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VARELA Y LA MISION ABRANTES

Juan Manuel de Rosas.     Restaurador de las Leyes


01 Los proyectos unitarios
02 Las amnesias del “manco”
03 Los sueños unitarios
04 Traición de los salvajes unitarios
05 Varela y la misión Abrantes
06 Difícil de doblegar
12 Fuentes
12 Artículos relacionados


Los proyectos unitarios

Los
unitarios no ahorraban medios con tal de triunfar ante su adversario político. Su odio a Rosas los llevaba el empleo de cualquier método, incluida la alianza al extranjero y hasta la segregación de parte del territorio nacional.

Uno de los proyectos fue la entrega de las provincias del norte a manos del tirano Santa Cruz, en el que participó Domingo Cullen, quien terminó calzándose unas medias de lana para ser fusilado en la Posta de Vergara. Otro fue el proyecto de segregación de las provincias mesopotámicas para formar un nuevo país, incluyendo tal vez la Banda Oriental de Fructuoso Rivera, quien termino perdiendo la chaqueta, la espada y las pistolas, disparando para salvar el pellejo tras su derrota de Arroyo grande.

La segregación de las provincias mesopotámicas ya había estado en la mente de Urquiza, tentado por los unitarios exiliados en Montevideo. Éste firmó con los hermanos Madariaga de Corrientes, un sospechoso tratado de Alcaraz, que fue rechazado por Rosas, desembocando en la sangrienta batalla de Vences.

Con tal de vencer o debilitar a Rosas, los unitarios no dudan de desmembrar el territorio nacional, y albergan la esperanza de formar una “República de la Mesopotamia”, con la Banda Oriental, Entre Ríos y Corrientes, que garantice la libre navegación de los ríos interiores a las potencias extranjeras, y aseguren el “libre comercio”, con el monopolio de Inglaterra y Francia.

Las amnesias del “manco”

El manco Paz, olvidando su promesa de obtener la libertad a cambio de permanecer en la ciudad de Buenos Aires y de no tomar las armas contra quien le perdona su vida, rompe su palabra de honor y el genial estratega abandona la ciudad y se pone al frente de la defensa de Montevideo, pero con disidencias, se traslada a Corrientes donde Joaquín Madariaga le ofrece hacerse cargo de la formación de un ejercito que llamó “Aliado Pacificador”, formado por trompas correntinas y tropas paraguayas al mando de Francisco Solano López, para luchar contra Rosas.

En esa posición, el general Paz recibe propuesta de la Comisión Argentina de Montevideo, por boca de Florencia Varela, que alentaba el proyecto de la segregación mesopotámica.

Paz se negó a participar, según dijo en carta al gobernador interino de Corrientes, porque “los intereses argentinos no están consultados, ni garantida la nacionalidad de la guerra contra el tirano. Mi honor, la nacionalidad de mis principios, y lo más caro de mis deberes como argentino, -decía Paz- no me permiten derramar una gota de sangre de mis compatriotas, sino es con el excluido objeto de restituirles una patria libre y un régimen legal que haga la garantía de su bienestar.”

El propio general Paz en sus “Memorias” póstumas, dirá que Varela, antes de emprender viaje a Europa para gestionar la intervención extranjera, “tuvo conmigo una conferencia en que me preguntó si aprobaba la separación de Entre Ríos y Corrientes para que formación un Estado Independiente. Mi contestación fue terminante y negativa (…) El señor Varela desempeñó su misión, y por lo que después hemos visto me persuado de que hizo uso de la idea de establecer un Estado independiente entre los ríos Paraná y Uruguay, lo que se creía que halagaría mucho a los gobiernos europeos, particularmente al ingles”.

No obstante la “terminante negativa” de Paz, es increíble que la “amnesia” del “manco” no le permitiera recordar en sus “Memorias” la carta que él mismo le remitiera el 4 de octubre de 1845 al jefe de la escuadrilla correntina, el griego Jorge Cardassi: “Todo induce a creer que dentro de muy poco aparecerán en el río velas enemigas del tirano del Plata y dispuestas en darnos una mano (…) En este caso, dispensando las mayores consideraciones a tan distinguidos huéspedes, se previene a V. que ofrezca las costas de esta provincias para que puedan refrescar víveres y les suministre cuantos auxilios esté en su poder (…) Está V. autorizado para cooperar con ellos en cualquier operación que tenga por objeto hostilizar al enemigo”.

Los sueños unitarios

El plan contemplaba la cooperación de Inglaterra, Francia y el Brasil, obligándose estas potencias a hacer cesar la guerra en le Río de la Plata, derrocando a Rosas.

El doctor Varela fue nombrado por la Comisión Argentina y por el gobierno de Rivera, agente en Europa para negociar ayuda británica y francesa a cambio de ventajas políticas y económicas para esas potencias en el Río de la Plata. Resulta incomprensible la actitud traidora de esos hombres contra su patria.

La Comisión Argentina comunica al general Paz que “los interventores (Francia e Inglaterra) han tomado ya actitud, y todos los antecedentes que existen nos persuaden de que están decididos a emplear todo medio de coacción. Lo único que ahora queda por ver, es la actitud que seguirá Rosas. Si él resiste y se rompen en consecuencia las hostilidades, los inconvenientes se disminuyen inmensamente y se presenta la única posibilidad fundada de acabar para siempre con ese sistema de barbarie…Si hay un rompimiento de Inglaterra y Francia contra Rosas, creemos positivamente que el Brasil se declarará también.”

“Lo único que nos falta ver…” decían los unitarios, pero dormían de noche y soñaban de día, porque lo que les faltaba ver todavía era la verdadera actitud de Rosas, y del pueblo que lo apoyaba y seguía. Les faltaba ver todavía la capitulación de las potencias ante la tenacidad de Rosas y de la Confederación.

Varela y la misión Abrantes

Brasil destacó a vizconde de Abrantes como agente ante las cancillerías de Londres y de París, para procurar la participaron de Brasil en la intervensión que se preparaba.

Florencio Varela se reunió en varias oportunidades con Lord Palmeston, quien luego de varias respuestas evasivas, hasta que manifestó que Su Majestad Británica no podia salir de la neutralidad que debía seguir. En realidad Su Majestad no tenía intensión de mantener ninguna neutralidad, pero no quería darle participación a Brasil, que de ese modo ganaba preponderancia en el Río de la Plata.

Difícil de doblegar

La intervención, tan anhelada por los unitarios, comenzó en 1845, con la intimación de las potencias a Rosas para que evacuaran las tropas federales que apoyaban al presidente legal oriental, Manuel Oribe, y que la escuadrilla del almirante Brown levantase el bloqueo de Montevideo. Rosas le devolvió los pasaportes a los representantes Ouseley y Deffaudis.

Comenzó la guerra del Paraná.


Fuentes:

-
Muñoz Azpiri, José Luis. Rosas frente al Imperio Ingles.
- Ibarguren Carlos.Juan Manuel de Rosas.Su vida, su drama, su tiempo.
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


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Fuente: www.lagazeta.com.ar



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