campaña de Buenos Aires y resto de las demás provincias; y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero, ello es que la totalidad se le unirán y tomarán una parte activa en la actual contienda: por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya demostrado) que el bloqueo que se ha declarado, no tiene en las nuevas repúblicas de América (sobre todo en la Argentina) la misma influencia que lo sería en Europa: él sólo afectará un corto número de propietarios, pero la masa del pueblo que no conoce las necesidades en estos países, le será bien indiferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante las hostilidades, es decir, declarar la guerra; yo no dudo un momento podrán apoderarse de Buenos Aires con más o menos pérdida de hombres y gastos, pero estoy convencido que no podrán sostenerse por mucho tiempo en posesión de ella: los ganados, primer alimento, o por mejor decir, el único del pueblo, pueden ser retirados en muy pocos días á distancias de muchas leguas; lo mismo que las caballadas y demás medios de transporte; los pozos de las estancias inutilizados, en fin, formando un verdadero desierto de 200 leguas de llanuras sin agua ni leña, imposible de atravesarse por una fuerza europea, la que correrá tantos más peligros á proporción que ésta sea más numerosa, si trata de internarse.

Sostener una guerra en América con tropas europeas, no sólo es muy costoso, sino más que dudoso su buen éxito tratar de hacerla con los hijos del país; mucho dificulto y aun creo imposible encuentren quien quiera enrolarse con el extranjero.

En conclusión: con 8.000 hombres de caballería, del país y 25 o 30 piezas de artillería, fuerzas que con mucha facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre á Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres salga á 30 leguas de la capital, sin exponerse á una completa ruina por falta de todo recurso; tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará, á menos (como es de esperar) que el nuevo ministerio inglés no cambie la política seguida por el precedente.

José de San Martín

Referencias:

(1) Gaceta Mercantil del 8 de agosto de 1846
(2) Museo Histórico Nacional, San Martín, Su correspondencia, Ba. As., 1910. ps. 135 136; y Editorial Ayacucho, Madrid. 1919. ps. 158-159.
(3) Archivo de la nación. Archivo del general Guido. Leg.11; carta del 5 de enero de 1845

                          

Fuentes:

- Leonardo Castagnino Juan Manuel de Rosas. La ley y el orden
- Castagnino Leonardo Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Irazusta Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas.t.V.p.143-261-332)
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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